Disclamer: Getbakers no me pertenece. Yo solo utilizo sus personajes sin ningún fin lucrativo, lo único mío es la trama de lo que leerán aquí.
Advertencias: Errores ortográficos.
Personajes: Amano Ginji & Natsumi Mizuki
Drabble: 3/10.
Estación: verano.
Género: Amistad/Romance/ y algo de drama ligero.
Helado
Madoka Otowa no tenía muchos amigos-más allá de los Getbakers, Shido, y los allegados a estos-pero eso no significaba que no estuviese dispuesta a escuchar los problemas inesperados que podían presentarse a algunos de ellos, apenas dos días atrás.
Si fue hace dos días
Y justo como el primer día, Natsumi estaba con ella en el patio trasero de su mansión tomando una bien fría copa de helado, bañada con ligeros toques de salsa de caramelo distribuida de manera irregular y curvilínea sobre las bolas del frio dulce. Tomando una cucharada de su helado de vainilla, Madoka saboreo la textura del mismo que se derretía en su boca.
Advirtiendo que el metal de la cucharilla impactaba contra el borde de la copa de vidrio, dedujo que su mejor amiga hasta la fecha, estaba jugueteando con este, en un posible intento de aclararse así misma antes de hablar.
—Sigue preocupándote el asunto no es cierto—afirmó, bastante segura de la gravedad del problema.
Después de todo, sería una joven inocente, tal vez algo confiada y piadosa. Pero su ceguera también le permitía intuir y sentir cosas que otros no podían siquiera concebir en sus mentes.
—Si…la verdad, me sorprendí mucho cuando pasó—admitió la morena fijando sus ojos grises en su helado de menta.
—Me lo dijiste—le recordó la otra. Tomó otra cucharada de helado. —Supe por Shido que no has ido al Honky Tonk desde que aquello pasó.
Natsumi parpadeo, reprendiéndose mentalmente por haber olvidado que desde que la señorita Hevn se había convertido en la negociadora de Shido y Kazuki también, estos solian frecuentar el café en busca de algún empleo-para robar sus ganancias, como solía decir Ban-. Tomando una rápida cucharada del helado mentolado cubierto con chispas de chocolate, Natsumi creyó encontrar aire para poder seguir con la plática.
—No es que no este yendo a trabajar… —alegó en su defensa la chica. Trago saliva—Solo, he pedido un cambio de turno, puedo retirarme dos horas antes. —explicó un poco más tranquila.
—Pero cuando escuchas la campanilla de la puerta, te escondes en el almacén ¿verdad?—
Madoka sonrió feliz de haber acertado en su suposición. La tensión de los hombros de Natsumi eran captados por ella como sonidos graves y veloces, pero que hacían eco en el vacio del viento, siendo atrapados por sus oídos.
Al ver que no tenía escapatoria, Natsumi dio un largo y tendido suspiro, dejando caer su cabeza a un lado de la mesa-y de su copa de helado-.
— ¿Qué puedo hacer Madoka?—preguntó con un evidente tono de ansiedad la muchacha, que miraba fijamente el reflejo de su cara distorsionada en la copa de cristal.
—En primer lugar, yo no sé mucho de estas cosas. Pero si me lo preguntas, creo que primero deberías de reflexionar acerca de tus propios sentimientos—aconsejó suavemente la chica. —Ginji-san no haría eso si no tuviese un motivo. Pero antes de pensar en las razones de él, deberías, por tu parte, aclararte el porqué este asunto te tiene tan inquieta.-expresó con tono solemne.
—Con eso quieres decir…—Natsumi dejó la oración a medias, esperando que su amiga terminase su dialogo. Enviándole una mirada curiosa, distrayéndose, por una vez, del postre que tenia a un lado.
— ¿Qué es Ginji Amano para ti? Esa es la pregunta que debes hacerte, y cuando encuentres la respuesta. Muy probablemente sepas el motivo por el cual la situación se te hace incomoda. Al menos esa es mi opinión. —terminó de decir la chica de ojos profundos.
—Eso es difícil…—se quejó la estudiante de secundaria, comiendo su helado. —Sabes Madoka te envidio a veces. —confesó la muchacha haciendo un puchero.
Madoka pestañó desconcertada.
— ¿Y eso?—
—Lo tuyo y lo de Shido es tan palpable que incluso Ban-san se queja de que todavía el señor Shido no te haya pedido en matrimonio.
Las mejillas de la pálida muchacha se colorearon ante aquellas palabras. En sí, la posibilidad de que algo así sucediese en algún futuro no muy lejano la transportaba a veces a un mundo de fantasías felices del cual era sacada a base de los gritos de algunos de los sirvientes de la mansión que temían que fuese a lastimarse de lo distraída que estaba, por más que Mozart, fuese quien la guiase.
Con algo de indignación fingida, tomo la cucharilla y la metió en su copa.
—Dejemos de hablar de los muchachos y disfrutemos el helado ¿quieres Natsumi?—
Natsumi solo río, a la par que asentía con la cabeza mientras contemplaba el rostro enrojecido de la joven prodigio de violín.
Si definitivamente, comer helado con tu mejor amiga era una buena manera de pasar el día.
