Disclamer: Getbakers no me pertenece. Yo solo utilizo sus personajes sin ningún fin lucrativo, lo único mío es la trama de lo que leerán aquí.

Advertencias:Errores ortográficos.

Personajes: Amano Ginji & Natsumi Mizuki

Drabble:2/10.

Estación: Verano.

Género:Amistad/Romance/ y algo de drama ligero.


Cigarra

Todo era muy raro.

No hace más de diez minutos él había vuelto al café a quejarse por la mala suerte que tenia al no encontrar algún empleador o siquiera un encargo pequeño del cual él y Gin se pudiesen hacer cargo.

La deuda millonaria que le debían al dueño del Honky Tonk, y las multas del auto por mal estacionamiento no se pagaban solas.

Sin mencionar la poca comida que podían permitirse comprar.

Ahora, con una extraña sensación en sus poros, advirtió el ambiente silencioso, así como tenso. Era extraño, Ban no creía que hubiese peligro alguno, de hecho al entrar solo se encontró con Natsumi, barriendo distraídamente el piso-que ya estaba limpio.- Ban alzó una ceja ante aquello, vale; eso era peculiar, pero no lo suficiente para que sus sentidos le advirtiesen que algo malo ocurría.

Fue entonces que pensó en la posibilidad de que algo había ocurrido.

La pregunta era: ¿Qué pasó?

No obstante, aún cuando las personas creían que él tuviese demasiado tiempo libre-una vil mentira, porque él todos los días salía a buscar trabajo como un hombre de bien-no era como todos pensaban, y recordando el motivo de su mal humor, sus labios se apretaron ligeramente molestos sobre el cigarrillo encendido en su boca, que se balanceaba ligeramente, mientras fruncía el ceño.

Inspeccionando de forma rápida, notó que Ginji no estaba por ningún lado. Seguramente estaría por allí holgazaneando.

—Natsumi—le llamó, y la chica saliendo de su trance le miro curiosa. — ¿Has visto a Ginji?—interrogó. Tenía deseos de pegarle una patada a su compañero que seguramente estaría en las calles haciendo cualquier cosa, menos buscar un trabajo-y no necesitaba pruebas, Ban conocía bien a su amigo-.

Justo cuando había creído que el día no podía ser más confuso, las mejillas encendidas de Natsumi le confirmaron lo contrario junto con una respuesta tartamuda, consecuencia de los nervios que transparentemente podían leerse en sus ojos, en sus labios temblorosos, así como en el rojo que coloreaban ahora sus mejillas y orejas.

— ¡Y-Yo no lo vi…é-él salió hace unos momentos!—contestó la chica. Dejando la escoba a un lado de la barra, y quitándose el mandil que era su único uniforme de trabajo. —Lo siento ¡mi turno termino Ban-san!—se excusó, saliendo de la cafetería trotando.

Ban solo se quedo allí, mudó, aparte de que, no entendía que diablos ocurría, no creía que fuera capaz de entenderlo tampoco.

Y como si fuera toda una ironía, el Emperador Relámpago había hecho acto de presencia, instantes después de la desaparición de Natsumi. Claro, había entrado al local de puntillas, con extremo cuidado de que nadie lo viese, ignorando la presencia de su amigo de cabello erizado, que tenía una gran vena en la cabeza al ver semejante acto de idiotez de su compañero.

Fue por eso-y porque estaba con un humor de perros-que sin ninguna delicadeza, pateo la cabeza de maíz del pobre chico eléctrico.

— ¡Au! ¡Eso dolió Ban-chan!—se quejó el rubio— ¿Por qué lo hiciste?—quiso saber, mientras se acariciaba la cabeza en un intento de aliviar el repentino dolor punzante en su cráneo.

—Primero que nada porque me doy cuenta de que has estado holgazaneando, y en segundó lugar—hizo una pausa para quitarse el cigarrillo de la boca y dejar salir una nube de humo de sus labios—Porque aparte de no encontrar trabajo, vengo aquí y me encuentro con que Natsumi se quedo quince minutos después de su turno, barriendo el piso, ya limpio. Además…—entrecerró sus ojos violetas—cuando pregunte por ti, huyó muy rápidamente. Ahora escupe anguila ¿Pasó algo?—demandó saber el cabeza de erizo de mar.

Fue instantáneo, apenas hubo preguntado aquello, la cara de Ginji mostro signos de descompostura, junto con algo de arrepentimiento, y ligera vergüenza. Las mejillas del chico se habían ruborizado de forma tal que era rosa lo que se dejaba ver en su piel. Luego de uno o dos minutos de silencio, Ginji trago saliva, deshaciéndose de aquel nudo que se había formado en su garganta, respondiendo a la pregunta de su amigo.

—La bese—confesó.

El cigarrillo se resbalo entre sus dedos, cayendo al piso, extinguiendo la llama en un instante. La boca de Ban había permanecido cerrada, y sus lentes se habían deslizado por el puente de su nariz, permitiendo una visión de sus ojos abiertos a más no poder.

— ¿Eh?—fue lo único que brotó de boca.

Mientras tanto, una cigarra había decidido posarse en el tronco del árbol que había creído a la izquierda del café. Ofrecio melodías perfectas para el silencio de ultratumba que había dominado el lugar tras la revelación inesperada del inocente Get Baker.