Under the moonlight, a kiss of blood

Capítulo 2:Solo si dices que me amas


-No se les olvide que tienen tarea para regresando de vacaciones. ¿Lo han entendido?

Un "si" mecánico surgió de los labios de los más de 30 alumnos reunidos en el salón de clases. Jóvenes inquietos de 15 años que pensaban en todo menos en la tarea. Ante ellos se abría el camino a la libertad. Una vez que cruzaran la entrada de la escuela, podrían extender sus pequeñas alas y revolotear de un lado a otro disfrutando al máximo de unas bien merecidas vacaciones, que aunque cortas, eran más que agradecidas por cada uno de ellos.

-Bien. Pueden irse. –Acomodé los libros, sintiendo las lisas y frías pastas resbalar entre mis dedos.

Tan entretenidos estaban pensando en sus vacaciones, que ninguno notó lo diferente que actuaba el Smoking Bomb-sensei.

Por ese día, no arrojé nada a sus lelas caras que se perdían en las ventanas, sus compañeros, mangas ocultos, el iPod, etc. Me dediqué a darles la clase tranquilamente, sin querer perturbar mi entorno, para retener lo más posible la sensación cosquilleante de felicidad que tenía desde la mañana.

Salí del salón de clases. Caminé por el pasillo, deteniéndome en un fragmento vacio para ver a través de los ventanales la invernal escena blanca. Nieve. ¿Takeshi seguiría en el departamento cuando volviera, o se esfumaría como la nieve al llegar la primavera?

Posé la palma abierta en el cristal.

La noche anterior, fue la mejor en una década. De la profundidad del tiempo, todo el dolor que se añejaba dentro de mi fue extirpado. Durante cuestión de minutos, cada lagrima fue agitada, y el corcho retirado. La espuma que impedía que brotara un nuevo día en mi alma desapareció. Miedo, terror. ¿Soportaría que el sueño se destrozara una vez más? ¿Y si me había vuelto loco? ¿Y si nada era real? ¿Qué pasaría de ahora en adelante? Mil preguntas sin respuestas. Y lo curioso era que entre todas esas preguntas que venían una detrás de otra en fila india, no había ninguna que contemplara la palabra "vampiro" o lo que pudiera significar. Solo pensaba en que Takeshi estaba de regreso después de creer que lo había perdido para siempre, y no quería volver a pasar por el calvario de hacía 10 años.

Cerré el puño sobre el cristal. 5 caminos quedaron dibujados en la fina y blanca capa de paño.

Seguí mi andar hacia la sala de profesores.

Terminaría mi trabajo lo más rápido posible, me despediría de mis apáticos compañeros y saldría pitando. Esa era la idea, al menos hasta antes de ver la pila de carpetas que tenían que ordenarse y que retrasarían todo el plan hasta entrada la noche.


Departamento 859. Me detuve frente a la puerta, dando cara a la mirilla, incapaz de encontrar el valor suficiente para abrir y adentrarme en mi propio departamento. Las manos me temblaban incontrolables. Apreté los puños y los metí en los bolsillos del abrigo. Suspiré entrecortado. Una nube ligera de vaho se sostuvo en el aire y desapareció. El corazón me retumbaba con eco sordo en los oídos, mientras jugueteaba con la llave en las manos.

-Abriré, y él estará ahí.-No quería hacerme falsas ilusiones, pero tampoco quería no hacérmelas.

Respiré hondo, introduje la llave con el aliento contenido y un nudo en el estomago.

-Y-ya llegué.

Aunque deseaba poder mantener la compostura y mostrarme como el Gokudera Hayato de 25 años ¡firme, estoico! o en todo caso capaz de enojarse por cualquier cosa, me era imposible. El nerviosismo y el pánico me dominaban.

-¿Takeshi? –El "shi" fue un sonido chillante, que resumía el sentimiento de pánico que me sobrevenía al no haber recibido respuesta apenas al entrar, que taladró mis oídos.

"¡Hayato!" En mi mente, su crispante voz se repitió incesante. En la realidad, no había quien la reprodujera. Estaba solo en aquel frio departamento.


Por más que lo intenté, forzándome a tranquilizarme, apenas si conseguí tomar un poco de café, darme una fugaz ducha, hacer zapping entre canales en la tv, irme a la cama y cerrar los ojos sin conseguir conciliar el sueño, manteniéndome en vigilia, atento al menor ruido, lo que me permitió advertir a Takeshi en cuanto la puerta corrediza del balcón –aposta dejada abierta- se abrió, y él entró sigilosamente, continuando hacía la habitación para esquivar por los pelos, el primer objeto que estaba al alcance de mi mano: un libro.

-¡Tú, remedo de humano imbécil!

El libro se estrelló estrepitoso contra la pared y de ahí al suelo.

-¡¿Ha? –Prendió la luz. Sus ojos granita, abiertos de par en par sorprendidos por mi recibimiento, apaciguaron mi alma.- Pensé que estarías dormido.

-¿Cómo mierda crees que puedo dormir, si el cadáver chupa sangre del idiota que me dejo abandonado durante 10 años, no está cuando llego a casa? –Sinceridad. Tal vez fue el tiempo sin verlo, la felicidad o el coraje, lo que me hacía imposible cortarme al momento de hablarle. Era difícil, pero también reconfortante.

-Lo siento. –Una disculpa sincera.

Se sentó en la orilla de la cama, tomando mi mentón con sus heladas manos. Acarició con su pulgar mis labios, cerré los ojos, y como era habitual, comprendió que estaba perdonado, sellando la reconciliación con un beso, que a pesar de que sus labios eran un par de formaciones suaves de hielo, encendía mi cuerpo, mi espíritu.

-¿Dónde estabas? –pregunté al separarnos.

No apartó su mirada de la mía. Tampoco respondió.

-Dime. –Seguí insistiendo.

-No te va a gustar la respuesta, Ha.

Me levanté de la cama, calándome la bata del pijama encima. Crucé los brazos sobre mi pecho y lo miré desafiante. Él seguía tratándome como cuando tenía 15 años y me daba largas antes de decirme lo que pasaba. Eso me desesperaba antes, y no veo porque ahora no… de hecho, ahora no solo era desesperante, sino también doloroso.

-Takeshi. Han pasado 10 años, no en vano. Creo que merezco que al menos te dejes de rodeos innecesarios si es algo que necesito saber. –Calma. Me pedí a mi mismo calma, paciencia. Sabía que a pesar de tener 25, probablemente Takeshi pensara aun que era muy joven para entender todo lo que vivió, y que detrás de esa mirada inocentona de 26 años, se ocultaba un alma atormentada que me amaba, pero que se debatía entre lo que debía decirme y lo que no… podía sentirlo, en cada palabra suya, en cada mirada.

-Tienes razón. –Ocultó la mirada agachando la cabeza y jugando con sus pulgares.- Es que… yo… fui… a cazar.

"Cazar". Ese era el modo en el que se refería a alimentarse. A lenguas se notaba la vergüenza que le causaba admitir lo que había hecho. Su espalda encorvada, como la de un niño que espera el regaño, me hizo darme cuenta de lo difícil que estaba resultando para él enfrentarse a mi después de tanto tiempo, con su naturaleza actual.

-¿Lo mataste?

Negó.

Me sentí aliviado.

-Aunque, si otro vampiro lo muerde ahora. Morirá indiscutiblemente.


*10 años atrás*

Namimori

-¿Seguro que harás la cena?

-¡Ya te dije que sí, maldito friki!

-¡Oke! Entonces procuraré llegar temprano a casa.

-Más te vale. Si tardas mucho, me largo a mi departamento y te dejo sin cenar.

-Ya entendí. –Sus brazos rodearon la cintura del adolescente, acercándolo lentamente hasta unir sus labios en su amoroso beso que prendió las mejillas del menor.- Solo ten cuidado al entrar.

-¡Y-ya lo sé! –De un golpe en el pecho, apartó a Takeshi.- ¿Qué crees que soy? ¿Un idiota como tú? Sé que tengo que tener cuidado para que nadie me vea entrar.

-Faltan menos de 2 semanas. –Sonrió sobándose el pecho, saltando la queja del estudiante. En sus ojos, había un brillo fuera de lo habitual, lleno de esperanza, de una dicha inconmensurable, impaciente, tan grande, que Gokudera no podía evitar que le contagiara y lo atiborrara de ilusión.

-¡Ya vete!

-Solo si dices que me amas.

-¡¿Eh? –Se sonrojó aun más- ¿Estas más idiota de lo normal o algo así? ¡No pienso decirlo!

-Dilo.

Media hora después, a pesar de las constantes negativas de parte de Gokudera, Yamamoto obtuvo dos veces lo que pedía, permitiendo que saliera del departamento de su pequeño amor con una enorme sonrisa, rumbo a la escuela, dejando al joven en un rincón de su cama, abrazando sus rodillas, incapaz de creer que había dicho dos veces seguidas, palabras tan cursis.

Unos minutos más tarde luego de mojarse la cara y convencerse de que no le daría el gusto al tarado de saber que lo inquietaba solo con eso, fue a comprar los ingredientes para la cena, tomando de la tienda el rumbo a la casa del profesor. Cuidadoso, entró, dejando colgado en el perchero junto a la chamarra, la idea de sentirse como un ama de casa que va a preparar la cena de su amado esposo.

Sin embargo…

Esa noche, Yamamoto no llegaría; Gokudera recibiría una llamada del hospital a su celular, y la cena se cancelaria, mientras en otro punto de Namimori, un joven de cabellos negros con un pollito sobre su hombro, regustaba la sangre que acababa de tomar, preguntándose como iría a parar la historia de amor que acababa de desatarse, para finalmente responderse que no era de su incumbencia, porque el profesor aquel… así lo había aceptado.


Notas de la autora:

Después de no tengo idea cuanto tiempo, tienen el segundo capítulo de Under the moonlight, aunque en lo personal, no me ha gustado mucho ahora que lo releo –ya lo tenía guardado y apenas ahora lo publica-, sin embargo, si las cosas van como hasta ahora, espero poder mejorar los siguientes capítulos para los cual mejor ni daré fecha. ¡Mi vida es un caos! Y por ende, la agenda de los proyectos que tengo.

A pesar de los errores, los horrores y la espera, ojala sea de su agrado.

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