Hola!

aqui venga con un nuevo capi,

algo atrasado pero una hace lo que puede =(

este cap tiene sorpresitas que espero les agrade

y muchisimas gracias por los reviews

DISCLAMIER: Los peronajes de naruto no me pertenecen


CAPITULO 6: Debilidad

-¿Y bien?

-Hinata…sé que mi presencia aquí es inesperada pero quiero que entiendas que es más necesaria aun-intento explicarse mi sensei.

-Fue idea de oto-san ¿no?-adivine.

-Y mía también, Hinata tu seguridad necesita toda la vigilancia posible, no podemos dejarte sin protección, y ya que Hyuga-sama salió de viaje vivirás conmigo-sentencio.

-Pero…

-Pero nada Hinata, ese tema no se discute-me corto tajante.

Di un largo suspiro, cuando se ponía así no había quien le hiciese cambiar de opinión, hace que me centre en otro ¨tema¨.

-¿Y se supone que debo unirme al equipo?-le pregunte dudosa.

-Ayudara a mantener tu condición física mientras estés aquí, además necesitas algo de dinamismo en tus practicas-resalto lo de dinamismo lo suficiente como para llamar mi atención.

-A que te refieres con dinamismo- destaque la mentada palabrita tal y como ella lo había hecho.

-Creo que ambas sabemos cuál es tu único problema en la pista-insinuó como si nada.

-Que mi estilo sea técnicamente perfecto no es un ¨problema¨ sensei-contradije

-Lo es si interfiere con la exteriorización de las emociones que deberías intentar mas transmitir-espeto con dureza.

-…

-Hinata… sé que es difícil para ti hacerlo en especial si está presente Hyuga-sama… pero por mas talentosa que seas no llegaras muy lejos si ni siquiera lo intentas-susurro bajo y suave.

Apreté tan fuerte los puños que mis uñas hirieron mi piel, pero al menos el dolor me hizo reaccionar.

-Hare lo que pueda-prometí con voz apenas audible pero la frialdad en ella se hizo presente.

Mi esbozo una sonrisa triste e iba a decir algo pero la interrumpí a tiempo.

-Iré a casa a preparar las maletas, luego le diré a Hiroto-san que me lleve a tu casa, adiós-dicho esto me di la vuelta y camine directo a la salida, mi sensei no dijo nada. Cuando estuve lo suficientemente lejos de su vista empecé a caminar a paso ligero para luego correr.

Las lágrimas ya habían comenzado a caer cuando llegue a la salida de la escuela.

Trate de limpiármelas como pude, pero no dejaban de caer. Busque el celular que oto-san me había dado y marque el numero de Hiroto-san, dio un par de timbradas antes de que contestara.

-Moshi, moshi-contesto la amable y cálida voz tan conocida.

Respire unas cuantas veces hasta calmarme para sonar normal.

-Hiroto-san necesito que vengas me recojas en el lugar donde me dejaste esta mañana-le dije en voz baja y sosegada.

-Hai, estaré ahí en diez minutos-contesto.

Colgué sin decirle nada más, no creí ser capaz de hablar con el inmenso nudo que sentía crecer cada vez más y más en mi garganta. Trate de secar las rebeldes lágrimas de mi rostro, aun a sabiendas de que era inútil.

Atravesé el portón de la escuela con la cabeza gacha en un intento de ocultar mi rostro bañado en lágrimas.

Camine hasta casi llegar al lugar donde Hiroto-san me recogería, aun me quedaban cerca de 7 u 8 minutos que utilizaría para volver a la normalidad, o algo así.

En eso pensaba cuando sentí un firme jalón en mi brazo derecho, haciendo que me girase y estuviese de espaldas a una pared y frente a una persona.

No cualquier persona.

La única persona a la que no quería ver, mucho menos ahora.

-Sa-Sasuke-susurre bajito y con la voz rota.

El era quien menos deseaba que viese el estado en el que me veía. Eso decía mi cabeza. Pero mi corazón, eso era harina de otro costal.

Lo abrace buscando refugio, que por fortuna él no se negó a darme. Solloce contra su pecho sin que el dijese nada. Consolándome en silencio, permitiéndome desahogarme.

Al cabo de unos segundos, minutos o yo que sé, los sollozos y las lagrimas fueron deteniéndose hasta desaparecer por completo dejando como único vestigio mis ojos rojos y mi rostro húmedo.

Me quede quieta, sin respirar siquiera cuando una de sus manos se deslizo hasta mi mentón, alzándolo, obligándome a mirarle.

Y cuando lo hice vi que estaba muy, muy cerca; su frente rozaba la mia y sus oscuros ojos me miraban intensos, no con pena sino con la más pura preocupación y ternura.

Ninguno dijo nada y es que no hacía falta, ya todo estaba claro, el estaba ahí para mí porque yo lo necesitaba y ahí se quedaría hasta que dejara de hacerlo.

Uso su pulgar para limpiar los rastros de lágrimas en mi rostro, haciéndome estremecer con su suave tacto.

Cerré los ojos durante un segundo largo para asegurarme de que era real y no un sueño.

Era real y estaba más cerca haciendo rozar nuestras narices, un delicioso aleteo se poso en mi estomago, mareándome.

Quede atrapada ante ese par de perlas tan oscuras que no deberían de brillar, pero lo hacían y era un espectáculo tan bello que podría hacerlo durante días, estaba segura.

Sus manos acunaron mi rostro acercándolo más al suyo, permitiéndome sentir su cálido aliento, cerré los ojos de nuevo, solo que por una razón muy diferente a la anterior.

Rozo sus labios con los míos, despacio y con delicadeza.

Saboree un pedacito de cielo por un tiempo demasiado corto.

Oí un auto estacionarse al mismo tiempo que mi celular sonaba, separándome muy a mi pesar de mi cielo.

Y devolviéndome a la realidad, una realidad en la que lo sucedido no tenía cabida.

Me deshice como pude de su agarre y corrí hacia la limosina tan rápido como mis flácidas piernas lo permitieron.

No me siguió, tal vez de la impresión, pero no espere a saberlo y subí de prisa ordenándole a Hiroto-san que arrancase de inmediato, no pregunto nada en todo el trayecto, respeto mi silencio, una de las tantas cosas que apreciaba de él.

-Hiroto-san, dentro de una hora iremos a casa de mi sensei-le informe a penas llegamos a la mansión Hyuga por el pasadizo secreto.

-Hai

-Y…arigatou-le agradecí mientras salía de la limosina

Me regalo una cálida y algo preocupada sonrisa en respuesta.

Me dirigí hacia la mansión y al entrar note la soledad que tan típica se había vuelto en ella. Subí las largas escaleras y atravesé los interminables pasillos, todos despojados de cualquier tipo de adorno que pudieron haber tenido antaño, hasta llegar a mi habitación.

Si. Mi habitación, demasiado grande, demasiado vacía: paredes lilas, alfombras, cama, etc. todo parecía ser de una extraña, me tendí en la cama que no sentía como mía propia a pesar de haber dormido en ella por tantos años. Sola.

Sola. Siempre sola.

No me gustaba estar sola, lo detestaba, me sentía vacía como esta habitación, como si no fuera dueña de mi misma. Porque estaba sola.

Nuevas lágrimas amenazaban con desbordarse de mis ojos, parpadee para evitarlo, trate de calmarme, consiguiéndolo a duras penas.

Me levante y me cambie el uniforme.

Debía preparar mi maleta.


¿que opinan?

¿que les parecio?

¿les gusto un poquitin siquiera?

me encantaria saberlo de verdad

y gracias por leer =)