Capítulo 5: Odio
Aquel beso destrozó todo lo que podía haber en mi, pero algo también estaba creciendo. Un sentimiento oscuro y agobiador crecía por momentos. ¿Cómo podían haber personas como ella de despreciables que jugasen con los sentimientos de los demás sin importarles nada? Con fuerza cerré los puños maldiciendo cada parte de ella y en mi cabeza resonaba su risa burlona. Lágrimas recorrían mis mejillas, lágrimas de impotencia, de rabia y mi deseo, asestarle un golpe bajo y que sientiese todo lo que yo estoy sintiendo.
Giré sobre mis talones y me fui sin siquiera dirigirle de nuevo una mirada. Llorar no me valdría de nada, sentirme como una idiota esperando por un príncipe en un caballo blanco imposible, ya tenía la edad suficiente para ver la realidad con mis própios ojos y andar por mi própio pie. Amor no sentía, mi corazón se había impregnado de odio hacia aquella mujer de cabellos rosados.
Llegué a casa, Haku ya se había ido y me dejó una nota, esbocé una sonrisa tras un suspiro, en el fondo era buena chica. Mi mano se posó en la mesa y vi aquellos calmantes que me trajo la albina por parte de Luka, con el echo de recordarlo mi ojos se cegaron de cólera.
— ¿Problemas que ocuparse? ¿Adulta? — sonreí con ironia — ¡No me vengas con sartades de mentiras! ¡Megurine Luka eres lo peor que me he hechado a la cara! ¡Te odio con todas mis fuerzas, maldita traidora!
Finalmente llegué a casa y fue una gran sorpresa. Sentada en mi sofá con una taza de chocolate caliente estaba una mujer de cabello rebelde y verde como sus orbes que me miraban con calma y tranquilidad.
— Gumi — suspiré aliviada — ¿Se puede saber que haces aquí?
— ¿No esta claro? Visitar a una vieja amiga y compañera de trabajo — dijo divertida comodandose sus gafas — ¿Has visto que gafas me he comprado?
— ¿No son las de siempre? — dije sin ver el cambio de viejas a nuevas.
— No, no, no — dijo con un gesto de negación — Estas tiene un pequeño decorado rojo en los laterales.
— Ah... — haciendome la entendida — Pues me parecen las mismas de siempre.
— Eres mala — berreó.
Megpoid Gumi, como siempre la misma chica despreocupada, energetica y alegre que se pasa por mi casa cuando le apetece o se aburre.
— ¿Para que has venido?
— Porque me aburría.
— Lo sabía — suspiré poniendome la cabeza en la sien. Me miró seria y me extendió la mano, la miré confusa sin entender su gesto — ¿Tienes una espina?
—¡No! ¡Dame el medicamento que me diste para el resfriado que me fue muy bien!
— Vamos que no te acuerdas del nombre para comprarlo y me lo pides a mi.
— Me has pillado — dijo con una sonrisa vergonzosa.
— Mira que eres tonta — dije buscando en mi armario dicho medicamento.
—¡Tonta no soy! Soy especial — dijo hinchando el pecho.
— Y que lo digas. Mira que de las tres, tú sacar la mejor nota en el examen de acceso aún me parece un milagro.
— Y tú sacaste la peor nota — rió.
— Lo sé , lo sé por eso ahora soy enfermera en prácticas — le di el medicamento.
— Y yo profesora de matématicas y educación física y Lily de lenguas — volvió a reir — Y Honne de ciencias. Estamos todos reunidos como en los viejos tiempos.
— ¿Viejos tiempos? Puede ser, pero no será así.
—¿ Porqué dices eso Luka?
— Yo... — bajé la mirada — me casaré lo más probable.
Nos quedamos en silencio, esperaba que dijese algo, pero no dijo nada de nada. Alcé la mirada para ver su expresión y efectivamente era la que me esperaba. Su rostro se había vuelto apagado y miraba el suelo con tristeza y compasión.
— Con ese tal Gakupo, ¿no?
—Es un buen chico, amable y muy atento conmigo. No me puedo quejar — sonreí para alegrar el ambiente.
— No me gusta, porque a ti ese Gakupo no te gusta — dijo apoyandose en el canto de la mesa — Y Lily no lo aceptará.
—¿Lily?
—Aunque sea la tía más borde, fría y distante se preocupa por ti Luka y sabes que no acepta nada de lo que no eligas tu misma.
—Sí, esa parte de ella es odiosa. Entrometida como la que más — dije con ironia cogiendo la taza de Gumi.
— Ella es así — rió con una gran sonrisa y me miró. Acto seguido se sonrojó — Beso indirecto — tocó su labio inferior.
—¿Qué pasa? — miré a la taza y lo comprendí —¡Qué asco!
—¡No te pases! — bufó enojada.
—Si tubieses el pelo más largo recogido por dos coletas me lo pensaría, porque con tener sólo el pelo verde no me basta.
— Esa descripción me suena — dijo pensativa. No pude evitar escapar algunas risas.
— Te debe sonar y mucho — dije divertida.
—¡Claro es ella! ¡La chica que conocimos la otra noche al lado de la puerta de aquella discoteca! Aunque hay una chica en el instituto que se parece a la chica de la discoteca.
— Gumi, la chica de la discoteca y la del instituto es la misma chica — bufé por la increible inteligencia de mi acompañante.
— Ya decía yo que se parecían. Entonces...
— ¿Qué pasa? — dije sería.
—¡Eres una asaltacunas! —dijo con el dedo levantado y una sonrisa divertida.
—¡No te pases! — grité enfadada y le golpeé con todas mis fuerzas.
— Jope que duele — se quejaba con pequeños pucheros — Y encima que digo la verdad...
Me giré molesta con los brazos cruzados y la habitación se quedó en silencio completo con algún puchero de dicha mujer de cabellos verdes. Pasarón minutos y minutos hasta que rompí el silencio con un suspiro.
— Es posible que un poco, pero sólo un poco — dije avergonzada y de mala gana.
— El primer paso es reconocerlo — la miré con cara de muy pocos amigos —Aunque lo de un poco es imposible, lo eres o no lo eres.
— Tú quieres que te pegue de nuevo, ¿verdad? — alcé el puño lentamente con amenaza de direccionarlo a su cara.
—¡Qué va! Estoy en contra de la violencia — puso su mano encima de mi hombro — Paz y amor, paz y amor, amiga.
— Esta tía me esta vacilando — musité.
Gumi se alejó de mi para irse a la cocina y en unos minutos apareció por la puerta con una zanahoria entre las manos.
— ¿Y ya se lo has contado todo a ella? — se apoyó de nuevo en el canto de la mesa masticando la zanahoria.
— ¡Qué va! — al escuchar mi respuesta Gumi tosió todo lo que estaba comiendo.
— ¡¿Cómo que no? ¡Entonces pensará que eres una violadora deprabada y una asaltacunas! — dijo exaltada — Aunque asaltacunas lo eres — susurró.
Al pensar en Miku me entristecí de golpe y al recordar su cara en el parque se resquebrajo algo en mi interior. Lo que hubiese dado por que no me hubiese visto en aquella situación tan vergonzosa y penosa. La niña de mis sueños estaba pasandolo muy mal y todo aquel sufrimiento y dolor se lo estaba provocando yo en persona. Su rostro de agonia a odio es lo que me reconforta en el fondo porque es lo que me merezco, su sonrisa es tabú para mi.
— Prefiero que piense así, al fin y al cabo es lo que me merezco.
— ¿Por qué te haces tanto daño Luka? ¿Qué consigues con esto? ¿Autosatisfacción?
No sabía que contestar a las preguntas de Gumi, no tenía respuestas a ellas. Cambiar el tema no serviría de nada porque volveríamos al mismo punto. ¿Autosatisfacción? no sabría decir si es eso o no, pero deseo ser castigada por mis actos por eso aquellos ojos llenos de odio me reconfortaron, calmaron mi alma.
— No lo sé.
No sabía ni lo que quería en realidad, nada de nada, me encontraba en un mar de dudas. Todo era frío y confuso y yo estaba en el medio sin encontrar la salida. Unos brazos me abrazaron por detrás proporcionandome la seguridad y el calor que necesitaba.
— Luka, todo se arreglará te lo prometo — dijo apoyando su cabeza en mi espalda.
Por las rejillas de la ventana el sol amenazaba con salir y el despertador resonaba por las cuatro paredes. La bella durmiente despertaba de su letargo y con cara somnolienta estiraba los brazos. Bostezo a bostezo se desesperezaba para poderse bañar seguidamente. Los ojos de la joven, a diferencia del día anterior, eran decididos y desafiantes sin ninguna pizca de vacilación.
Las tostadas estaban a punto y la tetera chiflaba. Con torpeza la joven salió corriendo y a duras prisas se vistió con el uniforme para coger las tostadas y apagar el fuego. Unos últimos arreglos del pelo y salió por la puerta cerrando con llave.
— ¡Qué sorpresa Miku verte tan pronto levantada! — dijo Rin sorprendida.
— Un día es un día.
— Pues esperemos verte más días levantada.
— Muy graciosillo Len — dije con una pequeña burla.
— Pues vayamos tirando que a este paso perderemos el tren.
— Sí — contestamos al unísono.
Entramos en el tren con antelación, hablamos de muchas cosas, pero no toquemos el tema del día anterior, era como si no quisieramos romper el ambiente que teníamos. Finalmente llegamos a las puertas del instituto y ahora, sí que empezaba el día.
— ¿Has hecho los deberes Miku? — preguntó el rubio Kagamine.
— ¿Qué te crees? ¡Claro que sí!
— Que raro en ti haciendo de buena estudiante.
— Curso nuevo, vida nueva.
— Si tu lo dices...
La verdad es que para mi sí que era vida nueva porque había renacido como una persona nueva, alcé el puño con decisión y chasqueé la lengua.
— ¡Preparate que voy allá!
— ¿Y a esta que le pasa? — dijo Neru reincorporandose.
— Pues ni idea, esta así desde esta mañana — dijo Rin negando con la cabeza.
— Parece que se haya tomado un vaso de adrenalina — rió Len.
— Pues que no se me acerqué que no estoy de muy buen humor — dijo seca Neru.
— ¿Qué te pasa Neru?
— Me pasé toda la noche hablando por el movil y apenas he pegado ojo. Que dolor de cabeza.
— Esto te irá bien para el dolor de cabeza — dijo de repente una chica tímida de cabello albino.
— Eres tú de nuevo — Neru la miró con cara molesta — Acepto tu amabilidad por esta vez.
— Gracias — sonrió tímidamente. Neru la volvió a mirar y se fue sin decir nada más.
— No se lo tomes en cuenta, Neru en el fondo es buena chica — dijo Rin poniendo una mano en el hombro de Haku.
— ¿Tú hermano es el profesor de ciencias, verdad? — Haku asintió — ¿No te da miedo tenerlo de hermano?
— Parece serio y que tenga muy mal humor, pero se porta muy bien conmigo.
— Pues no lo parece.
— ¡Dejar la charla para más tarde que las clases empiezan! — dije empujando a los gemelos.
— ¿Y Kaito y Meiko? — dijo el rubio.
— ¡Ya vendrán! No voy a llegar tarde por ellos.
— Espero que te dure mucho lo de estudiante aplicada — dijo con ironia Rin.
Nos adentremos al recinto y nos dirigimos a nuestra aula. Los estudiantes fueron llegando a poco a poco y comenzaron a hablar de sus cosas, algunos gritos y risas se podían escuchar. En mi caso, yo estaba sentada en mi pupitre y a mi alrededor estaban los gemelos Kagamine y separada del resto Neru intentando taparse los oídos de tanto ruido que había.
El profesor poco después entró y empezamos la clase y así fueron pasando las horas hasta que llegó la hora de lengua y ahí estaba de nuevo Megurine Luka.
— Silencio chicos que la clase va a empezar — golpeó la mesa con la palma de la mano varias veces. La clase quedó en silencio en segundos — Ir sacando los deberes que mandé ayer y ponerlos encima de la mesa que los recogeré.
Todos hicimos caso a sus palabras y como nos ordenó. Fue pasando mesa por mesa recogiendo los deberes hasta que llegó a la mía.
— ¿Te sentaron bien los calmantes?
— Eso a ti no te importa — le giré la cara bruscamente.
— Me alegro al menos que hayas venido hoy al instituto.
— He venido porque es mi responsabilidad como estudiante y no para ver tu cara.
—¿Y quién ha dicho que hayas venido a verme? — dijo con ironia.
Noté aquel acento burlón y podía sentir en mis carnes aquella sonrisa sarcástica que tanto me irritaba.
— Toma los deberes y dejame en paz.
— Gracias — se quedó en silencio y suspiró — ¿Podrías venir después de clases a la enfermería? Me gustaría hablar un momento contigo.
Bufé muy molesta y se fue a recoger el resto de ejercicios de la clase.
Durante esa hora no alcé la vista de mi pupitre, no quería ver el rostro de aquella mujer despreciable y manipuladora. Con sólo verla me ponía enferma.
La clase terminó y se marchó como vino y vino el siguiente profesor y así fueron pasando las horas hasta que las clases terminaron.
— Bueno chicos, ¿nos vamos? — dije recogiendo mi mochila.
— Miku, debes ir a la enfermería — dijo Len.
— Paso de esa tía, ni me la recuerdes.
— ¿Acaso no eres una estudiante aplicada y responsable? Sí lo eres debes ir — dijo burlona Rin.
— Vale, vale ya voy.
— Entonces hasta mañana.
—Hasta mañana.
Cogí mi mochila y me dirigí a la enfermería con muy pocos ánimos y sobretodo molesta. Piqué varias veces hasta que me dió permiso para entrar. Me senté en uno de los dos tamburetes y vino con dos tazas de chocolate.
— ¿Quieres? — dijo con una sonrisa inocente.
— ¡No! — contesté de muy mala gana — Qué querías decirme.
Apartó a un lado las dos tazas de chocolate y se puso seria.
— Miku, perdoname por todo lo que he hecho. Tienes más que suficientes motivos para tratarme como lo estas haciendo.
— Por supuesto que sí.
— Seguro que piensas que soy despreciable y todas esas cosas, es normal que lo pienses. No te culpo, yo también pensaría igual.
— ¿Para eso me has llamado? ¿Para disculparte? — dije harta de escuchar tonterias.
— Creo que te debo una disculpa. Sé de sobras que estas muy enfadada, tampoco acepto que me perdones, pero al menos debo intentarlo.
—¿Perdonar a ti? ¿Entonces porque no viniste ayer a mi casa, sino enviaste a Haku?
— Tenía otros asuntos — dijo bajando la mirada.
— ¡Ya claro! ¡Cómo salir con un tío! ¡La gran Luka y sus asuntos! ¡Una gran adulta que se preocupa más por salir con un tío y deja a su alumna prácticamente tirada y que encima juega con sus sentimientos! ¡ESE ES EL TIPO DE MUJER QUE ERES LUKA! — me levanté furiosa.
— ¡Y tú que sabrás de mi y de mi familia Miku! — se levantó de golpe — ¡No sabes nada! ¡Sí soy el tipo de mujer que aún ser una adulta no puede negarse a la proposición de matrimonio que sus padres le han dicho! — me cogió del cuello de la camisa — ¡SOY ESA CLASE DE MUJER QUE SE VA A CASAR CON UN HOMBRE QUE NO AMA! ¡AHORA DIME HATSUNE MIKU QUE SABES TÚ DE MI! — las lágrimas se desbordaban de sus ojos con una voz quebrantada.
No supe que decir a sus palabras, me quedé atonita a su confesión tan repentina y sobretodo a aquellas lágrimas que recorrían su trayectoria sin vacilar, unas lágrimas que estaban ahogadas en su interior. Era la primera vez que veía aquella faceta en esa mujer que se posaba delante mío, parecía otra persona, una persona asustada e insegura.
— Yo, no sé...
—Entonces cállate y no digas nada.
Sus ojos se volvierón feroces y violentos y con fuerzas me tiró a ella ajuntando nuestros labios en un beso. Un beso apasionado, feroz y entusiasta que inconscientemente lo acepté de la misma forma que ella me lo brindó. Odiarla no la odiaba, la amaba más de lo que podía imaginar. Aquél odio que sentía era la necesidad de estar con ella, la necesidad de llamar su atención y encontrar lo que encontré, el beso de mi princesa.
