Capítulo 7
Bella POV
Entre sueños, oí que Esme discutía tranquilamente con Edward, a las afueras de mi habitación.
-...hijo, esa jovencita te llamó tres veces anoche. No puedes dejar que vaya sola al baile...- persuadió Esme tratando de convencer a Edward. Cuando dijo eso, me desperté completamente, y sin abrir los ojos, traté de agudizar mi oído y seguir escuchando:
-Mamá... No quiero ir con ella.- respondió Edward secamente. Nunca lo había oído hablar con tanta... repugnancia.
-¿Por qué no?- preguntó Esme, preocupada aún.
-Porque Jessica confundirá las cosas...
Jessica... Esme soltó una sonora y divertida carcajada:
-¡Edward, por favor! ¿'Confundirá', las cosas? Se supone que en un baile, las cosas deben... 'confundirse', ¿no crees?- dijo Esme y continuó riendo.
-¡No me gusta ella, mamá!- exclamó Edward verdaderamente enfadado. Hubo un largo silencio.
-Entonces te gusta alguien más...- dedujo Esme- Te gusta otra chica.
-¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no!- dijo Edward nervioso.
-Edward...- dijo Esme de forma maternal- Yo sé que... la quieres demasiado. Te gusta, he notado cómo te pones cuando hablas de ella... ¿por qué no se lo dices?
-¡Mamá! ¡¿Cómo se te ocurre? Yo nunca podría, yo sé que ella no siente lo mismo por mí...- masculló Edward tristemente.
-No, no lo sabes- le debatió Esme- Y nunca lo sabrás si no te atreves a decírselo... Adiós- se escuchó un sonoro beso en la mejilla- Supongo que ya no irás a la escuela... Cuida a Bella, estoy más que segura que hoy amaneció peor, siempre sucede- Esme rió- Consiéntela, quizá así se le pase...- se quedó en silencio- y reevalúa la idea de ir al baile. Aunque sea sin pareja... O al menos, trata de decirle lo que sientes. Ella entenderá...
-Adiós mamá- dijo Edward a modo de que se fuera al fin. Escuché el motor de la patrulla de mi papá rugir a los pocos minutos.
¿Quién era 'ella'? Y, ¡por Dios! ¡Esme la conocía y le daba su completa aprobación! Y lo peor de todo... A Edward le gustaba de verdad... ¿Qué había hecho yo para merecer esto?...
¿Por qué tenía que... amarlo tanto?... porque eso era lo que sentía, aunque deseaba evitarlo con todas mis fuerzas... yo lo amaba con todo mí ser... y era inevitable y completamente irreversible. No sabía qué hacer, ni cómo pensar, y mucho menos tenía idea de cómo sentirme por ello. ¿Feliz por estar verdaderamente enamorada por primera vez? ¿O una completa desgraciada y degenerada por ver cosas donde no las hay?...
La toz delató el mal estado de mi resfriado justo en ese minuto. Edward entró a mi habitación a la milésima de segundo siguiente... Tan rápido, como si hubiera estado detrás de la puerta, aguardando un pretexto para entrar, o simplemente no atreviéndose a hacerlo. Quizá así eran las cosas.
-Buenos días, Bella...- me miró con tristeza- mamá tenía razón, empeoraste...- sonrió a medias, y caminó hacia mí para tocarme la frente:
-Pero no tienes fiebre... eso está muy bien...- suspiró, triste aún. Odiaba verlo así. Me mordí el labio:
-¿Qué sucede, Edward?- dije titubeando- Algo te ha sucedido... Te veo muy mal, muy triste...- murmuré como una reverenda idiota.
-Nada...- apartó su mirada esmeralda de la mía para fijarla en nuestras manos, que se habían unido sin darnos cuenta siquiera. Quise apartarlas, pero Edward las sostuvo fuerte pero dulcemente a las suyas. Se acomodó junto a mí en la cama y sonrió con tristeza:
-Bella...- llamó- ¿Has tenido... alguna vez la necesidad... de que todos a tu alrededor se sientan bien, de no querer disgustar a nadie...? De... desear no hacerle daño a nadie...- se veía tan abatido.
Me acerqué hacia él y lo abracé fuerte. Nunca lo había abrazado... así. De aquella manera. De esa forma que sentía todo su cuerpo rozar el mío con delicadeza, transmitiéndome su confortable calor... Edward me recibió gustoso y a menudo paseaba sus manos por mi espalda y mi cintura. Hacía que se me erizara la piel...
-No, no he tenido la necesidad...- respondí a su anterior pregunta, aun abrazándolo fuertemente- Pero lo he visto en ti... Tú eres así, Edward...- me eché para atrás para mirarlo fijamente a sus ojos- Eres la mejor persona que he conocido... El más generoso, siempre piensas en los demás, antes que pensar en ti.- Edward me miró con sus ojos abiertos de par en par-... incluso... Si de eso dependiera tu propia felicidad. Preferirías dejarla de lado para hacer a los demás felices...
Edward me observó por un largo rato, para luego acercar su mano lentamente a mi rostro, y con su pulgar acariciar mi mejilla:
-¿Ah, sí?- dijo riendo. Yo cerré mis ojos y me dejé llevar por aquel sonido hermoso y fantástico, aquel sonido que me hacía sonreír hasta en las peores circunstancias...
-Bella...- susurró al cabo de un rato. Abrí perezosamente los ojos para observarlo. Estaba a escasos centímetros de mi rostro, podía observar en pleno su perfección, y disfrutar cómo su aliento cálido me envolvía por completo. Sus oscuras orbes verdes me hipnotizaron inocentemente, cuando subí mi mirada hacia su rostro, y no pude contenerme cuando me acerqué para rozar, aunque sea sólo un roce y tan sólo un momento, mis labios con los suyos...
Sus labios eran suaves, cálidos, exquisitamente perfectos... Muchísimo mejor a mis sueños, mis expectativas, mucho, mucho mejor a mi imaginación.
Cuando tomé conciencia de lo que había hecho, abrí los ojos inmediatamente. Edward tenía sus ojos cerrados, y con su mano en mi nuca me acercó mucho más a él. Casi pegada a sus labios, murmuré casi ininteligiblemente:
-Edward... esto no... Debe ser...
Cuando recapacitó con mis palabras, se separó de inmediato de mí. Ni siquiera me atrevía a mirarlo a los ojos, ni él tampoco. Estábamos tan avergonzados, que daba risa y pena al mismo tiempo. Al cabo de un rato, optó por salir discretamente de mi habitación.
Volvió sólo para dejarme el desayuno, y luego de eso no volví a verlo en toda la mañana...
-Bella... ¡Bella!- oí que pronunciaban mi nombre, muy cerca de mí. Pero me negaba a abrir los ojos. Tenía demasiado sueño como para hacerlo. Y demasiados remordimientos, también.
-Mmm... Creo que Bella no querrá este delicioso chocolate de almendras, con 80% más de leche...- y al oír esto, me levanté de un salto.
Angela y Alice estaban sentadas a los pies de mi cama, sonriéndome.
-¡Ay, amiga!...- exclamó Alice con su vocecilla tan cantarina- ¿Te sientes mejor, como para ir al baile?... Aún estamos a tiempo...- comencé a reevaluar sus palabras, y sí, ahora que lo decía, me sentía muchísimo mejor, casi curada. Y sí que quería asistir al baile, pero por una razón que no me atrevía a aceptar.
Asentí, completamente de acuerdo. A Alice le brillaron los ojos:
-Sí, quiero ir...- confirmé.
-¡Entonces, empecemos, ya!- exclamaron mis dos mejores amigas al unísono. Suspiré...
Un tiempo después
Me miré al espejo y me sonreí. Definitivamente, no parecía que había estado a punto de desfallecer por un resfriado de mierda que había cogido por mi mala suerte. Las chicas habían hecho maravillas conmigo, y francamente se los agradecía. Aún tenía la garganta algo seca, y hablaba algo carrasposo, pero era mucho mejor a como me sentía hacía sólo unas horas… Debía aceptar que los cuidados de Edward habían sido muy adecuados, y me había casi curado.
Me cubrí la cara con el antifaz antes de salir de mi baño. Alice estaba afuera, del brazo de Angela, conversando animadamente con ella, y cuando me vió se calló realmente por primera vez:
-Soy una completa maravilla, mírala Ang… Dios, soy una diosa, deberían venerarme- dijo Alice para luego hacer una extraña pose como si fuera una emperatriz o algo así. Enarqué una ceja y me partí de la risa, al igual que Angela.
-¡Hey!- dijo Alice frunciendo el ceño, enojo que no venía con su personalidad para nada.
-La única diosa que serás, será la de Jasper, créeme…- dije aun riendo. Alice se puso colorada, y luego volvió a su palidez habitual.
-Calla, insensata…- dijo Jasper a punto de reventar de risa- ¿qué si quiere ser mi diosa?- dijo entrando a la habitación, acercándose a Alice. Ella estaba roja, verde, amarilla… realmente de todos los colores, y Jasper parecía como si estuviera a punto de reventar de risa.
-Vale, vale… mucho amor por hoy…- dije tomando mi abrigo- ¿qué tal si nos vamos ya?
Todos asintieron y bajamos hasta el auto de Jasper. No vi a Edward, pero sí a Esme, quien estaba dichosa que fuera al baile. No mencionó a su hijo en ningún momento. Resoplé, y pensé demasiado, hasta que llegamos al dichoso baile.
Debía admitir que no era lo que esperaba. Creía que sería de las típicas fiestas modernas, llenas de alcohol, adolescentes y bailes insinuantes… Pero en cambio todo era muy tranquilo, con música suave y muchas parejas bailando al son de la música, justo al medio del salón (gimnasio, en realidad).
Suspiré, y giré la vista. Parecía como si Jasper y Alice se comunicaran con la mirada. Se dirigieron de inmediato hacia la pista de baile, y comenzaron a moverse a su propio ritmo, siguiendo la música de su corazón. Aunque se vieran algo extraños bailando 'fuera de lugar', eran envidiables. Era envidiable el hechizo que tenían, aquello que llaman "química". Angela había desaparecido de mi vista, de un momento a otro.
De repente me vi rodeada por desconocidos, escondidos detrás de máscaras oscuras, algunas espeluznantes. El ambiente se volvió denso y me sentí muy mareada, sin siquiera saber la razón. Quizá no debería de haber ido. Había muchísima gente, por lo que decidí salir con discreción de ahí. Me sentía sola, en un mar de personas extrañas. También perdí a Alice de mi vista, y, claro a Jasper.
Caminé hasta el patio trasero, tenuemente iluminado por la luz de la luna. Allí no llegaba ningún tipo de ruido proveniente del baile, era muy pacífico. Suspiré. No había nadie más que yo, hasta que claro, aparecieron de la otra esquina del Instituto, dos figuras femeninas.
-¡Eres una maldita zorra!- vociferó una, de vestido corto, negro y de lentejuelas. De seguro no había entendido lo de "formal y largo". Se veía… muy fuera de lugar. Su piel era nívea, y su cabello rubio, casi blanco. Al parecer, ya había oído aquella voz chillona en otra ocasión. La muchacha agredida, llevaba un vestido color rojo carmesí, negro y largo, (debo mencionar que era hermoso) y se adecuaba perfectamente a su figura alta y esbelta, como de modelo. Ésta también era rubia, con su cabello en ondas, y por el lunar sobres su labio me hacía pensar que era Rosalie, la hermana menor de Jasper… Estaba casi segura de ello:
-Yo no he hecho nada, Irina…- dijo Rosalie quitándose su antifaz, y mirándola desafiante.
Pisé una rama sin querer, y ésta crujió bajo mi zapato. Maldecí en voz baja, y me apegué a la muralla, para que no me vieran. No parecieron notarme.
-¿Desde cuándo te gusta Emmett?- preguntó Irina, titubeante, pero firme, después de todo.
-¿Eh?- se me escapó y me tapé la boca. Creo que su conversación era tan crucial, que tampoco lo escucharon.
¿Rosalie y Emmett? ¿Quién se lo hubiera imaginado? Bueno, Emmett se notaba a leguas que babeaba por ella, pero… ¿Rosalie por él, también? Quizá sí, en secreto porque a Irina le gustaba Emmett y Rosalie no podía hacer nada… Pero, ¿qué había pasado ahora entre ellos dos?
-Emmett no me gusta…- dijo Rosalie. De pronto, escuché unos sollozos.
-¡Mientes!- dijo Irina rompiendo en llanto- Vi cómo lo mirabas, ¡eres una maldita mentirosa!- siguió llorando, y cuando se recuperó, volvió a hablar- Te invitó a bailar, aceptaste y ¡casi se besan! ¡No puedes seguir negándolo! ¡Lo amo desde hace doce años!
-¡Cállate!- estalló Rosalie de una vez por todas. Me asomé para ver la escena- ¡Tú no sabes nada!- apuntó con el índice a Irina- ¡No sabes cómo me he sentido todo este tiempo! ¡No sabe cómo he aguanto todos estos años! ¡Pero ya no puedo más! ¡No puedo con esto, no puedo contigo!...- hubo un minuto de silencio.
En ese minuto, alguien tocó mi brazo y me dio un susto de muerte. Casi se me sale el corazón. Y lo peor estaba por venir. Me giré y no vi nada más ni nada menos que al mismo Emmett en persona. Me quedé muda, como una estúpida. Me dirigió una sonrisa nerviosa, y preguntó
-Oye, Bella… ¿has visto a Rose?
-…- giré mi rostro hacia la patética escena de Irina. Emmett lo hizo también.
-Irina- llamó Rosalie- Amo a Emmett desde el preescolar. ¡Estoy enamorada de él y no puedo evitarlo! Y si no te parece… Sabes que no me importa en lo absoluto…
Giré mi rostro hacia Emmett, en completo shock. No sabía si su rostro demostraba felicidad, satisfacción o gozo. Quizá todo eso.
Luego todo sucedió muy rápido. Emmett ya no estaba a mi lado, sino abrazando a Rose, e Irina pasaba por mi lado completamente enfadada y por poco ahogada en llanto.
-Esto no se quedará así…- murmuró.
Me mordí el labio. ¿Qué había hecho yo para saber algo así? Me alejé caminando de ahí, mirando mis pies. De pronto, una silueta negra y solitaria llamo mi atención, cerca del gimnasio, donde se lograba oír la suave música. Me acerqué a él. Se giró al oír mis pasos. Me quedé paralizada al verlo…
Un cap algo distinto, ¿no creen? Creo que no muy acorde a mí. Esta historia dará vuelcos que no se esperan, se los aseguro.Y como se los prometi el cap estuvo para hoy :D
Xoxo
Att:Ale Masen Cullen
