Nota: Para todos los lectores, mis mas sinceras disculpas, por problemas técnicos (mi disco duro decidió morir) perdí toda mi información y me fue imposible actualizar.
Luz; blanca, segadora y fría bañando su rostro, escucho pequeños sollozos y después un temido tarareo que apaciguo lentamente el llanto de… un niño, si era un niño, un bebe… SU BEBE! Le grito su mente. Y con esas palabras mágicas su cuerpo reacciono tomando conciencia de su entorno.
Lo primero que sus ojos enfocaron fue la imagen de su pequeña que miraba embelesada la figura imponente de su padre, quien sentado en una silla mecía y le tarareaba calmadamente un pequeño bulto, y ya nada importo, ni la ropa ensangrentada de Siber o su triste sonrisa, tampoco las silenciosas lagrimas de su hija, contra todo pronostico, su pequeño príncipe, Kniázhestva Mascóvscaye había nacido
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Odia el frio, no recordaba exactamente cuando lo empezó su repulsión hacia las bajas temperaturas, pero era en momentos como estos, junto a inicios de inviernos cuando mas le afectaba, sentía claustrofobia el solo hecho de pensar en estar meses encerrada en su castillo pero soportar sobre su piel el frio ardiente del invierno tampoco le parecía apetecible, por que el verano tenia que durar tan poco, por que cada año el viento del norte soplaba mas potente sobre sus tierras- es como una maldición- musito al tiempo que se recargaba sobre el marco de la ventana a observar el paisaje.
-podría decirme, bella dama, ¿que o quien es quien la tiene tan distraída esta mañana?- escucho pronunciar a una seductora y varonil voz a su espalda, no era necesario voltear, sabia perfectamente a quien pertenecía.
-creo mi señor, que eso no es de su incumbencia- dijo mientras una sonrisa cruzo momentáneamente su rostro.
-así que de nuevo pesadillas- susurro la voz con pesar entre suspiros
-no te puedo ocultar nada- y tratando de justificarse prosiguió- es esta época, no me gusta, es tan oscura, tan silenciosas…- por un momento su mentí vislumbro una sombría y aterradora figura- tan parecida a…- y ahí esta, ese infernal dolor de cabeza que no la dejaba recordar, que la motivaba a olvidar.
-Pequeña Kiev?...- escucho decir a una voz a lo lejos
-Lo siento, solo me quede pensando...
-Mi pequeña Kiev, cuando comprenderá que yo siempre estaré ahí para ti- contento teatralmente su interlocutor
-Pequeña?- contesto molesta dando vuelta sobre sus talones- mírame Balt, observa bien y dime, ¿Qué tengo de pequeña?- cuestiono la dama con una mirada furiosa, y no era para menos, ya que en ella, si bien aun conservaba algunos rastros infantiles, su cuerpo mostraba la figura de una bella mujer, que con su larga y rubia cabellera, así como su grandes y llamativos ojos azules podrían dejar sin aliento a cualquier hombre; y el atractivo hombre frente a ella no fue la excepción- Entonces dime señor mio, como puedes considerar pequeña cuando mi pueblo se a desarrollado tanto en un par de siglos – reto de nuevo y al solo conseguir silencio por parte del hombre no pudo evitar decir con una sonrisa ladina- acaso lo intimido tanto mi señor o mi presencia lo perturba hasta tal punto.
El hombre aclaro su voz tratando de evitar que esta lo traicionara antes de contestar- veo querida que has crecido desde la ultima vez que nos vemos y ciertamente tu presencia me perturba, pero eso le pasaría a cualquier hombre que como yo te viera en camisón- y dándose vuelta con destino a la salida, finalizo con voz neutra- creo que deberías vestirte, nuestra alianza será anunciada hoy.
Como olvidarlo, se dijo mentalmente con pesar, ese era el gran día para su pueblo, el día en que los pueblos bálticos formarían parte su territorio, no es que ese hecho le parecía desagradable, pero desposarse con Balt era desalentador. Balt era su amigo, su confidente, casi su hermano, su eterno protector, aquel que la salvo de aquella pesadilla…
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El sol se había puesto en el horizonte, podía ver como la luna sonriendo desde lo alto del cielo y pequeños copos de nieve cayendo delicadamente a su alrededor cubriendo por completo el suelo, luego todo se volvió rojo. Busco desesperadamente ayuda, pero solo vio rostros sin vida mirándola, de pronto una figura enfundada en negro apareció frente a ella, sus ojos rojos brillando de locura la atravesaron, en su mano sostenía con delicadeza se encontraba una extraña espada teñida en sangre. Grito, pero nadie la escuchaba, corrió pero la nieve la hacia tropezar y cuando ya no pudo mas, cuando la desesperación la venció, sintió su carne siendo rasgada por el frio metal mientras una voz a lo lejos proclamaba.
-Aléjate…olvida…regresa y solo encontraras muerte…
Y de pronto, como un ángel salvador entre niebla invernal apareció él, montando su corcel, haciendo retroceder a la siniestra sombra cernida sobre ella, salvándola.
