Casita del té de Miss Ruth

Hace un momento dijiste que no podías aparecernos –pregunto Artemis

Puede ser…

Eso significaría que yo podría irme de aquí, sin más ni más, ya que no podrías detenerme –tomo un sorbo de su taza de té Early Grey

Eso no es cierto –dijo la chica, jugueteando con su taza, atenta a todos en el salón de té- ¿No podrías elegir un lugar menos llamativo?

Este lugar es famosísimo en Londres por su té, esta atestado de gente, si nos quisieran atacar este lugar precisamente no es el mejor, muchas memorias que borrar…

Entonces no me equivoque contigo, si estas ligado con la magia –dijo la chica. Artemis apoyo su taza en el platillo, y la miro fijamente

Es la última vez que lo pregunto, y espero una respuesta decente; ¿Qué quieres de mi? –la chica sostuvo la mirada de Artemis, pero recordó el incidente del parque y decidió apoyarse en el respaldo de su silla, cruzando sus brazos

Necesito encontrar a mi padre. No es la primera vez que me siguen esos tipos, he huido de suerte los últimos años

¿Qué te hace pensar que puedo ayudarte?

Puedo sentir la magia a tu alrededor, has estado en lugares importantes, porque esa cantidad de magia solo la tienen los verdaderos seres mágicos, casi ningún humano lo tiene… estas ligado con ella

Eso fue hace tiempo –mirando el piso - ¿Qué buscan de ti?

No lo se

No mientas, ¿Quién eres? –la chica lo miro reacia. No era sencillo todo eso

Su nombre era Saggita, hija de Marlene y Rush, al parecer este ultimo un ser mágico. La chica llevaba años buscando la manera de llegar a las criaturas, pero su madre no quiso explicar nunca lo que sucedía, por ejemplo cuando ella realizo su primera aparición, o cuando pudo controlar ciertos objetos livianos. Hasta ahora lo que sabía era lo que había logrado adivinar.

Puede que tenga unos contactos, pero para eso necesito hablar con Mayordomo…

Ni pensarlo, vas a huir –dijo la chica molesta

Por supuesto que no –dijo Artemis con su tono más santurrón – claro, tu tendrás que ayudarme también, con un par de cosillas más adelante… –sonrió, ideando malévolos planes para las habilidades de la chica

Mayordomo estaba intentando comunicarse con todos los medio necesarios para encontrar a su amo, ya que habían pasado unas 4 horas desde la desaparición de Artemis, y aun no tenía noticias. De pronto el teléfono suena, Mayordomo se acerca lo más rápido y esperó 3 tonos para contestar

Residencia Fowl, habla Mayordomo –dijo con tono seguro

Mayordomo, soy yo –el hombre puso reconocer de inmediato la voz de su amo, pero mantuvo la calma

¿Estás bien? –pregunto

Si, bastante –respondió- estamos en Londres

Lo sé… ahora lo se

Ahora que Mayordomo estaba tranquilo, sería más sencillo. Iría a buscarlo hasta Londres, en su avión privado, y podría colocarse sus trajes finos. Tendrían que llegar al aeropuerto.

Al fin podre quitarme esta ropa –dijo Artemis colgando el teléfono publico

Eres muy quisquilloso, sabías

Cuando uno tiene dinero, lo aprovecha en las cosas buenas de la vida –eso se lo habría enseñado su padre, hace mucho tiempo

Te enseñare lo que son las cosas buenas de la vida –dijo la chica, tomándolo del brazo

Cosas buenas de la vida: Helado colosal

Primero lo llevo a una heladería, donde pidió el famoso súper montaña de azúcar y colores, con chispas de chocolate, salsa de caramelo y bolitas de M&M. Era una diabetes segura.

Si no has comido uno de estos, te has perdido la mitad de tu vida –Artemis lo miro casi con asco, tanta azúcar en sus dientes, era un crimen.

No acostumbro a comer estas… cosas –dijo con una ceja levantada, empujo suavemente la montaña de helado con su dedo. Saggita tomo una cucharada y la comió, era exquisito

Debes probarlo –insistió, acercándole una cucharada

No –el chico se cruzo de brazos

Debes aprender a disfrutar las cosas, aun eres joven… ¿Lo eres, cierto? –Artemis la miro extrañado- pues, con tu actitud yo diría que tienes unos 60 años, ¿me equivoco?

Tengo 16 años, y ser reservado y con un paladar distinguido no me hace un anciano –reclamo ofendido

¿16 años y con esa actitud? Seguro y no has besado a una chica –Saggita pudo ver como Artemis, de tez blanca enrojecía levemente, había dado en el clavo

Tengo mejores cosas en que pensar –Artemis miro hacia otro lado- debo mantener el apellido Fowl en alto

Debes vivir tu vida… -le acerco la cuchara. Artemis se negó- mmm… –Con un movimiento rápido, Saggita golpeo suave pero seguro la garganta de Artemis, haciendo que este tuviese una arcada; la miro extrañado, y en el instante que abría su boca, la chica le inserto la cuchara. Lo había logrado, Artemis había probado el helado. Atragantado Artemis dio un par de arcadas más, y trago el contenido de la cuchara

¡Qué ocurre contigo! ¡Llegaste hasta mis amígdalas! ¡Podrías haberme quebrado un diente!

¿Te lo tragaste? –Artemis asintió, ofendido, ella había hecho caso omiso de su importantísimo reclamo- ¿Y qué tal sabe?

No lo sé, fue solo una masa fría que bajo por mi garganta –entonces la chica saco mas helado y se lo ofreció. Artemis le quito la cuchara de las manos y dudoso la comió; avergonzado mascullo- es muy bueno…

Te falta vida, chico… -le dijo Saggita, mirándolo con la cara apoyada en una mano

Mayordomo llegaría en unas 7 horas al aeropuerto, por lo que Saggita tenía tiempo suficiente de llevarlo a los lugares más pintorescos para enseñarle lo verdaderamente bonito de la vida, no las joyas, la ropa, o piezas de arte famosas que admirar. Ella lo había aprendido de su madre cuando estaba viva, solo así fue como conoció finalmente al que sería su padre.

Cosas buenas de la vida: apreciar el viento

Saggita subió al bus rojo de turistas, y con ella arrastro a Artemis, lo subió hasta el 2° piso, y lo sentó a observar

Esto es una de las cosas que más me gusta hacer –dijo la chica soltando su cabello al viento. Artemis no entendía

Qué cosa, ¿viajar sentada en un bus?

No torpe, sentir el viento en la cara –Artemis vio como la chica relajaba el cuerpo y cerraba sus ojos – inténtalo

El chico, con los brazos cruzados aun, cerró los ojos. No era lo más cómodo, un asiento duro, el viento frio recorriendo su rostro, el bamboleo del bus. Por un momento sintió que sus hombros se relajaban del estrés diario, se imagino tranquilo, quizás aun cuando era más joven, con unos 5 años, el recuerdo de Mayordomo llevándolo en el barco de su padre, solo para divertirlo mientras su madre y su padre se encargaban de las cosas. Mayordomo era el único que hizo lo posible para que su joven amo pudiese tener una vida tranquila, una infancia feliz. Quizás solo quizás, la chica pudo ver como una pequeña lágrima corría por la mejilla del chico, que el viento había sonrojado; la chica pasó un dedo por el rostro de Artemis y quito aquella lágrima, Artemis abrió sus ojos sorprendido del tiempo que había pasado. Nunca se había concentrado tanto en un recuerdo de tan pequeño.

Vamos, te llevaré a otro lugar, aun nos queda tiempo

Cosas buenas de la vida: tomar sol en un parque

El parque estaba repleto de familias que disfrutaban a la orilla de la laguna. Los niños jugaban con sus cometas, padres que preparaban unos emparedados, otros solo observaban absortos el movimiento del agua

Esta también es una cosa buena de la vida –dijo Saggita, recostándose en el pasto

No pienso tirarme sobre el césped a ensuciarme

¿Acaso nunca jugaste con tierra? –Artemis volvió a cruzarse de brazos –a ver, ¿cómo estuvo el helado? –Artemis miro a la izquierda- ¿y qué tal el viento en la cara? –ahora miro hacia la derecha- confía en mí, el pasto no dañara tu delicada piel

No es ser delicado, es ser cuidadoso –reclamo Artemis, sentándose en el suelo. La chica lo rodeo y lo tomo por detrás y lo empujo al suelo tomando su cabeza

Ves, así es como se juega –mirándolo desde arriba- ahora vuelve a cerrar los ojos y siente el sol

Me quemare sin protector – reclamo el chico, el punto era reclamar

"Me quemare sin protector" –se burlo la chica- es solo un poco de sol en la cara, no te voy a dejar achicharrándote –Artemis sonrió, espontáneamente, achicharrar era una palabra poco usada para él, era graciosa

Finalmente Artemis cerró los ojos, sentir un poco de viento nuevamente en el rostro, mientras escuchaba el sonido del agua en la orilla, y los niños a lo lejos, era relativamente nuevo para él. Pudo sentir con las palmas de sus manos el césped húmedo acariciándole, mientras el sol por el contrario otorgaba el calor justo para la temperatura exacta. Que sensación tan agradable. De pronto la chica apareció con unos emparedados que compro en un carrito cercano

Como es posible que me hayas dejado solo a merced de esos tipos que te persiguen –reclamo Artemis incorporándose, Mayordomo nunca se lo hubiese perdonado

Tranquilo, ellos son bastante ruidosos; de todas formas me persiguen a mí, te pasarían por alto –y le entrego un emparedado

¿Qué es esto?

Unf emparefdado –dijo con la boca llena

Eso ya lo sé, de donde lo sacaste –la chica señalo el carrito- que insalubre…

Solo comételo, si luego te enfermas te curare –dándole otra mordida a su emparedado

Pero… -miro su emparedado, chorreante de mostaza

¿Acaso no tienes hambre?

Después de tanto regodeo, Artemis dio un mordisco a su emparedado. Ese día había sido especial, no solo por que secuestraron al chico mientras dormía, sino porque había recordado lo que realmente era bueno en la vida. Que no todo era dinero, obras de arte, joyas…

Cosas buenas de la vida: luces

Empezaba a anochecer, era el momento preciso para ver lo último y más hermoso de la vida, según Saggita, que solo conocía las cosas simples.

Te llevare a un último lugar, pero debes confiar en mí –confiar, eso era algo que Artemis solo hacía con él mismo y también con Mayordomo

¿Dónde iremos?

Es un lugar especial para mí, es el mejor espectáculo que puedes ver de noche

La chica tendió sus manos; Artemis las miró por un segundo y luego las tomo, la chica sonrió, y en un pestañeo desaparecieron. Artemis sintió otra vez que sus moléculas se tomaban la libertad de separarse más de la cuenta, duro apenas un pestañeo, cuando todo volvió a la normalidad, vio que estaban en lo alto de un edificio, justo al lado de unas gárgolas

Sujétate bien –dijo Saggita, medio mareada, por el esfuerzo- este edificio es uno de los más antiguos en Londres y tiene la mejor vista de la ciudad –dijo señalando los miles de puntos amarillentos que iluminaban tenuemente la ciudad mientras el sol se iba escondiendo

Se sentaron al borde de la cornisa, balanceando sus pies. Artemis aun teniéndole respeto a las alturas, se sentó con mucho cuidado de no caer. Era una vista preciosa, como la ciudad encendía lentamente sus luces para ser devorada por la noche, los autos ayudaban a escapar de aquella oscuridad, y los parques quedaban como manchones oscuros.

Es muy hermoso –era lo primero que Artemis admitía de corazón. Mientras miraba nostálgico

No todo lo bello lo consigues con dinero

Nunca había tenido un día así –dijo el chico, con el reflejo de las luces en sus ojos, de todo lo que Saggita le había mostrado eso era lo más impactante

Eso, mi joven amigo, es vivir la vida –dijo la chica apoyándose en sus brazos

Artemis no podía creer que con cosas tan sencillas, su corazón podía latir más rápido. Probo cosas que nunca se hubiese imaginado, sintió el viento de otra manera, el sol ya no era peligroso para su piel, la ropa incluso parecía cómoda. Se estiro de la misma manera que lo hizo Saggita, y de casualidad rozaron sus manos. Sin fijarse los dos miraron sus manos, estaban una sobre otra, luego subieron las miradas hasta encontrarse… Instintivamente los dos se separaron con espasmos y rostros sonrojados

Lo-lo siento –dijeron al unisón

Que adorable parejita me encontré –dijo una voz detrás de ellos, era un goblin armado, apuntando directamente a ellos, y chupándose los globos oculares

Saggita de un golpe se levanto en el borde del edificio. Estaba dispuesta a pelear con él, era solo uno. Pero el goblin, pego un chillido que casi reventó los tímpanos de los chicos, y de la nada aparecieron más. Eran 4

¡Que quieren de mí! –grito Saggita

No queremos nada, pequeña… solo es cuestión de negocios...

¿Negocios? ¿Quién los ha enviado? –pregunto Artemis

Eso, fangoso no te interesa –dijo el goblin apuntando a la cabeza del chico