Capítulo 2: Enfermería

Nuestros ojos se cruzaron unos segundos y agarré aquella mano que me extendía. Me levanté lentamente intentando recordar donde la había visto y ella sonreía divertida.

— No sabía que estudiarás aquí. Ha sido una gran sorpresa, créeme.

De nuevo no pude decir palabra alguna, ni siquiera sabía de lo que me estaba hablando ni recordar donde la había visto, pero de alguna manera su tacto se me hacía bastante familiar. Finalmente abrí la boca para hablar, pero fui interrumpida.

— ¿Os conoceis? — dijo Meiko con los brazos cruzados y una ceja levantada.

— Sí — contestó.

— No — contesté.

— ¿Cómo? — dijo extrañada la enfermera en prácticas.

Al escuchar la respuesta una de la otra nos volvimos a mirar, pero ella aún más extrañada y yo sin entender nada de nada. Todos los presentes en silencio esperaban como se desarrollaría la curiosa situación en que, yo al menos, estaba.

— Esto, señorita... — dijo pensativa la pelirroja.

— Megurine Luka.

— Pues señorita Luka, ¿no crees que habrás confundido a Miku con otra persona?

De nuevo me miró, pero esta vez río bastante y me puso una mano en el hombro.

— Perdona, perdona Miku creo que te he confundido con otra persona.

— Tranquila no pasa nada, alguna vez nos ha pasado a todos.

Después de mi respuesta ella se retiró dandome la espalda para no girarse más como si no hubiese pasado nada o simplemente le estaba dando muchas vueltas al asunto.

— Bueno, ahora resuelto la confusión nos vamos a ver las siguientes aulas — dijo Rin cogiendome del otro hombro que tenía libre.

— ¿Ya, tan pronto? — dijo Kaito.

— ¿Alguna queja? — dijo Meiko levantando el puño lentamente.

— ¡Me parece perfecto! — dijo Kaito alejandose un poco de la peliroja.

— Estoy contigo, hermano — dijo Len dandole palmaditas al mayor en la espalda con lágrimas en los ojos.

Después de la lamentable escena dramática entre Kaito y Len del cual sólo pudimos soltar un suspiro nos fuimos dirigiendonos a cada estancia del instituto: la sala de profesores, los lavabos, la biblioteca, el gimnasio, los vestuarios, la aula de música, el despacho del director y finalmente la aula de ciencias.

— Bueno y eso es todo — dijo Meiko con una sonrisa divertida — Ahora sólo falta que en unos días recordeis donde esta cada cosa.

— Podeis olvidar donde esta el despacho del directo si quereís — dijo haciendose el importante Kaito.

— Pues me da que te aprendiste muy rápido donde estaba, Kaito — dijo Rin con sarcásmo.

— Y apuesto que este año la volverá a visitar — añadí.

— No, no, no. Soy un estudiante ejemplar — dijo mostrando una sonrisa victoriosa.

— Si sobretodo para mi hermano — dijo con ironía la rubia al cual todos nos hechamos a reír a carcajadas.

— Pues no le encuentro la gracia — dijo cruzando los brazos molesto.

— Creo que ya va siendo hora de irnos en media hora cierran el instituto — dijo Len cambiando de tema.

— ¡¿Tan tarde es? — exaltó Neru de golpe — ¡Tengo que ir antes de que me cierren la tienda! — gritó molesta — ¡Lo siento chicos mañana nos vemos! — salió corriendo.

— ¿Qué tendrá que ir a comprar?

— Ni idea.

Al irse Neru poco a poco nos fuimos despidiendo; Meiko y Kaito tiraron por un lado y nosotros tres por el contrario. Rin y Len hablaban de cosas, pero yo no mostraba mucha atención a lo que iban diciendo, sólo trataba de recordar donde había visto aquella mujer cuyo nombre era Luka Megurine. De golpe un recuerdo me vino a la mente, el cabello rosa que me encontré en el cepillo esta mañana era del mismo color que el cabello de Luka.

— ¿Te pasa algo Miku? — dijo dubitativa Rin.

— Hoy estás muy rara.

— ¡Lo siento, debo irme! No recordaba que debía pasarme por un sitio antes de ir a casa — No esperaba que se creyesen mi escusa, pero quería ir a la enfermería de nuevo y preguntarle a ella todo lo que no sabía o no llegaba a entender. Los Kagamine se miraron sin entender nada.

— Bueno pues hasta mañana.

— ¡Y no te vayas tarde a la cama porque como te duermas la tendrás conmigo!

— ¡Claro! — dije y salí corriendo.

El sol empezaba a caer en una tarde bañada de un color carmesí y miraba con prisas el reloj. Corrí lo que más pude hasta llegar a la puerta que por suerte aún estaba abierta. Me adentré de nuevo recordando el camino que tomemos anterioridad hasta llegar a la enfermería donde me quedé ahí plantada por unos minutos. Tragué saliva y me armé de valor.

— ¿Podría hablar con usted un momento? — No obtuve respuesta ninguna. Volví a preguntar, pero de nuevo no obtuve respuesta — Con permiso — Entré y lo único que encontré fue una habitación vacia con dos camas. Me adentré en ella mirando cada rincón, pero con una leve esperanza que hubiese otra puerta que conectara a otra habitación, pero no había nada más — No está...

No entendí porque me sentí tan abatida al no verla, simplemente no entendí nada. Cerré la puerta con cuidado y con la mirada baja emprendí el paso.

— ¿Querías algo? — dijo una voz al final del pasillo. Al escucharla me giré y contemplé a la mujer que estaba buscando. A diferencia de antes llevaba ahora puesta una bata blanca largo y unas pequeñas gafas y en sus manos unos cuantos libros. Asentí con la cabeza — Pasa mejor adentro y me dices lo que querías.

Entré detrás de ella y me ofreció asiento. Dejó los libros encima el escritorio y se acercó una silla donde se sentó y guardó sus gafas.

— ¿Qué querías?

— Pues... — apreté las manos nerviosamente — ¡De que me conoces! — grité sin pensarlo mucho. Se sorprendió, pero se río tapandose un poco la boca.

— ¿No habíamos quedado en que te había confundido?

— ¡Pero...! De alguna manera sé que te conozco, pero no sé de donde. ¡Dimelo! — exigí. Luka suspiró.

— ¿Te has visto bien el cuello?

— ¿El cuello?

— Sí, el cuello — dijo pasandome un pequeño espejo. Me desabroché un poco la camisa y pude ver unas pequeñas marcas cerca de las claviculas.

— ¿Y estas marcas? — dije exaltada levantandome de golpe de la silla y esta cayó al suelo.

— ¿Te acuerdas ya? — dijo con una sonrisa divertida como si le divertiese verme de esta forma.

— ¡No! ¡No sé de que me hablas! — grité dando unos pasos hacia atrás, pero la silla se interpuso en mi camino y por segunda vez caí al suelo. Traté de levantarme, pero en unos segundos me volví presa de aquella mujer que con sus manos agarraba mis muñecas dejandome en el suelo y nuestros rostros se encontraban a un par de centímetros.

— ¿Sigues sin recordarlo? ¿O es que estabas tan ebria que no lo puedes recordar? — dijo más seria Luka mirandome fijamente.

Su cabello caía encima de mí y aquella sensación mi cuerpo la reconoció. Pequeños flashes vinieron a mi mente y lo comprendí todo, un sueño no fue, fue real. Aquellos ojos celestes del que pensaba que era un sueño borroso eran los de ella, el fino cabello que me hacía cosquillas era el de ella y esas carícias eran suyas. Cerré fuertemente los ojos y pequeñas lágrimas se asomarón, apreté los dientes con la idea de que esos brazos me habían capturado. El terror me tenía presa.

— Lo siento, me equivoqué de persona — dijo seria con los brazos cruzados mirando por la ventana. Me levanté anonada sin saber cuando me había liberado y por supuesto de todo lo ocurrido. Apreté con fuerza los puños y me dejé llevar.

—¡¿Entonces con quién me has confundido? — grité furiosa. Se puso a mi lado derecho y me colocó una mano en mi hombro.

— Con Hatsune Miku — dijo esto y se fue sin siquiera mirarme.

Al escuchar sus últimas palabras las fuerzas me abandonaron, la adrenalina desapareció como vino, pero lo que menos entendía era que la persona con la que me había confundido era Hatsune Miku.

— Soy yo Hatsune Miku…