Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es DQRC, yo sólo traduzco.


Canción del capitulo: Boulevard of Broken Dreams por Greenday


I walk a lonely road
The only one that I have ever known
Don't know where it goes
But it's home to me and I walk alone


Una Vida Vivida en Sueños

Edward a veces resentía la previsibilidad total de su vida. No había nada nuevo en su situación – la historia era el típico programa de entrevistas y los personajes ya habían sido inmortalizados en un sin fin de novelas del día a día. La madre habladora absorta en sí misma con su inclinación a la auto destrucción y su sombrío hijo enojado que tenía un elevado odio hacía el mundo y todas las personas en él que conocía tan bien que era como si hubieran sido arrancadas de las páginas de un libro de bolsillo barato. Ni había nada realmente extraordinario acerca de su agitado y vergonzoso pasado y los secretos que se enconaban en las orillas de sus vidas, infectando cada mirada y conversación como una enfermedad.

Y aún así no era ficción – era la vida de Edward, y ni la falta de originalidad o el conocimiento de que otros habían pasado por las mismas experiencias lo hacían más fácil de soportar.

Ciertamente, no hacía que fuera más fácil perdonar a su madre.


Hay una cosa sobre Elizabeth Masen; ella no es una persona especialmente mala, pero tampoco una muy buena. Ella jugaba medianamente con la mano que le había tocado, la cual para empezar, nunca fue particularmente buena. Ella nunca quiso un hijo. O un bebé, en absoluto, para ser más precisos.

Aún así Elizabeth no era otra cosa más que las marcas oprimidas de la basura que usualmente asocias con una vida de alcoholismo o desesperación. Desde ese punto de vista, ha tenido, en verdad, mucha suerte. Cautivadoramente hermosa, creció en los viñedos de sus abuelos en el Sur de California. Sus padres habían muerto en el incendio de un club cuando ella tenía cuatro años – ella se había estado quedando con el Abuelo y la Abuela en esa ocasión, y nunca empacó las maletas para ir a casa. Su familia eran clásicamente ricos y la compensación por el caso legal que rodeaba la muerte de sus padres los hizo aún más. Pero el dinero no podía comprar compasión o amor. Los viejos Señor y Señora Masen no eran particularmente cariñosos con su nieta, viéndola como una leve irritación que se empeñaba en echar a perder su perfecta jubilación. La gracia que salvó a Elizabeth, a los ojos de ellos, fue su apariencia – con su cabello largo color caramelo y labios tintados de rosa, siempre estaba siendo convocada a las mesas en las cenas de las fiestas, para que pudiera ser presumida a los amigos de sus abuelos, igualmente ricos y elitistas.

Imaginen el horror, entonces, cuando Elizabeth salió embarazada cinco semanas antes de su decimonoveno cumpleaños. Como si la vergüenza de un embarazo adolescente no fuera lo suficientemente malo, el hecho de que Elizabeth no pudiera estar segura de quien era el padre y no tenía intenciones de casarse con alguno de los posibles (o, para ser más precisos, no pudieron convencer a uno para que se lo propusiera) vino como el golpe final. Los abuelos de Elizabeth la mandaron lejos con una gran cantidad de dinero con la cual se suponía ella y su hijo no nacido sobrevivirían por las próximas dos décadas.

Para alguien más, eso hubiera sido suficiente. Pero no para la mamá de Edward. La incapacidad del presupuesto combinado con un premeditado deseo de disfrutar al máximo significó que para el tiempo en que Edward tenía seis años, el dinero ya casi había desaparecido por completo.

Un psiquiatra probablemente hubiera dicho que el estilo de vida de Elizabeth era un intento de encontrar la diversión y amor que nunca tuvo de niña. Para Edward, no obstante, sólo significaba una cosa: una constante corriente de hombres desfilando por su casa.

El tipo de hombres que zumbaban alrededor de una insegura madre soltera de veintitantos años con una capacidad infinita de amar y una cartera aparentemente sin fondo; el tipo de hombres que usaban oro barato y apestaba a humo de cigarrillo y colonias caras; el tipo que traía flores de la gasolinera y pequeñas bolsas de polvo blanco que dejaba a través del pasillo que Edward usaba como sala de juegos.

Alguien pudiera decir que con ese tipo de hombres – a veces más de uno a la vez – constantemente pasando por la casa, era inevitable que las cosas sucedieran de esa forma.

Pero cuando pasó, no fue así como sucedió. El hombre que cambió la vida de Edward no fue un grasoso hombre vendedor de narcóticos que buscaba oro. Fue alguien mucho más siniestro.


Cuando Bella se dio cuenta de que el adolescente enojado que estaba de pie en el césped a tres pies de distancia de ella era el mismo niño de siete años del sueño que la había hecho chocar, experimento una multitud de emociones. La primera fue sorpresa. La segunda incredulidad. Después se lleno con una dolorosa tristeza insoportable la cual amenazaba con dejarla en un agujero. Ella no podía soportar el mirarlo, se sentía terrible al recordar el terror de su sueño y el dolor por el que él había pasado.

Ella también sintió una cosa más: un sobrecogedor deseo fundamental de ayudarlo, de cualquier forma o manera. Bella no sabía como es que podría cumplir ese objetivo. Él era un completo extraño, y uno hostil, sin embargo, ella sabía que no había forma en que pudiera experimentar un sueño como ese y seguir adelante sin hacer nada. Tal vez no fue coincidencia el que ella hubiera pasado manejando en el momento en que él tenía el sueño, tal vez no fue una casualidad lo que la llevo a estrellarse en su jardín. Quizás se suponía que ella tenía que ayudarlo y encontrar una manera de reducir el dolor que saturaba su sueño y emanaba de su sola presencia.

Tal vez, sólo tal vez, su poder – esta maldición que había intentado arruinar su vida – en verdad podría llevarla a algo bueno.

Esa idea era irresistible.

Esa fue la razón del por que, cuando al siguiente día Bella regreso a hacer la jardinería de la mamá de Edward, le sugirió sutilmente a Elizabeth que tal vez quisiera comprar plantas nuevas para remplazar las viejas. Elizabeth asintió vagamente, levantando la vista del televisor sólo para sugerir que Edward fuera con Bella.

Edward lanzaba dagas con la mirada en todo el camino, y para el tiempo en que llegaron al vivero, Bella comenzaba a preguntarse si había tomado una decisión realmente estúpida, intentando tener a solas a Edward. Edward, por alguna razón, parecía odiarla.


Edward no odiaba a Bella Swan, simplemente no la entendía. Aquí estaba ella, una chica al azar que había estrellado su carro en el jardín y entonces, fue empleada para hacer la jardinería por su madre en un estúpido capricho, y ahora de repente se suponía que él tenía que renunciar a su mañana de domingo para acompañarla a comprar plantas. Plantas.

Como si no tuviera cosas mejores que hacer. Puede que Edward apenas lleve un par de semanas viviendo en Arizona, pero ya tenía un par de conocidos si rostro ni nombre en la última preparatoria a la que había sido metido. No salía de su rutina para ser amigable con las personas – de hecho, uno podría decir que él evadía activamente el contacto social – pero el puro hecho de verse 'genial', con sus rasgos cincelados y atlético físico, ya le habían echo ganar la invitación a una fiesta. No que a Edward le importara. Él definía más o menos la palabra 'hastiado' – las personas no tenían atractivo real para él. Hace mucho tiempo había decidido que las personas, como regla, no valían la pena para una amistad. Inevitablemente te dejarían caer.

No obstante, incluso si no se molestaba con el consorcio de las masas superficiales ni jugaba lo que era la escena social de adolescentes, podía pensar en mil y un cosas que fueran más atrayentes que pretender que le gustaba la horticultura con una chica que no tenía intenciones de conocer.

Y ella se mantenía lanzándole raras miradas a él, como si intentara leer su mente o alguna otra basura loca. Él sabía que a las chicas en verdad les gustaba expresar sus sentimientos y esas cosas, pero él estaba bastante seguro de que ellos estaban muy lejos de ser conocidos para que se esperara que él compartiera algo con Bella. Y, como sea, si la mayoría de las chicas pudieran tener un vistazo de los demonios que controlaban su mente, huirían lo más rápido posible en dirección contraría.

Esos pensamientos se quejaban en la cabeza de Edward cuando estacionó el carro y salió encorvado, cerrando la puerta. Quería azotarla, para sacar algo de su frustración, pero le gustaba demasiado su carro para ese tipo de abuso. Así que en lugar de eso se satisfizo con arrancar el carrito de la fila con una fuerza innecesaria, y empujándolo en silencio con mal humor mientras Bella intentaba hacer las cosas un poco más amigables.

"Entonces, pensé que primero podríamos ir a ver los arbustos, luego ir a las plantas. Creo que diferentes tipos de plantas realmente iluminarían el jardín. ¿Qué opinas?"

Edward gruño sin comprometerse. Sabía que estaba siendo un cabrón, pero no podía lograr actuar interesado. Uno, a él no le importaban las plantas; dos, no sabía por que Bella estaba siendo amable con él pero sospechaba que era sólo por su apariencia y tres, no le agradaba la forma en que a él le gustaba que ella fuera amable con él, por que ella era de aspecto totalmente normal y algo rara, por lo tanto no había manera en que a él le gustara ella de esa forma, en absoluto. Pero aún así sentía esa extraña electricidad cada vez que ella se acercaba demasiado a él, era como si el aire a su alrededor estuviera cargado. Hacía que su piel cosquilleara en una forma que no era en absoluto desagradable.

Y todo eso confundía a Edward. Así que intentó caminar alejado de ella y no mirarla directamente si podía evitarlo.

Bella pareció entender las vibras que él estaba emanando, por que después de eso casi no le habló. Caminaron alrededor del centro y compraron las plantas – Bella insistió en pagar ella casi la mayoría – en un relativo silencio.

Hasta que, finalmente, estuvieron de pie en el estacionamiento y Edward estaba subiendo las plantas que compraron al carro y Bella estaba intentando ayudar y Edward – más severamente de lo que pretendía – le dijo que se quitara de en medio para que él pudiera hacerlo más rápido. Bella se quedó mirándolo con una expresión de sorpresa y dolor y entonces bajo la vista.

"Desearía que me dejaras hacer esto," replicó al fin, "quiero ayudarte." Miró a Edward con un tinte de esperanza en su mirada.

Nadie puede ayudarme. "Huh. Entonces, ¿no eres sólo una chica estúpida que chocó contra mí pared y necesita una cita para el cumpleaños número 18 de su mejor amiga?"

A veces Edward Masen podía ser un completo bastardo. Este momento en particular era una de esas veces.

Bella se veía visiblemente afligida por un par de segundos; el color rosa fluyó hacía sus mejillas y balbuceo un poco.

"Soy – Soy diferente."

"¿En serio?" Edward levantó una ceja. Había escepticismo en su rostro. Interiormente, se sentía culpable por hacerle pasar un momento tan horrible a una chica claramente dulce. Él era una persona terrible. Pero en cierta forma, no podía detenerse. Entre más se daba cuenta de lo amable que era ella y lo mucho que le gustaba, más quería lastimarla. Una parte de él no podía soportar la idea de permitirse hablar con algo tan puro cuando él mismo estaba tan retorcido y corrompido.

"Si." Los ojos de ella se encontraron con los de él y entonces se alejaron, sus pestañas se movían vacilantes. Edward estaba sorprendido. Él no esperaba que ella contestara; él pensó que ella balbucearía sus excusas y escaparía, dejándolo con un sentimiento de culpa por la forma en que la trataba. Él esperó que ella elaborara algo que explicara lo que la hacía tan 'diferente'. Pero ella se quedó en silencio.

Frustrado y a regañadientes, hizo la pregunta. "¿Cómo?" dijo. "¿Cómo eres diferente?"

Bella levantó los ojos de nuevo y lo miró directamente. "Puedo…" vaciló otra vez. Edward maldijo por lo bajo, incapaz de controlar su irritación. No estaba acostumbrado a conocer a alguien que no se abriera con él. Usualmente, las chicas caían sobre sí mismas para hablar con él, derramando sus secretos más profundos por un destello de su sonrisa. Exactamente por que, no tenía idea. Quizás esa la sombría actitud melancólica de 'No me importa una mierda'. Quizás era el desaliñado cabello bronce, que aparentemente se parecía al de un caliente actor del momento que era el actual rompecorazones de las adolescentes.

Todo lo que Edward sabía era que las chicas lindas eran generalmente masa en sus manos; las simples aún más. Y aún así, aquí estaba esta chica totalmente normal actuando como si él no valiera la pena para saber que estúpida mierda la hacía tan 'diferente'. Como si ella fuera especial. Y ella no es jodidamente especial, Edward pensó para sí con un enojo irracional. Ella era tan normal que debería ser un crimen, con su cabello castaño y ojos y rasgos genéricos poco memorables. Él había visto más bonitas – salido con más bonitas, también – pero por alguna razón todavía no podía irse de ahí. Había algo en ella que lo paralizaba en ese lugar, incapaz de irse o mirar otra cosa que no fueran esos grandes ojos cafés y repentinamente se estaba encontrando con que quería saber cada pequeño detalle sobre ella.

Y entonces ella dejo caer su bomba, y todo se hizo aún más raro.

"Veo los sueños de las personas," espetó.

El mundo pareció saltarse un latido.

Sueños.

"¿Qué?" preguntó Edward, después de una pausa que se sintió como un purgatorio.

"Veo sus sueños," repitió Bella, con más tranquilidad, su suave voz apenas se escuchó sobre el sonido del centro comercial.

Edward se le quedo viendo. Sonaba ridículo; era ridículo. ¿Ella podía ver los sueños? ¿Cómo un psíquico o algo así? Si Edward hubiera escuchado esto de alguien más, se hubiera soltado riendo, les hubiera dicho que se fueran a la mierda y entonces se habría ido. Pero lo estaba escuchado de Bella, así que no hizo ninguna de esas cosas. En cierta manera, viniendo de ella, era casi creíble. Como si ellos realmente pudieran vivir en un mundo donde ella era la más cautivante, quita aliento chica con la que él se había cruzado y ella en verdad viera los sueños de otras personas. Lo cual fue la razón de que, en lugar de reír o irse, él hizo la simple pregunta del millón de dólares.

"¿Puedes ver los míos?"

Los ojos de Bella se encontraron con los suyos y se quedo viéndolo. Su mirada tenía una calidad natural de búsqueda que hacía que la piel de Edward cosquilleara con nerviosismo. Entonces, después de una era de esperar, ella respondió.

"Si, puedo."

"¿Y?" Edward no quería conocer la respuesta, pero preguntó de todas formas. Tenía que. Por que si ella en verdad podía ver sus sueños; si ella realmente sabía… bueno, llámalo curiosidad masoquista.

Él la miro, esperando. Ella tuvo la decencia de sonrojarse y apartar la mirada. "Lo… siento."

Edward se estremeció. Entonces ella sabía.

Y entonces, justo así, él sintió el enojo crecer de nuevo. Por que toda esta situación era ridícula y no sabía por que le creía pero lo hacía y si ella en verdad podía ver sus sueños y sabía lo que contenían, entonces, ¿Cómo podía creer que una disculpa podía ser algo más que jodidamente inútil? Como si tuviera algún poder para cambiar lo que vio; como si pudiera ayudarlo. Entonces, ¿Por qué estaba aquí, revolviendo mierdas, haciéndolo alterarse por algo que es totalmente imparable? Edward no lo sabía, pero había una furia hirviendo pulsando a través de sus venas como veneno y tuvo que apretar los puños para evitar lastimarla. Arranco la mirada de su rostro, mirando resueltamente hacía el suelo mientras intentaba controlar su respiración.

"Tal vez debería irme," la escuchó susurrar. Él no contestó; no podría contradecirla. No cuando le estaba costando todo el poder que tenía dentro de él para no perder completamente el control de sus emociones. "Dime si quieres que me quede," le dijo. Había una nota en su voz que era casi similar a una súplica, como si ella quisiera que él la detuviera de irse. Pero aún así Edward no habló. No confiaba en sí mismo para hacerlo.

Unos silenciosos y dolorosos momentos pasaron. Edward continuó mirando al suelo, su pecho pesado se hundía mientras el latido de su corazón comenzaba a disminuir. Finalmente, una vez que su enojo se había menguado, levantó la vista. Medio había esperado que Bella todavía estuviera allí.

Pero ella ya se había ido.


Para las que todavía no sepan de que trata el sueño de Edward en el siguiente capi lo descubrirán.

Pasen por mi nueva traducción, se llama Play Dates y ya la pueden encontrar en mí perfil ^^

Besos

Moni (: