Primero que nada les pido mil disculpas por tardarme tanto en subir la conti, y no quiero empezar a dar las razones por las cuales me retrase, por que prefiero olvidar los malos recurdos, o por lo menos tratar.

les reitero mis disculpas,espero que esta conti les agrade, no hay mucho sasuhina, pero les aseguro que en el próximo si

DISCLAMIER:los personajes de naruto no me pertenecen


-Sasuke Uchiha…

Estaba en mi habitación ya era medianoche y aun no había podido dormir, o mejor dicho no podía dejar de pensar en ¨el¨. Solo recordarlo conseguía hacerme sentir una extraña sensación en mi estomago, como si unas mariposas revolotearan él.

Flash back

-Llegamos-fue lo único que dijo .Ninguno había dicho palabra en todo el trayecto, cosa que no me hubiera molestado en cualquier otra situación, pero no podía evitar pensar que el podría estar sospechando, si no lo sabía ya, quien era yo. Me exasperaba que no dijera nada, ni siquiera se dignaba a hablar o preguntar como lo haría cualquier otra persona si estuviera en su lugar. Pero claro él no era cualquiera.

Bajo del auto y me abrió la puerta en un instante.

Quise ser amable y agradecerle por todas las molestias que le había causado, pero al mirarlo, sus penetrantes ojos ónix me atraparon, quede abstraída por ese par de ojos azabaches, tan profundos, que bien valía la pena arriesgarse a perderse en ellos.

-Guau-un conocido ladrido logro devolverme, muy a pesar mío, a la realidad.

-Hasta la próxima-se despidió, ya estaba de vuelta al volante, encendió su auto y arranco.

-¿P-próxima…?

End flash back

¿Habrá sido mi imaginación? o justo antes de irse… sonrio -empecé a pensar en voz alta- seguro fue mi imaginación.

Sería mejor bajar a la cocina a tomar un vaso de leche tibia, oka-san solía decir que era el mejor remedio para la falta de sueño, y siempre me había funcionado. Encendí la lámpara que estaba sobre mi cómoda, al lado del despertador, me levante, me puse las pantuflas y me dirigí a la cocina.

Extrañaba mucho a oka-san, ahora mismo sus consejos me serian de gran ayuda, desde que murió nada fue igual, oto-san se volvió más frio y se refugió en el trabajo, a veces pienso que de no ser yo la principal imagen de su empresa me habría dejado de lado. La empresa de oto-san se dedica a los artículos deportivos, su marca es una de las más reconocidas del mundo y la más prestigiosa de todo Japón.

-Hinata que haces despierta a estas horas-me cuestiono oto-san con el inconfundible tono de seriedad fría de siempre-deberías estar durmiendo, mañana tienes que ir a la escuela.

Era cierto, mañana iría por primera vez a la escuela, a pesar de que yo ya había terminado la secundaria estudiando en casa con tutores particulares, pero oto-san había accedido a mi petición y me inscribió en una escuela normal, con dos condiciones; la primera era que no descuidara mi entrenamiento y la segunda fue que tendría otra identidad, lo cual me pareció lo más adecuado.

-No tenia sueño, por eso iba a la cocina a tomar algo de leche-le explique adoptando la actitud seria que siempre tomaba cuando hablaba con él.

-No te tardes-fue lo último que dijo antes de irse.

Lo observe alejarse por el pasillo hasta que desapareció de mi vista. Yo lo quería mucho, pero sentía un rechazo de su parte, como si un gran abismo nos separase, ahora que lo pienso, oka-san era el puente entre nosotros, entonces éramos una familia feliz, cuando oka-san aun vivía. Todo cambio por el fatídico accidente que se llevo la vida de oka-san y de muchas otras personas, aunque siempre evitaba recordarlo porque era doloroso. No soportaba la idea de que por la culpa de un conductor irresponsable, el ser que mas ame ya no esté conmigo. Oka-san era una ¨artista sobre el hielo¨ como ella misma decía a todos los que se dedicasen al patinaje artístico sobre el hielo, fue ella quien me enseño a patinar y me inculco el amor por este deporte.

Aun conservo los últimos momentos que pase con ella.

Flash back

-Oka-san…no te vayas-le pedí luchando por contener las lagrimas que anegaban mis ojos.

-Tranquila princesa, volveré en unas horas, te prometo que llegare a tiempo para contarte un lindo cuento, se llama la princesa de hielo…estoy segura que te gustara-trato de reconfortarme mientras acariciaba mis mejillas.

La abrace tan fuerte como pude en un vano intento por retenerla, se soltó con delicadeza de mi abrazo y me dio un beso en la frente, luego se alejo hacia el auto en el que estaban otras personas. La mire, los característicos ojos Hyuga, que en ella lucían tan dulces y su largo y lacio cabello negro con destellos azules. Antes de subir se despidió dedicándome una dulce sonrisa.

Me quede ahí con la intención de esperar a oka-san, demo luego vino un criado con la intención de llevarme a la mansión, quise resistirme pero no lo logre, estaba muy cansada y tenía mucho sueño, asique al final el criado termino cargándome y yo durmiendo en sus brazos. Al despertar me di cuenta de que estaba en mi habitación y que ya era de noche, estaba segura de que oka-san ya había vuelto, me puse de pie y me dispuse a salir de mi habitación cuando oí voces afuera, entonces me detuve a escucharlas y pude identificar una, la de oto-san, pero la otra voz no.

-¡¿Que quieres decir con que aun no la encuentran?-le pregunto oto-san muy alterado a la otra persona.

-Hiashi-sama tenga por seguro que agotaremos todas las posibilidades, pero debe prepararse para lo peor…

-Toda la culpa la tiene ese maldito conductor-lo interrumpió oto-san, su voz destilaba tanto odio y frialdad, que me dio miedo-si mi esposa no aparece será el quien pague las consecuencias.

Al oír estas palabras comprendí que oka-san se había perdido y me asuste mucho, antes de darme cuenta mis ojos ya amenazaban con derramar lagrimas.

-No creo que eso sea posible Hiashi-sama, el conductor escapo del hospital…-la otra persona dejo de hablar un momento como si dudara de seguir hablando-ya puse a trabajar a mis hombres en eso y …-se oyó un sonido de celular-disculpe, son ellos, alo…si…ya veo…continúen entonces…sí, yo le daré las noticias… Hiashi-sama ya han encontrado a su esposa… lamento comunicarle que cuando el auto dio las vueltas de campana y arrojo fuera a todos los que iban en el auto…su esposa cayó en un acantilado cercano y…murió…

Oí el sonido de algo romperse, y después silencio, entonces la puerta se abrió, mostrando la imponente figura de oto-san , cuando baje la mirada pude observar que sus nudillos estaban sangrando, como si hubiese golpeado algo duro, lo mire asustada, no entendía nada, solo quería ver a oka-san.

-¿D-donde e-esta o-oka-san o-oto-san? –le pregunte nerviosa.

Oto-san solo me miro, y en su mirada pude descubrir odio, arrepentimiento y dolor, mucho dolor.

-Hinata, tu oka-san murió en un accidente, ya no volverás a verla nunca más-me dijo, note como reprimía las ganas de gritar y llorar, quise abrazarlo, compartir mi dolor con el suyo, decirle que no, que oka-san jamás nos dejaría solos, volvería, que el señor de la voz mentía, y que todo sería como antes, pero apenas hice un amago de acercarme el se alejo y cerró la puerta tras de sí, alejándome de él, dejándome sola.

End flash back

Fue en ese momento, esa acción la que comenzó a distanciarme de oto-san.

Ya se me habían ido las ganas de ir a la cocina, así que volví a mi habitación, después de todo oto-san tenía razón, debía descansar tanto como pudiera, mañana sería un gran día.

Parpadee varias veces para acostumbrarme a la luz que ingresaba a través de la ventana, estire mi brazo para coger el despertador que estaba sobre mi cómoda. Eran las 6 de la mañana, tiempo mas que suficiente para alistarme e ir a la escuela, así que me fui directo al enorme cuarto de baño que tenia dentro de mi habitación, me bañe y al terminar me puse la bata, luego enrolle una toalla en mi cabeza para que mi cabello secara más rápido. Al terminar salí de la ducha y me dirigí a mi armario, donde estaba colgado mi nuevo uniforme, que consistía en una falda tableada azul oscuro, corbata del mismo color, blusa de manga tres cuartos blanca y unas lindas botas negras con hebillas a los lados. Para cuando termine de vestirme y arreglarme el cabello en una cola alta con mi característico cerquillo y los dos rebeldes mechones de cabello que siempre enmarcaban mi rostro, ya era un cuarto para las siete, y si mal no recuerdo la entrada era a las siete y media. La escuela no quedaba muy cerca que digamos, suspire, tendría apresurarme para llegar temprano.

Cogí mis lentillas de repuesto las puse en mi cartera, junto a mi cuaderno de notas y los bolígrafos. Me puse el collar que tenía la inicial de mi nombre, fue el último regalo que me dio oka-san antes de morir. Salí de mi habitación y baje a paso rápido las grandes escaleras.

- Ohayou Hinata-sama- me saludo Shika-san, el ama de llaves- Hiashi-sama ya se fue, antes de irse me dejo encargado que le diera esto.

Me extendió un pequeño paquete, al abrirlo pude ver que contenía un celular, y no cualquiera, este modelo no había salido al mercado aun, pero nada era imposible para el gran Hiashi Hyuga y sus influencias.

-Mmm arigatou… bueno, ya me voy….

-¿No desea desayunar antes?

-Ie, comeré algo después, sayonara-me despedí y salí por la puerta principal.

Una de las cosas que más me gustaban de la mansión eran los extensos jardines, conformados por rosales de rosas rojas, blancas, amarillas, blancas y silvestres, también habían lirios, hortensias, nomeolvides, algunas orquídeas, un par de arboles de Sakura, entre muchas otras.

-Ohayou Hinata-sama-me saludo Hiroto-san, estaba parado sosteniendo la puerta abierta de la limosina con una mano y haciendo una señal con la otra para que entrase.

-Ohayou Hiroto-san-correspondí a su saludo-saldremos por la otra salida ¿cierto?

-Así es Hinata-sama, la dejare unas cuadras antes de la escuela tal y como me lo pidió.

-Arigatou-le agradecí, mientras subía a la limosina, demasiado lujosa para mi gusto.

De entre toda la servidumbre, solo Hiroto-san y Shika-san eran con quienes sentía que me relacionaba mejor. Todos los sirvientes de la mansión y de la empresa de oto-san pertenecen a la familia Hyuga por una simple razón: tradición familiar, ¨un Hyuga no debe arriesgarse en confiar en nadie que no sea un Hyuga¨, esa era la regla por la cual todo Hyuga que se consideraba digno de serlo se regía. Y era el consejo de ancianos, que para mí no era más que un grupo de vejetes, los que se encargaban de imponer el antiquísimo código de conducta establecido en los orígenes del clan familiar.

Hiroto-san condujo hasta la aparente cochera, al estar dentro oprimió un botón que abrió las compuertas que estaban al interior, mostrando así un pasadizo secreto, este era muy útil en situaciones como esta, cuando los incansables reporteros se amontonaban en el portón de entrada en busca de ¨algo¨ acerca de mi para llevar a los tabloides, y con ¨algo¨ me refiero a una foto o grabación comprometedora, por supuesto que yo no estaba dispuesta a darles ninguna gran noticia.

-Aquí paramos, la escuela está a tres cuadras en línea recta-señalo con su mano la dirección que debía seguir, después me dio una tarjeta en la que estaba su nombre y un numero de celular-llámeme cinco minutos antes para venir a recogerla… y suerte.

-Arigatou-le agradecí, y antes de que encendiera la limosina y se marcharse me regalo una sonrisa para infundirme ánimos.

Comencé a caminar, pero me detuve al ver a alguien que no pensé volver a ver, al menos no tan pronto.

Continuara...


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me despido

cuidense mucho