Capítulo VII.

"¡Cállate idiota!"

Lorne Finegan mandó a sus hombres desenfundar la ver la carreta detenida en el camino. No podía creer en su buena suerte cuando reconoció a Carlson y al Ranger. El que ambos estuviesen solos y llevaran un transporte con ruedas implicaba que Dallas y la niña no habían podido huir con ellos. Debían estar ocultos, protegidos por el otro Ranger.

Bañaron la zona con una granizada de balas obligando a los dos hombres a ocultarse. El ranchero mandó un alto el fuego y los conminó a rendirse.

- ¡No estoy loco Stevenson, no voy a matar a un Ranger, no quiero a toda la compañía de Austin y al ejército tras de mí! – intentó convencerlos.

- ¡Disparó al Sheriff! ¿Por qué tendría que creerle? – replicó Kane. El federal sabía que su situación era crítica, quizás pudieran llevarse a varios cowboys antes de caer abatidos, pero no podían contar con escapar.

- ¡Fue en defensa propia! ¡quería encerrarme porque la puta de su novia se echó atrás cuando se me ofreció! – Se explicó el cínico ranchero.

Los nudillos de Steve se volvieron de marfil en la empuñadura de sus armas. Chris puso una mano sobre uno de los colts de su amigo, que interpretó la acción correctamente como "No podemos malgastar balas".

- ¿Y si no va a matarnos? ¿qué quiere Finegan?

- ¡Enfrentarme a Dallas, Ranger! – Mintió el tahúr ordenando por señas a sus hombres que rodearan el carromato - ¡Estoy harto de ese lobo con piel de cordero! ¡Y esa piel aún vale sus buenos dólares!

- ¡No permitiré que asesine al maestro, Finegan! – Advirtió el Ranger, entonces los dos compañeros de encerrona se dieron cuenta de la maniobra de acorralamiento - ¡Eres un cobarde, ranchero!

Ambos amigos rodaron hacia lados opuestos preparados para vender caras sus vidas. No hubo ningún tiroteo, sí un disparo de rifle. El sombrero de Finegan voló de su cabeza cuando Jared, de pie sobre unas rocas, a más de cien metros, se lo voló con su Winchester.

- ¡Quietos! – Chilló Lorne a sus hombres levantando las manos

Mientras el otro Ranger y el maestro se acercaban, Kane y Carlson desarmaron a los atacantes.

- Vamos a acabar con esto Dallas – Retó el ranchero - ¿O tienes miedo de no ser lo bastante rápido?

- Mi nombre no es Dallas, pistolero – Gruñó el rubio, consciente de que el otro, al saberle herido, creía tener ventaja en un duelo

- Nos ha salido cobarde el forajido – Se burló el dueño de medio Brownsville

- Di lo que quieras, pero estás detenido Finegan – se rió Jared – y con lo que sabemos, créeme, hasta indultarían al mismísimo Kid Dallas por entregarte.

El movimiento pasó inadvertido para todos menos para Jensen. El ranchero, al saber descubiertas sus actividades al otro lado de la frontera cometió el error de querer eliminar a los testigos aprovechando que nadie sabía del revólver que guardaba bajo la levita.

Con una sonrisa de satisfacción, convencido de que podría lograr su objetivo empuñó la culata del arma oculta. Los dos disparos se cruzaron en el aire, sólo uno llegó a su destino en medio de la frente del rival. Finegan se derrumbó sin borrar la sonrisa de su cara.

- ¡Demonios! ¿Kid? – Steve interrogó a su amigo - ¿cómo?

- Eres idiota, ¿por qué no le registrasteis? – Riñó el pistolero cuya acción hizo que los hombres del muerto no se atrevieran casi ni a respirar – ahora voy a tener que compartir la carreta con un cadáver.

Estaban recogiendo el cadáver y las armas de los cowboys cuando los tres jinetes se acercaron alertas, efectivamente eran soldados. Carlson los apuntó con su rifle furioso al darse cuenta de que el Teniente Parker los había seguido. El oficial echó un vistazo a la situación, ambos Rangers no parecían dispuestos a desarmar al tabernero y Kid Dallas aún tenía su revólver en la mano.

Creyó que había llegado su hora al ver cómo el pistolero que había ido a detener giraba el arma en un movimiento preciso y la enfundaba, acercándose a su amigo. Pero Stevenson no le disparó, bajó el rifle cuando el rubio puso la mano sobre el cañón.

- ¿Podemos volver a Brownsville? – preguntó Jensen al teniente

- Si, ¿qué ha ocurrido? ¿Ha matado a Finegan? – respondió el oficial con otra pregunta.

- Ha sido en defensa propia teniente – explicó el Ranger al que aún no conocía – sus propios hombres podrán confirmárselo, deberíamos volver a Brownsville y tomarles declaración, hay un asunto importante que debemos solucionar.

- Si, volvamos a la ciudad – sin bajar la guardia subieron el cadáver a la carreta, ¿para eso la habían llevado? E hizo que sus hombres custodiasen a los empleados del muerto - ¿Dallas viene con nosotros?

- Si – respondió el aludido silbando para llamar a su caballo que llegó al galope trayendo a la zaga a la Yegua de Jared – Tiene la intención de arrestarme en cuanto se reúna con el resto de sus hombres, puede hacerlo ahora

El pistolero montó con dificultad ante el desconcierto del teniente que no atinó a decir nada. Los dos Rangers y el dueño del salón lo escoltaron camino de la ciudad.

LLdKD

El comandante de Fort Brown escuchó en silencio todo lo que el sacerdote y el sheriff tenían que contar. A título personal le caía genial el maestro, le había ahorrado muchos quebraderos de cabeza con los habitantes de la zona. Pero no podía ignorar la petición de los Rangers de Texas.

El veterano militar había luchado en la guerra, en el bando de los que perdieron, era uno de tantísimos que habían eludido la cárcel o la horca alistándose. Accedió a recomendar que se le ofreciera esa opción al pistolero, fundamentando su petición en la ayuda prestada por el mismo para mantener la paz en la conflictiva ciudad.

- Espero que sirva de algo – dijo entregando al sheriff el escrito – el teniente Parker me ha pedido ser quien traslade a Kid Dallas a Austin, pueden están tranquilos en cuanto a la seguridad de su amigo.

- Gracias por permitirle permanecer en la posada hasta el traslado – El religioso sonrió con tristeza – al menos Finegan ha dejado de ser un problema, esperemos que no acuda otro peor a ocupar su lugar. ¿Cuándo saldrán?

- El oficial médico dice que en una semana podrá montar de nuevo – explicó el comandante – he mandado un telegrama al gobernador explicando la situación "especial" del prisionero, tengo muchas esperanzas en conseguir algo, máxime después de lo de Finegan.

- Quiera Dios que esté en lo cierto comandante

- Si es preciso iré en persona a Austin para hablar con el gobernador.

- Tenemos que volver, gracias por atendernos – Musitó el sheriff sujetando con fuerza la carta de recomendación en sus manos

- Muchas gracias comandante , quede con Dios – corroboró el padre Collins

- Es lo menos que puedo hacer.

LLdKD

Delilah entró en la habitación de Jensen con un plato de chili que había hecho especialmente para él. Lo encontró sentado junto a la ventana, leyendo una de las novelas sobre Kid Dallas que Jared había guardado durante todos esos años.

- ¿Qué haces? – preguntó innecesariamente

El maestro dejó el libro con una mueca y se apoyó en el marco de la ventana mirando hacia la calle distraído. La mesonera dejó la comida en la mesita y lo tomó de la mano sentándolo de nuevo, con ternura besó su frente y le puso el guiso en las manos.

- No tienes que hacer esto Jensen, no tienes que dejarte encerrar

- Lo prometí

- ¿Y si ellos te liberan de tu promesa? – se refería a los dos Rangers que estaban tan disgustados con la situación del pecoso como el resto de la ciudad

- Tendrían problemas por mi culpa

- ¿Vas a arruinar tu vida para que un par de Rangers no tengan problemas? – a veces cogería a ese muchacho y le machacaría la cabeza a coscorrones

- Se lo que piensas, lo que pensáis todos, pero lo prometí, les juré que si dejaban a Steve al margen no opondría resistencia Delilah – tomó una cucharada de las habichuelas, y gruñó feliz – esto está genial

- Dónde vas no hay – replicó la mujer, no quería ser cruel, le dolía el destino de su amigo, si tras un par de días encerrado en esa habitación parecía tan apagado, no quería ni pensar en cuando lo encerrasen en una celda – Jensen, recapacita…

- Si hago esto, vosotros podréis continuar con vuestra vida, es justo – adoraba el chili que preparaba la mesonera, era la receta de una de las familias mexicanas de la zona, pero en ese momento no podía disfrutarlo, dejó la cuchara en el plato y suplicó – Delilah, soy un asesino, tarde o temprano me cogerían, mejor así que una bala en la espalda ¿no crees?

- No eres un asesino Jensen Ackles, métetelo en esa sesera cerrada que tienes

No lo iba a convencer de que huyera como no lo iba a convencer de que no merecía aquello. Había mucha sangre en las manos del pistolero y aunque la inmensa mayoría de los que habían caído tras enfrentarse a él merecían su suerte, había un par de casos que lo atormentaban día si día también.

- Arruiné tu vida Delilah, y la de Jared, los dejé a él y a Mary sin padre porque disparé primero, porque no supe ver que un error no convierte a un hombre en un monstruo.

- Yo te perdoné y Jared también lo ha hecho.

- Yo no puedo perdonarme.

¿Qué podía decirle que no le hubiese dicho mil veces en los últimos cinco años? ¿Qué no tuvo elección? ¿Qué era matar o dejarse matar? Aún echaba de menos a Dimitri, al granjero iluso que retó a un pistolero para cobrar la recompensa que daban por él. Lo quiso muchísimo, es cierto, pero fue un estúpido. Hacía mucho tiempo que se resignó con su muerte.

Había tardado mucho en aceptar que ella merecía una oportunidad más de ser feliz, y por ello consideraba que Jensen también la merecía.

- Pude desarmarlo y le metí un tiro en la cabeza – susurró el pistolero

- Tú no sabías que era sólo un pobre idiota que creyó que sería fácil conseguir dinero rápido, si aquel día hubieses muerto en su lugar posiblemente yo seguiría en aquel salón y Mary ¿Quién sabe? – lo pensó muchas veces después, si cuando el dueño del salón donde trabajaba fue buscarla, en lugar de Kid Dallas se hubiese encontrado con Dimitri Samuels, Mary ni siquiera existiría.

LLdKD

Steve revisó todas sus armas, le daba igual las estupideces que tuviese metidas su amigo en la cabeza, no dejaría que se lo llevaran, en cuanto abandonasen la ciudad asaltaría a los soldados y lo rescataría aunque tuviera que atarlo. No confiaba en la recomendación del comandante de Fort Brown, sabía que el militar respetaba a su amigo, pero una cosa era la buena voluntad de un soldado exiliado al último rincón de la Frontera y otra la de un político sentado en su poltrona.

Incluso, aunque el Sheriff, el cura y los Rangers tuviesen razón y el indulto llegase, ¿Cuánto tardaría? Jensen era su amigo, su responsabilidad, su hermano. Lo conocía casi más que a sí mismo, no sobreviviría a un encierro prolongado.

Kane apareció en la puerta de su habitación en la planta superior del Salón. Sólo estaba entornada pues aún no era hora de abrir el local al público. Se encaró con el agente de la ley, desafiante.

- Si no confías en Jensen al menos deberías confiar en mí – le dijo Chris con el sombrero de ala ancha girando entre sus dedos nerviosos.

- No sé de qué me hablas.

- Vas a cometer una estupidez y si alguien sale herido Jensen no te perdonará.

Carlson resopló, el Ranger entrometido tenía razón. "Es mi familia, haré lo que tenga que hacer" dijo el barman haciendo valer su altura sobre el recién llegado. Kane no apartó los azules ojos de su interlocutor, había venido a impedir que hiciese ninguna tontería y no se iría hasta conseguirlo.

- Jensen juró que se entregaría y yo juré que te mantendría a salvo incluso contra tu voluntad, me estoy jugando mi carrera idiota – masculló el más bajo

- Me importa una mierda "Ranger" – no iba a atender a razones, aunque lo más sensato hubiese sido hacer creer al maldito intruso que había recapacitado, lo empujó fuera de su habitación – haré lo que tenga que hacer

- No lo permitiré – le devolvió el empujón el otro haciéndole trastabillar hasta caer sentado en la cama sobre el rifle y un par de cuchillos enfundados.

Steve se levantó como un resorte y sujetó al de ojos azules por un brazo retorciéndoselo para sacarlo de allí. Normalmente con Jensen siempre le había funcionado esa maniobra, lo que no sabía era que el maestro no se resistía nunca reconociéndole tácitamente su autoridad sobre él. Kane si se resistió, girando todo el cuerpo en el sentido en que forzaba su brazo se zafó del agarre y contraatacó.

Sujetó sus hombros con ambos brazos apoyando las manos en su cabeza y haciéndole bracear ridículamente sin poder soltarse. Steve estaba furioso, impotente. El cuerpo del Ranger a su espalda era como el acero, no cedía un ápice a pesar de ser algo más bajo.

- ¡Suéltame hijo de puta! – exigió fuera de sí

- No, no hasta que entres en razón, gilipollas – replicó Chris jadeando por el esfuerzo.

- ¿Qué mierda te importa? – cada vez que intentaba zafarse sentía la firmeza y el calor del cuerpo del Ranger a su espalda, siguió forcejeando.

- ¡Me importa! ¡Claro que me importa! ¡somos amigos! – atinó a responder el otro a punto de soltar su presa - ¡Joder Steve!

Consiguió liberarse, sudando por el esfuerzo las azules miradas se cruzaron con la misma ansiedad flotando en ellas. El Ranger cedió primero, era el que más tenía que perder, su trabajo, su familia, si se dejaba llevar y alguien se enteraba de lo que sentía lo perdería todo.

Pasó junto a Carlson cogiendo su sombrero que cayó al suelo en la pugna. "Veo que realmente lo quieres, pero deberías dejarle decidir por sí mismo, quizás él no siente lo mismo por ti" advirtió dolido el más bajo.

- No entiendo – Steve palideció repentinamente al darse cuenta de lo que decía el otro – espera, no, somos hermanos por favor, eso es asqueroso.

- ¿Entonces no estáis juntos?

- Nooo – respondió tan rápido y ofendido que fue el turno del Ranger de palidecer

- Oh, vaya, yo creí… me voy

- Espera ¿qué creíste? – estuvo rápido deteniendo a Chris que le rehuía la mirada ruborizado "seguramente" por la breve pelea de unos minutos antes

- No importa

- Sí que importa – lo acorralo junto a la puerta - ¿qué creíste?

No necesitaba respuesta en la celeste y turbia mirada del Ranger estaban todas las que hubiese podido desear. Asombroso.

- Te gusto – afirmó como si hubiese descubierto el origen del Universo

- Tío, yo no…

- No como amigo, quiero decir que realmente te gusto – una extraña euforia se adueñó de él haciéndole olvidar sus preocupaciones por un segundo

- Estoy jodido – aceptó Kane rindiéndose a la evidencia

- Todavía no

Temiendo que huyera sujetó los brazos del Ranger sin permitirle margen de maniobra, besándolo rudamente, como había imaginado en sus ensoñaciones. Era mucho mejor que su imaginación, olvidó que lo retenía a la fuerza buscando instintivamente su cara, su cuello y sus labios con los dedos anticipando sus besos.

Chris se dejaba hacer. Con el terror pintado en sus ojos incluso correspondió sujetándose a su nuca, impidiendo que se alejara más de unos milímetros, temblando de deseo y algo más.

- Joder – jadeó Steve cuando consiguió detenerse para tomar aliento

- Si – jadeó el Ranger - ¿entonces eres un pervertido?

- Pues va a ser que sí

- Pues va a ser que yo también – sonrió Kane cerrando la puerta de la habitación

- Pues averigüemos cómo de pervertidos somos – Steve procedió a desnudar al más bajo con una sonrisa maliciosa – Uh, quién me iba a decir que un Ranger puede ser tan caliente.

- ¡Oh! ¡Cállate, anda! – replicó Chris sellando la boca del otro con la suya.

LLdKD

Mary le sacó la lengua al teniente que hablaba con el sheriff. Ante el gesto serio de Jim se marchó a los establos a jugar con Runagate. No era tonta, podía escuchar a unos y otros sin que se dieran cuenta de que estaba allí, sabía que se iban a llevar a tío Jensen y eso la hacía pagarlo con todos menos con él, pero sólo porque estaba malito.

Su objetivo preferido seguía siendo el Ranger grandote, aunque en las últimas veinticuatro horas hasta su madre había pagado su mal humor.

- Sé que estoy siendo muy mala "Rungate" – dijo cepillando una de las patas delanteras, el caballo resopló y hociqueó en su pelo – si, lo sé, yo también te echaré de menos.

- Creí que no me hablabas – la voz sonó tras la enorme yegua parda, Mary dio la vuelta empuñando el cepillo como si fuese un garrote - ¿vas a pegarme otra vez?

- No me mancharé las manos con tu sangre – replicó la niña, al ver la risa del otro se enfadó tirándole su improvisada arma – ¡no tiene ninguna risa!

- No estás siendo justa conmigo Mary – respondió Jared rascándose la cabeza, justo dónde había dado el mango, ¡tenía puntería la mocosa! – yo tampoco quiero que se lo lleven

- ¡Eres un mentiroso! ¡Un tonto y un pimiento! – le chilló con lágrimas en los ojos

- ¿Un pimiento?

- ¡Que no me junto contigo y que no sirves un pimiento! – Runagate se alteró por los gritos de la pequeña elevándose sobre sus patas traseras y Mary se quedó helada mirando los cascos del caballo sobre su cabeza.

El Ranger ni pensó, rodeó a su yegua cogió a la niña con un solo brazo y la quitó del peligro. Pálido y asustado porque la pequeña no hablaba la inspeccionó por si el animal había llegado a alcanzarla.

- La próxima vez que quieras gritarme hazlo desde fuera de las cuadras ¿trato hecho? – pidió con el corazón en la boca

La pequeña asintió con los ojos abiertos como platos. Entonces empezó a llorar asustando a Jared que nunca antes había tratado con críos y no comprendía por qué la llantina cuando todo había pasado ya. La tomó en brazos para llevarla con su madre y se encontró de cara con la mirada colérica de Jensen. Tan furioso parecía que agradeció mentalmente que no llevara armas y siguiese lo bastante lastimado como para darle una paliza.

- ¿Qué le has hecho? – rugió el maestro

- ¿Nada?

- ¡¿Y por qué llora?

- ¿No lo sé?, Ey pequeña, dile a Jensen que no te he hecho nada ¿vale? – pidió a la niña que todavía hipaba con la carita escondida en su cuello

- Dámela – ordenó el pistolero, intentó obedecer pero la cría no se le soltaba del cuello. Al ver la escena Jensen se relajó creyéndole y preguntó más calmado - ¿se ha caído? ¿Le ha pasado algo?

- El caballo la asustó, pero no ha pasado nada. Voy a llevarla a casa, ¿vienes? – lamentó que el otro negara con la cabeza – eh, Kid, no hagas tonterías, ¿vale?

- ¿Perdona?

- No vayas a ponerte a trabajar, no estás en condiciones ni de eso ni de montar

No se fiaba del pistolero, llevó a la niña con su madre y volvió tan rápido como pudo. Jensen había ensillado a su caballo, aún era demasiado pronto, incluso la semana de margen que le había dado el capitán médico de Fort Brown era poco tiempo para que las costillas rotas se soldaran. Pero tampoco podía detenerlo, ¿cómo? ¿Sujetándole? No era un crío, aunque a veces lo parecía. Ensilló a "Milady", iría con él.

- No voy a escapar Ranger, tranquilo – dijo el maestro malinterpretando sus intenciones

- Iré de todas formas, detenme - Jared no iba a contradecirle, si quería creer que era por eso, mejor.

- Haz lo que quieras – el cabezota montó quedando doblado de dolor sobre Runagate, resopló, se irguió y azuzó al caballo para salir del establo, el animal (en ese momento parecía más listo que su amo) no dio ni un paso - ¿Qué te ocurre amigo? ¿no quieres dar una vuelta?

- Parece que no – se rió el Ranger

- Oye Padalecki, no tiene gracia

- Sí que la tiene, es más sensato que tú

Más furioso por momentos, el rubio palmeó la grupa del caballo que sólo resopló, bajó las orejas y volvió la cara hacia él con un relincho de advertencia.

- ¡Vale! ¡Vosotros ganáis! – Hizo ademán de bajar pero no llegó a soltar los estribos - ¡Joder!

Jared saltó de su yegua para ayudarle, pero no sabía cómo, cualquier idea suponía cogerlo de la cintura, lo que no sería mejor que si bajaba solo. Nunca había conocido a nadie tan terco, tan idiota, tan inconsciente, no comprendía cómo había podido enamorarse así…

- A ver pedazo de mula, intenta pasar la pierna izquierda sobre la silla – indicó

- No soy ninguna damisela a la que ayudar a bajar de su caballo – gruñó el pistolero, obedeció a pesar de su queja, ocultando un par de maldiciones entre los labios apretados.

- No, no necesitas ayuda, ya veo – volvió a reír el Ranger, levantó los brazos – apóyate en mis brazos haciendo fuerza sólo con los tuyos, dolerá pero no tanto como si saltaras, intentaré bajarte a pulso

- Genial Goliat, prepárate – no se fiaba de la fuerza del más alto, pero siempre sería mejor que nada, se sorprendió de que sí pudiese sostenerle – gilipollas

Durante un segundo Jared creyó que no sería capaz de mantenerlo en el aire lo suficiente como para que sus costillas no sufriesen. El rubio cerró los ojos con fuerza controlando el dolor y se sujetó a los antebrazos dejándose caer de la silla. En un par de segundos lo tenía frente a él, recobrando el aliento, sudando como si hubiese hecho un gran esfuerzo.

- Y tú querías ir a montar

- ¡Cállate idiota!

Jensen aún se apoyaba en los bíceps del gigante, a pesar no necesitarlo ya. El maldito niñato no borraba la sonrisa de su estúpida cara. Lo cogió de la nuca y lo inclinó hacia él.

- Eres un gilipollas Ranger – repitió antes de besarlo.

Continuará...