Capítulo final...


Capítulo X.

"¿Demasiado tarde?"

El galope de los caballos en dirección a la capital era el único sonido que interrumpía el silencio de la nublada mañana texana. Amenazaba tormenta y Steve Carlson volvió a frenar su yegua esperando al Gobernador que era incapaz de seguir su ritmo.

Nunca debió permitir que se llevaran a Jensen, debió huir cuando tuvo ocasión. Si lo mataban… No, estaría bien. "Aguanta Kid, la ayuda está en camino". Un rayo surcó el oscuro medio día. Y Morgan llegó a su altura mirando con preocupación las nubes.

- Deberíamos buscar un refugio, no tardará en descargar la tormenta.

- Si avanzamos cinco millas hay una zona rocosa y elevada que puede protegernos de una riada – indicó el barman que con su sombrero de ala ancha, su guardapolvo negro y los dos revólveres perfectamente sujetos a las pantorrillas, parecía la reencarnación del legendario Robert Carlson.

- Intentémoslo – aceptó el gobernador que parecía más un veterano Ranger que el máximo dirigente de Texas

Veinte minutos de galope tendido y llegaron al macizo rocoso. En la parte baja había una abertura lo bastante amplia para protegerlos a ambos con los caballos. Carlson pasó de largo y Morgan le siguió. Ascendieron unos diez metros entre la lluvia torrencial que los caló hasta los huesos y la amenaza de los rayos que no caían lo suficientemente lejos para no preocuparse.

La cueva era enorme. Podría refugiar a un destacamento de caballería completo junto con sus animales. Tenía señales de haber sido usada como refugio en el pasado, pero hacía bastante tiempo que nadie había pisado por allí.

Steve se internó por una galería y volvió con una brazada de ramas secas, encendiendo una pequeña fogata que les iba venir genial a ambos para no coger una pulmonía. El gobernador observó el lugar a la luz vacilante del fuego. Formó parte de una partida de rastreo una vez, en esa zona, haría unos veinte años. Los perdieron como si se los hubiese tragado la tierra, y en cierto modo, así era.

- Debería descansar señor – advirtió Steve – la tormenta aún durará un par de horas y en cuanto pare continuaremos la marcha, si no recuerdo mal había un par de colchonetas por algún lado.

- ¿Me da órdenes Carlson?

- Sólo estoy haciendo una sugerencia Gobernador

Una vez secos buscaron las colchonetas, estaban enrolladas y ocultas en una de las galerías, junto a dos o tres novelas con las tapas arrugadas en las que no se distinguía nada.

- Jensen solía leerle esos libros a nuestro viejo cocinero cuando perdió la vista – dijo el pistolero

- Nunca creí que fuese cierto que Taylor Duncan se había convertido en el cocinero de una banda de forajidos, fue una leyenda entre los Rangers. Leer novelas a un ciego, a veces creo que os inventáis todo eso sobre vuestro amigo. Te recuerdo que os vi en acción en "El Paso"

- Le viste disparar ¿no es cierto?

- Mató a un hombre.

- Disparó tres veces, voló dos revólveres y mató a quien había ido a matar

- El muerto era un veterano de la guerra, un borracho que sólo quería la recompensa que daban por vosotros – Acusó el Gobernador

- Yo no recuerdo su nombre, pero le apuesto lo que quiera que Jensen sí lo recuerda

Guardaron silencio, una de las novelas era "El viaje de Arthur Gordon Pym", de un novelista llamado Poe que sólo escribía tonterías sobre fantasmas, monstruos o asesinos. Las demás ni siquiera podía adivinar de qué eran de lo estropeadas que estaban por la humedad y el tiempo. El gobernador de Texas estornudó al intentar leer algo en una de ellas.

LLdKD

Había empezado a llover. Jensen se puso en pie buscando protección contra el agua que empezó a caer dentro del pozo como si hubiesen desviado un riachuelo. No había aparecido nadie desde que el día anterior lo arrojaron ahí dentro. Hacía mucho frío, y el agua helada que caía directamente o se filtraba por las paredes no ayudaba precisamente.

En cuestión de minutos estaba totalmente empapado. El suelo del pozo tenía ya un par de pulgadas de agua y el cielo no paraba de descargar su furia sobre su cabeza. Por un segundo tuvo la tentación de acurrucarse junto a la pared y dejarse morir de frío. Sólo hasta que a su mente acudió la cara de Jared, riendo, asustado, siguiendo la corriente a una caprichosa cría de seis años.

Siguió de pie el tiempo que el agua no dejaba de caer.

"Y luego ese Ranger idiota me dirá que no tengo aguante" resopló.

El pozo se estaba llenando a una velocidad impensable en aquellas tierras. No creía que hubiesen pasado más de treinta minutos y el fango cubría sus rodillas.

Cuando paró el diluvio el agua le llegaba más arriba de la cintura y a duras penas lograba mantenerse en pie. Una cuerda golpeó la superficie líquida llamando su atención. Miró hacia arriba y vio al agente Pulnam.

- ¡Necesitaré tu ayuda para sacarte muchacho! – dijo el carcelero - ¡tendrás que trepar!

- ¿Puede echarme algo para las manos? – pidió intentando reactivar la circulación de las mismas

- ¡Lo siento! ¡No se me ha ocurrido traer nada chico! ¡me estoy jugando el puesto haciendo esto!

Jensen se sacó la camisa de rayas, al estar encadenado, quedaba atascada en las muñecas, intentó protegerse las manos con ella como pudo y comenzó a trepar. Cada músculo dolía como si cientos de agujas se clavasen en él. Perdió pie un par de veces midiendo con su cuerpo el trecho de pared que había logrado escalar.

Al llegar arriba el vigilante lo ayudó a salir y en seguida le dio una manta. El prisionero quedó de rodillas temblando lastimosamente por el frío y el esfuerzo.

- Deberías huir, estamos a media milla de la prisión, aquí sólo traen a los presos de los que el alcaide se quiere deshacer, chico.

- No puedo huir

- Te matará, y no conseguirás nada haciéndote matar chico.

- Váyase, llévese la cuerda y la manta, viene gente – avisó al hombre que intentaba ayudarle

- ¿cómo lo sabes?

- No pierda más tiempo, dese prisa – el guardia oyó también el galope de algunos caballos – demasiado tarde, escóndase

Jensen se quitó la manta y echó a andar en dirección contraria dónde había dicho a Pulnam que se escondiese. Un par de minutos después se vio rodeado por un grupo de guardias.

- ¿cómo lo has hecho? ¿cómo has salido del pozo? – preguntó el que parecía el jefe

- Trepando – contestó el rubio lacónicamente

- Este se cree muy listo – uno de los guardias lo derribó de una patada en la espalda

Otro bajó de su caballo y lo cargó sobre uno que llevaban a remolque, como un paquete. "Jodido Alcaide y sus jodidas vendettas" murmuró con rencor mientras aseguraba el cuerpo del prisionero a la silla para que no se cayera (o no se tirara, que también podía ser) "Con lo fácil que sería meterle una bala en la sesera y se acabaron los problemas"

LLdKD

Christian Kane sujetó a su compañero haciendo uso de toda su fuerza. La furia homicida que emanaba del gigante hizo retroceder al Alcaide que borró su expresión desdeñosa de su gorda cara cambiándola por el miedo.

- ¡Le he dicho que escapó! ¡Seguro que lo tenía todo planeado antes de llegar!

- ¡Miente! ¡No ha escapado! – por supuesto que no, si algo había aprendido en el escaso mes y medio que hacía desde que puso los pies por primera vez en Brownsville es que Jensen no huiría - ¡¿Qué le ha hecho?

- ¡Cálmate Jared! ¡así no vas a conseguir nada! – Chris era incapaz de sujetar por más tiempo a su sobrino

- Tienes razón – dejó de forcejear – estoy bien, estoy calmado, suéltame

Al decirlo de una forma tan suave, el mayor de los Rangers se confió y dejó vía libre al gigante que sacó su revólver y se lo metió en la boca al Alcaide.

- ¡Ranger!

- ¡Jared!

El teniente Parker no quería intervenir pero si el Ranger disparaba a Joseph Finegan su carrera y probablemente la de sus hombres habría terminado así que encañonó al desquiciado muchacho con su rifle.

- ¡Padalecki! Suelte ese arma, hemos registrado toda la prisión y no está, por favor, no me obligue… - cayó al ver el colt de Kane junto a su sien

- Baje el arma teniente, por favor

- No sean locos Rangers, podemos seguir buscando no tienen por qué forzarme a iniciar una matanza – pidió el oficial – Padalecki, no va a morir él solo, ni usted, ¿merece la pena? ¿Eso cómo va a ayudar al maestro?

Jared bajó el arma. Al ver cómo el Alcaide volvía a esbozar su acostumbrada mueca de desprecio le saltó un par de muelas de un puñetazo antes de ser reducido por Chris y el teniente. Que casi tuvieron que arrastrarlo para sacarlo del despacho de Finegan.

- ¡Si no lo encuentro dese por muerto, escoria! – gritó desesperado - ¡DESE POR MUERTO!

Kane lo llevó hasta sus monturas tras un cruce de miradas con el teniente. Lo obligó a montar y le hizo salir delante de él de la prisión.

- ¿No los va a detener Teniente? – preguntó furioso el alcaide con el rostro bañado en sangre por el puñetazo

- ¿Por qué? – preguntó inocentemente el aludido ordenando a sus hombres que se retirasen

- ¡Me han atacado! ¡Y a usted!

- Yo no he visto nada de eso que dice señor – sonrió el teniente con amabilidad – debería ponerse algo frío en esa herida.

LLdKD

Esperaron hasta que el último soldado abandonó la prisión para llevar de nuevo al prisionero dentro. Directamente a las celdas de aislamiento. No es que fueran muy cómodas, sólo tenían una fina capa de paja en el suelo, pero comparado de dónde venía a Jensen le pareció una mejora.

Estaba demasiado agotado para sentir hambre o dolor. El frío le impedía seguir despierto. No llegó a cerrar los ojos del todo. Las botas del desgraciado de Finegan le pisaron la pierna que tenía extendida haciéndole volver a la realidad brutalmente.

Levantó la cara y se rió sin ganas del aspecto grotesco del Alcaide. Alguien le había dado un buen golpe. El pomposo dirigente salió de la celda enfurecido y ordenó a un par de guardias que llevasen al prisionero al patio y convocase al resto de prisioneros para un escarmiento.

Había anochecido, los presos formaban ante el patíbulo dónde no solo se ejecutaba las sentencias de muerte, sino que también se disciplinaba a los rebeldes. Eran gente curtida, alguno incluso había sobrevivido a castigos como el que ahora iba a presenciar.

De vez en cuando algún murmullo era acallado por el golpe de una porra o un culatazo de rifle. Los dos guardas tuvieron que arrastrar al preso hasta el poste central, y no porque se resistiera, sino porque ni siquiera podía dar un paso.

Jensen quedó colgado de sus muñecas al poste, desnudo de cintura para arriba, uno de los guardas cortó las vendas que aún protegían sus costillas con un cuchillo. Apenas se dio cuenta. El Alcaide soltó un ridículo discurso que nadie creyó pero que todos tuvieron que soportar diciendo que así se castigaban los intentos de fuga.

Ordenó que le diesen veinte latigazos. Ninguno de los presentes apostaba que en las condiciones que se adivinaba que podía estar el condenado, sobreviviese más allá de la media docena. El castigo comenzó y Jensen gritó tres, cuatro veces, al quinto sólo se quejó débilmente y efectivamente después del sexto dejó de moverse o emitir algún sonido. Cuando terminó Finegan ordenó que nadie tocase el cuerpo hasta que él lo dijera y mandó encerrar al resto de los presos.

Pulnam se escabulló harto de tanta brutalidad, montó en su caballo y se dirigió a la oficina central de los Rangers.

LLdKD

El viento había barrido las últimas nubes de tormenta. Morgan adelantó a la yegua de Carlson en su galope hacia la capital. A pesar de estar bien entrada la noche la luna había salido con tanta fuerza que bastaba para iluminar el sendero.

No habían parado desde que terminara la lluvia torrencial. Aún con algún relámpago en el horizonte Carlson partió sin esperarle. Tuvo que forzar la marcha para poder alcanzarlo. No se le podía negar el espíritu de sacrificio por su amigo. Sólo habían parado para dar un breve descanso a las monturas y en esos momentos el barman había seguido caminando con el animal de la brida, "Una yarda más es una yarda más"

Al amanecer llegaron a Austin. Steve fue directo a la oficina central de los Rangers, se encontró con un guardia de la prisión estatal que salía en ese momento, lo identificó porque llevaba el mismo uniforme que quien se llevó a su amigo sólo hacía tres días.

Iba protestando de lo idiota que era el tipo de guardia, que lo había tenido ahí toda la noche para nada cuando se dio de bruces con el pistolero.

- Mire por dónde va, amigo – gruñó de malos modos Carlson agotado por la cabalgada y ansioso por encontrar a Chris y a Jared para sacar a Jensen de prisión así tuviera que quemarla hasta sus cimientos

- Lo siento, si va a buscar a algún Ranger, mejor se va, a mi me han tenido toda la noche, y eso que les dije que era importante y urgente.

- ¿Todavía estás ahí Pulnam? ¡Viejo chiflado! ¡Te hemos dicho miles de veces que a nadie le importa un preso muerto más o menos! – le gritó el Ranger de guardia

- ¡Claro que no! ¡Malditos burócratas! ¡vosotros si no os pagan no cagáis! – replicó el viejo con osadía

Steve retuvo al engreído agente que se acercó a echar a patadas al guardia. Una muy mala idea rondaba su cabeza y no la podía apartar de ella. Morgan desmontó, y sin darse a conocer interrogó a Pulnam.

- Conozco al jefe de los Rangers, señor, dígame a qué ha venido

- ¡Para lo que va a servir a estas alturas! – el viejo estaba indignado – se trata de un preso que trajeron hace pocos días. Por lo visto el alcaide tenía algo contra él. Anoche se podría haber hecho algo, si sobrevivió, ahora sólo podrán recoger su cadáver.

Carlson rugió como una fiera enjaulada desahogando su furia con quien más a mano tenía, que no era otro que el agente que terminaba su guardia en ese momento. Comenzó a golpearlo sin medir cómo ni dónde sin escuchar al gobernador o al guardia que le pedían que parara hasta que alguien más alto consiguió sujetarle por la espalda inmovilizándole.

- ¿Steve? – Kane se aseguró de que su compañero de cuerpo seguía con vida - ¿Qué ocurre?

- ¡Está muerto! ¡Está muerto por vuestra culpa! – se debatió como si estuviera poseído

Jared, que era quien lo sujetaba, lo soltó mirando interrogante al guarda al que creyó reconocer del día cuando llevaron la maldita carreta a la prisión. Al ver el gesto compungido del viejo su mirada se endureció y sin decir nada montó en la agotada yegua de Steve y partió al galope.

- ¡Maldita sea Jared! ¡Te matarán! ¡Vuelve! – gritó su tío

- Por mi como si se pudre en el infierno – musitó rencoroso el pistolero – pero si quieres morir con él te acompaño

- Señores, no se precipiten – intentó detenerlos el gobernador

- No se interponga Jefe – Kane le había reconocido pero eso no le iba a detener – mande a sus soldados a recoger nuestros cuerpos.

LLdKD

Podía estar fuera de sí, pero entrar en una prisión estatal a tiro limpio no era un gran plan. Y Jared Padalecki podía ser un loco suicida pero no era estúpido. Iba a matar al Alcaide y no podría hacerlo si no lograba llegar vivo a meterle una bala en la cabeza.

Tenía las ideas lúcidas hasta asustar. En su mente se aparecía una y otra vez la sonrisa pícara que le obsequió la última vez que vio su cara. Evitó la zona de reclusión revisando la parte trasera que daba al edificio principal dónde estaba la enfermería y la vivienda de Finegan.

Unos cuatro metros de muro coronados de alambre de espino eran toda la protección ante las incursiones del exterior, en esa zona ni siquiera había torretas de vigilancia. Cogió la cuerda de la silla, le ató una rama y consiguió engancharla a la alambrada en el primer tiro.

En un par de minutos estaba dentro. Pasó junto a las rejas que separaban la zona "noble" del patio de reclusos. No habría puesto la mirada en el patíbulo si uno de los focos que bañaban el patio no hubiese pasado por ahí.

Cuando alguien te cuenta algo horrible, como la muerte de un ser querido, duele. El estómago se encoge y sientes que se te sale el alma por la boca con todo lo que hubieses querido hacer o decirle antes de perderlo. Si tienes suerte, puedes llorar, gritar, pasar página.

No es lo mismo si lo ves. Si esa persona es tan importante que estás dispuesto a morir por su recuerdo. Si le ves, si ves lo que han hecho con él… Durante unos segundos la mirada de Jared Padalecki se posó en el cuerpo abandonado, colgado por los brazos, en le cabeza vencida, encajada entre el poste y un brazo. El foco siguió su viaje arrebatando de su vista a Jensen. Jared había olvidado por qué estaba ahí.

LLdKD

Pulnam condujo a Carlson y Kane a la puerta principal. El Ranger echó un vistazo a su compañero en la desesperada e improvisada misión. No tenía nada que decir, podía entender al pistolero hosco y silencioso que contemplaba el recinto penitenciario.

El viejo guarda les puso al corriente de todas las atrocidades que se cometían allí dentro, y aunque sabía que a aquellos dos hombres les importaba poco su denuncia, se sintió bien explicándoles lo harto que estaba de esa situación.

Los guardas de la puerta principal se miraron preocupados al reconocer a Kane y a su compañero. Aquello no era bueno, el Alcaide estaba en un lío al desobedecer una orden directa del Gobernador, en esos momentos creían que el Ranger y su compañero venían a llevarse el cuerpo del prisionero y a detener a Finegan.

Uno de ellos se encogió de hombros, "Abre tío, esto no es con nosotros". Seguidos por Pulnam y por uno de los guardias, Chris y Steve se dirigieron a la residencia del asesino. El hielo azul de los ojos del que hace unos días sólo era un pacífico barman se posó en el patíbulo.

Giró el caballo bruscamente y saltó del mismo cuando estuvo junto a la tétrica construcción de madera.

- Suéltale desgraciado – ordenó con un susurro ronco al castaño que arrodillado, acunaba el cuerpo de Jensen en la oscuridad – suéltale o te meto una bala en el corazón.

- Casi no respira – si Jared oyó su voz no había escuchado las palabras llenas de odio

- ¡Steve! – Kane bajó el arma con que su amigo apuntaba a su familia - ¿Está vivo?

- Apenas, tengo que sacarlo de aquí, tengo… - Jensen movió los labios inconscientemente distrayéndolo – estoy aquí, estás aguantando pistolero, sigue así.

- Tenemos que sacarlo de aquí, ¡vamos! – Steve había enfundado su arma - ¡buscad algo! ¡una carreta!

A esas alturas media prisión sabía que estaban allí, Joseph Finegan rodeado por sus sicarios más fieles se enfrentó a los Rangers y su amigo. Cuando se dio cuenta de que el prisionero seguía con vida se enfureció. No dejaría que esos estúpidos agentes impidiesen su venganza.

Cogió un rifle de manos de uno de sus hombres y apuntó al hombre indefenso que el Ranger más alto sostenía con un brazo mientras intentaba abrigarlo con un guardapolvo negro. El dueño del abrigo, un tipo de la larga melena rubia que lo acompañaba sobre el patíbulo, sonrió al Alcaide provocándole un escalofrío. No llegó a presionar el gatillo, cayó al fangoso suelo al sonido de dos disparos simultáneos.

Jared y Steve guardaron sus armas y dedicaron toda su atención a su amigo malherido. Kane dio la vuelta al cadáver de Finegan, estaba seguro de haber oído dos disparos, pero sólo había una herida en mitad de la frente desde dónde aún escapaba un débil hilo de sangre.

Un destacamento del ejército con el Gobernador al frente entró en la prisión y su capitán se hizo cargo de la misma. Llevaron al muerto y a Jensen a la enfermería dónde el médico de los rangers inspeccionó al herido sorprendido de que siguiese vivo. Ni Steve ni Jared se apartaron un solo segundo del lado del maestro, dejando a Kane la ingrata tarea de dar las explicaciones necesarias.

- Su amigo no tiene muchas posibilidades de ver ponerse el sol esta noche – dijo el médico después de curar y vendar las heridas – tendrán suerte si pueden despedirse de él.

Con esas alentadoras palabras se marchó de la enfermería de la prisión. Chris y el Gobernador Morgan se reunieron con ellos.

- Tenemos algo que solucionar, es importante – Dean Morgan se acercó curioso al herido por cuya causa se había llevado la cabalgada más dura y radical de su vida, no parecía un pistolero – Señor Carlson, esto le atañe a usted tanto como a los Rangers

- Diga lo que sea – Steve no aceptó la comida que le trajo su amigo

- No puedo permitir que el señor Kane deje los Rangers por un trabajo como pianista en su salón – soltó de una vez el hombre maduro rascándose una incipiente barba canosa – el cuerpo se quedaría sin uno de sus mejores hombres, y lo que necesitamos son más… ¿me sigue?

- No

- ¿Ese no es un "no" o no es el "no" que yo me creo?

- Ahora sí que no le sigo – le miró el pistolero un poco molesto - ¿Qué hará con nosotros si me niego?

- Debería expulsar al señor Padalecki y al señor Kane, por lo de esta noche, pero como le he dicho no puedo prescindir de mis mejores hombre. No haré nada, para mí usted sigue siendo Carl Stevenson barman y sólo si acepta mi proposición será Carl Stevenson, Ranger.

- ¿Y él? – señaló al hombre inconsciente

- Sea como sea Kid Dallas murió aquí – las miradas castaña y azul se cruzaron entendiéndose al instante – si tenemos suerte sumaremos al señor Ackles al equipo.

- Gracias jefe – musitó Chris

- No me las des, en el mejor de los casos te las vas a tener que ver con un novato bastante terco Christian – sonrió Morgan – tengo que solucionar toda esta locura así que desapareced dos o tres meses, estaré en contacto con el comandante de Fort Brown para saber si lo consigue.

Fin?...