Capítulo 4
Bella POV
-¿Quién es Jasper?- le pregunté a Alice mientras tomábamos lugar en nuestra mesa. Alice me miró y suspiró:
-Jasper... Jazz es... - balbuceó mordiéndose el labio.
-Su todo- completó amablemente Angela. Alice le dio un codazo:
-¡Hey!
-No estoy mintiendo.- Se defendió Angela. Alice negó con la cabeza:
-Pues no...- Se resignó. Su mirada viajó hasta la mesa donde había tomado lugar Edward, Jasper y el chico alto y musculoso. Edward me miraba en silencio, desde que le había dejado con las palabras en la boca.
-¿Jasper es tu novio?- pregunté de pronto, restándole importancia a unas increíbles orbes verdes que seguían observándome.
Alice bajó la cabeza y se ruborizó:
-N... no- balbuceó.
-Aún- aclaró Ben poniendo unos ojos muy grandes. Ahora entendía... a Alice le gustaba Jasper...:
-¿Y viceversa?- pregunté de repente. Alice dio un pequeño brinco:
-¿Qué?- preguntó.
- ¿Le gustas a Jasper?- aclaré, de manera obvia.
-No lo sé...
-Pues pareciera como si le gustaras- dije cantarinamente mientras bebía un poco de jugo.
-Pero...- Alice jugó nerviosamente con sus manos- Aun así... digo, es mayor que yo... y es el mejor amigo de mi hermano... y...
-¿Tu hermano?- interrumpí.
-Sí... se llama Emmett... Y es precisamente el que viene hacia aquí con Jasper y aquel chico nuevo- Alice fijó la vista en su pastelillo, mientras yo giraba el rostro sólo para ver que Edward tomaba asiento a mi lado. Jasper se sentó lo más cerca que pudo de Alice, pero su reacción fue de completo rechazo, provocando que la chica se apegara incluso más a mí. Emmett observó la escena algo divertido, mientras saludaba a Ben y a Ángela y se sentaba entre ellos dos. Ben frunció el ceño y yo me reí.
-Tú debes ser Bella...- dijo Emmett con una sonrisa juguetona- Edward no ha parado de hablar de ti en todo el día. Me llamo Emmett, soy el hermano mayor de Alice...
Hablar con él era muy divertido, y me hacía olvidar que Edward estaba esperando que le hablara o que le mirase aunque fuera sólo por un momento. Pero no lo hice. Una extraña ira me invadió aún más al percatarme que la muchachita rubia que había estado hablando con él, lo miraba fijamente.
-¿Cómo se llama?- dije con naturalidad, apuntándola discretamente con el tenedor. Edward soltó una risita:
-Se llama Tanya...- contestó mirándome. Asentí.
-¿Y la otra...- aclaré mi garganta- ...muchachita?
-Bella...- comenzó a susurrar.
-¿No puedo saber quiénes son tus amigas?- dije ofendida. Bufé.
-Se llama Jessica Stanley- dijo sacándome de mis dudas, refiriéndose a la chica de cabello oscuro por la que le había preguntado.
-Ah...
El timbre sonó, y todos nos levantamos perezosamente.
Edward tomó disimuladamente mi mano antes de que tomáramos diferentes caminos. Nuestros nuevos amigos se encontraban discutiendo sobre películas, mientras Jasper miraba a Alice en silencio:
-¿Qué te pasa?- pregunté, tratando de apartar la mano. pero Edward la sujetó a la suya sin ningún esfuerzo... De nuevo aquel hermoso y reconfortante cosquilleo.
-Bella...- susurró, muy cerca de mi oído- no te pongas así...- no quise voltear y mirarlo. Sólo me dediqué a morderme nerviosamente el labio inferior.
-Bella mírame...- al no querer hacerlo, con su mano libre, atrapó mi barbilla y la levantó para enfocarla con su rostro... Estábamos cerca... Demasiado cerca. Podía sentir su cálido aliento rozando de manera reconfortante mis heladas mejillas.
-Sabes que tú y Esme son y serán para siempre las únicas mujeres en mi vida... Lo prometo- murmuró sonriendo provocativamente. Bufé, para luego clavar mis ojos en los suyos, sin ningún remordimiento:
-No digas algo que no puedas cumplir...- soltó mi mano y continué- ... nos vemos a la salida...
-Bella, ¡cocinas estupendamente!- me halagó Esme muy satisfecha cuando le di a probar de mi caldo de pollo. Me ruboricé.
Charlie aún no había vuelto del trabajo, y Edward se encontraba viendo televisión en la sala.
-Ve a ver televisión con Edward...- dijo Esme dulcemente cuando notó que no paraba de mirar la puerta- Descansa, cariño...- sonreí a modo de agradecimiento, y salí.
Pero lo menos que quería era encontrarme con Edward. Debía ser clara y sincera; no me había sentido precisamente como "su hermana adoptiva", cuando en la tarde sorpresivamente me había cogido la mano.
Me quedé en el pasillo un par de minutos antes de atreverme a entrar en la sala de estar. Cuando lo hice, me encontré con Edward completamente echado sobre el sofá, en una actitud completamente despreocupada, con sus manos detrás de su cabeza:
-Bella...- dijo al verme. Viajé la mirada por la habitación, desesperada por dejar de hablar de lo que él quería que habláramos.
-¿Quieres jugar a la X-box?- dije medio sonriendo...
-Pareces un tronco, Edward- dije riéndome de él mientras en la televisión se veía que yo había sacado mucho más puntaje que él, jugando por quinta vez a Just Dance.
-Nunca aprendí a bailar muy bien- se justificó, mientras se cruzaba de brazos.
-Es un pecado que no sepas bailar...- bufé, riendo. Edward frunció el ceño.
-¿Por qué no? No puedo ser bueno en todo.
Pues por el cuerpo que tienes y te mueves peor que un perro con distémper, pensé.
-¿Te enseño a bailar?- dije sonriendo mientras Edward evaluaba mis movimientos, mientras jugaba a Just Dance otra vez, pero ahora yo sola.
-Pareces una buena maestra...- objetó. Algo en su miraba me hizo bajar la vista y sonrojarme. Me había mirado tan... provocativamente...
Yo continué bailando, mientras sus ojos viajaban por mis brazos, mis piernas y mis caderas. Detuve el juego y apagué la consola rápidamente:
-Creo que Just Dance es muy difícil para ti...- respondí a su pregunta aún no formulada. En realidad no quería decirle que su mirada me incomodaba y por eso había apagado rápidamente la tele.
-¿Soy tan malo?- hizo un puchero.
-Ahora lo veremos...- dije caminando hacia el aparato de música y dándole play a la canción 'Young Forever' de 'The Ready Set'.
De inmediato me dejé llevar por el ritmo de la canción, ya que ésta me fascinaba. Edward me miraba divertido, mientras yo movía animadamente mis caderas.
-¡Anda!- exclamé por encima de la música- ¡Canta Edward! ¡Sé que te la sabes!- y de ese modo, ambos comenzamos a cantar.
-¡We can run through the night
Write our name up in the sky
Got the music on our side
Aint n body wanna catch us
Singin' hey hey we'll be young forever
On the world forever and we'll never stop!- cantaba Edward en una casi perfecta nueva versión.
-¡Así se hace!- dije animándole- ¡Ahora déjate llevar por la música y comienza a moverte!
Y de ese modo, logré que el tieso de mi hermanastro, Edward Cullen, bailara realmente por primera vez. Me uní a sus movimientos y juntos comenzamos a divertirnos verdaderamente bailando.
Cuando terminó la canción, quedamos (literalmente), pegados el uno con el otro. El Presioso crepúsculo acababa de culminar y aún no encendíamos las luces de la sala.
Nos encontrábamos en completo silencio, sólo lo que lográbamos oír y sentir, eran nuestras respiraciones acompasadas por el cansancio, y los rápidos latidos de nuestros corazones.
Sus manos sostenían mis brazos con delicadeza, y mis manos reposaban en su pecho brindándonos de alguna forma un poco de distancia. Nuestras caderas se rozaban peligrosamente a cada momento, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos en medio de la oscuridad.
Edward rozó de manera muy tierna su nariz con mi frente, delicadamente, inhalando mi aroma. Cerré los ojos y disfruté su tacto, su silencio, su compañía.
-Gracias por enseñarme a bailar... hermanita- susurró. Todo el clímax de... debo aceptarlo, de 'romanticismo' que pudo haber existido entre los dos, fue roto cuando el mencionó aquella palabra y me trajo a la realidad.
Me separé de inmediato y bruscamente de él, y di dos pasos hacia atrás, justo cuando mi espalda chocó con la pared. Estiré mi brazo y encendí la luz:
-Por nada...- dije con una sonrisa forzada. Caminé hasta los inmensos ventanales y dejé caer las persianas americanas color terracota.
-Creo que estás listo para Just Dance...- dije encendiendo nuevamente la tele y la X-box.
-¿En serio?- sus ojos verde esmeralda brillaron.
-En serio...- dije seleccionando la canción.
Bailamos en modo 'Multijugador', y Edward sacó -increíblemente- más puntaje que yo. Quizá en serio era una buena maestra. O quizá tan sólo no podía concentrarme en el baile con sus palabras rondándome una y otra vez en la cabeza...
Desperté muy temprano en la mañana, lo que me dio mucho más tiempo para arreglarme. Me levanté desganada de la cama y caminé directamente a mi baño. Me metí en la tina y me relajé demasiado. ¿Qué importaba? Disponía de mucho tiempo...
Creo que hasta me quedé dormida, ahí, en medio de un baño fantástico de agua caliente.
-¡Bella!- escuché- ¡Bella abre ahora o si no, entraré sin tu permiso!- en ese momento, volví a la realidad. No alcancé a contestar, cuando abrieron mi puerta de baño a la fuerza. Era Edward.
¡Oh, por Dios! Edward estaba ahí, mirándome, y yo completamente desnuda.
Se quedó paralizado... al verme... así.
-Bella... -tragó saliva- Bella...- no quitaba sus ojos de mi cuerpo, y su rostro de un momento a otro se tornó completamente rojo como un tomate. Las mejillas me ardían. Cuando logré reaccionar, tomé una toalla rápidamente y envolví mi mojado cuerpo en ella:
-¡Edward, largo! ¡Vete!- chillé. Le temblaban las piernas, pero aún así, dio media vuelta y se fue por poco corriendo de mi cuarto.
Mi corazón no paraba de latir con fervor. ¡Edward me había visto desnuda!
Me vestí rápidamente, me puse unos jeans gastados color negro azulado, y una blusa blanca. Esparcí mi largo cabello por mis hombros y salí. Miré dentro del cuarto de mis padres, al parecer se habían marchado muy temprano como todos los días.
Agradecí en silencio que Edward no estuviera en la cocina cuando preparé y comí mi desayuno rápidamente. Cepillé mis dientes casi con violencia, para salir cuanto antes de mi casa.
En cuanto le di el seguro a la puerta de entrada y me giré, sentí el ronroneo del motor al ser encendido por Edward, quien me esperaba con la puerta del copiloto abierta del Volvo.
Como una niña malcriada, abrí la puerta de atrás, y me senté justo en medio de los asientos traseros. Le miré a través del espejo retrovisor, y sonreí burlonamente, para después poner los ojos en blanco. Edward negó con la cabeza en forma reprobatoria, y se apoyó sobre su asiento contiguo para cerrar la puerta por la que yo no había entrado.
Durante el camino al Instituto, no intercambiamos palabra. Sólo me limité a observar por la ventana. Cuando estábamos a punto de llegar, Edward abrió la boca:
-Bella en serio lo siento... No fue mi intención... No me contestabas de hacía ya varios minutos. No sabía que hacer y actué con desesperación e imprudencia. Lo sé. Y lo siento mucho Bella...
-¡Que no entiendes que no es por esa estúpida casualidad!- estallé. Edward me observó atento- ¡No entiendes que lo que esté pasando, y sabes muy bien de lo que hablo, está muy mal! ¡Es un error! ¡Y lo peor de todo es que lo tenemos muy en cuenta y no hacemos nada para evitarlo!- sin quererlo, unas malditas lágrimas recorrieron mis mejillas, producto de mi propia rabia. Me mordí la lengua fuertemente, regañándome a mí misma por ser tan frágil como era.
-Bella...- dijo Edward con una tristeza tan marcada, que hasta yo me sentí aún peor. Ya había estacionado el Volvo. Se giró sobre sí mismo, alargó su brazo y acarició mi mejilla, borrando las lágrimas secas- Por favor no llores-rogó.
Cerré los ojos fuertemente y me alejé de él, mientras abría la puerta:
-Procura no tocarme...- dije esta vez, un poco más calmada. Levanté la vista y le miré- Y por favor, procura desde ahora comportarte como mi hermano...- diciendo esto, me dirigí a mi clase...
Cap numero 4 terminado y entregado
