Trick and Treat

Leyenda:

- Cursiva.- Narrado por un narrador externo.
- Normal.- Narrado por Alemania.
- Cursiva+Centrado.- Letra de la canción "Trick and Treat (Vocaloid)"
'-'.- Pequeño salto en el tiempo.


Chapter 2.- North Italy

- Hmm... – Gruño levemente.
Miro en todas direcciones, sin dejar de gruñir o quejarme. Vale, me había perdido. Andaba perdido en un triste bosque que no parecía ser tan grande de lo que en realidad era.

Sigo caminando, mirando hacia cualquier lado, intentando encontrar cualquier característica en un árbol o en una roca que me pudiese indicar que me encontraba en una zona por la que antes ya hubiese pasado. Pero nada. Todo es monótonamente igual, la luz de la Luna, aunque es abundante, no me ayuda mucho y encima, para colmo, se ha levantado una niebla muy espesa.

Suspiro, resignado. Seguramente mi hermano se reiría de mí -como se ríe de todo el mundo- si se enterase de lo que me acaba de ocurrir. Diría cosas como "No entiendo cómo alguien como tú es mi hermano…" o "Una persona tan awesome como yo JAMÁS se perdería en un bosque…" y yo tendría que aguantar durante casi un mes el hecho de que me lo recordase todos los días.

Aunque, claro, eso era si conseguía llegar a casa.

Vuelvo a suspirar, recordando el tema principal: encontrar la salida.

"A lo mejor por la derecha…", pienso, al encontrar una zona en la que la maleza se encontraba aplastada, como si fuese un lugar transitado.

Justo iba a tomar ese camino cuando, de repente, comienzo a escuchar unos sollozos.
Me pongo en seguida a alerta, como todo buen militar. Pero, después de haber recapacitado que lo único capaz de sollozar así era el ser humano, me relajo un poco y me concentro en encontrar al causante de ese gimoteo.

Se esconde, se esconde
En la profunda niebla
Una voz que hace enloquecer

Tomo el camino de mi izquierda y me adentro en la maleza, apartándola como puedo.

"Puede que sea un niño pequeño que se haya perdido…" voy razonando a la vez que avanzo, intentando seguir el sonido "O tal vez me he vuelto tan loco como para oír cosas que no existen…".

Justo estaba apartando una frondosa rama que me impedía el paso cuando, en un claro, vi una figura tenuemente iluminada por la Luna que parecía estar recostada contra un árbol.

"No parece ser ningún animal salvaje…" pienso, sin apartar la mirada de la figura, difuminada por la niebla "Pero no se sabe. Podría resultar ser alguien peligroso…"
Ante la curiosidad, sobre todo, de encontrar a otro humano en este bosque que parecía desértico me acerco lentamente y sigiloso cual gato, sin hacer apenas ningún ruido.
Esa era una de mis especialidades –además del control de armas, obviamente- que, según mis superiores, me hacían ser un soldado ejemplar.

A medida que avanzaba los sollozos se oían más cerca, aunque no me fijé demasiado en este hecho.
Y así, en poco tiempo y sin ser descubierto, me encuentro ya cerca de la figura misteriosa.
Solo un paso más y podría descubrir de quien se trataba.

No dudes, no dudes
Y en las entrañas de este
Interminable bosque adéntrate

Pero, para mi desgracia, justo cuando doy ese último paso, el decisivo, piso una rama incauta que se parte bajo mis botas con un sonoro chasquido. "M-Mierda", maldigo para mis adentros, al ver que la figura se mueve, al parecer alzando la vista, "Me ha descubierto…"

- ¿Q-Quién eres…? – Pregunta una voz dulce, no muy grave pero tampoco demasiado aguda.

No respondo y me quedo estático, sin saber muy bien cómo reaccionar.

- ¿F-Fuiste tú quien hizo ese… ruido? – Sigue preguntando. "Seguramente se refiere al de la rama quebrada", razono.

- H-Hm… - Adelanto un paso, sin responder aún a su pregunta, más centrado en lo que me iba a encontrar.
Es un chico, más bajo que yo, de pelo castaño no muy corto ni muy largo, y con un curioso rizo que destacaba, sobresaliendo, y que parecía ignorar las leyes de la gravedad, lo que me llama bastante la atención. Lleva una ropa normal, en la cual ni me fijo.
Bajo la vista, encontrándome con unos ojos colo miel que me miraban fijamente, y que tienen el rastro de haber estado llorando…

- ¿Eras tú quien estaba llorando?... – Pregunto con total calma en mi voz.

El chico, en respuesta, afirma con la cabeza. Iba a preguntarle la causa de esa tristeza cuando soy interrumpido.

- Pero ya no importa – Me dice, mirándome con una sonrisa bobalicona, como si todos los problemas que parecía tener antes se hubiesen esfumado por completo. Se seca una última lágrima que resbalaba, rezagada, por su mejilla antes de proseguir – Porque ya no se nos hará tarde...
"¿Tarde para qué?..." me pregunto.

El chico se levanta y, aprovechando mi momento de confusión, me toma decididamente de la mano.

- Ve~, aún queda tiempo, vámonos… deprisa – Me dice con la misma sonrisa tonta de antes, tirando levemente de mí.

Y yo, por acto reflejo más que por el propio, comienzo a caminar en la dirección de la que tiraba el chico.

- ¿Y… hacia dónde se supone que vamos? – Pregunto, todavía confuso y más aún desde que me tomó de la mano.
El chico gira levemente la cabeza, sin parar de caminar, y simplemente me dice:

- ¿Sabes? Hay que aprender a aprovechar las ocasiones… Sobre todo cuando te son favorables – Y ríe, como si me acabara de decir algo divertido que acababa de aprender hace nada.

Yo, simplemente, no comento.

De prisa, de prisa
Si no te apuras te arrepentirás
De perder la ocasión

Llevamos bastante tiempo caminando y comienzo a temer que nos hayamos vuelto a perder cuando veo, a lo lejos, lo que parecía ser una construcción. Un edificio.

Pienso que seguramente era allá a donde me llevaba.
Reconfortaba, en cierto modo, saber que teníamos un sitio donde dormir y esperar a que se hiciese de día y así poder encontrar el camino que nos sacara del bosque con mayor facilidad.

Entramos en un pequeño sendero, con apenas maleza que nos dificultara el paso, que llevaba directamente a la entrada de la casa.

Al llegar a ella me quedé un tanto impresionado: Era alta, muy alta, como de tres pisos de altura, aproximadamente; la pared exterior, de rocas marrones y verdes por el musgo, estaba cruzada por una larga y frondosa enredadera, que nacía desde el suelo y se le perdía de vista en el tejado, el cual estaba cubierto de tejas, de un rojo desgastado, bastante oscuro; por las ventanas, que daban al bosque, no se ve ningún signo de que allí dentro hubiese vida estos momentos.

"No hay nadie…" pienso.

- Ve~, llegamos~ - Casi canturrea, deteniéndose a pocos pasos de la entrada, y girándose para mirarme. Durante todo el camino había estado hablando de cosas triviales, sus platos de comida favoritos, los helados que se comió ayer, un familiar suyo que por lo visto era su hermano, unas lindas chicas a las que sedujo esta semana... La mayoría no me llamaba para nada la atención, por lo que pronto había dejado de hacerle caso, fijándome más en el paisaje e intentando adivinar hacia dónde me llevaba.

- E-Eh… Espera… ¿Tú vives aquí? – Deduje ante lo que había dicho antes. Si había tenido la intención de buscar esta casa y no andábamos sin rumbo era porque ya sabía de su existencia antes, ¿no?

- … Entremos~ - Me dijo con una sonrisa, ignorando de nuevo mi pregunta, como tantas veces. Reanuda la marcha, acercándome hacia la puerta la cual, me fijé, estaba levemente abierta.

Se detiene, soltándome la mano, y abre la puerta, dejando ver una hermosa sala finamente decorada, repleta de muebles ornamentados dispuestos sobre un suelo de mármol a cuadros blancos y rojo magenta como si de fichas sobre una tabla de ajedrez se tratasen.

Al observar semejante lujo, que no creería jamás ver, comencé a sentirme incómodo, indeciso sobre si entrar por educación o rechazar la oferta indirecta que me había dado el chico.

- Adelante, ve~, entra sin miedo – Dice, con una sonrisa en el rostro que irradiaba tranquilidad – No dudes… - Termina, acercándoseme y cogiéndome del brazo para llevarme –o al menos intentar- dentro de la casa.

- Hmm… - Respondo, todavía incómodo.

No dudes, no dudes
Acércate sin miedo
Que se acerca ya la diversión

Al final acabo entrando, debido a la insistencia del chico del rizo, que llega a ponerme hasta carita de perro abandonado –a la cual reconozco que no me puedo oponer-.

- … - Miro a mi alrededor. Desde afuera parecía bastante lujosa la habitación, pero ya vista desde dentro era lo siguiente. Todos los muebles: sofá, armarios, vitrinas, mesas e, incluso la lámpara de araña de ocho brazos que colgaba a bastante altura sobre nuestras cabezas, en el techo, tienen cierto aire renacentista que aumenta al fijarse uno en las paredes, de un color claro.

- Ne, ne, ¿quieres pasta?... – Le oigo decir, haciéndome volver de mis pensamientos.

- Eh, no gracias. Comí hace poco… - Le miento. "Además, no me gusta mucho la pasta", termino la frase en mi mente.

- Oh, vaya, que lástima – Dice, con aire apenado – Hm… ¡Ah, ya sé! – Y, acto seguido, en cuanto dijo esto, el chico desaparece por una puerta que queda al fondo de la inmensa sala.

Me fijo en un sofá, rojo carmín y dudo sobre si sentarme o no. La educación, tal vez la sumisión, que me enseñaron desde pequeño me impedía hacerlo sin haber recibido antes una invitación. Entonce resuena en la estancia un "adelante, puedes sentarte si quieres..." que según presiento proviene de la sala en la que se encuentra el chico.

Habiendo escuchado esto casi me desplomo sobre el inmenso sofá. Mis piernas, después de caminar y caminar sin rumbo durante largas horas, me lo agradecieron.

La textura de aquel mueble era... extraña. Suave como el algodón pero tensa como el cuero de mis botas. "Ah, cómo me gustaría que el Führer tuviese uno de estos en su despacho en vez de esas malditas y endiabladamente incómodas sillas austeras", pienso mientras casi me dejaba llevar por aquella sensación. Agito la cabeza. No, no debía relajarme en un momento como éste. Seguía perdido -aunque ya no solo- y si no regresaba pronto a casa miles y miles de tareas se atrasarían, lo que provocaría un desajuste en el pulcro orden de mi nación.

"Y, claro, ¿qué nación sería si no velase por mi gente, el alma, el orgullo, el alfa y el omega de todo país? Y, ¿qué irresponsabilidad recaería sobre mi espalda, perdurando tanto tiempo como siglos puede vivir una nación, si por una estupidez tal como ésta perdiésemos la guerra y nos invadiesen hambrunas, epidemias, muerte y dolor? Y, ¿cómo podría yo existir a los ojos del Führer que, por loco, odiaría hasta a la razón por la que lucha? ¿Cómo podría mirar a mis aliados sin que la vergüenza de haberles fallado me reconcomiese las entrañas? Y, ¿qué... qué... Qué es ese delicioso olor que noto a mi alrededor? ¿Qué es? No, ¿qué podrá ser?"

Me sorprendo a mí mismo relamiéndome ávidamente, como una bestia ante un banquete. Es infame por mi parte, siempre hombre correcto y 'de bien', pero poco me importa en estos momentos. La curiosidad por conocer el origen de tal sabrosa fragancia es superior a las normas de moral que me habían impuesto.

"¿Qué será? ¿De dónde viene?... ¿Qué es?... ¿De dónde proviene?..." reitero las preguntas en mi mente hasta un punto frenético y al borde del colapso cuando una dulce voz me interrumpe.

- Scusa la tardanza*, ve~

Me giro en el sitio, mirando al mismo chico de rizo extraño que había encontrado en el bosque, que porta entre sus manos una brillante bandeja -de plata, deduzco- y algo muy humeante en ella. Me fijo en esto último. El chico parece darse cuenta.

- Espero que no seas alérgico a la lactosa, hehe~ - Ríe entre tímido y divertido, y se acerca a mí con una habilidad en el manejo de la fuente tal que solo parecía ser merecida por el mejor camarero mundial. Se sienta a mi lado y deja la bandeja en frente, en una mesa de madera y cristal tallado, cara, como todo lo que había en esta habitación.

- E-Eso es...

- Pensé que te gustaría, así que lo preparé especialmente para ti. Como dijiste que no te gustaba la pasta.- Hizo pucheros.

"¿Es lo que yo creo que es? Sí, sin duda alguna. Es...

Una fragancia acanelada
Te comenzará a invadir
Y el fingir estar en soledad
Tu miel en hiel transformará

… leche con canela."

Miro fijamente la taza de porcelana fina. Bueno, más bien, el contenido de ésta. Humeante y oloroso. Deliciosamente oloroso.

- Adelante, pruébalo. Lo preparé para ti. - Reitera mi acompañante con una sonrisa, mirándome.

En respuesta, tomo la taza con ambas manos. Se sentía tan cálido y reconfortante. Tanto contraste entre el frío de la noche y la amargura que tanto me acompañó en mi pasado.

Tomo un sorbo, luego de comprobar que no me abrasaría, y siento el sabor cabalgando por mi paladar, transportándome mil y una sensaciones que creía haber olvidado ya, sepultadas en el recuerdo.

Tomo otro sorbo, ensimismado en mi propio mundo, sin preocuparme de la compañía. Aunque ésta también era culpable: había comenzado una dulce melodía con su voz que me impedía volver a la realidad.

Mi primer recuerdo es uno en el que sale mi brüder* frente a un fondo rojizo y destruido. Como la imagen del juicio final. Abría y cerraba la boca, como los peces, pero nunca supe qué quiso decirme, pues un pitido infernal resonaba en mis tímpanos. Es un recuerdo borroso y tampoco muy agradable.

La segunda, mi primera década como nación. La siguiente, una de las tantas noches en las que me refugiaba entre las sábanas de mi hermano a causa de las terroríficas pesadillas. Mi brüder me sonreía fraternalmente como pocas veces lo hacía, como el padre que nunca tuve. Y me contaba sus pesadillas y sus temores, todos absurdos, que siempre acababan por hacerme reír. Me acariciaba el pelo, me tranquilizaba y me volvía a dormir. La imagen que le sigue fue de mis primeros entrenamientos. Como Prusia creía demasiado inseguras las armas de fuego de la época solo me dejaba practicar con espadas, o dagas en casos especiales. Oh, ésa es de cuando recibí mi primera pistola, muy antigua y con tallados en madera en la zona de agarre. Recuerdo que gastaba muchísima pólvora y a veces te dejaba las manos sucias. Pero aún la guardo, puesto que fue también la primera de Gilbert, en algún cajón de mi casa.

La canción que entonaba el chico se torna triste y angustiosa.

"- Los muros de este sueño sin final..."

Un recuerdo, el más impactante, cruza mi mente como un relámpago estruendoso: el día en el que me rebelé contra mi hermano. El día en el que lo derroqué de su puesto de nación y tomé sus tierras como mías en una adrenalina de gallardía sin sentido. Y todo por dejarme influir por libros y oradores.

Fue a partir de ahí, a partir del momento en el que ignoré sus consejos, sus súplicas y sus ruegos, a mi hermano derrotado y subyugado bajo la sucia suela de mis botas; fue a partir del instante en el que ignoré las realidades enemigas que Prusia me contaba cuando comenzaron mis verdaderos problemas.

Los que toda nación reconocida debía afrontar. Guerras externas, guerras internas, guerra civiles, guerras por tratados de amistad, guerras por todos lados. Y pobreza, y hambre, y enfermedad, y epidemias, y muerte, y dolor y sufrimiento, y mentiras y traición. Por todos lados.

A partir de aquel momento mi felicidad se exilió. Lejos. Y se convirtió en deber y necesidad.

"- … te cuidarán si duermes~"

El chico castaño dejó que la última nota de aquella canción se desvaneciese, como el tren que se aleja. Abrió los ojos y encontró al alemán a su lado.

- ¿Todavía sigue recordando? - Pensó mientras observaba al rubio, taza -vacía- en mano, suspirar quedamente con los ojos cerrados y recostado contra el sillón.

Entonces se fijó. Una pequeña gota brillante resbalaba vagamente por la mejilla del rubio. Y a ésta la siguieron otras.

- Oh... merda*... - Murmuró para sí el chico, que dejó su antigua posición en un movimiento tan ágil como rápido.- … Deprisa.

"Ah, si no hubiese sido tan surrealista, tan cabezota. Si hubiese prestado atención a mi hermano, que por aquellos días sabía más que yo, entonces no tendría que estar matando para sobrevivir, ni mucho menos viviría para matar como lo hago ahora. Maldigo ese día con toda mi alma. Lo maldigo tanto como el día que conocí a mi Füh- ¿Uh?"

Siento un peso sobre mis piernas que, después de notar como la taza 'volaba' de entre mis manos, se acentuó. Abro apenas los ojos, sabiendo que la luz me cegaría, pero no fue así. Al contrario, me sorprendí de ver al chico que me acompañaba con asombrosa nitidez... y demasiado cerca de mí.

- ¿¡Q-Q-Q-Qué demonios...! - Consigo apenas pronunciar.

- Estás muy lindo cuando te sonrojas. Ahora mismo tu cara se parece mucho a los tomates que trajo el otro día mi fratello*, ¿sabes? Ve~ - Me contesta riendo, con un amplio gesto de felicidad ingenua en su cara pero con un brillo indescifrable en sus ojos.

- Ehm, uh... … … J-Ja*... … Sí... Hmpf – No logro articular nada coherente, lo que provoca más risas al chico y, en consecuencia, más sonrojo a mí. Aparto la mirada, molesto.

- Oh, pero no te enfades, ve. No me reía con mala intención. - Dice apenado, haciendo un mohín.- Solo lo dije para animarte... - Se acerca a mi oído y continúa la frase en un tono inusual.- … No es bueno que estés triste, ¿sabes? No me gusta verte así~

Trago saliva, sin mirarle, nervioso.

- ¿A-Ah, no?

- No~

- ¿Y... eso?

- Bueno... - Se recoloca sobre mis piernas y apoya el tronco superior en sus manos. Y éstas, en mi pecho.- … se podría decir que te sientan mejor... - Su mano derecha comienza a ascender hasta llegar a mi clavícula.- … otras facetas tuyas.

Trago sonoramente mientras mi mente comienza a funcionar a mil por hora y mi corazón, al doble.

"Oh, Gott*... ¿E-Esto...? ¿Se me está declarando? ¿Qué es lo que intenta? Hm, se siente tan extraño. Me provoca más excitación que las películas, ¡y eso que no ha ocurrido nada aún!... Ay, esto no es propio de mí... Pero... se está genial. ¡No! Seguro que es culpa de ese olor a canela, que no hace sino embriagarme. ¡Es demasiado fuerte!... O a lo mejor es el chico. La verdad es que tiene pinta de sabroso. ¡Ludwig, que te pierdes! ¿¡Pero en qué c*ño piensas!" Razonaba cosas sin ningún vínculo entre sí. "Aunque... nunca he probado con alguien del mismo sexo. Ni siquiera del contrario... Me pregunto cómo se sentirá en carne propia. En los libros lo pintan muy placentero. ¿Será cierto?"

- ¿Y por qué no lo compruebas? - Me dice con una mueca extraña, bajándose de encima mio. Eso me pilló por sorpresa.

- ¿Qué dijiste?

- Nada. Que si te apetecía jugar a algo, ve~ - Sonríe.

- ¿A algo? Lo siento, pero no juego a cosas infantiles.

- Oh, vaya, ve... … Pero... si es de esos juegos que a ti tanto te gustan~ - ¡De nuevo ese cambio de tono! Un momento, ¿qué fue lo que dijo?

- ¿D-De... los que a mí me gustan?

- Sí~ Tú sabes cuáles~

Me quedo estático, sin pestañear. Intento responder algo pero solo me sale un balbuceo.

- Entonces... ¿te apetece? Vamos, seguro que lo estás deseando. Porque deseas probar cosas nuevas, ¿no es cierto?

Afirmo quedamente con la cabeza, hipnotizado por su voz y las extrañas ideas que de nuevo afloran en mi mente.

- Que bien~. Y ahora tienes la oportunidad de cumplir ese deseo. Y debes aprovechar las oportunidades que te da la vida. ¿Qué me dices? ¿Aceptas?~ - Susurra.

De nuevo afirmo.

- Así me gusta... - Apenas oigo lo que dice mientras una mano suya se escabulle hacia Dios sabe dónde.

La amargura debes olvidar
Y con dulzura delirar
Los muros de este sueño sin final
Te cuidarán si duermes

Sigo con las vista, curioso, su mano, que se esconde tras la espalda del chico. Su voz suspira unas palabras en mi oído:

- Hagámoslo más divertido, ¿te parece?~ - Me dice.

- ¿Más divertido cómo?

- Pues... - Se queda pensativo.- Pues, ¿qué tal si te vendamos los ojos, ve? - Mostró ahora su mano, en la cual llevaba un retazo de tela negra. La venda.

- … - Alzo una ceja, mirándole, y sonrío para mí. Aquel chico, que apenas me conocía de un día, parecía saber ya todos mis puntos débiles. Afirmo en respuesta.

- Ya verás. Es muy simple de entender... - Me explica con una sonrisa en su rostro. Lo último que veo antes de que la tela me ciegue por completo.- … No necesitas ver. Tampoco comprender... Solo déjate llevar sólo por tus instintos más primarios... para obtener lo que deseas...

Y conseguirás lo que deseas... – Continuó. - … si aprendes a confiar... … solo por interés propio.

La voz se apaga poco a poco, por lo que no alcanzo a entender lo último. Y, para cuando quiero darme cuenta, cualquier vestigio que pudiese sentir para siquiera sospechar que el chico seguía allí se desvanece.

La ilusión hipnótica
Tarde o temprano te ahogará
Pero no es algo divertido
Si con los ojos vendados no estás

"Bueno, ¿y ahora?" Pienso, a lo que recibo, extrañamente, una respuesta.

"- Ahora... levántate"

Suena muy autoritaria. Demasiado. Más aún que la de mi propio jefe, por lo que no remoloneo a la hora de acatarla.

"- Bien, bien..." Resuena secamente. Luego, alguien me coge de la mano y me guia alrededor de aquella mesilla baja que había frente al sofá y que podría haber sido un peligro para cualquier canilla. Y me lleva hacia mi izquierda, y luego recto, antes de abandonarme, agradecido, frente al primer peldaño de la escalera.

"- Sube"

La voz ordenaba y yo simplemente cumplía, obligado por mi espíritu de soldado.

"- Gira a la derecha. Ahora a la izquierda... Avanza... Recto. Izquierda... Avanza... Derecha... Ahora gira a la izquierda de nuevo..."

Por un momento se me ocurre la posibilidad de que solo intentaba confundirme.

"Pero qué tontería, ¿por qué debería de hacerlo? Es el segundo piso, no un laberinto. Seguro que solo está poniendo a prueba mi confianza" Razonaba mientras cumplía lo mandado automáticamente. Las palabras habían ya desaparecido y simplemente me guiaba por contacto. Es fácil: si me toca el brazo derecho, debo girar a la derecha, y lo mismo con la izquierda. Y si me toma de la mano significa algo mayor, como una puerta o un desnivel.

"- Detente". Me paro.

En el silencio tan sepulcral como intrigante que hay puedo escuchar el sonido tan característico de una puerta al abrirse.

"-Adelante, ya llegamos."

Avanzo seguro, reprimiendo una sonrisa. El recorrido se me había hecho eterno y lo único que había conseguido era aumentar mis ganas de comenzar aquel "juego".

Donde camines ten cuidado
Porque mis manos te van a rozar
Hasta lograr que pronuncies
Que tu cuerpo me darás

- Cómo me lo esperaba. - Murmuró el italiano mientras veía a Ludwig entrar tan seguro en la habitación. Sonreía y estaba apoyado apenas en el marco de la puerta.- Ya verás, -pensó aguantando una risa.- ya verás, fratello* Nunca creerás lo que va a ocurrir. Me mirarás después de arriba a abajo, impresionado, y yo sonreiré triunfante y diré: "puedes comprobarlo, tu lindo hermano pequeño ya creció".

Miró al otro lado del umbral. El rubio seguía depié y totalmente cegado.

- Aunque... - Prosigue su pensamiento.- … hubiese preferido uno no tan necesitado. Uno que realmente resultase un desafío.- Suspiró y siguió el camino del alemán.- En fin, hay que aprovechar lo que se tiene. Y yo lo que tengo es esto. Y es mejor que nada, sin duda~ ve~

Oculta de dudas
Durante un tiempo
Se hizo insospechable
La única verdad

El chico me toma de la mano y, tras un pequeño recorrido, me obliga a acostarme sobre un mullido colchón. Se sube encima mio a horcajadas. Evito sonreír. No quiero que el chico piense que soy lo que no soy: un pervertido.

Para nada, el pervertido es el francés inútil al que hace poco derroté. Yo, al contrario, solo quiero probar cosas nuevas como cualquier otro soldado con más de un mes en el frente.

Me quita la camisa sinuosamente y me besa en la comisura de los labios, suave, antes de bajar y pasar de la clavícula al cuello. Sus manos parecían querer comenzar a obrar milagros en mí.

Fueron mudas citas
Donde el pecado
Tan bajo cayó
Que amor se hizo llamar

Sonrío levemente. Y el chico para.

"¿Eh? Was? ¿Por qué se baja de mí? Espero que no me haya malinterpretado. Oh, vamos, si empezó él este juego no puede echarse atrás ahora. ¡No me puede dejar a la mitad!"

- Ahora vuelvo – Susurra con voz sensual en mi oído. Se oye entre el nuevo silencio el abrir de una puerta y supuse que ya se había ido.

Aprovecho y me incorporo. Me siento al borde del colchón y respiro hondo. Inhalo todo el aire que pueda caber en mis pulmones y poco después lo suelto en un sonoro suspiro. Aquella estancia olía a algo inidentificable que me extasiaba. Vuelvo a respirar profundamente. Una, dos y tres veces más. Nunca me cansaría de esa fragancia.

Me llevo las manos a la venda, pero no me la quito. Para nada. Respeto las normas del juego y, como la tela amenazaba con caérseme, me la até más fuerte. Algo en mí me pedía no despertar de aquella oscuridad placentera.

Una risa juguetona. "Vaya, el chico ya debe de haber vuelto. Y tan alegre. Sin duda que trae algo divertido consigo. ¿Una fusta quizá?~".

Me abraza justo cuando me alzo de pie, abrazándome como si en cualquier momento pudiese huir. Pero, ¿qué razón tendría para huir? Ninguna. Me besa profundamente, de esos besos largos de película. "Ah, qué genial es esto del amor", pensé embobad. Muchas partes de su cuerpo estaban en contacto con el mio, y entre ellas algo duro...

… pero también frío y afilado.

Todo ocurrió como un flash. Ofuscado, tal vez todavía tembloroso por los continuos atentados que mi jefe y yo habíamos sufrido a lo largo de la semana, cogí del brazo al chico y ni dudé en tumbarlo sonoramente en el suelo con una llave. Luego me arrepentí. No reacciona ni con quedos gemidos y llego a pensar lo peor.

"Y si solo fue mi imaginación?", pienso. Y no dudo esta vez en deshacerme de la venda para ayudarle. Sin embargo, algo me detiene de hacerlo. Algo que veo nada más quitarme el retazo de tela.

La luz fue vista
Por unos ojos traicioneros
Prófugos de oscuridad

Apenas mis ojos se acostumbran a la tenue aunque excesiva luz sentí como aquel olor que me extasiaba se volvía más potente. Ahora parecía querer taladrarme las fosas nasales y traía consigo momentos nada agradables. Me acerco al colchón. Ya no era para nada mullido y si tacto se asemejaba al de cualquier tela que llevase años abandonada en un desván, húmeda, áspera y desagradable. Ni siquiera era una cama, sino una litera taladrada a la pared como las que habían en las cárceles cuyo piso superior había desaparecido.

La pared daba lástima. Y asco.

Estaba mal tratada, se veía el yeso de reparaciones anteriores, la pintura estaba estaba desconchada y había manchas mugrientas por todos lados. Incluso en el techo. Manchas de color rojizo y marrón. "¿Acaso era...? No, seguro que no."

Curioso y a la vez intrigado me acerco a una de ellas y puedo comprobar, con desagradable certeza, que sí lo era. Sangre putrefacta. Esa sensación viscosa en mis dedos, ese olor metálico. Y no solo la pared o el techo estaban manchados. En el suelo, debajo de mis botas, vivía un enorme charco de sangre rojiza y fresca. Siento un temblor en el estómago y una vaga idea se forma en mi cabeza.

Ni en sombras presentía
Cuán peligrosamente
Se estaba acercando su final

- Jehé~

Giro sobre mí rápidamente y encuentro al chico que antes había tumbado depié, con algo brillante en su mano y una amplia sonrisa en su rostro.

- ¿Tú...?

- Sì, io~ - ríe infantil aunque tenebrosamente. Se acerca a mí a paso decidido, a pesar de las amenazas.

- Aléjate... Aléjate y suelta ese cuchillo.- retrocedo.

- ¿Qué cuchillo? - mira su arma. Gotea sangre demasiado líquida y carmín como para adivinar que recientemente había sido utilizada.- Si es una daga... Es tu daga.

Me fijo en la lustrosa svástika en plata al final del mango, en el águila dorada portándola con sus alas desplegadas, en ese mango de marfil africano. Sí, era mía, y lo pude comprobar cuando llevé mi mano al cinturón y encontré la vaina vacía.

"Pero, ¿cómo acabó en sus manos? ¿Y la sangre?... No la he usado contra nadie en meses, que yo recuerde, y ni el chico ni yo estamos heridos..."

- Ése es tu problema: que ya ni recuerdas.

- ¿Uh?

- Seguro que tampoco recuerdas las reglas de este juego: NO comprender, NO hablar, NO ver... Y tú las has infringido todas. Has hecho trampa.- Su mirada se oscurece. Siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal pero, al contrario que los otros, éste no era nada reconfortante.

Chico malo,
¿Cómo es que te has llegado a despertar?
Si la venda en tus ojos no está
Los nuestros vamos a vendar

Da un paso en mi dirección, con aire inocente pero mirada de loco. Yo no dudo, con un gesto rápido llevo la mano a mi cintura y en poco ya le estoy apuntando a la cabeza con mi pistola WPPK. Sería un disparo certero, y más a aquella distancia.

Pero esto no amedrenta al chico. Al contrario, parece impulsarle a avanzar más rápido.

- ¡Detente! - grito. Por un momento noto mi potente voz autoritaria flaquear.- ¿No ves que te estoy apuntando? ¡Detente!

- ¿Por qué ya no me sonríes como antes? ve... - Finge tristeza, ladeando la cabeza.- ¿Acaso ya no te gusto? ¿Acaso ya no quieres probar cosas nuevas... o simplemente probarlas? ¿Y qué fue de esa mirada propia de un soldado que lleva años sin pasar por casa? ¿Por qué ahora es una mirada de asco?

- ¡Detente he dicho!

- Tus manos... Te falla el pulso. Eso significa que no estás seguro sobre si serías capaz de dispararme, ¿cierto?

- N-No... - Tiene razón.

- Y si, sabiendo la verdad, dudas sobre si matarme o no es que aún te puedo recuperar – Extiende un brazo, tendiéndome algo.- Te doy una segunda oportunidad. Ponte la venda, ve~

- Nunca – Empuño con más fuerza el arma.

- Entonces sonríe.- Lanza la venda a un lado, pero no la daga.- Sonríe para mí, Ludwig.

Fue un paso en falso para el chico. Está a una distancia demasiado peligrosa. Debía de hacerlo, por mí, así que aprieto el gatillo con determinación.

CLAC

Muéstranos tu hermosa sonrisa
No nos vuelvas a preocupar
Deslúmbranos con tu piel otra vez
Regresa al escenario

¿Eh? ¿Por qué no se accionó y disparó? Abro el arma y casi horrorizado observo como la pistola no tenía munición.

- ¿Ves, ve~? Te dije que no serías capaz de dispararme.- Se ríe y me toma de la camisa. Le golpeo con la empuñadura del arma, más por defensa propia que por rabia, lo que hizo que me soltara enseguida. Incluso escupió sangre al echar la cabeza a un lado. En casos normales ya me estaría arrepintiendo, pero lo que estaba ocurriendo en aquellos momentos era de todo menos normal.

Busco en los bolsillos de mi pantalón de caza, pero nada. Juraría que tenía guardada más munición para mi Walther PPK, pues era mi costumbre.

- ¿Buscas las balas?

Le miro enseguida, ansioso.

- Me pregunto, ¿dónde estarán?~ - Vuelve a reír, mientras daba pequeñas y engañosamente inocentes pataditas en el sitio. Por ello, empuja algo que rueda en mi dirección. Lo miro de reojo: era un bala.

Sin dudarlo dos veces me agacho a cogerla pero, para cuando la iba a introducir en el arma, me doy cuenta de un pequeño detalle. El morro de la bala estaba aplastado, como si hubiese atravesado un hueso o una pared al ser disparada, lo que la hacía inservible. En el suelo estaban el resto de ellas, que antes bien habían formado mi munición, todas en el mismo estado.

- Ah~ Las encontraste~

- Tú... - Le tuteé con asco.- ¿Qué es lo que pretendes?

- Te pretendo a ti. Me perteneces...

"Sí, éste está cada vez más loco", razono.

- Hm, puede ser~- Sonríe.- Pero lo que digo es cierto. Tú nos perteneces... Tienes que dejarte.

- ¿Y qué pasa si no me dejo? - Gruñí impulsivamente.

- Oh, entonces tendremos que pasar al plan B, - Se lleva la daga a la boca y lame la sangre en un gesto que ya nada tenía de sensual para mí.- Y te aseguro... - Continúa, dando un paso en mi dirección.- … que no... - Otro paso más.- … te gustará. - Y otro. Ahora ya me tenía acorralado.

Se apoya en mí y sus manos pasean la daga juguetonamente por mi torso desnudo. Mientras, yo respiraba nervioso. Un horrible dolor de cabeza se había apoderado de mí de tal manera que hasta juraría escuchar miles y miles de voces, como de almas en pena, que se entrelazaban y no me permitían escuchar con claridad las palabras de aquel peligroso chico.

¿Por qué tiembla así tu cuerpo
Y tu mirada se perdió otra vez?
Dime si tú te atreverías
De mi leche tibia beber.

De un codazo, le vuelvo a atacar. Oigo caer la daga al suelo. Era muy probable que, al igual que antes, hubiese logrado tumbar al chico, aunque realmente no me detuve a comprobarlo. Salgo de la habitación corriendo. No tuve en cuenta un pequeño detalle: el cambio de luz.

Así era, el pasillo estaba tan iluminado en comparación con aquella habitación putrefacta que por un momento me cegó completamente. Sin embargo, esto no es suficiente como para detenerme. Busco a tientas la barandilla que me guiaría por las escaleras.

- Joder, no veo... - El piso resulta ser más grande de lo que esperaba.

- Curioso, bajas justo como subiste, ve~ - Responde entre risas la voz del chico.

Ni siquiera me giro. Allí, no muy lejos, ya podía divisar la barandilla, que te permitía mirar hacia el piso de abajo sin caerte, descender casi abruptamente hasta perderse.

Había encontrado las escaleras.

Voy hacia ellas y miro en derredor, buscando al chico. Para mi sorpresa, está mucho más lejos de lo que esperaba. Es más, ni siquiera ha salido de aquella vomitiva habitación, y se encontraba apoyado contra el marco de la puerta mientras jugaba con su arma.

Me sonríe inocentemente, a lo que yo frunzo el ceño, molesto. Bajo rápidamente los escalones, midiendo mis pasos. No sabía por qué, pero aquel coro desacompasado me provocaba un profundo mareo, similar al que se sufría después de una borrachera. Lo último que quería era tropezar, caer por las escaleras, matarme y darle el placer al chico por ello.

- ¿Y por qué no? - Me pareció oír una voz desilusionada.

Sin demasiados problemas, aunque con algún que otro traspié, logré llegar al final.

"- ¿Por qué no vuelves?"

"- Vuelve, vuelve..."

"- Ahora que has visto la luz no hay vuelta atrás."

"- Ahora que sabes la verdad te tendremos que desechar"

Resonaban, incesantes, las voces en mi cabeza. Pocas cosas, a excepción de algunas palabras sueltas, era lo que lograba entender. Sentía mi mente ofuscada.

Ven aquí dentro que
Este cuarto está muy
Caliente, a más no poder.

Lo que aguardan tus bolsillos
Para tu fianza bastará.

Me giré para comprobar mi seguridad. El chico estaba quieto, justo donde comenzaban las escaleras.

"Gut...", pensé. No lo dudo y tomo un objeto contundente que tenía cerca. Una figura larga y esbelta que sin duda tenía pinta de resistente. Y emprendo una "ingeniosa" retirada -porque toda retirada que se cumple con el fin de asegurarse uno la vida no es de cobardes, sino de ingeniosos-, pero apenas di dos pasos y caí.

"Jodidas voces, jodido mareo, jodidas náuseas..." maldigo. Aunque sabía que en realidad me había tropezado conmigo mismo.

Apenas me giré y ya sentía el cuerpo del otro encima mío, aprisionándome.

"¿Pero qué? ¿Cómo? ¡Es imposible que haya bajado tan rápido!", me sorprendo.

- Ehé~ - Rió tan alegre como la primera vez.

- ¿Qué te hace tanta gracia?

- Oh, vosotros, los alemanes, sois... tan como vuestro jefe.- Pasa su mano por mi pecho. Ahora que me fijo, tiene un buen arroyo de sangre bajándole por la mandíbula. ¿Será por eso que huele tanto a metálico?- Sois tan egocéntricos.- Prosiguió.- Tanto en méritos como en culpas. Creéis que todo gira alrededor de la Tierra y ésta, alrededor vuestro. Os reducís a vosotros mismos y negáis la diferencia por un odio provocado por el miedo...

- Eso no...

- ¿Y sabes qué? - Me interrumpe.- Que ese sentimiento os sale muy caro.

Pasa la mano de la daga alrededor mía y, con las yemas de los dedos rezumantes de un líquido color carmesí, me mancha desde la cara hasta los pectorales. Y el olor se hizo más fuerte.

Entonces lo comprendí. No me había tropezado; había resbalado en un charco de sangre fresca. Aún viéndola como compañera en el frente, me sigue pareciendo imposible que tanta sangre pudiese caber dentro de una sola persona.

- Oh, y más que hay. Pero, si no te lo crees, ¿qué tal si lo comprobamos, ve?

Comprendo lo que dice, aunque demasiado tarde. Me defendí después de sentir un punzante dolor en mi estómago. "¡Joder!", pienso. En respuesta, le suelto un golpe directo a la cabeza con el objeto contundente que había cogido y consigo derribarlo al suelo por segunda vez.

Dame la dicha de tenerte
Ahora mismo sin poder huir.
No tienes otra alternativa
Es cosa de vivir o morir.

Me levanto muy rápido. Tanto que me mareo. Pero ignoro esa sensación, así como el dolor de la herida, y me centro en correr por mi vida. Salgo de la casa y me encuentro con el mismo bosque de antes, en donde comenzó toda esa pesadilla. Sin dudarlo, me adentro en él, solo deseando que el chico conociese tanto el lugar como yo, y se perdiese.

Tropecé varias veces con las raíces levantadas de los árboles, aunque ello no me impidió la carrera. Sin embargo, después fue diferente. Un objeto contundente y pesado me hace caer.

- Was...? - Me giro. Gran error.

La causa de mi caída resulta ser el cadáver de un joven descuartizado. A la luz de la Luna despejada se podían ver perfectamente sus rasgos: pelo castaño oscuro, corto y ondulado, una piel nívea pero que en vida seguro que estuvo bronceada y unos grandes ojos verdes, abiertos de par en par. Le falta un brazo, una pierna y parte de la otra. Además, tiene un profundo corte en la yugular, de donde salían gusanos. La falta de miembros era sin duda a consecuencia de los carroñeros. El corte era síntoma de asesinato.

"- Los pobres infelices. Los tramposos acabarán así, ehé~", oigo a lo lejos y me estremezco.

Con ayuda de un árbol me levanto y entonces me doy cuenta. No solo era un cadáver. Realmente me había topado con el vertedero de aquel chico.

Tal vez fue el mareo, o el cansancio o la putrefacción que respiraba en el aire, pero acabé devolviendo todo. Hasta el desayuno. Si vomitar ya de por sí duele, con una herida profunda en el estómago era simplemente un infierno.

Prosigo con la huida en cuanto siento que me encuentro mejor. Sin embargo, apenas paso unos minutos trotando, cuando la pérdida de sangre me obliga a descansar. Me recuesto contra un árbol y quito la mano ensangrentada de mi herida, para comprobar su estado.

- Mierda.- Murmuro.- A este paso me desangraré antes de que consiga salir de este maldito bosque.

- No si podemos evitarlo~

- ¿Qué? - Jadeo, impresionado. ¿Cuándo había llegado el chico? No le oí.

- Ehé~

- Tú, scheißer loco... ¿Quieres que te vuelva a golpear como hice antes?.- Pretendo ser agresivo, pero la verdad es que ya me está entrando sueño. Alzo mi arma con el brazo derecho.

- Oh, ¿pretendes atacarme con el brazo del cadáver?- Ladea la cabeza, haciendo amago de asustarse.

Al principio pienso que es una finta, pero realmente decía la verdad. Aunque yo no recordaba haber cogido en ningún momento un brazo putrefacto y roñoso. Lo lanzo lejos, sintiendo cómo las arcadas vuelven a mí.

El chico está sentado encima mío y, a decir verdad, pesa más de lo que esperaba. O quizá sea culpa del cansancio. Siento la visión volvérseme borrosa. Estoy atrapado. Sin salida.

La empalagosa miel que emana
Bebe y haz que corra por tu ser
Dame el permiso de tenerte
Sin poder huir.

- Tsé, tsé... - Niega con la cabeza.- Nunca debiste quitarte aquella venda. ¿Nunca te contaron que la curiosidad mató al ario?

- Era al gato.

- Gatos, arios. ¿Qué diferencia hay?.- Dijo sin importarle. Iba a responder cuando un nuevo dolor me lo impidió.- Porque, ¿acaso no estáis haciendo los arios lo mismo que los gatos? Los felinos cazan ratones y vosotros no diferenciáis entre judíos y ratas, ¿o no?.- Relegó parte de su peso a la daga que ahora tenía clavada entre mis costillas.- Y eso te convierte en una gatita muy mala, ve~

- ¿Por qué? ¿Tienes algún tipo de convenio con losjuden? Pregunto como puedo, mientras toso esputos sanguinolentos y me retuerzo de dolor.

- Para nada. Es más, nunca conocí a uno.- Declara.- Solo juego a lo mismo que tú.

- ¿Te crees que la guerra... es un juego?- Murmuro ya sin mirarle. Suponía demasiada energía que no tengo.

- Por la facilidad con la que la declaras, sí. Y uno muy divertido, además.- Me clava más hondo la daga en la mitad de mi pecho.

- Verdm... Schei... ßer-coj.- Toso fuertemente. Siento la sangre subirme por la tráquea, impidiéndome respirar.

- Pero no pienses que somos monstruos por ello. No creas que estamos locos ni mucho menos.- Ejerce más presión con una mano, mientras que con la otra me acaricia la mejilla levemente.- Es la ley de la naturaleza: el pez grande se come al pequeño. Tú te comiste a los judíos...- Su sonrisa se ensancha.- Y yo ahora te como a ti~

"Crack"

Con ese sonido nauseabundo la daga rompe el esternón del rubio y le atraviesa, seccionándole los pulmones en dos. La sangre sale a borbotones e inunda las cavidades internas de aquellos órganos que antes funcionaron para respirar. Y sube por la tráquea furiosamente.

Todavía consciente, Ludwig tiene el honor de degustar la agonía generada por la sensación de asfixia, su propia sangre quemándole por dentro y, entre toses y jadeos, se abandona de la manera más dolorosa, llevándose como último recuerdo al lago Estigia la sonrisa aparentemente triste de aquel que pareció amarle y le mató, y una frase distorsionada que decía:

Dame el placer.


Aclaraciones:

*Scusa la tardanza, ve~ → Disculpa la tardanza, ve~
*Brüder → Hermano.
*Merda → Mierda.
*Fratello → Hermano.
*J-Ja → S-Sí.
*Gott → Dios.

¡Gracias por haber leído hasta aquí! Realmente, este songfic solo iba a constar de dos capítulos, pero más tarde se me ocurrió hacer un tercero a modo de desenlace y aclaración. No tiene que ver con la letra de la canción, pero sí un poco sobre la historia de los hermanos Vargas.

PD: Y, sí, como lo leen. Este capítulo tiene alrededor de 7300 palabras xD Me costó horrores hacerlo E_E

¿Reviews? ;w;