Hocico de cerdo

Harry nunca había creído que pudiera existir un chico al que detestara más que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Draco Malfoy. Sin embargo, los de primer año de Gryffindor sólo compartían con los de Slytherin la clase de Pociones, así que no tenía que encontrarse mucho con él. O, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala común de los leones, que los hizo protestar a todos. Las lecciones de vuelo que comenzarían el jueves...y Gryffindor y Slytherin aprenderían juntos.

-Perfecto-dijo en tono sombrío Harry- justo lo que siempre he deseado, hacer el ridículo sobre una escoba delante de Malfoy- y lo peor es que deseaba aprender a volar más que ninguna otra cosa.

-No sabes aún si vas a hacer un papelón-dijo razonablemente Ron-de todos modos, sé que Malfoy siempre habla de lo bueno que es en quidditch, pero seguro que es pura palabrería.

La verdad es que el rubio platinado hablaba mucho sobre volar. Se quejaba en voz alta porque los de primer año nunca estaban en los equipos de quidditch, así era desde que Harry lo había conocido en la tienda de túnicas y otra vez el temor de hacer el ridículo frente a ese chico le invadió. Temor que se acrecentó cuando Ron y Seamus hablaban de sus experiencias con escobas, teniéndose que conformar con Neville que nunca había tocado ninguna, cosa que era lógica por otro lado dado su historial de accidentes. Hermione también estaba bastante nerviosa por el tema de las escobas, ya que lo único que sabía de volar era lo que había leído en los libros.

El jueves por la mañana, todos estaban desayunando en el Gran Comedor, cuando llegó el correo. Malfoy estaba muy complacido, puesto que su lechuza siempre le traía de su casa paquetes con golosinas de los que fardaba delante de todos. Y sorpresivamente, le tocó también a Neville que recibió un paquetito de parte de su abuela. Cuando lo abrió descubrieron que era una recordadora y se puso muy contento, hasta que el humo del interior de la pequeña esfera pasó de ser blanco a ser de color rojo y no conseguía recordar lo que se le había olvidado. Distraído como estaba no vio a Draco que se acercó tras el y le arrebató la bolita de cristal de las manos. Harry y Ron automáticamente se levantaron de sus asientos, estaban deseando pelearse con Malfoy por cualquier cosa, sobretodo el pelirrojo de las pecas, pero McGonagall les interrumpió y la cosa no pasó a mayores.

A las tres y media de la tarde, todos los Gryffindor de primer año fueron hacia el parque para ir a su primera clase de vuelo, pero los Slytherin ya estaban allí, además de veinte escobas perfectamente alineadas en el suelo.

Todo iba fenomenal, hasta que Neville salió despedido por los aires y como consecuencia, lesionado, provocando que la profesora Hooch, les dejara sin vigilancia y llevara a Longbottom a su segunda casa, la enfermería. Draco Malfoy inevitablemente, se estaba riendo a carcajadas.

-¿Habéis visto la cara de ese gran zoquete?- dijo, provocando las risotadas del resto de los Slytherin a coro.

-¡Cierra la boca, Malfoy!-dijo Parvati Patil en tono cortante.

-Oh, ¿estás enamorada de Longbottom?-dijo Pansy Parkinson, una chica de Slytherin que a ojos de Harry, era muy amiga de Draco, aunque no era que le importase...- nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Parvati- continuó la chica con voz guasona.

Pero Patil no le pudo reclamar, porque el rubio llamó la atención de todos-¡mirad!-dijo y se agachó a recoger la recordadora de Neville que había en la hierba-es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom, casi la aplasta con su gran culo al caer-más risas generales.

-Dame eso Malfoy- dijo Harry lo más calmado que pudo, pero solo hizo que el otro sonriera de forma maligna.

-Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque...¿qué os parece...en la copa de un árbol?

-¡Tráela aquí!-dijo Harry furioso, pero el rubio le ignoró, se subió a su escoba y se estaba alejando.

No había mentido, sabía volar.

Desde lo alto le llamó-¡ven a buscarla,Potter!-dijo Malfoy satisfecho al ver la furia en los ojos verdes de su enemigo.

Harry cogió su escoba a pesar de las insistencias de Hermione de que no lo hiciera, para que no se metiera en líos, pero el moreno la ignoró completamente, le ardían las orejas, se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió. El aire agitaba su pelo y su túnica, silbando tras él y, en un relámpago de feroz alegría, se había dado cuenta de que había descubierto algo que podía hacer sin que se lo enseñaran. Era fácil, era maravilloso. Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos de las chicas que lo miraban desde abajo, y una exclamación admirada de Ron.

Dirigió su escoba para enfrentarse a Malfoy en el aire, este lo miró con asombro patente en el rostro. Harry se dio cuenta de que Draco estaba algo sonrojado, tal vez por lo excitante de la situación, pero que saltaba a la vista debido a lo blanquecina que era su piel, su cabello rubio ondeaba ligeramente con la brisa que los rodeaba y las mejillas de Harry imitaron las del otro, solo por haber contemplado al ojiplata de esa manera-¡déjala-gritó Harry dejando al margen lo que le pasaba a su cara que ardía extrañamente al igual que sus orejas-o te bajaré de esa escoba!

-Ah ¿sí?-dijo Malfoy algo turbado pero conservando su tono burlón.

Harry sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer. Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Malfoy como una jabalina. Draco pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo firme la escoba. Abajo, algunos aplaudían.

-¡Atrápala si puedes, Potter!-gritó Malfoy y tiró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra.

Evidentemente Harry la atrapó y todo fueron celebraciones, hasta que la voz de la profesora McGonagall echándole un buen rapapolvo les devolvió a la realidad. Y aunque Parvati y Ron intentaron defender al moreno de gafas redondas culpando a Malfoy, la bruja hizo oídos sordos y se llevo al joven Potter del lugar, que antes de desaparecer de allí, vio el aire triunfal de Draco, Crabbe y Goyle, apesadumbrado y temiendo lo peor.

Por suerte, lo único que ocurrió fue que se convirtió en el buscador más joven de quidditch para el equipo de Gryffindor, para sorpresa y envidia sana de Ron.

Harry estaba en el Gran Comedor comunicándole a Ron lo sucedido y que debían mantenerlo en secreto, mientras el pelirrojo devoraba pastel de carne; cuando apareció, como no, Malfoy y los armarios que el llamaba amigos.

-¿Comiendo la última cena, Potter?¿cuándo coges el tren para volver con los muggles?- dijo el rubio provocando las risas de Crabbe y Goyle a sus espaldas.

-Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tierra firme- dijo Harry seco, prefirió no mirarle demasiado, no sabía que podía ocurrir esta vez, y estaban demasiado cerca unos de otros como para que nadie más se percatase si se ruborizaba.

-Nos veremos cuando quieras- dijo Malfoy- esta noche, si quieres-el corazón de Harry dio un súbito vuelco ¿esta noche? ¿para qué? bum bum bum-un duelo de magos, sólo varitas, nada de contacto-a Harry no le hizo mucha gracia lo último, no entendió porqué-¿qué pasa? nunca has oído hablar de duelos de magos ¿verdad?-aclaró el rubio ante la inexpresiva mirada de Harry que parecía que estaba mirando a través de el y haciéndolo sentir como un fantasma.

-Por supuesto que sí-intervino el pelirrojo efusivamente y poniéndose en pie- yo soy su padrino ¿cuál es el tuyo?

-Crabbe- dijo Draco después de sopesar por unos segundos-a medianoche ¿de acuerdo? en el salón de los trofeos, que nunca se cierra con llave-dio media vuelta y se fue seguido de sus amiguitos.

Harry vio a Malfoy salir por la puerta y por fin pudo volver a mirar a Ron-¿qué es un duelo de magos?¿y qué quiere decir que seas mi padrino?

El pelirrojo suspiró paciente y tomó asiento de nuevo-bueno, un padrino es el que se hace cargo si te matan, pero la gente solo muere en los duelos reales, con magos de verdad, lo máximo que podéis hacer Malfoy y tú es mandaros chispas uno al otro, ninguno sabe suficiente magia para hacer verdadero daño, de todos modos, seguro que él esperaba que te negaras.

En realidad Harry lo hubiera hecho, no quería meterse en algo que desconocía, pero durante unos minutos se quedó mudo y solo miraba a Malfoy ¿por qué? y gracias a su amigo no le quedó otra que aceptar-¿y si levanto mi varita y no sucede nada?-se le ocurrió preguntar.

-La tiras y le das un puñetazo en la nariz- sugirió animadamente Ron que solo de pensarlo estalló en risotadas- sería genial ver a Malfoy con la nariz torcida...seguro se echaría a llorar-pero Hermione que les había estado escuchando decidió entrometerse y persuadió a Harry de que no anduviera por el colegio de noche ya que podía perjudicar a Gryffindor. La ignoraron completamente.

Esa noche, esperando a que fueran las doce, Harry estaba recostado en su cama, planteándose los pros y los contras de lo que pensaban hacer, podían atraparlos Filch o la señora Norris y con la suerte que el tenía, seguro que pasaba, un gran contra...pero entonces el rostro de Malfoy apareció en su mente, burlándose de él y llamándole gallina o algo peor por no haberse presentado, a la mañana siguiente...no, iba a ir, aunque tuviera que hacer lo que Ron le había dicho, eso era un gran pro, sumado al hecho de que por alguna razón no le disgustaba ver al rubio de nuevo ¿qué demo...

-Once y media- oyó decir a Ron en medio del silencio del dormitorio-vamos ya.

Cuando llegaron a la sala común, una crítica Hermione se les unió para seguir, sin éxito, intentando hacerles cambiar de opinión, pero cuando se había rendido y quiso volver a las dependencias de los leones, la dama gorda se había ido del retrato y no le quedó otras mas que ir con Ron y Harry a su estúpida refriega con Malfoy. Para colmo, Neville que dormía en el pasillo por no recordar que la nueva contraseña era hocico de cerdo, se les unió también. 'Al final somos demasiados' pensó Harry ligeramente molesto, ya algo le picaba sabiendo que no se vería a solas con Draco por estar Ron, pero encima Hermione y Neville...eso ya era mucha gente. Un momento ¿a solas con Malfoy?¿para qué?

Subieron hasta el tercer piso y entraron al salón de los trofeos de puntillas. Allí no había nadie, solo se oían las respiraciones de los cuatro que temían que Peeves se diera un paseíto nocturno por ahí y llamase a Filch gritando solo por fastidiar o que la señora Norris supiese abrir puertas y los pillase. El tiempo pasaba y seguían sin aparecer ni el rubio ni su amigo, pero empezaron a escuchar una voz, era Filch hablando con la señora Norris, así que no les quedó otra más que huir y se toparon con un enorme perro de tres cabezas , llegando a la conclusión de que el enorme chucho guardaba algo.

Cuando todo había pasado Hermione manifestó la obviedad, Malfoy nunca pensó en ir al salón de trofeos, todo era una treta para que el conserje los pillase y los castigaran. Y Harry fue consciente de que era verdad, pero prefirió no decir nada, no le sentó nada bien y aunque entendía que el rubio lo odiase por haberlo rechazado el primer día en el tren, no podía evitar sorprenderse de hasta donde llegaba el odio que sentía hacia el.

A la mañana siguiente, Malfoy no podía creer que tanto Harry como Ron siguieran tan campantes en la escuela, ¡por Merlín! tendrían que haberlos expulsado... Harry sonrió de medio lado al ver la expresión del ojigris cuando los vio aparecer en el Gran Comedor a la hora de desayunar y se le pasó por la cabeza vengarse.