Tengo que avisar por si alguien no sabe qué está leyendo, no soy dulce, no soy amoroso y no me va el fluffy, no lo busques.
Por cierto, sexo explícito, si no te gusta no leas...
Capítulo VIII.
"Eres mío"
El ruido de soldados corriendo y dando órdenes en el exterior sacó a Jared Padalecki de la nube dónde la inesperada caricia de un pistolero lo había elevado. Exhibiendo una voluntad que no sabía que tenía lo apartó de su lado.
Jensen, como si le hubiesen quitado todos los apoyos con ese gesto de rechazo, se tambaleó, perdido. El Ranger apenas atinó a sujetarlo por los hombros creyendo que caería al suelo cuando el Teniente Parker y dos de sus hombres entraron en el establo.
- ¡Padalecki! ¿Ha visto a…? – la pregunta del oficial murió al tener la respuesta frente a sus ojos, echó un vistazo a los dos animales ensillados – ¿Qué hacen aquí? Se supone que se quedaría confinado en la pensión.
- Quería ver su caballo teniente – explicó Jared – insistió y no vi nada malo en ello, no iba a escapar.
- ¿No es lo que parece agente? – no le había creído
- ¿Y qué es lo que parece? – el más alto consiguió evitar la vacilación en su voz
- Parece que intentó huir y que lo ha detenido
- Pues se equivoca – insistió Jared – me pidió dar un corto paseo para despedirse del animal y accedí, pensé que no había peligro de fuga y en efecto no lo ha habido, ni siquiera ha podido salir del establo.
El pistolero cerró los ojos, el "estúpido" Ranger lo defendía. El teniente sacó las esposas. Jensen no levantó la cabeza, su palidez, acentuada por momentos, llamó la atención de Parker, así como el gesto protector con que era sostenido por el más alto.
- Eso no va a ser necesario teniente, en serio, salió conmigo de la pensión
- Por esta vez lo voy a dejar pasar señor – aceptó el de uniforme – llévelo a su habitación y no vuelva a dejarle salir si no lo acompañan un par de mis hombres.
- Por supuesto teniente, vamos Dallas.
Lo llevó a casa. Ni siquiera se dio cuenta del silencio del prisionero, su cabeza era un torbellino por sí sola rememorando una y otra vez lo sucedido apenas unos minutos antes.
Delilah los recibió preocupada por el aspecto de su chico "¿Qué ha ocurrido?" preguntó cuándo Jared dejó al pecoso en su habitación y se marchó como alma que lleva el diablo.
Jensen se acercó a la ventana sujetando su costado sin responder a la mujer que quería ayudarle. No podía hablar porque si abría la boca sólo saldría una pregunta de su boca: "¿cómo he podido besarle?". Estaba jodido, más que eso, estaba JODIDO. La mesonera trató de hacerle reaccionar.
- Sea lo que sea Jensen, estoy segura de que tiene arreglo, tú y yo vamos a hablar – pocas veces lo había visto más afectado por algo que en ese momento – voy por un par de tragos ¿vale? Todo estará bien.
Pero no, ya nada estaría bien. ¿Por qué había sido tan estúpido?
LLdKD
Jared, con un resoplido se tiró sobre su cama. ¿Cómo debía reaccionar a que un forajido, el hombre al que había perseguido más de media vida, le besara? Durante un rato trató de entender cómo se sentía, más bien, trató de entender por qué no estaba asqueado o furioso.
Era uno de los agentes más duros del cuerpo, sólo Chris tenía más fama de duro que él. ¿Ahora era una niñita que se derretía por los besos de un pistolero? ¿A eso había llegado su obsesión por Kid Dallas?
Su cabeza decía una cosa, algo dentro de su pecho, latiendo desbocado, decía otra bien distinta. Se tapó los ojos con el antebrazo y a su cabeza acudía una mirada esmeralda, ansiosa y entregada que nada tenía ya que ver con la frialdad homicida de la primera vez que vio ese rostro.
Había esperado que Chris estuviera ahí, aún era pronto para que abrieran el salón, su tío podría ayudarle. A fin de cuentas ya sabía lo que sentía por Jensen, ¿y si el pistolero se había enterado y quería usarlo para escapar? Se levantó como un resorte, seguro que era eso.
Se dirigió a la puerta, le pediría explicaciones, antes de tocarla siquiera volvió a su mente la mirada del pecoso, intensa, sincera. Se mesó el cabello, no le estaba utilizando, no podía engañarse respecto a eso, era imposible que fingiese así. Pero ¿Qué debía hacer entonces?
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Delilah puso un whisky doble en manos de su amigo y dio un sorbo al suyo, de pie, frente a él. Jensen comprendió que no se la quitaría de encima sin contarle qué le ocurría. Se sentó en el sillón que solía utilizar para leer y se tomó medio vaso de golpe.
Hacía más de seis años que se conocían. Antes de que naciera Mary. La primera vez que se vieron las caras ella quería vengar la muerte del hombre que amaba. Si entonces le hubiesen dicho que se convertirían en los mejores amigos, prácticamente hermanos. Delilah habría reído amargamente y sin embargo así era.
- ¿Vas a empezar a hablar Kid?
- La he fastidiado Delilah, del todo, la he fastidiado del todo
- Dime que has fastidiado.
- No me quiere, ¿cómo se me ocurrió pensar que podía quererme? Es absurdo, soy un hombre, se supone que debo amar a una mujer ¿no? Una cosa es la soledad del desierto y otra el amor – se embaló angustiado el pistolero terminando su bebida
- De acuerdo Jensen, escucha – Delilah dejó su vaso en la mesita – hay hombres a los que les gusta los hombres, y mujeres a las que les gusta las mujeres, se mira mal porque no es algo que pase normalmente, y tú eres de esos. Tus amigos no vamos a dejar de serlo por ello, pero no puedes dejar que nadie más lo sepa ¿comprendes?
- Lo que faltaba ¿no? Kid Dallas es un maricón
- No me he explicado bien Jensen, no he dicho que sea algo malo, sino que mucha gente no lo entenderá, si te gusta alguien tienes que asegurarte de que tú le gustas antes de dar un paso.
- ¿Y si lo he dado? ¿Y si he creído que le gustaba y he dado el paso y él…?
- ¡Oh! ¡cariño! – abrazó al pecoso que parecía totalmente perdido - ¿te ha rechazado? Piensa que no te ha golpeado ni ridiculizado, quizás tenga miedo de admitirlo simplemente.
- O quizás esté con otra persona, con Kane
- Has tardado mucho en decidirte Kid, ahora tienes que aceptar que alguien se te haya adelantado. Pero eso no significa que no seas alguien muy importante en su vida – era mucho tiempo con ellos y la compenetración de los dos amigos siempre le había hecho sospechar algo, aunque como nunca había sido tan directo tampoco ella había querido decir nada.
- ¿Qué? – ahora sí que estaba perdido
- Deberías alegrarte por Steve, aunque no lo parezca Chris es un hombre muy delicado y lo tratará bien.
- ¿perdona? – boqueó comprendiendo al fin
- ¡No es Steve! El otro Ranger – Delilah abrió los ojos como platos
Jensen no sabía si reír o darse de cabezazos con la pared. La mujer lo miró con tristeza, lo tenía crudo. El chico podría haberle perdonado por la muerte de su padre, podría llegar a ser su amigo. Pero, ¿enamorarse?
- Jared – sonrió el pistolero desesperado – lo he besado, me encontró en el establo, quería dar mi último paseo con Runagate y apenas pude ni montar. Fue sentirle cerca y no poder evitarlo. Al menos ya sé lo que puedo esperar.
- No sabes nada Dallas – intervino una voz ronca desde la puerta de la habitación
- Déjanos solos Delilah, por favor – pidió el maestro levantándose de su sillón y mirando a los ojos al Ranger de cabello indomable.
- No voy a dejar que…
- Por favor – insistió a la preocupada mujer que salió echando una mirada de advertencia al fornido agente estatal.
- Te defiende como si fueras algo suyo – murmuró Jared cerrando la puerta tras él.
- Es mi familia – replicó orgulloso – puede que no lleve mi sangre pero es como si fuese mi hermana mayor.
- Tengo que preguntarte algo y quiero una respuesta sincera
- Dispara
- ¿Qué creías que ibas a conseguir? – no fue hecha con acritud pero la pregunta dolió al pistolero – Cuando me has besado ¿qué pretendías?
- No pretendía nada
- Le has dicho a Delilah que ahora sabías lo que podías esperar, ¿qué esperabas?
- Nada
El Ranger se acercó, invadiendo el espacio de Jensen que no retrocedió ni una sola pulgada. Había hecho lo que había hecho y no se iba a echar atrás. Si quería golpearle que lo hiciera, total, al menos sería una respuesta.
La tuvo, la respuesta, aunque no la que había temido.
La enormes manos del más joven tomaron su rostro, el maestro tragó saliva respirando agitado con los labios entreabiertos y la mirada atrapada por el brillo tornasolado y cambiante de los ojos de Jared. Lentamente el Ranger olvidó quién era devolviendo el beso que lo estaba quemando por dentro desde que lo recibió.
"Eres un tío Padalecki" se regañó mentalmente a sí mismo, al sentir cómo sus rodillas temblaban al contacto con los labios del pistolero, "Esto es un error" se repetía con cada suspiro antes de volver a la carga, entreabriendo la cálida boca que lo estaba enloqueciendo por segundos, introduciendo su lengua, succionando la de un entregado Jensen que había cerrado los ojos totalmente a su merced.
- ¿Esto es lo que querías? – consiguió decir con la voz cargada de deseo - ¿volverme loco?
El rubio no contestó, sólo le miró implorante, el rostro congestionado, los labios enrojecidos. Jared no había visto nada más deseable en su vida. Lo cogió con rudeza del cabello y volvió a tomar posesión de la boca del pistolero.
No esperó permiso, sin darse cuenta de lo que hacía enroscó un brazo en la estrecha cintura del más bajo que ahogó un gemido a medias entre el dolor y el placer pegándose a su cuerpo.
Encajaban, como el rifle entre sus manos o ese viejo y desgastado colt en la mano firme y delicada del pistolero que viajaba dentro de su pantalón acariciando cuanto encontraba a su paso. Él hizo otro tanto bajando hacia su trasero, prieto, firme que parecía vibrar ante su toque. Rozó su abertura con la yema de los dedos haciendo que el rubio se estremeciera. No, no podía ir tan lejos, ¿qué estaba haciendo? Se apartó con un gran esfuerzo.
- ¿Qué?, espera Padalecki – trató de retenerlo Jensen
- Es eso, crees que si dejas que te folle no podré entregarte, no va a funcionar pistolero.
La delicada mano del rubio soltó su camisa y se estrelló en su cara en forma de puño. La furia bailó dónde apenas unos segundos antes la entrega y el deseo oscurecían el verde irisado de los ojos del pistolero. Jensen ahogó el grito de dolor por el brusco movimiento y volvió a golpear al Ranger. Sus costillas podían irse a la mierda, había algo que dolía más, mucho más.
Esquivó el siguiente puñetazo mirando con desprecio al hombre fuera de sí que como siguiera intentando golpearle acabaría estropeando el trabajo del capitán médico de Fort Brown. Sujetó las muñecas al tercer intento.
- Vete a la mierda Padalecki – siseó Jensen retorciéndose para liberarse – si quisiera escapar lo habría hecho hace mucho tiempo ¿era esto lo que querías? ¿Esta es tu venganza? Pues enhorabuena, si querías hacerme creer que te gustaba para humillarme lo has conseguido
Jared colocó las muñecas de su furibundo rival a la espalda, volviendo a pegarlo a su cuerpo. No podía seguir engañándose, por muy difícil que fuera admitirlo, amaba al hombre que se debatía en su agarre. No respondió, sólo lo mantuvo sujeto, con fuerza, impidiendo que hiciese movimientos bruscos. Torso junto a torso.
El pecoso redujo la intensidad de su lucha al notar como una de las manazas del Ranger aprisionaban sus muñecas a la espalda y la otra volvía dentro del pantalón explorando su trasero. "Nunca he estado con nadie" susurró Jared abarcándolo con todo su cuerpo, sin permitir que se separara ni media pulgada. "Ni siquiera con una mujer, nunca me han llamado la atención, pero tú me enloqueces" Introdujo un dedo en la caliente entrada que se cerró alrededor con un respingo del hombre herido.
Sin soltar las muñecas de Jensen a pesar de que había dejado de pelear hundió la cara en su cuello besándolo en toda su extensión. Unió otro dedo al primero y el pecoso ocultó el rostro en su pecho con un jadeo vencido. Jared estaba tan excitado que ya no podía pensar más que en continuar.
- Quiero metértela Jensen, quiero… - el maestro se mordía los labios para no suplicar que lo hiciera de una vez, le daba igual todo, si lo que quería era usarlo para desquitarse, que lo hiciera, sólo quería sentir aquel cuerpo enorme y posesivo dentro de él – si no dices nada lo tomaré como un sí.
- Hazlo - gruñó
Sacó la mano del pantalón y lo desnudó besando cada atisbo de piel que iba exponiendo al aire. El cuerpo pecoso comenzó a temblar, estaba muy bien dotado, le acarició el pene haciéndole jadear y volvió a forzar su boca con la lengua tan profundo que creía que llegaría hasta sus pensamientos.
Jensen intentó acariciarle a su vez pero no le dejó, lo echó sobre la cama y se quitó el pantalón usando el cinturón para atarle las manos a la espalda, la visión del cuerpo atado a su voluntad le volvió loco del todo. Sin quitarse la camisa se echó sobre él intentando penetrarlo.
- ¡Despacio tío! - suplicó el rubio pero era demasiado tarde, lo penetró sin darse cuenta que el sollozo era de dolor porque lo estaba destrozando.
Jared embistió aún más fuerte entrando y saliendo como si le fuese la vida en ello, mordiendo el cuerpo indefenso bajo él, introdujo una mano bajo el cuerpo de Jensen y comenzó a acariciar sus genitales y su enorme miembro lubricado y palpitante como si se estuviese masturbando. En ese punto el pecoso había dejado de suplicar, sólo gemía tan enajenado como él mismo.
Terminó y un par de segundos después su víctima también se corrió dejando la cama manchada con su semen. Lo mantuvo abrazado unos minutos, sin salir de él, incapaz de alejarse del errático latido de su corazón.
- Eres mío – no supo porque decía eso
- Soy tuyo – respondió el pecoso con la voz rota
Salió de él y lo tomó en brazos acunándolo y besando la cara bañada en llanto. Sabía que le había hecho daño, pero ninguno lo lamentaba. Se sentó en el sillón meciéndolo, Jensen no pidió que lo desatara, era suyo, totalmente suyo, sin condiciones, con toda su alma.
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Hacía horas que la habían echado de la habitación. Delilah no sabía qué hacer o qué pensar. ¿Y si el Ranger hacía algo terrible? Su primer impulso fue llamar a Jim, el veterano sheriff era una persona sensata, pero ¿y si no aceptaba que Jensen fuere "raro"? Solo podía recurrir a Steve.
Normalmente el "Oasis Frontier" solía estar abierto a esa hora, pero sólo encontró a las chicas con la puerta principal aún cerrada. Subió a las habitaciones y Lonely, la muchacha de confianza de Steve le impidió el paso "Tiene compañía, señora Samuels" la joven, rubia y menuda sonrió con tristeza "y no es una de nosotras"
La puerta se abrió y el Ranger Kane salió colocándose el sombrero riendo mientras Steve lo retenía en la puerta con una mirada de plenitud que enternecía. Ambos se quedaron helados al verla.
- Estaba preocupada, pero creo que no tengo motivos – sonrió con picardía – por cierto, no he visto nada.
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Nunca pensó que el amor era así, tan exigente, tan cruel y a la vez tan increíble. Jensen, dolorido y feliz, sólo quería permanecer entre los brazos del Ranger. Aún no lo había desatado, ni siquiera le había permitido cubrirse con algo, lo mantenía sentado sobre sus firmes pantorrillas desnudas, piel contra piel, acariciándole lenta y perezosamente y dejando algún beso ocasional en el pelo.
- Abre las piernas – ordenó suavemente el gigante
El prisionero ni se planteó desobedecer o quejarse. Su miembro se excitó de nuevo con el leve roce de los dedos. La enorme mano del castaño se enredó en su cabello haciéndole echar la cabeza hacia atrás y mirarle esos increíbles y cambiantes ojos, el flequillo largo y húmedo se pegaba a la frente del Ranger confiriéndole un aspecto salvaje que le hizo morderse los labios inconscientemente.
- ¿Harás lo que yo diga? – preguntó el más joven - ¿Todo?
- Todo – no podía estar más abandonado y a la vez más seguro, repitió – todo
- ¿Por qué?
- Te quiero
- ¿Y si tuvieras razón? ¿y si sólo quisiera vengarme? – Jared se maldijo a sí mismo por hacer esa pregunta, al ver cómo el deseo y el amor se volvían desesperación en el rostro de su prisionero.
- Entonces no importa nada ¿no? – Gimió Jensen
- No me estoy vengando
Sin dejar que respondiera el más alto volvió a besar posesivamente al rubio. Mientras lo besaba se dio cuenta admirado de que sí que era suyo, que estaba entregado por completo.
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Fue una semana muy especial tanto para el maestro como para el agente estatal. Sólo Delilah sabía de sus encuentros, incluso les dio algún truco para que no fuesen tan dolorosos. Para los demás sólo daba la impresión de ser una poderosa amistad, como la que unía a Kane y al dueño del "Oasis Frontier"
Un par de días antes de cumplirse el plazo llegó el transporte de la prisión estatal junto con un emisario del gobernador que se reunió con el comandante de Fort Brown. Y con los Rangers, que lo pusieron al corriente de lo sucedido, explicando la participación del pistolero en la solución del conato de rebelión de los texanos de origen mexicano y en la detención de Lorne Finegan.
El ranchero era un conocido asaltante de bancos al otro lado de la frontera. La mayor parte del capital del fallecido banquero procedía de esa actividad y la restante del traslado de ganado.
La muerte de Finegan supuso una tregua en las tensas relaciones diplomáticas con el país vecino. En el registro del rancho del finado descubrieron reses que no eran de su hierro, remarcadas. Al menos un par de centenares pertenecían a Isaías Wayne. Robadas de la última conducción de cinco mil cabezas a El Paso.
El día que llegó el transporte, el médico de Fort Brown volvió a revisar a Jensen de sus costillas. Si le sorprendieron algunas marcas en el torso del pistolero no las mencionó. Los huesos soldaban correctamente y mantuvo su previsión "En cuarenta y ocho horas podrán proceder al traslado"
Habían decidido que Kane y Jared acompañarían al destacamento de soldados y al enviado de la prisión estatal en el traslado. El emisario del gobernador volvió a la capital con la convicción de que lograrían un indulto para Jensen en no más de seis meses.
Esa noche hicieron una cena de despedida con todos los amigos del maestro, el comedor de la pensión se quedó pequeño y los alumnos mayores improvisaron unas mesas en la calle mayor. Incluso colgaron farolillos como si fuera fiesta, a pesar de que el humor general no era muy festivo.
El sheriff después de brindar por la pronta vuelta de Jensen, se dirigió a Steve muy formal.
- Amigo mío, siempre os he considerado a ti y a Ackles la familia de la mujer a la que amo, y como tú eres el mayor, tengo que pedirte la mano de Delilah pues deseo hacerla mi esposa – el veterano agente de la ley se había quitado el sombrero y lo sujetaba tan fuerte que como no le diesen una pronta contestación acabaría destrozándolo.
- Jim, no soy quién para decir nada, eso es cosa de ella – Carlson sonrió – por mi hace tiempo que sería feliz de que fueses mi hermano, ¿Tú qué dices Delilah?
- Soy poca cosa para ti Jim – respondió la mujer emocionada
- No le hagas caso es muy "morestia" – durante toda la cena, Mary se había portado bien, sin intervenir en las conversaciones de los mayores y jugando con los otros niños y niñas de su edad, pero como ella decía "Es un tema demasiado importante para no dar mi experta opinión de hija" – yo te doy mi permiso, ¿Ya puedo llamarte papi sheriff?
Delilah accedió por fin haciendo que la melancolía que flotaba en el ambiente desapareciera entre las sinceras felicitaciones y las muestras de cariño hacia la pareja.
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El salón estaba cerrando, Steve echó a los últimos rezagados mientras Chris se atrevía con unos acordes al piano que le enseñara el maestro tras mucho insistirle. No lo hacía mal del todo.
El Ranger tenía una vieja guitarra que aprendió a tocar de adolescente, por lo que entendía algo de solfeo. Cuando cerró el portón con el candado el más alto se quedó contemplando al improvisado pianista. Al día siguiente se estaría marchando con su hermano. Al final lo habían convencido entre todos que lo mejor era esperar. Aunque lo que realmente lo había convencido era lo bien que llevaba Jensen su encierro (sospechaba que el alto y atractivo Ranger de cabello indomable, tenía algo que ver) incluso a veces creía adivinar en los ojos de su chico un nuevo brillo de felicidad.
- Tocas bien, me gusta ver cómo lo haces – musitó el barman quitándose el delantal – si te quedas sin trabajo puedo contratarte
- Lo estoy pensando, estoy un poco harto de este trabajo – Kane giró en su banqueta – venir aquí nos ha cambiado la vida a Jared y a mí, ahora no le encuentro mucho sentido a seguir en los Rangers.
- Eres uno de los pocos que no es un completo gilipollas Chris, has evitado muchos asesinatos innecesarios, es posible que Jensen os haya echado una mano en esta misión pero si no fueses una persona íntegra no se hubiese solucionado todo tan fácilmente.
- ¿fácilmente? Steve, el pueblo estaba al borde de la rebelión…
- Lo sé, vivo aquí ¿recuerdas? – se sentó a su lado, codo con codo, y empezó a corregir los fallos de la melodía que ensayaba el agente – seis meses es razonable, prométeme que no lo abandonaréis
- En cuanto libremos a tu hermanito de la cárcel colgaré la placa y aceptaré tu oferta de trabajo – replicó Kane aceptando las correcciones – tú también sabes tocar… y no sólo el piano.
Continuaron perfeccionando la melodía entre empujones risas y algún que otro beso en la soledad del salón cerrado.
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Jared entró como durante todas esas últimas noches, a escondidas, en la habitación del prisionero. Era un poco más tarde que otros días, por culpa de la cena. No le importaba demasiado, fue hermoso ver cómo Delilah aceptaba la proposición de Beaver y cómo ello hacía que quien aguardaba ansioso su llegada sonriese feliz.
A lo largo de los días había ido calmando su ímpetu, que no su deseo, pues era tenerlo cerca y no poder borrar de su mente cada segundo de contacto con su piel. No se preguntaba qué diría su madre, o su abuelo, probablemente nunca sabrían lo que sentía por el hombre que mató a su padre y si lo supieran directamente lo repudiarían.
El viejo general Kane se moriría de un infarto si supiese que su apellido no se iba a perpetuar en el tiempo y le darían siete síncopes seguidos si llegara a enterarse de que su único hijo varón pensaba dejar los Rangers para trabajar en un salón de una "inmunda" ciudad de la Frontera. Eso no era lo que preocupaba a Jared Padalecki.
Le preocupaba la sombra que se abalanzó sobre él desde la oscuridad del dormitorio cuando pasó el cerrojo interior a la puerta y susurró su nombre. Los labios que había aprendido a conocer tan bien atraparon los suyos en un beso que era más una lucha de poder a poder. Aunque ambos supiesen quien ganaría otra vez.
- Parece que me estabas esperando – jadeó cuando logró separarlo
- Imaginaciones tuyas – podía imaginar la sonrisa burlona
- ¿Ah, sí? – ya no tenía miedo a volver a hacerle daño como el primer día, es curioso la de cosas que se aprenden con la práctica y alguna indicación de Delilah - ¿y esa botellita de aceite?
- Ummm, vaya, me has pillado
- Sip, eres mío
- Creído – Jensen se pegó al cuerpo de Jared como una lapa.
Comenzaron su lucha particular de nuevo. El pecoso sólo había ganado una vez, el segundo día y sólo porque Jared se lo permitió, preocupado por descubrir que su inexperta y brutal forma de hacerle el amor le había lastimado. "Cuando esté totalmente recuperado vas a ver" gruñó el más bajo al ser vencido de nuevo.
Se desnudaron el uno al otro, saboreando cada pulgada de piel con los labios, pugnando de nuevo por el control que pertenecía a Jared, como la excitación de la infructuosa lucha del rubio, como la voluntad de acero que se volvía arcilla entre sus dedos, como cada respiración, cada latido.
No tenía ninguna necesidad de hacerlo pero sin saber cómo siempre acababa maniatándolo con lo primero que pillaba, un pañuelo, un cinturón, el cordón de la cortina, "Ranger pervertido" provocaba el pecoso pidiendo más.
Los primeros rayos del amanecer despertaron a Jensen sobre la cama, desnudo, cubierto por el cuerpo tostado e imponente del chico que lo había buscado toda su vida para matarlo. La cabeza de cabello imposible reposando sobre su hombro y una sonrisa infantil y satisfecha marcando unos adorables hoyuelos en el rostro dormido.
Retiró el cabello de la frente con delicadeza, para no despertarlo y se encontró con esos ojos que no eran ni grises, ni verdes, ni azules, ni castaños pero que sí lo eran. "Te quiero" formó con los labios sin hablar recibiendo una sonrisa adormilada y un mudo "Eres mío" como respuesta.
Continuará...
