Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es DQRC, yo sólo traduzco.
NA: ste capitulo es donde todo comienza a calentarse. Las advertencias sobre abuso y lenguaje fuerte todavía se aplican - POR FAVOR, lee con precaución.
Canción del capitulo: Vox por Sarah Mclachlan
In the desert of my dreams I saw you there
And I'm walking towards the water steaming body cold and bare
But your words cut loose the fire and you left my soul to bleed
And the pain that's in your truth's deceiving me, has got me scared
Una Vida Vivida en Sueños
Dedos húmedos contra una mejilla – un lloriqueo – oscuridad – sssh, Edward, soy yo – el susurro de las sábanas – un fuertes latidos de un corazón y no, por favor, no…
Edward se despertó jadeando por aire, todo su cuerpo se sacudía. Estaba empapado de sudor frío y las cubiertas de su cama estaban apretadas con fuerza alrededor de sus miembros, su pecho subía y bajaba con angustiosas respiraciones presa del pánico. Se movió hasta quedar en una posición sentado y miro alrededor de la habitación con locura, sentía el pulso latir en la garganta. A través de la opaca penumbra podía distinguir un montón de cajas de cartón esparcidas por el alfombrado suelo oscuro y una pila de ropa sucia que cubría una barata y plegable silla de escritorio. Entones gimió y se hundió, su cabeza golpeando contra la almohada mientras ciertos factores clave se cimentaban en su mente.
Estaba en su nueva habitación, en Arizona. Tenía diecisiete, no siete.
… y justo ahora, se supone que debería estar abajo, ayudando a su madre a desempacar. Era una tarde de Martes al final de Febrero y acababan de llegar a su nueva casa. Ya estaba oscuro afuera. Edward sacudió la cabeza y entornó los ojos cerrándolos antes de abrirlos de nuevo, lanzando una mirada desorientada a la habitación. No era su intención quedarse dormido – sólo había estado muy cansado después de manejar todo el día. En ese justo momento, la voz de Elizabeth se filtro por las escaleras.
"Edward, ¿podrías darme una mano por favor?"
Edward la ignoró al principio. Miró el techo blanco sobre él, intentando (y fallando) olvidar la pesadilla. Era la misma de siempre, sólo que esta vez había sido particularmente vívida; era la primera vez en meses que había estado tan desorientado al despertar.
Esperaba que no fuera una señal de que los sueños iban a comenzar a empeorar otra vez. No creía poder manejar eso.
Abajo, Elizabeth le habló de nuevo. De mala gana, Edward se arrastró fuera de la cama. Pasó a través de la habitación y salió a la luz del pasillo, cerrando la puerta detrás de él con firmeza.
Era un Sábado en la mañana del mes de Marzo y Bella iba tarde al trabajo. Tenía empleo trabajando en el centro de jardinería local. Había sido su segunda opción cuando buscaba empelo – el primero había sido de salvavidas en la piscina local, el cual asumió sería uno de los lugares donde habría menos probabilidades de encontrarse a alguien durmiendo. Desafortunadamente, su torpeza natural e ineptitud física general la habían llevado a fallar cada aspecto del no tan riguroso examen de ingreso. Así que fue el centro de jardinería el elegido. La gente acostumbraba a no dormirse cuando estaban comprando plantas. (No se podía decir lo mismo, tristemente, de una librería, la cual había sido su secreta primera opción).
Su horario comenzaba a las 11:30 y usualmente caminaba, pero hoy había tenido problemas para salir de la casa a tiempo, así que había tomado su camioneta. Anoche había sido una noche especialmente difícil para dormir y Bella se encontró con que tenía que bofetearse en cada semáforo para mantenerse despierta.
Cuando pasaba a través de un cruce, haciendo caso omiso de los pitidos que venían de los chicos del carro de enfrente, Bella contempló irónicamente lo que pasaría si ella se quedaba dormida en el trabajo. Decidió que era mejor detenerse a comprar algo antes de que se diera un puñetazo.
¿Todavía esta mi cartera en mi bolso? Pensó Bella para sí, ausentemente indicando a la vez que iba a girar a la izquierda en una calle residencial – un atajo. ¿O la saque la semana pasada? ¿Tendré dinero suficiente para un café? Miró el reloj que había en el salpicadero y presionó un poco más el acelerador. Era mejor acelerar un poco si quería comprar un café y aún así llegar a tiempo.
Y entonces, repentinamente, comenzó a temblar; se dio cuenta de que el rugido en sus oídos era más que sólo el normal sonido del carro; todo se puso negro. Bella sintió el familia tirón incómodo desde atrás de sus ojos y su interior se enfrío con temor cuando se dio cuenta de lo que iba a pasar. Estrelló el pie contra el freno y se desvió a la derecha, lejos del camino de cualquier carro acercándose…
¡BAM!
Edward se sentó de golpe en su cama, sacudiéndose para despertar. Miró alrededor de su cuarto, preguntándose que demonios había pasado. Estaba a mitad de su pesadilla de siempre y había estado luchando para despertarse, pero algo más le había ganado. Tomo profundas respiraciones, intentando controlar el acelerado latido de su corazón. Sus manos estaban temblando y su mente todavía era presa de los restos del sueño. Un peso en su cama, susurros en el silencio, ojos negros mirándolo através de la oscuridad, estrellas cegándolo…
Edward sacudió la cabeza con enojo. Podía sentir la rabia embotellada que siempre sentía después del sueño pulsando a través de sus venas. Saltó sobre sus pies y aparto las cortinas, en un intento de ponerle un poco de luz a la habitación y descubrir la fuente del ruido que lo había despertado. Y eso hizo, miró a través de la ventana – la cual estaba abierta – al camino de entrada y a la calle de afuera. Y entonces, maldijo con incredulidad.
Una gran camioneta azul, vieja y oxidada, estaba varada en la acera frente a su casa, la parte de enfrente incrustada en medio de la pared del jardín. Había piezas de ladrillo roto y manchas de aceite por todas partes, claramente, habiendo explotado del punto de la colisión. También había humo saliendo del capó del carro, oscureciendo a quien quiera que estuviera sentado en el lugar del conductor.
Edward maldijo de nuevo y agarró una camisa, poniéndola sobre su pecho desnudo y salió corriendo.
Cuando Bella finalmente regresó, estaba temblando por completo. Se sentía fría y caliente al mismo tiempo, su estómago se sacudía, amenazando con vomitar, tenía sudor frío en la nuca y manchas en su visión.
Un peso – susurros – ojos – sábanas – estrellas – ssssshhh, Edward, soy yo…
Bella se atraganto ante el recuerdo, e involuntariamente lanzó las manos a su boca en un intento por no vomitar. Cerró los ojos y los abrió de nuevo, pero el recuerdo del sueño del que acababa de ser testigo no se desvanecía – se quedó grabado a fuego en sus retinas.
Bella nunca había experimentado un sueño tan malo. No eran los eventos en sí los que lo hacían horrible, aunque eran espantosos, sino la pura emoción del mismo. Terror y dolor y culpa y odio, todo hervía junto en una inquietante pesadilla la cual apresaba y electrificaba el alma, envenenando su esencia. Todavía se sentía temblorosa por el sólo pesar en ello. Pobre Edward, pensó, mareada. Quien fuera él, donde quiera que estuviera, sentía una gran compasión y lástima por él, su situación y su terrible pesadilla.
Bella miró alrededor del carro, valorando lo que había pasado con su salud física, mientras su mental había estado tan preocupada. En su intento de prevenir que ella y la camioneta fueran golpeados por otro carro, en un momento de inercia, se las había arreglado para irse directo a la pared de un jardín de una de las casas que se alineaban en la calle. Su corazón decayó ligeramente. Su aseguradora probablemente cubriría el costo de la pared, pero aún así ella tendría que lidiar con el enojo de los habitantes de la casa. Bueno, al menos el daño sólo era en la pared, pensó Bella. Pudo haber sido mucho peor. En sus adentros se regaño a sí misma por ser tan tonta para pensar que podía manjar a estas horas del día. Obviamente no era seguro; por supuesto que alguien estaría durmiendo en algún lugar.
Aunque no habría forma de prevenir un sueño tan paralizante, se recordó Bella. Eso había sido algo completamente sin precedentes.
Se estiró hacía la puerta de la camioneta y la abrió, bajándose cautelosamente del asiento del conductor. Sus hombros y cuello dolían por el choque, pero no parecía haber algún daño real. Desafortunadamente, no se podía decir lo mismo para el jardín de la persona. Bella dio un paso con cuidado sobre las prímulas ahora prácticamente destruidas.
"¡OYE!"
Escucho un grito en dirección de la casa y su corazón se hundió un poco más. Sonaba como si el dueño del jardín no estuviera muy contento con todo el daño causado. Caminó alrededor el capó, lejos del humo gris que estaba comenzando a echar el motor de la camioneta. Gimió: otra cosa que apuntar a la aseguradora.
"¡Oye, tú!" vino una voz detrás de ella, mucho más cerca ahora. Bella se dio la vuelta. Un chico adolescente fue pisoteando hacía ella, su rostro del color de la tormenta. "¿Qué demonios crees que estas – " gritó, entonces, se detuvo abruptamente. Al parecer, el humo se había aclarado lo suficiente para que él viera la identidad del conductor. Bella supuso que por ser mujer, más o menos de su edad y más de seis pulgadas más pequeña que él, había eliminado algo de su enojo. Ello lo vio mirar de su camioneta a ella y entendió su expresión. Él había estado esperando un gran matón blanco y pelón – en su lugar consiguió una pequeña morena con el ceño fruncido.
Como sea, la sorpresa pareció desaparecer rápidamente por que momentos después el chico estaba hablando de nuevo. De alguna forma, había regulado su tono, pero aún así eran sólo uno o dos grados debajo de un grito.
"¿Qué demonios pasó?"
"Choque," dijo Bella con rapidez, inmediatamente decidió que su género era la mejor arma en esta confrontación. Intentó verse indefensa. "Lo siento mucho, un gato corrió por la calle y me asusté, pensando en que iba a golpearlo, así que me desvié."
"¿En lugar de eso, no pensaste en frenar?" preguntó, sin dejarse impresionar.
"Lo hice," replicó, intentando verse avergonzada, "pero moví el volante por instinto." Se quedaron en silencio, y Bella se dio cuenta de que su historia no era creíble. "Realmente siento lo de la pared; obviamente pagaré para remplazarla."
El chico gruño. Miró a Bella, midiéndola. Él se veía receloso, aunque menos enojado que antes. "No estas herida, ¿verdad?" preguntó a regañadientes. No parecía que a él le importara tanto pero si sentía que debía preguntar.
"No, estoy bien."
"Oh. Bueno."
Se quedaron en silencio por unos momentos. Bella lo miraba a escondidas, tomando nota de su apariencia. Era muy alto y ligeramente desgarbado, con piernas largas y cabello café oscuro imposiblemente desordenado. Sus ojos eran de color azul oscuro y estaban rodeados con círculos oscuros. Su rostro – el cual pudo haber sido guapo si se le daba la oportunidad – estaba contorsionado en un ceño fruncido. Bella sentía a la vez curiosidad y enojo a la hostilidad abrumadora del tipo. Era casi como si él ya hubiera estado enojado antes de que ella apareciera y no estuviera resistiendo la urgencia de descargarse innecesariamente en ella. Ella se preguntó si tal vez él siempre era así.
Y entonces, repentinamente, los engranes encajaron.
"¿Edward?" Edward estaba de pie mirando a la chica que había insertado su camioneta en su pared – por culpa de un gato – e intentaba resistir la urgencia de gritarle por ser tan estúpida, cuando escuchó a su madre llamarlo.
"¿Qué?" gritó de regreso, mirando hacía la casa.
"¿Dónde estas, cariño? ¿Estas en el jardín?" Elizabeth salió por la puerta de enfrente, sosteniendo algo en las manos. Cuando localizó a Edward, se vio aliviada. "Oh, bien, ahí estas," gorjeó, acercándose, "te necesito para arreglar esto. Estaba escuchando música y de repente se detuvo y no tengo idea de - ¡QUÉ pasó con la pared!" jadeó de repente, el problemático iPod olvidado. Estaba mirando en estado de desconcierto el humeante carro y la pared derrumbada.
Edward suspiro.
"Ella se estrello," dijo, señalando muy groseramente a la chica… quien de repente notó que lo estaba viendo con los ojos como platos en una expresión que rayaba en horror. Elizabeth alzó una ceja.
"¿Tu lo hiciste?" le preguntó a la chica, en un tono de asombro que parecía preguntar por que alguien querría hacer tal cosa.
"Fue un accidente," explicó la intrusa, lanzándole a Edward otra mirada de consternación, antes de lanzarse a la misma excusa que le habían dado a él, sólo que esta vez en beneficio de Elizabeth. Edward miró con una mezcla de seca diversión e irritación mientras Elizabeth escuchaba el cuento, su reacción variaba desde la sorpresa hasta el horror – por la idea de un gato casi atropellado – y al desinterés a la repetitiva garantía de la chica que pagaría por remplazar la pared.
"Oh, no hay necesidad," dijo improvisadamente. "De todas formas odiaba esa estúpida cosa; iba a pedirle a alguien que la tumbara. Prefiero mucho más una cerca."
La chica – cuyo nombre resulto ser Bella – afirmó que ella tenía que hacer algo para compensar el daño.
"Podría poner algunas flores, por lo menos," dijo. "Son muy buena con la jardinería; trabajo en la jardinería central."
"¿En serio?" replico Elizabeth, cuya atención había vuelto al iPod, de repente interesada de nuevo. Miró a Bella con una vaga concentración. "De hecho, podría necesitar un jardinero. ¿Cuánto cobras?"
Bella se veía confundida. "¿Cobrar? Me ofrecí de voluntaria, para compensar – "
Elizabeth la interrumpió, sin importarle los detalles. "Bueno, lo que sea que te paguen en ese centro de jardinería tuyo, lo igualaré. Ven aquí los Domingos en las mañanas. Puedes comenzar mañana." Y con eso, se dio la vuelta y se alejó, el iPod que tenía en la mano, olvidado. Edward tenía la sospecha de que se dirigía directo a la cocina y a la botella medio vacía de Cincinnati de la noche anterior.
Con una sonrisa amarga, se giro a ver a Bella. Ella todavía estaba mirándolo.
"¿Qué?" preguntó sin rodeos. No le gustaba que lo miraran, especialmente no por personas extrañas que acababan de chocar su pared y fue testigo de una exhibición de uno de los caprichos de su madre, incluso si eran chicas semi-atractivas.
"¿Tu nombre es... Edward?" preguntó.
Que pregunta tan extraña. "Si-i."
Él esperó que ella respondiera – que dijera algo como: 'Oh, el nombre de mi perro es Edward' o algo igual de vano, pero no lo hizo.
En lugar de eso, se sonrojo, inexplicablemente, y miró sus pies. "Yo… es mejor que me vaya. Supongo que te veré mañana, entonces," murmuró. Cuando levantó la vista, Edward se dio cuenta de que sus ojos se veían con dolor, al borde de las lágrimas. Él estaba estupefacto. No tenía idea de que rayos estaba pasando dentro de la mente de esta chica, aparte de su ligera sospecha de que tal vez estuviera loca.
Él también tenía una ligera pero persistente urgencia de ir y abrazarla. Eso lo molestaba; usualmente Edward Masen no se preocupaba por las chicas, ni siquiera las notaba más allá de su apariencia. Ellas eran las que caían a sus pies.
Bella se alejó de él y saltó dentro de la cabina de su camioneta. Había dejado de humear para ese momento, pero Edward estaba seguro de que no encendería. Como sea, para su gran sorpresa, después de un poco de persuasión regreso a la vida. Es cierto que sonaba más como si se estuviera ahogando que un saludable rugido, pero definitivamente el motor estaba funcionando igual. Él quería gritarle algo, como una advertencia para que tuviera cuidado, por que el carro en verdad no podría ser tan seguro – y entonces se dio cuenta de lo raro y estúpido sonaría eso, y se quedo en silencio.
La miró retroceder en la cama de flores, cruzar la acera y entrar a la carretera, girando para desaparecer pronto de su vista.
Edward miro inexpresivamente el espacio en la pared rota, preguntándose que acababa de pasar.
Entonces se metió, encontrando a su madre sentada en la mesa de la cocina. Ella estaba sonriendo estúpidamente junto a la ahora botella vacía de Cincinnati. Edward miró el reloj en la pared; eran las 11:55 a.m.
Suspiro. Otro Domingo perfecto.
