Under the moonlight, a kiss of blood

Capítulo 3:Peor que la muerte


Pensar en la misma persona día y noche ¿significa estar enamorado? Si es así, debo admitir que me enamoré de Hayato desde la primera vez que lo vi, al entrar al salón de clases que me fue asignado en Namimori.

¿Qué llamó mi atención? Probablemente fue el hecho de que estoy acostumbrado a que mi personalidad encaje a donde quiera que vaya, y en su entorno, por primera vez en mi vida, no me sentí bien recibido. Por eso dediqué los ratos libres de los días siguientes a pesar en una manera de acercarme a esa persona que me hacía sentir diferente, de tal suerte que no mucho después coincidí con él en el claro de una de las colinas de Namimori, que había descubierto a la mañana siguiente de mi arribo a la ciudad.

Nuestro primer encuentro a solas no fue precisamente grato, y no voy a mentir y decir que las cosas mejoraron conforme el tiempo pasó, porque no fue así. La personalidad de Hayato es fuerte, belicosa, difícil, y por sí sola, adorable, así que nuestra relación surgió como una amistad en un grado dolorosa físicamente por sus constantes agresiones -sobre todo cuando lograba hacerlo sonrojar-, y posteriormente derivó en un apasionado y secreto romance tres grados doloroso y veinte grados hermoso.

Como Hayato era un niño por aquel entonces, a pesar de todo lo que había tenido que soportar tras la muerte de sus padres y el abandono de su tío en un departamento de dos habitaciones en un desgastado edificio a orillas del rio de Namimori, con una raquítica pensión mensual con la que se las arreglaba para subsistir, trataba por todos los medios de controlarme e ir despacio, a pesar de las inmensas ganas que tenía de monopolizarlo, hacerlo mío. Los primeros días de nuestra relación, solo nos veíamos en la colina; los días siguientes acordamos quedar en su departamento y posteriormente empezó a ir a mi casa, siempre cuidadoso de que nadie lo viera entrar o salir. Nuestra relación era un tesoro que aun no debía ser descubierto, pero que después de que terminara el instituto y yo dejara de ser su profesor, podría comenzar a salir a la luz hasta el día en que pudiera dimitir de la escuela de Namimori, y volver a Tokyo con él. Ese era el plan. Sencillo: esperar.

Sin embargo, no tan simple como eso, el desenlace fue inesperado, devastador… para los dos.


**10 años atrás**

Namimori

El invierno se acercaba. La primera helada de la temporada estaba en puerta y eso se sentía en el aire frio que oprimía los rostros con sus gélidas manos y besaba las puntas de las narices y orejas, hasta dejarlas rojas. Aun así, era una noche agradable que invitaba a pasar cada segundo al lado de la persona amada, para calentar el corazón y hacer brillar el futuro en la noche profunda. Y justo eso quería hacer después de terminada la última reunión de profesores del año, por lo que feliz de la vida, con las manos en los bolsillos y colgando en el brazo una bolsa de plástico con un six pack de zumos, regresé tranquilamente a casa disfrutando el paisaje invernal a mi alrededor. Los arboles lucían artísticos desnudos allá a donde mirara. La rapsodia del silencio acompañaba mis pasos sobre las calles desiertas por el poco apto clima para pasear, lo que obligaba a los residentes de Namimori a refugiarse en sus casas la mayor parte del tiempo, saliendo solo si era forzosamente necesario.

Atravesé una de las calles principales topándome con solo un par de almas, hasta dar de frente con el parque, que decidí atravesar para acortar camino. Adentrarse en el parque a esas horas no era nada alentador con las farolas haciendo bailar tétricas sombras al compás de las ráfagas de viento. Pese a ello, no apreté el paso y me tomé mi tiempo.

Nunca imaginé que mi llegada a Namimori significaría tanta dicha. De hecho, había pensado que sería problemático, puesto que estaba acostumbrado a la vida en Tokyo, de donde me aventure a salir por petición del hermano de mi padre. Mi tío, un profesor de Namimori cercano al Director, había comentado que uno de sus sobrinos era un buen candidato para cubrir la vacante de profesor de Historia, y como yo necesitaba al menos 3 años de experiencia para poder solicitar el puesto de auxiliar de profesor en la Universidad T, acepté.

Cavilaba respecto a la serie de sucesos que me llevaron a Namimori, hasta llegar a la conclusión de que todo sucede por un motivo, cuando me di cuenta de que de una figura oscura se acercaba tambaleante desde el otro extremo del camino. Entrecerré los ojos intentando dar formar o identificar lo que fuera que seguía trastabillando sin alterar su rumbo. Lentamente, la figura se reveló a la luz de las farolas como un chico un año más grande que Hayato, de cabellos negros y lisos, que sostenía su codo derecho con la mano izquierda. Se le notaba débil.

El chico tropezó con una grieta en el camino a unos pocos pasos de mí. Extendí los brazos para recibirlo y evitar que cayera al suelo. Su rostro golpeo contra mi pecho, y mis manos tocaron sin querer las suyas. Estaba helado. No percibía su respiración ni sus latidos, como si fuera un cadáver andante.

-¿Estás bien? –Pregunté sin soltarlo.

No respondió.

Apreté la mandíbula. Hayato me mataría por llegar tarde, pero no podía dejar a ese chico a su suerte. Tenía que llevarlo al hospital, no por buen samaritano, sino porque si algo le pasaba a Hayato y yo no estaba ahí para él por cualquier motivo, no me gustaría que nadie le tendiera la mano. Estúpidamente, es como si deseara crear cierto tipo de karma que pudiera proteger a la persona que mas amaba, sin importar si a mí me abandonaba.

-Resiste. -Lo cargué en brazos- El hospital esta cerca…

-No hace falta que lo hagas, humano. –A pesar de que su cuerpo se sentía débil y congelado, sus palabras y esa mirada rojiza clavándose en mí, eran todo lo contrario. Infundían miedo, resolución, fuerza.- Bájame ahora mismo, o te morderé hasta la muerte ¿Lo has entendido?

Asentí. Sus palabras se transformaron en órdenes que me sentí obligado a acatar, depositándolo en el suelo.

-Ahora. Largo de a… -cortó la frase ¿qué pasó en esa fracción de segundo entre la percepción y las palabras?... Chasqueó la lengua- escucha bien, herbívoro.

En la quietud del parque no me percaté ningún cambio en particular, y sin embargo, pareciera que el chico lograba leer en el viento, en la luna, en el entorno, una historia diferente a la que yo pudiera contar, empujándose a actuar en contra de su primer convicción: la de hacer que me alejara de ahí.

Oteó el extremo del camino por el que vino, con una mueca de desagrado. En las sombras, descifraba lo que se avecinaba, como si pudiera advertir los pasos que se iniciaban en la otra punta del parque, acercándose veloces.

-Tienes dos opciones: Morir, o algo peor que la muerte.

-¿Eh?

-Si un vampiro muerde a un humano y no extrae al menos 3 cuartas partes de su sangre, lo dejará vivo. Pero si otro vampiro o él mismo vuelve a morderlo, irremediablemente morirá. Sin embargo, si un vampiro extrae esas 3 cuartas partes de sangre que necesita para saciarse, su víctima morirá como humano y renacerá como vampiro. Así que es tu decisión… -soltó su codo, metiendo las manos entre la gabardina que llevaba puesta, sacando unas tonfas que aduras penas lograba sostener- ¿dejaras que me alimente de ti, te asesine y regreses como un vampiro, o preferirás ser asesinado por tres hambrientos imbéciles?

Ni 5 minutos tenía conociéndolo y ya tenía una amenaza de muerte de su parte… ¿a quién me recordaba? ¿qué significaba todo eso? ¿A qué se refería con vampiros? ¿Se llevaría bien si conociera a Hayato, quien está obsesionado con lo sobrenatural? Probablemente con el carácter de ambos, se asesinarían mutuamente.

-No te entiendo ¿A qué estás jugando?

-No es ningún juego. –Dibujó una media sonrisa en sus ariscos labios, dejando al descubierto la punta reluciente de un blanco colmillo.

Ocurrió que esa misma noche, una hora antes, no muy lejos de ahí, aquel joven vampiro llamado Hibari le robó su presa a otro vampiro, por si solo débil, pero perteneciente a un cerrado y protector grupo. Para desgracia de Hibari, acababa de meterse con uno de los grupos de vampiros más fuertes de la zona, quienes estaban a su límite con los Cazadores pisándoles los talones, y salió mal parado logrando escapar por muy poco y chocando conmigo mientras buscaba un sitio donde recuperar fuerzas. Lamentablemente para mi, entré a mitad del campo de batalla que surgiría en el parque, siendo un buen trofeo para ambas partes, en especial para Hibari, quien podría saciarse con mi sangre para recuperarse y deshacerse de los 3 vampiros que lograron seguirle.

¿Cuál fue mi decisión? Aquella que me permitiera volver a ver Hayato.

-Hay cosas peores que la muerte. –Bajó las tonfas.

Un murmullo molesto fue acercándose. 3 vampiros sorteaban los obstáculos entre ramajes, escudriñando en cada escondrijo, asegurándose de pelar por completo el parque para no dar oportunidad a Hibari de esconderse o escapar.

-Lo sé.-Desanudé la corbata, abriéndome la camisa- Pero peor que no ver a la persona amada, no puede haber.

-Tus razones no me interesan. –Sesgó la conversación obligándome a inclinarme unos centímetros, dejando mi cuello a su alcance.

Sus colmillos se adentraron en mi piel hasta alcanzar el principal flujo de sangre. La contracorriente de la sangre succionada y la que bombeaba el corazón, chocaban dolorosamente en mi interior, escaldaba. La punta de los dedos me hormiguearon, los músculos se adormecieron. Me costaba respirar. Sentí unas nauseas que se incrementaron al escuchar como la sangre entraba en los colmillos de Hibari y lo alimentaban. El mundo me dio vueltas.

-Ha… -Murmuré con un hilo de voz, antes de desplomarme.


Después de eso… el aroma de la tierra penetró en mis fosas nasales. Mis codos golpearon con madera a los lados. Estiré los brazos y di casi de inmediato con una tapa pesada forrada con tela blanca. No hubo mejor suerte con mis pies. Era un ataúd, y yo estaba dentro, y alrededor, solo había tierra, carne putrefacta, huesos, loza y tristeza. El corazón no me latía, la respiración era defectuosa, pero mejoró al darme cuenta de que si no intentaba respirar y no lo hacía, me cansaba menos y las energías que rescataba, podía ocuparlas en pelear contra la sepultura que no cedía.

-¡Ayuda! –Gritaba desesperado.

¿Qué hacía en ese ataúd? ¿Dónde estaba Hayato?

-¡Ayuda! –Nadie me escuchaba. Estaba convencido de ello y aun así seguía pateando, golpeando con todas mis fuerzas. Rogando un milagro ¡lo que fuera para salir!

Obscuridad. Muerte.

-¡Cállate!

Me aferré a la voz que se mezcló con mis gritos. Guardé silencio, expectante.

-Si continuas gritando no voy a sacarte de ahí ¿lo has entendido?

Moví la cabeza afirmativamente, buscando el origen de la voz.

-No soy adivino, pedazo de animal. Toma el walkie-talkie junto a tu cabeza, y respóndeme.

Atientas, conseguí doblar el brazo para buscar el walkie-talkie que se encontraba debajo de la almohada, que desprendió un aroma químico propio de las funerarias. Me estremecí de solo pensar por un segundo lo que significaba estar en esa tumba. Los ojos se me abnegaron de lágrimas y apenas si logre resistir el impulso de llorar. Oprimí el aparato contra mi pecho, sosegándome con un mental: "Todo está bien. Saldré de aquí, iré con Hayato y nos mudaremos a Tokyo. No más retrasos."

-¿Sigues ahí o los muertos que despertaste a gritos ya te devoraron?

-Sigo aquí. –Respondí, reconociendo finalmente la voz de chico... del vampiro. Y las cosas comenzaron a cobrar un etéreo sentido.

-Mantén el hocico cerrado.

-No te preocupes. Te sacaremos de ahí, Señor-sensei-san. –Una tercera voz, alegre y confiable, se hizo con el control del walkie-talkie- ¿Qué le parece si en lo que lo sacamos, me cuenta como ha estado?

-Ah… pues… ¿bien? –forme una leve sonrisa, aliviado con la actitud del otro, de Dino.

Dino, era el compañero de Hibari. Ambos se conocieron huyendo de los Cazadores de vampiros en Italia hacía casi un siglo. En apariencia, era mayor a Hibari por unos años, pero a decir verdad, Hibari era mucho mayor que él con respecto a los años que llevaban como vampiros. A diferencia de su compañero, Dino era del tipo relajado y sonriente, y fue quien convenció a Hibari de ayudarme a salir de la tumba.

Una vez fuera, a la luz de una luna somnolienta que estaba a unas horas de dejar su legado al día, partimos entre sombras hacia el sur de la ciudad, a un pequeño departamento donde cerraron ventanas y persianas, para darme la primera lección como vampiro: el sol es nuestro principal enemigo.

-… un vampiro puede sobrevivir a la luz del sol solo por unos minutos si ha saciado su hambre recientemente. Pero solo unos minutos. De lo contrario, la luz lo calcinaría y se transformaría en polvo…

-"polvo al polvo"… -explicó Dino y concluyó Hibari.

-Por eso es mejor dormir de día y salir de noche a "cazar".

-¿Cazar? –Pregunté, aunque intuía la respuesta.

Abotoné las mangas de la camisa que me dieron, acomodándome el cuello, dando un vistazo en un espejo cercano al sitio donde creía recordar que Hibari hundió sus colmillos.

-Toda herida provocada cerca de una hora antes de la mordida, desaparece. –Dijo Dino sin mirarme, tocándose el cuello con marcas de abatimiento en el rostro. Me atreví a imaginar que su historia, no era mucho mejor que la mía.

-La vida de un vampiro, es peor que la muerte. Un calvario individual insondable. –Dijo Hibari, cruzado de brazos, recargando la espalda en la pared.

El sol nació en una de las puntas de la rosa de los vientos, con el recuerdo de la sonrisa de Hayato… y murió en el otro extremo, con la vergüenza que sentía de mi mismo al clavar mis colmillos en mi primer víctima, uno de mis alumnos, Tsunayoshi, uno de los pocos amigos de Hayato, quien tuvo la mala suerte de tropezarse conmigo justo mientras luchaba contra el hambre quemante que movía mi cuerpo muerto. Al ser mi primer alimento, cometí el error de morderlo dos veces seguidas, lo que significó su muerte, y más lágrimas para la persona que amaba.


Notas de la autora:

¡Por fin! He logrado subir el capitulo tres, la mitad de la historia. Y quisiera dedicarselo a mi Yamamoto: Gd Kim ¡Vida mia! lo prometido es deuda y he aquí finalmente el cumplimiento owó.

A todos los que siguen la historia, como siempre, una disculpa por el retraso y un enorme agradecimiento por tomarse el tiempo de leer y mas aun, de dejarme un rewiu.

Para los siguientes capitulos, tendremos la aparicion también de un personaje al que últimamente y de manera inesperada, le he tomado cariño ¿Quien es? ¡Ah! pues es un secreto, aunque... creo que les dejare una pista: "vive en una piña debajo del mar" xD

Por último, se me había olvidado que el sistema escolar de Japón es diferente al de México, y como aquí algunas preparatorias –equivalente a instituto-, reciben alumnos cada semestre y no cada año, hay grupos que se gradúan en vacaciones de invierno, así que la historia la desarrolle como si Gokudera se encontrara en ese sistema y se graduara precisamente al salir a vacaciones de invierno.

Siendo todo por el momento, SeI se despide.