Capítulo 9
Bella POV
En todo el fin de semana, Jacob ni siquiera se asomó por la Web. En cambio, yo estuve como idiotizada, Sábado y Domingo pegada a la pantalla de mi laptop. Pero nada. A menudo trataba de cerciorarme de que no había sido sólo un sueño, repasando una y otra vez el historial de mi conversación con Jake... No estaba loca. Quizá algo insana, pero eso ya lo sabía.
Suspiré, completamente abatida, decepcionada y avergonzada, mas conmigo misma que con mi comportamiento. Edward me miró enarcando una ceja. No habíamos hablado desde el Viernes, (claro que no por el episodio del beso. Eso había quedado en el olvido por parte de los dos, como un completo error, asumía yo. Más bien no habíamos hablado porque no había querido decirme adónde había ido durante las horas del baile, ya que según Esme, Edward había desaparecido misteriosamente, al poco de mi salida).
-¿Qué?- le pregunté malhumorada. Edward levantó las cejas, sorprendido, y volvió a fijar la vista en su libro.
Cerré mi laptop casi con violencia, abatida. Me levanté de un salto, y fui a la cocina a buscar algo para comer. Tomé una manzana roja, y la enjuagué, mientras alzaba la voz para preguntar:
-¡Edward! ¿Quieres algo para comer?
-Una manzana estaría bien...- respondió con despreocupación. Me tensé en mi lugar. Pudo haber elegido cualquier cosa de la cocina, ¡cualquier cosa! pero, ¿tenía que ser justamente lo que tenía ansias de comer hacía rato? Meneé la cabeza y alejé la paranoia que amenazaba con salir.
-Toma- le aventé la manzana, y él la atajó sin problema.
-Gracias Bella...- levantó la vista hacia mis manos, en donde yacía mi manzana- Ya veo que te ayudé a elegir...
Bufé.
-Creí que ya no querías que te hablara- respondí a la defensiva. Edward mordió su manzana, y negó con la cabeza, pensativo:
-No- dijo finalmente- Yo nunca desearía que no me hablaras... Me agrada tu compañía y hablar contigo.
-Ah- fue mi brillante respuesta.
Le eché una rápida ojeada a la pantalla de mi computador. Nada de Jacob.
-¿Esperas a alguien en la web?- preguntó Edward, diciendo lo obvio. Me sonrojé y desvié la mirada.
-No- mentí asquerosamente. Edward soltó una risita:
-Ah, okey. Yo nada más decía, puesto que no te has despegado de esa cosa en todo el fin de semana. De verdad, Bella, te hará muy mal para tus neuronas...- dijo, terminando de ofenderme.
-Yo y mis neuronas y paciencia, estaremos perfectamente lejos de ti... ¿Qué te crees?- respondí furiosa, y al intentar hacer una "salida teatral" de la sala de estar, casi me tropiezo, y Edward, obviamente, siempre tan perfecto, impidió que azotara mi abatido rostro contra el piso de madera pulida.
-Bella... No te enojes por tonterías, ¿sí?- dijo acariciando mi mejilla. Ahora sí que estaba roja, pero de ira:
-¡Bah! ¡Ahora tendré que aguantar que me trates de tarada...! ¡¿Sin enfadarme? ¡Estás realmente mal si crees que...!- no pude seguir gritándole, porque unos cálidos y perfectos labios, insistentes contra los míos, impedían que más blasfemias salieran de mis labios.
Ni siquiera me había dado cuenta de cómo se había acercado tan rápidamente hacia mí. Tampoco cuando, de un segundo a otro, había enganchado mis brazos alrededor se su cuello. Edward no había olvidado nuestro primer beso... Y, al parecer, estaba lejos de hacerlo. Sentía la necesidad de frenar todo esto, pero fui incapaz de hacerlo, porque lo necesitaba. Necesitaba sentir sus manos acariciar mi cintura y mi espalda, sentir la excitante sensación de su lengua explorando mi boca, y de cómo su calor abrazante se expandía por todo mi ser. Necesitaba sentirlo, muy cerca de mí, teniendo la certeza que no se apartaría jamás... Y sabía que él sentía exactamente lo mismo.
Pero mi sentido común decía mucho de mí. Y yo estaba lejos de querer ser una degenerada. Lo aparté lejos de cuando tenía la intención (teníamos, mejor dicho), de recostarnos en el sofá... para, quien sabe qué cosa hacer.
-¡Detente!- supliqué, más para mí que para él. Me miró con precaución, dudando entre acortar la distancia de dos metros entre nosotros, o si no.
-Bella... No te diré que lo siento, porque estaría mintiendo. Estoy lejos de lamentar esto, y sé que tú sientes lo mismo que yo - dijo con firmeza, mirándome fijamente a los ojos.
Escapé de su mirada lo antes posible. Esperé mientras me volvía la respiración, y pausadamente, le contesté:
-Edward... ¿Recuerdas aquel día que te di un Ultimátum?- pregunté, para que después de mirarle un suspiro involuntario se escapara de mis labios. Su expresión tomó una frialdad que creí que no existiría en este mundo:
-Cómo olvidarlo- dijo secamente- y yo me prometí a mi mismo que te dejaría en paz. Que me adaptaría a tus reglas...- los dos guardamos silencio, completamente agotados:
-Pero- prosiguió- ¿recuerdas cuando me robaste un beso?- me quedé petrificada- Tú rompiste nuestra promesa- susurró, a escasos centímetros de mí.
-Pero me arrepentí al instante. Igual que ahora- dije mecánicamente.
-Bien
-Bien
Di un paso hacia atrás, y tensé la mandíbula al recordar que allí se encontraba la mesa de centro. Suspiré antes de caer. Pero no caí, por supuesto. Edward me tenía sujetada de la cintura, e inevitablemente mi cabeza estaba reclinada contra su pecho. Estábamos totalmente pegados el uno al otro:
-No puedo creer que te inventes una caída sólo para que te toque- dijo antes de reírse.
-Suéltame, Edward- dije muy bajito.
-Tú no quieres que lo haga- replicó.
Me alejé de él, lo más rápido que me fue posible, y escapé hasta mi habitación con el laptop entre mis temblorosas manos. No me siguió. Le di seguro a la puerta antes de dejarme caer sobre la cama.
Cerré los ojos, e intenté borrar cualquier ápice que me incriminara en la tan temida indecencia. Pero no podía mentirme. Podía mentirles a todos asquerosamente, menos a mí subconsciente.
Entré al tocador, y sin pensarlo me desvestí, y me di una ducha. Muy larga.
Ni el agua que estaba a una temperatura alta, podía calentar mis venas como las caricias de Edward. Y eso era lo peor de todo, que nadie le podía igualarle, y lo sabía.
Me estremecí bajo el agua caliente que recorría mi piel, y decidí que ya era absurdo seguir ahí. Me sequé rápidamente, y envuelta en mi bata de baño, bajé las escaleras para echar una ojeada.
Me petrifiqué al escuchar una conocida e irritante voz nasal. Tanya. ¿Qué hacía ésa metiendo sus narices en mi casa?
Me acerqué sigilosamente, tratando de captar algo:
-Edward... Sé que quieres venir, lo siento- susurró Tanya, tomando la mano de Edward y atrayéndola hacia su cintura. Me puse blanca, ¡¿cómo podía ser tan promiscua? Mira quién habla, me dije en mi fuero interno.
-Lo siento, pero no- respondió Edward cortésmente, pero de manera tajante. Tanya tenía una expresión muy extraña, como si le estuvieran apuñalando. Edward se alejó de ella, guardando su distancia.
-¿Por qué me rechazas así?- dijo Tanya entre sollozos. No me había dado cuenta de que lloraba a cántaros- ¡Qué es lo que me falta!- chilló. Pegué un brinco del puro susto. Parecía una desquiciada.
-Tanya, no es eso... Es sólo que tú no eres para mí. Me gusta otra chica...- dijo Edward, aburrido del tema. Me sorprendió su actitud, ¿tal repulsión le causaba?
-¿Es por ella, no?- dijo de pronto Tanya, encolerizada.
-Claro que es po...
-¡No! ¡No me refiero a eso! ¿Es por Bella, no?- bufó Tanya. Me qué petrificada. ¿Cómo...?
-No sé qué dices- respondió Edward fríamente.
-Lo sabía... ¡Lo sabía! He notado cómo la miras, ¡no lo niegues! Eres un degenerado... -escupió Tanya.
Ya era suficiente. En ese minuto hice acto de presencia, y me planté frente a Tanya:
-¿Cómo llegaste hasta aquí? ¡Vete! ¡No eres bienvenida!- exclamé antes de cerrarle la puerta en su cara. Edward me lanzó una mirada impactado:
-Ni una palabra...- le amenacé- Pero sólo quiero saber una cosa- esperó paciente, sin decir ni pío- ¿por qué te comportaste así con... ella?
-Ya sabes por qué- respondió con una sonrisa.
-No, no lo sé...
-Tanya no me agrada desde aquel día que me hiciste esa escenita de celos...- dijo con toda naturalidad. Me sonrojé hasta más no poder, ¿tan obvia era?
-No te avergüences...- pidió- créeme que se siente muy bien cuando te celan- hice una mueca, para dirigirme hacia las escaleras.
-Edward, una cosa más- dije antes de subir. Me miró- sólo olvídalo- entendió de inmediato el significado de mis palabras. Quería que olvidáramos todo. Por nuestro bien.
-No te prometo nada- dijo antes de retirarse por los oscuros pasillos de nuestra casa...
