Capitulo 13: Cada hombre… para sí mismo

Un rayo de Sol se reflejó en el frío rostro metálico, pero a su dueña pareció importarle poco. Simplemente siguió concentrada en aquello que atrapaba su completa atención en esos momentos.

Los entrenamientos matutinos se encontraban en su apogeo a esa hora de la mañana y, como resultado, el Coliseo era un hervidero de gente. Sin importar el rango, casi toda la población se reunía, fuera para observar o para participar. Después de todo, siempre había algo interesante que admirar cuando la Orden de Athena se reunía. Bajo esa premisa, los entrenamientos eran un imperdible.

Para Axelle, sin embargo, las prácticas eran más una obligación que otra cosa. Si algo detestaba del ambiente en el que vivía era la cantidad de chismes que solían ir y venir durante esas pocas horas en que todos compartían. Por ello, solía concentrarse en lo suyo, aislándose del resto.

En esos momentos, sus obligaciones giraban alrededor de aquel par de niñas que le habían sido encargadas unos años antes, con la encomienda de hacerlas merecedoras de una armadura; de convertirlas en amazonas, como era ella misma. Desde ese momento, se había dedicado a hacer de esa misión una realidad y, para su satisfacción, los frutos del duro entrenamiento comenzaban a dejarse entrever. Aún así, había mucho trabajo por delante. Bajar las manos no era un lujo que pudieran darse. Solamente el tiempo y la diosa sabrían cual sería el destino que esas chiquillas tenían en el horizonte.

A unos pocos metros de la amazona de Caelum, en un rincón del Coliseo, Naia y Deltha se enfrentaban entre ellas. Esa era una de esas peleas en las que, más que otra cosa, practicaban sus movimientos, tanto ofensivos como defensivos, contra la persona a la mejor conocían y, que además, sabía todo de ellas. Incluso para Axelle, la relación que había crecido entre sus dos aprendizas, resultaba de lo más inusual en un mundo de competencia como aquel en el que vivían. Pero, con todo, las dos niñas compartían mente y corazón. Se complementaban con perfección.

-¡Naia, cuida tu defensa! -apuntó.- ¡Deltha, no retrocedas!

Las dos chiquillas la escucharon, esforzándose por hacer como les pedía. Entonces, el ritmo de la batalla aumentó cuando ambas se aplicaron en sus respectivas posiciones.

Detrás de la máscara, Axelle sonrió. Lo hacían bien, aunque el cansancio comenzaba a hacer mella en su voluntad. Apenas se notaba, pero Caelum veía los esfuerzos que hacían para recuperar el aliento. Sus movimientos también habían perdido velocidad y su tiempo de reacción había aumentado. Sumado a ello, su cosmos incipiente perdía lentamente su constancia. No tenía mucho sentido alargar el entrenamiento mucho más. Las niñas necesitaban un descanso.

Pensando en lo anterior, la amazona se puso de pie, descendiendo por las gradas, hasta la palestra. Miró de una a otra, mientras posaba sus manos sobre las caderas.

-Suficiente. -habló, ocasionando que ellas se detuvieran de inmediato.- Tomaos un par de minutos de descanso. Lo habéis hecho bien.

Un suspiro escapó de las aprendizas. La tregua llegaba en el momento ideal, aunque era una lástima que fuera imposible escapar del Sol estando en el Coliseo.

-Volveréis a intentarlo más tarde. -Axelle las vio sentarse en la primera fila del graderío. Supo que sus palabras habían causado una mueca de disgusto en ambas y eso, la hizo sonreír con complicidad.- Oh, vamos. No es tan malo. Habéis mejorado mucho en estos últimos días, pero no es momento de aligerar el paso. Si queréis una armadura, tendréis que ganárosla. Nada es gratis aquí.

-Lo sabemos, pero es que… el Sol. -Naia bufó. Se acarició la nuca, sintiendo como el sudor había empapado sus largos cabellos oscuros.

-Vivís en Grecia, ¿qué esperabais?

-¿Un poco de lluvia de vez en cuando? De pronto, los días nublados no son tan malos. -Deltha miró hacia el cielo, donde no había una sola nube que pudiera mitigar el efecto del astro rey.

-Debería daros vergüenza. -Axelle subió una ceja.- ¿Veis a alguien más quejándose?

-Seguro lo hacen. En sus mentes. -la respuesta de Naia robó una risita a la pelipúrpura.- ¿Dices que tendremos que hacer esto todas las mañanas de nuestra vida?

-Siempre podéis renunciar y volveros doncellas. De cualquier forma, una amazona jamás se quejaría de detalles como este. -de pronto, el tono de la castaña se había endurecido. Odiaba cuando ese par despertaba de malas.- Cortad las quejas. Concentraos en recuperar la respiración. Os hará falta para continuar.

-No. -se lamentaron al unísono. Sin embargo, sus quejas sirvieron de nada. Axelle no iba a dejarles saltarse el entrenamiento.

Sin que ninguna de las tres reparara en ellos, un par de ojos las miraba a la distancia. Sentado en la parte media del graderío, Athan de Cáncer supervisaba las acciones de sus subordinados y de todos los demás. Aún cuando su mirada no le delataba, pocas cosas escapaban del conocimiento del cangrejo dorado, y ciertamente, Axelle no era una de ellas.

La verdad era que la amazona de Caelum le provocaba una mezcla de emociones; ninguna de ellas, positiva. Los rumores que circulaban por las doce casas eran claros y le provocaban curiosidad, mientras que el trato y la cercanía que mantenía con el Gran Maestro era algo que el santo pensaba no le correspondía. Ni hablar de las libertades que se tomaba. Le irritaba de sobremanera que una mujer, una amazona plateada, caminara por el Santuario como si aquellos fueran sus dominios. Sobrevaluada. Así era como la definía.

-¿En qué piensas? No me digas que también. -la voz femenina lo hizo voltear hacia la mujer que se sentó a su lado.- Comienzo a pensar que los santos dorados tenéis la horrible costumbre de compartir nada más que sus mujeres.

-Cierra la boca, Serpens. -respondió, sin molestarse en mirarla.

-¿Ofendido?

-No. Pero tampoco tengo la menor intención ni deseos de ser el confesor de tus envidias. -continuó, arrancándole una gesto de rabia a la amazona de cabellos rubios.- ¿No se supone que deberías estar ocupada con tu mocosa?

-Puede sobrevivir unos segundos sin mí. Además, cuando los subordinados están en perfecta disciplina, no hace falta supervisarlos de cerca; y si fallan, que enfrenten las consecuencias. -ante sus palabras, Athan curvó los labios en una sonrisa insípida.- Lo aprendí de mi líder de batallón.

-Justo como la serpiente: rastrera y envolvente. -musitó. Aquella fastidiosa mujer le indigestaba. - ¿Por qué no te largas?

-Eres un imbécil. -escupió, pero el súbito incremento en el cosmos de su superior la obligó a callarse si quería vivir. Con Athan no había juegos.

-No voy a repetírtelo una vez más, Serpens. Cállate. - la ausencia de emociones en su voz, aunque usual, nunca dejaba de impresionarla. Dahlia no era tonta. Conocía los límites que no debía cruzar y estaba en el borde de uno.

Se levantó, de la manera más calmada que pudo. Si bien se sentía terriblemente ansiosa, no estaba dispuesta a poner en entredicho su orgullo, demostrando al santo todo el temor que infundía en ella. Giró la cabeza en dirección contraria a él, dejando que sus cabellos dorados se mecieran con la brisa casi inexistente que soplaba. Después descendió, dejándole solo.

El santo, entonces, chasqueó la lengua. De pronto, se sentía aburrido. Incluso, pensó en la remota posibilidad de que entrenar a su propio pupilo era más interesante que estar ahí. Aquello si que era grave.

Sin embargo, en ese mismo instante, una idea cruzó por su mente. Sonrió. Frente a él, tanto Dahlia como Axelle habían retomado los entrenamientos con sus aprendizas. Quizás…

-Pelea de gatas. -masculló, sintiéndose súbitamente emocionado por la idea.

Después de todo, Athan siempre había sido de la filosofía que, si quería que algo interesante sucediera, tenía que generarlo él mismo. Dispuesto a encontrar algún tipo de entretenimiento, se puso de pie. Se estiró, soltando un bostezo nada disimulado y comenzó el camino hacia la amazona de Caelum.

A diferencia del resto de la Élite Dorada, Athan no era alguien que gustara de andar por ahí, enfundado en su armadura. Para empezar, sentía que se ahogaba dentro de ella en el maldito calor infernal de Grecia. Después, estaba el hecho de que encontraba fascinante hacer enojar a Arles. El viejo santo de Altair y sus complejos de superioridad le asqueaban. Podría ser la mano derecha de Shion, pero eso no significaba que pudiera manejar a la Orden de Oro a su gusto. Así que, cada vez que podía, se paseaba delante de él sin armadura, rompiendo el protocolo establecido y sacándole un disgusto.

Se detuvo justo en el momento en que el rostro plateado de Axelle le miró, por encima de su hombro. Tenía su atención.

-Caelum. -la llamó, mientras descendía y sus pies pisaban la arena de peleas.

-Cáncer. -respondió, para luego retirar su mirada de él.

El tono despectivo y cortante de la amazona no le pasó desapercibido, pero tampoco le irritó, sino lo contrario. De hecho, el que la castaña se encontrara indispuesta a entablar conversación y deseosa de mandarlo al demonio, solo le agregaba emoción a su plan.

Se aclaró la garganta y volvió a sentarse. Su mirada se clavó en la mujer, siguiendo minuciosamente cada movimiento, en espera de que alguna oportunidad de confrontarla se presentara. Para ello, insistiría e insistiría. Total, al final de cuentas, terminaría consiguiendo algo. Eso era seguro.

Pero, del otro lado, la paciencia de Axelle competía justamente con la del alemán. Usualmente, cuando Athan rondaba por los alrededores, no significaba nada bueno. Demás estaba pensar en el hecho de que las provocaciones llegarían en algún momento. Conociendo al santo, se las ingeniaría para conseguir lo que sea que deseaba de ella. Claro que no estaba dispuesta a permitírselo. En lo que respectaba a la amazona, Cáncer podía mirar tanto como quisiera.

-Vamos, vamos. Dejad de haraganear. Habéis tenido suficiente descanso. -urgió a sus aprendizas a apresurarse.- Si no queréis perderos el almuerzo, más vale que os apresuréis.

Arrastrando los pies, las dos niñas volvieron a poner manos a la obra. Naia se paró a la derecha, mientras Deltha tomaba exactamente la misma posición de combate, enfrente de ella. Se movieron al unísono, como si la una fuera un reflejo perfecto de la otra.

Naia fue la primera en atacar. Se lanzó contra la pelipúrpura, quien contuvo el golpe levantando sus antebrazos a la altura del rostro. Retrocedió un par de pasos, soportando un par de ataques más que pasaron sin consecuencias. Al tercer golpe, la aprendiza de Apus consiguió girarse, ocasionando que Naia errara. Entonces, desde detrás, intentó tomar la posición ofensiva. Lanzó una patada que la morena esquivó dejándose caer al piso. Rodó por el suelo y se levantó un poco más allá, desde donde respondió la patada con una igual. Deltha de tiró para atrás, creándose distancia y deteniendo un momento el intercambio de golpes.

De nuevo, cada quien en lado contrario a la otra, se tomaron un respiro.

-No os detengáis. En una batalla real no hay tiempo para descansar.

Protegida por su máscara, Naia giró los ojos. Deltha se mordió los labios. Ambas maldijeron en silencio y continuaron, a pesar de que sus cuerpos exigían parar.

Mientras las korees retomaban su pelea, la sonrisa de Athan se ensanchó.

-Que exigente. -soltó el comentario, lo suficiente alto como para que llegara a oídos de la amazona. Ésta pensó en no responder, sin embargo, lo hizo.

-Es parte de mis obligaciones. Si no entrenan como debe ser, nunca conseguirán sus armaduras.

-Una de esas armaduras es la tuya. Siempre puedes cederla. -espetó, sin ocultar la malicia en su comentario.

-¿Eso piensas hacer con la tuya y tu aprendiz? Es una lástima. El niño debería tener el derecho de deshacerse de ti. -para cuando reparó en sus palabras, era tarde. Negó suavemente con la cabeza, sintiéndose estúpida.

-Nah. No pienso facilitarle nada. Si el bastardo quiere matarme algún día, primero tendrá que sufrir para merecer vestir a Cáncer. -Axelle frunció el ceño. No dudaba de que el alemán se esforzaría porque sus palabras fueran verdad. El pobre chico no lo tendría nada fácil con un maestro como ese.- Oye, mujer, no me mires así. -le dijo, a sabiendas de cual era la expresión que se plasmaba en aquel rostro desconocido.- Es parte de mis obligaciones. -repitió sus palabras.

La francesa torció la boca, incrédula de la forma en que el santo de Cáncer era capaz de trasformar sus palabras y escupírselas en cara. Pero no volvería a caer en su juego. Esta vez se mantendría callada.

El santo, en una reacción muy diferente a la de ella, también guardó silencio. No así, su mente jamás dejó de trabajar.

- ¿Siempre eres tan agria, Caelum? -Athan sonrió al verla voltear el rostro ligeramente.- Vamos, vamos. No te enfades. Es solo una pregunta inocente.

- Sí, siempre soy así de… agria.

- Uh, una mujer directa. Me agrada.

- Ambos sabemos que no es verdad. -Axelle se ajustó la coleta.- Pero no voy a entrar en polémicas contigo.

- Siempre creí que eras una mujer más entretenida. Todo el mundo cree que eres una amazona de lo más interesante. -se jactó. Sus ojos cayeron en su subordinada, unos pocos metros más allá. - Tus chicas se mueven bien. Claro que, es lógico, conociéndose como seguramente lo hacen. Me pregunto si serán igual de buenas peleando con alguien a quien no conocen. -por fin, dijo.- ¿Qué tal un poco de competencia entre… compañeras? -preguntó, una vez más, señalando con un movimiento de cabeza a la amazona de Serpens.

Las niñas, que seguían peleando, prestaron atención a sus palabras, pero no se detuvieron. Momentáneamente, el ritmo de su pelea aminoró, cuando de reojo, las dos miraron en dirección de su maestra, esperando la respuesta que daría al santo.

-Mis aprendices no son un espectáculo para entretenerte, Cáncer. -respondió, sin alterar el tono firme de su voz.- Si lo que deseas es una pelea, búscala en otro lado, que aquí no la encontrarás.

-Agria y aburrida. ¿No será que en realidad tienes miedo? -espetó. Las palabras del santo sacaron una sonrisa torcida a la castaña.

-¿Miedo? -negó suavemente con la cabeza.- No sabes de que hablas, Athan.

-Entonces, explícame.

-En otra ocasión, estoy ocupada. -dio por terminada la conversación.

Athan alzó las cejas. Definitivamente esa no era la forma en que las cosas debían haber terminado. ¿Dónde demonios estaba el maldito de Zarek cuando se le necesitaba? Si él estuviera ahí, con seguridad terminaría sacando de sus casillas a Caelum.

-Dos aprendizas es mucho trabajo. Comprendería si no estuvieran a la altura, como se espera. -siguió presionando. Se paró, todavía mas cerca de la amazona, cruzando los brazos sobre el pecho.- No hay de que avergonzarse.

-De miedo, pasamos a vergüenza. -Axelle giró los ojos.

-¿Estoy en lo cierto?

-Una vez más, no.

El santo de Cáncer, soltó una carcajada desparpajada. Aunque las intenciones no eran oscuras, esa risa no dejaba de sonar especialmente maquiavélica.

-Vale, vale, Athan. Déjala. -la repentina intromisión de la amazona de Serpens, hizo a Axelle voltear. La de Caelum la miró, sólo para ignorarla después de reparar en su identidad.- Si no quiere, no le presiones.

-Que conmovedor. -musitó, la castaña para sí. Tanto interés de pronto, le resultaba agobiante. Suspiró rebuscando por temple. De pronto, le parecía que la mañana había sido especialmente larga.- Niñas, nos vamos. -se dirigió a sus pupilas.

Las niñas se detuvieron en un segundo, no sin sentirse ligeramente inquietas por la reacción de su maestra. Usualmente los entrenamientos con Axelle eran una rutina completa que no se interrumpía por ninguna razón. No así ese día.

Sin embargo, y a pesar de la confusión, ninguna de las dos objetó nada y obedecieron en silencio las instrucciones dadas por su maestra. Dejaron el combate, secándose con el antebrazo los hilos de sudor que corrían por sus cuellos, para después caminar junto a la amazona, hacia la salida del Coliseo. En un par de ocasiones, aún si fuera de manera accidental, voltearon hacia los dos que dejaban detrás. A ambos los habían visto alguna vez con anterioridad, pero la reacción que habían causado en Axelle era algo que desconocían.

-No era necesario que huyeras, Caelum. -la castaña se detuvo tras las palabras de la otra amazona.- Solo era una idea, nada más. Te aseguro que, por mucho que me hubiera encantando demostrarte que no eres la mitad de especial de lo que crees, no iba a hacer nada si tu no accedías.

Quizás Axelle pecaba de arrogante, pero las palabras de Serpens no tuvieron otro efecto más que sacarle una sonrisa cínica. El hecho de que la acusación de sentirse superior al resto proviniera de Dahlia resultaba... divertido. Probablemente la hubiera aceptado de cualquier otra persona, pero en los labios de la rubia, semejante palabrería resultaba una completa farsa; casi tan desvergonzada como el supuesto interés que de pronto demostraba en ella.

-Serpens, Serpens, Serpens… -habló, dejando entrever sus emociones.- No tienes la menor idea de lo que estás hablando.

-X-

El chico se detuvo cerca de la entrada del Coliseo. Se dobló sobre sí mismo, apoyando las manos en sus rodillas y boqueó por aire. Su pícara mirada cerúlea se levantó, en busca de la de su amigo. Cuando lo encontró, ensanchó una sonrisa de triunfo que terminó por irritar al peliazul. Una gota de sudor le entró en el ojo, obligándolo a cerrarle, pero sin borrar esa expresión repleta de satisfacción de su rostro.

-Te gané. -masculló, entre risas.

-Has hecho trampa. -Saga suspiró, en un intento de recuperar el aliento.- ¡Para cuando diste el aviso de salida ya habías comenzado a correr!

Al escuchar las quejas de su amigo y observar el mohín de frustración, Aioros no soportó más y dejó escapar una carcajada. Había algo terriblemente satisfactorio en enojar a Saga con pequeñeces. El chico era un verdadero competidor y perder no estaba en su vocabulario. Al verlo divertirse a costa suya, Saga entrecerró los ojos.

-Oye, no me mires así. Si querías ganarme, debiste correr más rápido.

-Idiota. –Saga se incorporó. Secó el sudor de su frente con el brazo y entró al Coliseo sin más rodeos.

Cuando pasó cerca del arquero, se aseguró de revolverle el cabello lo más fuerte que pudo. Al pillarlo por sorpresa y escuchar las quejas del arquero, esbozó una sutil sonrisa de complicidad. De inmediato se sintió extrañado de su propia reacción; hacía días desde la última vez que sonriese de manera espontánea.

-Eso dolió. -Aioros se rascó la cabeza. Sin embargo, a pesar del escozor, no pudo sino sentirse bien por la media sonrisa en los labios de Saga.

-¿Cuál es el plan, genio?

-Ni idea. -el castaño rió.- Supongo que es mejor estar aquí afuera que encerrado en Géminis, ¿no? Además, cuentas con el placer de mi grata compañía. -agregó, apresurando el paso para darle alcance a su amigo. Al oírlo, Saga lo miró de soslayo. Negó suavemente con la cabeza.- ¡Eh! Malagradecido.

Una vez más, el gesto de fingida indignación de Aioros lo hizo sonreír interiormente. Definitivamente tenía que darle crédito por intentar, sin descanso alguno, mejorar el humor que se cargaba en esos días. Las cosas con Shion, Kanon y Naia no iban nada bien, por lo que nada resultaba fácil para Saga. Su única salida había sido recluirse en sí mismo. Comenzaba a perfeccionar el arte de ignorar al mundo y, a su pesar, incluso le resultaba reconfortante.

-Sigo sin entender por qué, de todos los lugares del Santuario, teníamos que venir justamente aquí. -dijo. Metió las manos en los bolsillos del pantalón y miró en todas direcciones, con esa mirada indiferente a la que Aioros se iba acostumbrando poco a poco.

-Se me ocurrió. -el castaño se encogió de hombros.

-¿No será que… -Saga sonrió. Su rostro se tiñó de una mezcla de complicidad e ironía.- …estás buscando a tu admiradora? -Aioros se respingó.

-¡No sé de que hablas! -giró la cabeza en dirección contraria a su amigo.

-Ahora resulta que no sabes de que hablo. -el gemelo rodó los ojos, pero el joven arquero fingió no prestarle atención.- Eres pésimo para mentir. Admítelo. Te gusta que Deltha te preste atención.

Entonce, Saga sintió un golpe en la nuca. Aioros y su cara de fastidio habían sido los culpables. No había sido lo suficientemente fuerte como para lastimarlo, pero si para sacudirle las ideas.

-Cállate.

-¡Ajá! ¡Sabía que tenía razón!

-¡Saga!

-Vale, como quieras, pero eso no significa que te esté dando la razón. -el geminiano sonrió, una última vez.

Aioros musitó algo inaudible, sin quitar su mirada de Saga. Al parecer el molestarse entre ellos traía consigo una diversión implícita para ambas partes. Si así iba a ser, estaba dispuesto a seguir el juego y reírse un rato más. Sin embargo, cuando estaba a punto de contraatacar, se encontró con el semblante serio del gemelo. Siguió la ruta que trazaba su mirada esmeralda y descubrió la razón detrás de aquel súbito cambio de humor: Naiara.

-¿Qué te parece? Las encontramos. -Aioros comentó, sin saber exactamente a que atenerse. Deltha y él habían comentado en alguna ocasión que esa tirante relación entre aquel par debía de terminar. Quizás ese era buen momento para que eso sucediese.

Lo que Aioros no esperaba era que Saga se diera la vuelta y amenazarla con regresar sobre sus pasos. La reacción del peliazul le sobresaltó, pero rápidamente se interpuso en su camino, obstruyéndole el paso. No iba a dejarlo escapar.

-No quiero estar aquí.

-Anda, haz un intento.

-Aioros… -pero no pudo terminar de hablar.

Cayó en cuenta de que la mirada de Aioros, que unos momentos antes estaba completamente fija en él, se había centrado en algo mucho más interesante que sucedía a sus espaldas. Su primera reacción fue la de aprovechar el descuido e irse. Sin embargo, la curiosidad pudo más y volteó, para encontrarse con lo que el castaño observaba con detenimiento.

-¿Ese es Athan? -cuestionó el de Géminis, aunque sabía la respuesta.

-¿Qué hace con Axelle?

-Discuten. -Aioros miró con fastidio a su amigo.

-¡Eso ya lo sé! Me refiero a porqué están discutiendo. -se quejó. Saga le devolvió la misma mirada que le diese un poco antes.

-No lo sé; y, la próxima vez, haz las preguntas correctas, Aioros. -se cruzó de brazos, sin dejar de observar a la amazona y al santo.

Aioros torció la boca, pero no replicó nada más.

Al mismo tiempo, siendo ellos ajenos a que eran observados, la amazona de Caelum reparó en su presencia. Los miró sutilmente, por encima de su hombro. Solo un vistazo, para devolver su atención hacia Athan y su subordinada. En silencio, deseó que el maestro del gemelo no se encontrara por ahí. Una cosa era lidiar con el santo de Cáncer, y otra muy distinta, era hacerlo con Zarek de Géminis.

De pronto, las niñas también se encontraron con las figuras de los aprendices de la tercera y novena casa. Ninguna de las dos actuó de manera intempestiva, sino que se limitaron a observarlos por una fracción de segundo. Después, esperaron instrucciones de su maestra.

-Chicas… -Axelle se dirigió a las niñas.- ¿Por qué no tomáis un poco de tiempo libre? -sutilmente, les indicó que se fueran al encuentro de los recién llegados.

-Pero…

-Naia, obedece. -la máscara de la mayor se fijó en la suya y la pequeña aprendiza no pudo sino asentir. La situación era por demás indeseada para las dos. Ni Axelle estaba completamente segura de lo que hacía, ni la niña deseaba acatar las órdenes de su maestra.

Para la amazona, aquella relación con los chicos no era exactamente bien vista. No quería pecar de desconfiada, ni de darle demasiado peso a esa amistad; sin embargo, mientras más superficial fuera el trato entre ellos y sus alumnas, mejor. Pero en ese momento le urgía más sacarlas de ahí, y si para eso tenía que enviarlas con ellos, que así fuera.

Por su parte, la de Naia no era una cuestión menos complicada. Había transcurrido un tiempo desde el incidente entre su hermano y Saga, pero para la koree no era suficiente para olvidar. Apenas habían intercambiado palabras, por lo general durante las clases del Gran Maestro. Fuera de ello, el contacto había sido mínimo. Lo que era más, Saga parecía haber adoptado su misma postura, manteniéndose aislado no solo de ella, sino también de Shion y Kanon, dejando como único confidente a Aioros. En el entretanto, Naiara había terminado imitando la conducta del chico de Géminis.

-Naia, vamos. -sintió la mano de Deltha quien la jalaba hacia la salida. La morena retuvo la respiración por un segundo, mientras su mirada se clavaba inevitablemente en el par de niños. Soltó el aliento con un resoplido.

-Vamos.- aceptó, resignada.

-X-

Aioros miró por encima de las siluetas de las dos niñas que se aproximaba y, sin entender nada, devolvió su mirada celeste a ellas. Las saludó con una sonrisa, pero solamente recibió un bufido parte de Naiara, mientras Deltha, quien venía atrás, se encogió de hombros. Los ojos de la pelipúrpura y el castaño siguieron los movimientos de Naia hasta el eventual encuentro con Saga que, una vez más, resultó un fracaso. El geminiano evitó todo contacto visual con la koree. Ella, en respuesta, pasó a su lado sin dignarse a verlo… o al menos, ocultó perfectamente la mirada de soslayo que le dirigió a través de la máscara.

-¿Qué ha sucedido? -Aioros, comprendiendo que de ese par no saldría una sola palabra, se decidió a romper la momentánea tensión.

-Ni idea. Athan y Axelle discutían, y después… nos dijo que nos marcháramos.

-Athan la estaba molestando. -agregó la morena.

-Bueno, Athan es… -Aioros suspiró. Subió una ceja mientras buscaba las palabras adecuadas y retomaba el camino con un rumbo que él mismo desconocía.- Athan. -aceptó, exhalando.

Deltha no tardó en seguirle, prácticamente arrastrando a Naia con ella. La niña se mantenía cruzada de brazos y, cada vez que su amiga la jalaba, se soltaba con movimiento brusco. El rostro de metal miraba al frente, pero los ojos violeta que se ocultaba detrás observaban insistentemente a Saga.

Lo vio suspirar profundamente, mientras que su mirada de esmeraldas se paseaba por todos lados, como si quisiera estar en cualquier otro lugar, menos aquel. Era obvio que aún se sentía tan molesto como ella y que las cosas no mejorarían pronto.

-¿Dónde esta Kanon? -cuestionó, con toda la intención de molestar al otro gemelo. Los ojos de Saga se desviaron, una fracción de segundo, hacia ella. Después, con un mohín de disgusto volvieron a ignorarla.

-Se quedó. -le respondió el joven arquero.

-No me sorprende. No hacéis más que ignorarlo últimamente.

Saga abrió los labios para replicar, pero de inmediato se contuvo. Se sopló los flecos, pensando que había sido una idea terrible el haber seguido al arquero. Probablemente, ese era el momento para irse de ahí.

-No te atrevas.

-¿Qué? -respondió a aquella voz que habló directamente a su cabeza.

-No te atrevas a dejarme solo. -repitió Aioros.

-Obviamente no estarás solo.

-¡Saga!

-¡No quiero quedarme! -replicó.- Y creo que tampoco quieren que me quede.

-Yo quiero que te quedes, así que hazlo.

-Pero…

-¡Saga! -Saga torció la boca. ¿Desde cuando le hacía la caso al arquero?

Bufó y ese gesto no pasó desapercibido para las niñas. Deltha volteó a verlo, sin ningún reparo. No así, Naia evitó demostrar interés alguno en él.

-¿Pasa algo? - la pelipúrpura miró de Saga a Aioros.

-Nada. -los ojos del arquero se clavaron en Saga, quien arrugó el entrecejo al sentir su insistente mirada.- ¿A dónde vamos?

-¿Qué? -el hecho de que el gemelo se decidiera a pronunciar palabra alguna, les tomó por sorpresa. A pesar de ello, Saga ignoró las miradas que se centraron en su persona.- ¡¿Qué a donde vamos? ¡Se supone que vamos siguiéndote a ti! -ante la reclamación, Aioros soltó una risita nerviosa.

-Si, bueno… ¿la playa está bien?

Hubo un largo silencio en que nadie respondió. Al final, Saga dejó caer los hombros mientras soltaba un suspiro.

-Da lo mismo, Aioros.

El chico castaño le miró de soslayo. Para sí mismo se guardó una sonrisa. Al menos Saga no había decido abandonarlo. Eso ya era considerado ganancia.

Detrás, escuchó la risa cómplice de Deltha y las manos de la chiquilla que se posaron con travesura sobre sus hombros para hacerle apurar el paso. Aioros compartió la risa, sólo para seguir caminando hacia la playa que se escondía más allá de los campos de entrenamiento. Naia y Saga les siguieron en silencio, mirando hacia lados opuestos y completamente en desacuerdo con el par de entusiastas. A pesar de ello, ahí iban, como si no tuvieran más opción que esa.

-X-

Kanon se encaramó en una formación que sobresalía por encima del terreno llano. Llevaba un rato siguiendo a Aioros y Saga. Sin embargo, de alguna forma también se las había ingeniado para perderlos de vista. Nunca iba a admitirlo, ni siquiera a él mismo, pero algo en la relación de su hermano con el arquero terminaba por dejarle un sabor amargo en los labios.

Después de todo, se sentía ligeramente desplazado. Saga era su hermano, su gemelo. Aioros tenía en el pequeño Aioria a su propio hermano, ¿por qué no conformarse con eso?

Como fuera, también lo habían hecho a un lado. Habían tenido el descaro de largarse sin molestarse en preguntarle si deseaba ir con ellos o no. En otras palabras: le habían dejado atrás. ¡Increíble! ¿Hasta donde más iba a llegar esa riña con su hermano?

Oteó el horizonte, buscando las figuras de aquel par, pero su sorpresa fue grande al distinguirlos acompañándose de las dos niñas. Aquello terminó de enojarlo. Ahora, resultaba que Saga incluso se había reconciliado con Naiara antes que con él. Estaba indignado. Todo ese lío comenzaba a ir demasiado lejos. Lo que el peliazul no terminaba de entender era que, toda esa súbita rabia, en realidad escondía un dejo de tristeza en su interior. Pero reconocer tal cuestión no era algo propio de él. Resopló, y después torció la boca.

Estuvo tentando a dejarlos ir, pero cambió de opinión. No supo porqué ni para qué, pero decidió ir detrás de ellos una vez más.

-X-

Saga se dejó caer sobre la arena con pesadez y por un momento, maldijo el hecho de que no hubiera una sola sombra en aquella pequeña cala. ¡Ni siquiera la brisa parecía dispuesta a refrescar el día! Levantó la mirada cuando escuchó las risas de Aioros y Deltha entremezcladas con el apacible romper de las olas, y centró en ellos su atención, esforzándose por ignorar a la koree que permanecía totalmente quieta a unos pasos de él.

-¿Segura?

Muy segura! ¡Te prometo que los entrenamientos con el Señor Hierbitas han funcionado! –El gemelo alzó una ceja con curiosidad cuando escuchó la voz de la Deltha. No tenía la menor idea de que estaba hablando la niña, pero viendo el panorama que lo rodeaba, aquella conversación se le antojó terriblemente fascinante.

-Es que no termino de comprender como es posible que encuentres utilidad a esa… -La koree se cruzó de brazos y Aioros disimuló su sonrisa lo mejor que pudo.-…cosa.

-¡Oye! Es un buen compañero de entrenamiento: no habla mucho, no se queja… -se encogió de hombros, mientras tras su máscara, adoptaba una expresión traviesa.- ¡Y no devuelve los golpes! –En aquel instante, Aioros estalló en carcajadas y tomándola por sorpresa, la tomó de las manos. La koree entreabrió los labios, sorprendida.

-En realidad me sorprende que sigan de una pieza… -murmuró el aprendiz de Sagitario mientras escudriñaba hasta el último rasguño en aquellas manos femeninas.- ¡A saber qué tipo de cosas han podido tocar a tu amigo Hierbas! –Tras el rostro de plata, Deltha dibujó un mohín de disgusto, e inmediatamente después, retiró las manos.- O qué tipo de seres con diminutas patitas viven dentro de él… claro. -Un escalofrío recorrió la espalda de la koree al imaginar lo que decía el chico.

-¿Tenías que hacerme pensar en eso? –Aioros llevó las manos a sus caderas y sonrió orgulloso.- ¡Fue desagradable! –exclamó la chiquilla golpeando con su dedo índice en el pecho del castaño.

-¿Me demuestras lo que aprendiste o qué?

Afortunadamente, Aioros nunca vio el cambio en la expresión de la pelipurpura. El disgusto fue sustituido rápidamente por una expresión mucho más picara, y antes de que tuviera tiempo a reaccionar, la chica sujetó con fuerza su antebrazo y con una agilidad que logró sorprenderlo, colocó su tobillo tras el suyo, haciéndolo trastabillar. Sin embargo, no fue suficiente para derribarlo, pues aunque Aioros se había visto sorprendido con la guardia baja, ya había sufrido varios ataques similares a aquel muchas veces antes.

-¡Eso fue trampa! –exclamó él entre risas mientras forcejeaba con la chica por ver quién derribaba antes a quien.

-Hay que conocer las debilidades de uno mismo… –respondió Deltha con cierto esfuerzo y sin ceder en su empeño.- …para poder tener una oportunidad frente a un adversario superior.

Mientras tanto, Saga no había dejado de observarlos un solo segundo. Sin darse cuenta, había inclinado sutilmente el rostro a un lado y entreabierto los labios, totalmente estupefacto ante lo que veía. Aioros y Deltha se habían ido alejando un poco, así que ahora, escuchar su conversación se dificultaba considerablemente. ¡Y sentía curiosidad! Por no mencionar que Aioros lo había dejado ahí solo, olvidándose de él. ¡Con Naiara cerca! Solamente por eso, sería sometido a un interrogatorio del tercer grado cuando volvieran de camino a las Doce Casas.

Sin embargo, en aquel momento, Deltha y el arquero rodaron por la arena, interrumpiendo sus pensamientos y sacándole una sonrisa que no se molestó en ocultar. Después de todo, nadie le estaba prestando atención en aquel momento. ¡¿Quién hubiera pensado que ser la sombra de Aioros resultaría tan interesante?

Un sonido, similar a un gruñido, amortiguado por una máscara de plata lo alertó. Apenas miró un par de segundos en aquella dirección, pero fue lo suficiente para ver como Naia se levantaba del suelo de un salto, y se quitaba con rabia los granos de arena adheridos a su ropa.

-Me marcho con Axelle. –masculló. Por primera vez, Saga la miró directamente, sorprendido de que se hubiera animado a dirigirle un par de palabras. No tenía muy claro si ella esperaba una contestación o no, así que guardó silencio.- Díselo a Deltha cuando termine de jugar.

La observó alejarse un par de metros, con los puños apretados; era difícil que el disgusto que sentía pasase desapercibido. Finalmente se atrevió a hablarla.

-Creí que Axelle os había sacado del Coliseo. –La chica se detuvo, pero no volteó a verlo.

-¿Y eso qué? ¿Te importa? –La hostilidad le resultó más que evidente al peliazul, que frunció el ceño.

-No mucho. –respondió del mismo modo, y Naiara se giró a verlo.- Pero con Athan allí deberías pensarte dos veces pasar por alto su orden… -ni siquiera sabía porque se preocupaba en advertirla.

-Quizá ya se haya ido.

-No lo ha hecho. –Se encogió de hombros. Sentía su cosmos perfectamente claro, como si el santo de Cáncer estuviera a su lado.- Está allí.

-Y eso lo sabes, ¿por qué…? –La morena se cruzó de brazos. Saga se sopló el flequillo.

-Quizá deberías dejarte de tonterías y aprender a usar tu cosmos. –El peliazul podía asegurar que tras su reflejo en aquellos ojos de plata, una mueca de furia adornaba el rostro de la koree.- ¡Es bastante útil! –La chica permaneció en completo silencio durante unos largos segundos, con la vista clavada en él.

-Presumido. –farfulló entre dientes.

-Di lo que quieras, pero tengo razón.

-Para ser tan listo eres un reverendo idiota. –Saga entrecerró los ojos apenas perceptiblemente. De pronto se le habían pasado las ganas de "hablar" con ella.- ¿No se supone que alguien tan bueno como tú no debería rebajarse a pelear con el resto de los mortales insignificantes? –El peliazul apretó los dientes. Sabía de sobra a donde se dirigían aquellos reproches.- ¡¿No tienes nada que decir? -El geminiano tragó saliva, sin dejar de mirarla. Sabía que ella estaba en su derecho.- ¡Podías haberle matado! ¡Podías haberlo hecho! –"Pero no lo hice" pensó el gemelo.

-¿Por qué no me lo dijiste? –Su voz sonó sorprendentemente suave dada la situación.

-¿Decirte el que?

-Que Nikos es tu hermano.

-¿Importaba? –dijo después de unos segundos de silencio.

-Sí, a mí me importa. –Naia lo miró fijamente, y esta vez no supo que contestar.- Siento haberte asustado, pero…

Saga se encogió de hombros y se sentó en la arena nuevamente, llevando la vista al frente. No le pasó desapercibido el hecho de que el alboroto que Deltha y Aioros estaban organizando minutos atrás había disminuido considerablemente. Ambos eran pésimos disimulando el interés que provocaba aquella escena que le habían forzado a protagonizar.

-¿Tan terrible es? –Al ver el gesto de confusión en el rostro del chico, la koree aclaró la pregunta mientras se acercaba a él.- Nikos.

-No lo entenderías. –Internamente sabía que la respuesta a aquella pregunta era afirmativa, pero no estaba seguro de que ella pudiera encajarlo.- Es… complicado.

-Pues explícamelo. ¡Todo el mundo habla pero nadie dice nada! –Saga se sorprendió del repentino cambio de actitud en ella, cuando la vio sentarse frente a él.

-¿Qué dice él? –preguntó tras pensárselo un momento.

-Nada. –Se encogió de hombros.- Solo frunce el ceño y cambia de tema. –El peliazul continuaba mirando al mar, ignorándola por completo a pesar de tenerla enfrente.- Pero Deltha me contó ciertas cosas…

-Sabes de sobra que los Santos Dorados, a pesar de toda la admiración que despiertan y todas esas cosas, nunca han sido demasiado cercanos o se han llevado bien con el resto. Al menos en la mayor parte de los casos es así. No me digas por qué. Es como si todo lo referente a las Doce Casas… –se encogió de hombros y negó con el rostro.- …como si nosotros fuéramos bichos raros. –Ella guardó silencio, mientras lo escuchaba con atención.- Ni siquiera tuve la oportunidad de preguntarle a Nikos o Keitaro por qué nos odian tanto, simplemente se esforzaron por dejarlo claro.

-Así que es verdad. –respondió ella con pesar. Finalmente la miró.

-Seguramente contigo sea el mejor tipo del mundo, un hermano genial. No lo dudo. Pero… -volvió a encogerse de hombros una vez más.- No es así con nosotros, nunca lo ha sido y nunca lo será. –se sopló el flequillo.- De todos modos, no tienes de que preocuparte. En lo que a mí respecta, no pienso cruzar mi camino con él excepto si no queda más remedio.

-Lo siento. –murmuró ella, tomándolo por sorpresa.- Siento haberte dicho todas esas cosas, pero estaba asustada y no pensé que tú…

-No te preocupes. –en realidad no la entendía demasiado bien. ¿Si sabía que Nikos no era lo que aparentaba con todo el mundo, por qué había seguido molesta? ¿Por qué había conseguido hacerlo sentir miserable?

-No pensé que la diferencia fuera tan grande… -Saga supo que se refería a aquella diferencia de poder que nunca antes había mostrado.- Y la verdad, me costaba creer todo lo que Deltha me decía.

-No creo que Aioros le contase todo de todas maneras. -Naia se sorprendió por el comentario, nunca le había mencionado quien le había dado la información a su amiga. Él se percató rápidamente y sonrió sutilmente.- No te sorprendas. ¡Míralos! –La morena volteó el rostro en la dirección que Saga señaló, y en aquel instante, Aioros y Deltha desviaron la mirada, disimulando su evidente interés lo mejor posible. Naiara volteó los ojos.- ¿Quién si no se lo hubiera dicho? Además… -Debía admitir, que aquello le estaba resultando terriblemente difícil después de todo.- Yo también te debo una disculpa. –La koree alzó el rostro ante aquellas palabras tan inesperadas, pero a la vez ansiadas.- Aquel día estaba… frustrado. Y cuando vi a Nikos observando todo lo que pasaba con Ángelo me recordó muchas otras cosas que habían pasado. De todos modos, no debí reaccionar de aquella manera ni llevarlo tan lejos. Lo siento.

Saga terminó de hablar en apenas un murmullo, pero para ella, fue suficiente. Tras su máscara, esbozó la primera sonrisa de verdad en días. Sabía de sobra que pronunciar aquellas dos palabras le había resultado más que difícil, porque después de todo, ambos se parecían en muchas cosas y aquella era una de ellas. Por eso precisamente se sentía tan bien. Y hubiera deseado agradecérselo, no solamente por aquella disculpa, sino porque aunque comprendía que Saga tenía muchos motivos por los que soportar a Nikos le resultaba prácticamente imposible… se había detenido en el último momento: por ella. Entreabrió los labios dispuesta a dejar que su agradecimiento tomará forma con una palabra que seguramente sonaría torpe y quizá cursi.

Sin embargo, en aquel instante, la silueta de Kanon poco más allá captó su atención por completo. La sorpresa era más que evidente en su rostro oculto, y casi instantáneamente se giró a ver a Saga. El mayor de los hermanos, sorprendido por la súbita reacción, volteó en la dirección que segundos antes miraran aquellos ojos violetas. Entendió el por qué de su sorpresa y sin darse apenas cuenta, tragó saliva volviendo la vista al frente.

Los ojos verdes de Kanon miraron fugazmente a la chiquilla y después se posaron en Saga. Inconscientemente, su rostro adoptó exactamente la misma expresión que lucía su hermano. Se sopló el flequillo y tomando a ambos por sorpresa, se sentó en la arena, junto al mayor. Un incómodo silencio se interpuso entre los tres y a lo lejos, incluso Aioros se tensó ante la incertidumbre del momento.

-¿Por qué no le has dicho la verdad? –dijo de pronto el recién llegado. Naia se sobresaltó ligeramente.

-¿La verdad?

-Si. Le has contado un montón de cosas muy… enternecedoras. –Saga volteó los ojos.- Pero te has callado lo más importante.

-¿De qué estás hablando? –La koree se esforzó por mantener la calma.

-De que en realidad, aunque todo lo que has dicho sea cierto, que no lo dudo… -El mayor lo miró de soslayo. Kanon estaba hablando en serio, su voz carecía de aquel toque burlón que normalmente lucía cuando quería sacar a alguien de quicio. Prestó atención a lo que tenía que decir.- Has preferido callarte el hecho de que no solamente te asustó la situación en que Nikos se vio envuelto. Nunca antes habías visto eso que nos hace tan especiales. –Naia permaneció en silencio, pues de pronto, se había quedado sin nada que decir. De reojo, buscó el rostro del gemelo mayor que, al parecer, se había ensombrecido con aquellas palabras.- Fue Saga quién te dio miedo. –el aludido frunció el ceño, encontrando terriblemente interesante la arena bajo sus pies.- Nunca habías visto nada que nos hiciera diferentes hasta ese momento, ¿verdad?

-No es eso, Kanon. –atinó a responder.

-Pues yo creo que sí. –Se encogió de hombros, sin variar su tono de voz, enervantemente tranquilo.- Supongo que todo el mundo piensa que contar con doce Caballeros de Oro es una bendición. No deja de ser un consuelo un tanto estúpido al que aferrarse, si me preguntas. Con ellos ahí se sienten protegidos, saben que llegado el momento, los Santos morirán por protegerlos. Aunque esperar que alguien más fuerte cuide de ellos, me resulta un tanto cobarde. Deberían esforzarse por ser capaces de protegerse a si mismos. –Kanon hizo una pausa, pues sabía que comenzaba a divagar y a alejarse sutilmente del asunto.- Pero todos se mantienen a una distancia cautelosa, incluso los Santos de Plata que los siguen en rango. El poder Dorado es útil para mantener a todo el mundo a salvo de grandes peligros, pero los convierte exactamente en lo que Saga dijo: bichos raros.

-¿Por qué me dices esto? –quiso saber la koree con voz queda.

-Porque como el resto, no entendéis lo que somos y lo que podemos llegar a hacer. Creéis que vivimos o viviremos para velar por el resto del mundo y olvidáis que nosotros también nos tenemos que defender. Y si para hacerlo hay que imponerse por las malas… -se encogió de hombros.- No le veo el problema.

Hacía rato que Saga lo miraba directamente, escuchando sus palabras ensimismado. Agradeció que Naia guardara silencio, evitando así un nuevo conflicto con su hermano, y se permitió disfrutar de aquel extraño acontecimiento. No era habitual que Kanon hablara de aquel modo, menos aún de cosas como esas. Pero lo que más le había llegado era, que de alguna manera, su hermano había olvidado las discusiones que los habían separado días atrás y había vuelto a ser el respaldo que siempre había sido para él. Con aquellas palabras estaba defendiendo su proceder, lo estaba defendiendo a él.

-Todo el mundo se aferra a las Doce Casas: como fuente de desgracias o como todo lo contrario. Nosotros solamente somos aprendices. Nadie está ahí para velar por nosotros… –Saga se sorprendió a si mismo tras haber pronunciado aquellas palabras.

-…Nadie salvo nosotros mismos. –Kanon terminó la frase por él, y sin darse cuenta, su hermano le devolvió una sonrisa asombrosamente tímida. Una sonrisa que no decía nada, pero que a la vez lo decía todo.

Naia, sin embargo, había permanecido en silencio. No era más que una niña, y aunque la vida en el Santuario era dura y su inocencia se diluía en el tiempo a pasos agigantados… sintió que los hermanos y Aioros estaban infinitamente lejos. Entendió que tanto ella como Deltha solo conocían de ellos la cara divertida, la amable; la que los convertía en niños traviesos un par de horas al día. Por primera vez, reparó en que el resto del tiempo distaba mucho de ser agradable para ellos, a pesar de que estuvieran juntos. Reparó en la multitud de pequeñas cicatrices a las que nunca había hecho el menor caso.

Y de pronto, como un trueno que rompe el silencio en las apacibles noches de verano, la realidad la golpeo con toda su dureza. Ellas dos se habían convertido, sin proponérselo, en la única vía de escape que los apartaba de la crudeza de sus vidas: eran las únicas que habían sido amables.

Se maldijo ferozmente, su necedad había complicado las cosas hasta el extremo. Sintió el escozor en sus ojos, debido a las lágrimas que los anegaban y que se negaba a derramar. Suspiró y miró a los gemelos. Se sintió aliviada al saber que al menos, todo entre ellos parecía haber vuelto a tener una cierta normalidad. Apretó los dientes al recordar los miles de gestos que ahora identificaba con gritos mudos, suplicando ayuda; suplicando por una mano amiga. No volvería a fallarles de aquella manera, a ninguno.

Mientras tanto, Deltha y Aioros observaban desde la distancia. Hacía rato que habían dejado de jugar y ahora, tumbados sobre la arena, observaban atentamente la inesperada escena que se presentaba ante ellos. La koree volteó a ver al joven Sagitario por enésima vez desde que habían dejado solos a Saga y Naia, descubriendo que el gesto de preocupación en su rostro se había agravado con la llegada de Kanon. El chico pareció darse cuenta de su curiosidad.

-Están hablando. –murmuró casi con incredulidad.- ¡Y eso ha sido una sonrisa! –Deltha dejó escapar una pequeña carcajada que captó rápidamente la atención de Aioros.

-Deberías tranquilizarte. –respondió la pelipurpura con un gesto de alivio plasmado en su propio rostro.

-No lo entiendes. –negó con un gesto de su cabeza, pero sin dejar de mirar en dirección de los demás.- Eso es inesperado. ¡Todos llevan días evitándose o peleando, y ahora…!

-Tshhh… -Deltha se llevó la mano a los labios metálicos.- Está saliendo bien. ¡Incluso Saga ha sonreído! Tú lo has visto.

-Eso es verdad. –Dijo con expresión pensativa.- Pero también inquietante. –La koree alzó una ceja con curiosidad, pero sabiendo que él no se daría cuenta del gesto, lo miró fijamente esperando una aclaración. Aioros se encogió de hombros.- Lo traje aquí a rastras. Va a pensar que esto ha sido una encerrona.

-¿Y no lo fue? –preguntó ella entre risas. Aioros se apretó la cinta de la frente con nerviosismo y se esforzó por disimular la sonrisa que pugnaba por adornar su rostro.

-En caso de catástrofe, niega todas las acusaciones.

-Continuará…-

NdA:

Kanon: ¡Ei! ¿Cuál es el problema? ¿Os habéis fijado en que nunca crecemos lo suficiente? ¡Ser un mocoso apesta!

Saga: Crecer es casi peor. u_u

Aioros: u_u

Kanon: Sois el alma de la fiesta ¬¬'

Sunrise: ¡Dejad de quejaros! En el siguiente capítulo creceréis un poco más.

Saga: Miedo me da.

Aioros: u_u

Dama: Visto que no tenemos mucho más que decir… ¡Hasta la próxima!

Sunrise: ¡Reviews anónimos en el profile!

Dama: Y perdón por el retraso! n_n'