El espejo de Oesed

Oh si, dulce venganza.

Una semana después y en el mismo Gran Comedor a la hora del desayuno, le llegó, una Nimbus 2000 nuevecita y para el, de parte de McGonagall, pero como no podían abrirla delante de los demás alumnos Ron y Harry salieron como exhalación y de camino se toparon con Malfoy y compañía.

Draco molesto cogió el paquete que portaba Harry quitándoselo de las manos y se lo devolvió en el acto pronunciando despectivamente-es una escoba...te la vas a cargar Potter, los de primero no pueden tener escoba propia-y añadió una sonrisa placentera, pensando en lo que se le avecinaba al moreno, cuando, obviamente, le delatase.

Ron no podía perder la ocasión-no es una escoba vieja Malfoy- dijo- es una Nimbus 2000 ¿cuál tenías tú en casa, una cometa 260?-rió-no tiene nada que ver con las Nimbus, estas son más rápidas.

-¿Qué sabes tú Weasley si no puedes comprar ni la mitad del palo? seguro que tú y tus hermanos tenéis que ir reuniendo la escoba ramita a ramita ¿verdad?-Crabbe y Goyle se rieron.

Ron iba a replicar, pero el bajito profesor Flitwick apareció entusiasmándose por la escoba que llevaba Harry, cosa que molestó sobradamente a Draco.

-Realmente es gracias a Malfoy que la tengo profesor- el ojiverde no lo pudo evitar, además no era mentira, de no ser por el rubio y el incidente con la recordadora, no tendría la Nimbus ahora.

Draco furioso como estaba y confuso por esas últimas palabras se fue de allí, oyendo sonoras risotadas del pelirrojo.

Harry aprendió lo que era el quidditch de la mano de Oliver Wood, el capitán del equipo de Gryffindor, que estaba en quinto curso y era bastante corpulento. No le costó demasiado saber lo básico. Pero ahora tres noches a la semana las tendría que dedicar al entrenamiento.

Llegó el día de Halloween y tras varios altercados con Hermione y un troll que entró sospechosamente en la escuela, se les pasó la noche. Pero había sido muy importante para ellos, porque después del percance, Hermione se convirtió en una muy valiosa amiga para Harry y Ron y además habían conseguido cinco puntos para Gryffindor por la hazaña. Y cuando empezó la temporada de quidditch en Noviembre, el primer partido se disputó entre Gryffindor y Slytherin, ganando los leones porque Harry había cogido la snitch con la boca. Añadiendo que después del partido y gracias a la bocaza de Hagrid supieron que lo que el perro de tres cabezas guardaba era algo de un tal Nicolás Flamel.

La Navidad estaba cerca y ya la nieve había hecho acto de presencia. Lo único que rondaba por la cabeza de todos eran las ansiadas vacaciones, sobretodo cuando les tocaba aguantar Pociones con Snape.

En una de sus clases, Malfoy tubo que dar la nota como siempre-me da mucha lástima- dijo lo suficientemente alto como para que Harry lo escuchase-toda esa gente que tendrá que quedarse a pasar la Navidad aquí, porque no los quieren en sus casas- obviamente mirando profundamente a Harry no fuese que no se diera por aludido, lo que el moreno había notado, es que después del partido en el que Slytherin fue derrotado, el rubio era aun más desagradable si cabía y buscaba cualquier cosa para arremeter contra su persona.

Al salir de la clase se encontraron con Hagrid que estaba colocando un gran abeto, que muy amablemente Ron le quiso ayudar a colocar, pero Malfoy pasaba por ahí en ese momento y esta vez el que pagó los platos rotos fue el pelirrojo.

-Quítate de en medio...¿o estás tratando de ganar algún dinero extra Weasley? seguro que quieres ser guardabosques cuando salgas de la escuela ¿eh? la casucha de Hagrid comparada con la tuya debe parecerte un palacio.

Ron se le iba a lanzar al cuello, cuando Snape apareció interrumpiendo, y aunque Hagrid salió en defensa de Weasley, el profesor restó cinco puntos a Gryffindor por pelear en el colegio. Algo que entusiasmó a Malfoy y enojó a Ron y a Harry.

Las vacaciones empezaron y el colegio se vació casi por completo. Ron y Harry pasaban todo el tiempo juntos, riéndose de Malfoy y planeando como podían hacer que le expulsaran de la escuela, también jugaban al ajedrez mágico, al cual, el pelirrojo siempre ganaba. Sorprendentemente el día de Navidad, Harry recibió regalos, cosa que, nunca había tenido y le hicieron ponerse muy feliz, recibió una flauta de madera de parte de Hagrid, cincuenta peniques de sus adorados tíos, un jersey y un pastel de chocolate de la señora Weasley, ranas de chocolate de parte de Hermione y una capa de invisibilidad de alguien anónimo con la que decidió hacer una visita nocturna a la sección prohibida de la biblioteca a ver si averiguaba sobre Nicolás Flamel. Pero como casi siempre, estuvo a punto de ser descubierto y acabó en una especie de aula polvorienta, donde un majestuoso espejo se alzaba. En lo alto se podía leer Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse (Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo).

Harry sintió el impulso de acercarse a el y se quitó la capa dejándola caer al suelo. Lo que vio en su reflejo le hizo contener un grito pues al principio creyó que le habían pillado, pero después se dio cuenta de que estaban en el espejo. Había muchas personas, unas diez, pero dos resaltaban más que los otros, eran su madre y su padre que le sonreían y el se veía entre ellos como una familia feliz. Tras un rato observando casi sin parpadear y de algunas lágrimas furtivas que se le escapaban sin poder ni querer evitarlo, llegó a la conclusión de que las otras ocho personas eran Potter también, puesto que tenían algunos rasgos similares a su padre y a el mismo. Pero...un momento, no eran diez como él creía, semi escondido detrás de una mujer Potter había lo que parecía un niño, que Harry no podía distinguir bien, así que se acercó lo más que pudo al espejo. El grupo de personas parecían animar al muchacho que se acercase a donde estaban Lily y James, éste tímido, daba la sensación de dudar, pero finalmente se animó y James se apartó un poco mientras Lily le extendía la mano situándolo a su lado. El chico parecía feliz por fin y le daba la mano izquierda a Harry completando lo que parecía una estampa familiar.

Harry no supo cuanto tiempo estuvo rígido como una estatua contemplando aquella imagen, no creía que fuera el futuro, puesto que sus padres estaban muertos...pero el chico ese, era su presente, ahí, con su familia, con el...y lo peor era que no le desagradaba en absoluto verse con Draco Malfoy y sus padres reflejado allí, dándole la mano como si nada. Sintió miedo, miedo a que alguien entrase y viese lo mismo que el y le delatase, seguro que Malfoy se burlaría o para empeorarlo le criticaría. El mismo lo hacía, no era posible que esa fuera la imagen que se reflejaba, pero era cierta, se movían, sus padres le sonreían y le susurraban cosas que obviamente el no podía escuchar, los demás Potter parecían bastante contentos detrás de ellos como si estuvieran celebrando una alegre reunión de amigos, era como una película muggle con el de protagonista...y Malfoy.

A la mañana siguiente Harry no podía ni probar bocado, solo pensaba en lo que había visto.

Por la noche, decidió llevar a Ron, era su mejor amigo y podía ayudar a averiguar que rayos había pasado, quizás si el pelirrojo veía lo mismo que el, podía aclararle alguna cosa y sin miedo a las burlas, o eso creyó erróneamente, porque en cuanto el pequeño de los Weasley se miró en el susodicho espejo vio algo completamente distinto.

Al día siguiente, Harry no podía dejar de pensar en el espejo y esquivaba a Malfoy todo lo que podía, porque en cuanto veía su cabellera rubia aparecer por cualquier parte, la imagen de ellos dos dándose la mano felices venía a su mente y se quedaba allí demasiado tiempo para su gusto y Ron estaba disgustado ya que su amigo estaba de peor humor debido a su obsesión.

De nuevo en la noche Harry se apresuró con la capa invisible a volver al mismo lugar, el corazón le palpitaba tan rápido que podía escucharlo retumbar en sus oídos. Entró, se quitó la capa y volvió a ver a su familia allí, sonrientes, y a Malfoy, sonriente también. Pensaba pernoctar allí frente al espejo, cuando oyó detrás de el una voz muy familiar.

-Entonces de vuelta otra vez ¿no Harry?-Dumbledore estaba sentado en uno de los pupitres de la habitación.

El pobre Harry no sabía donde meterse y la capa invisible estaba demasiado lejos, cerca de la puerta. Pero vio que el anciano le sonreía y se relajó.

-Entonces-dijo el director bajando de la mesa-tú como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del espejo de Oesed...pero espero que te habrás dado cuenta de lo que hace ¿no?

-Bueno...me mostró a mi familia y...-decidió no continuar por su bien.

-Y a tu amigo Ron lo reflejó como capitán de quidditch- Harry tragó como pudo.

-¿Co...como lo sabe?-tartamudeó.

-No necesito una capa para ser invisible-dijo y le guiñó un ojo que automáticamente transmitió un pensamiento a Harry 'lo sabe'-y ahora ¿puedes pensar qué es lo que nos muestra el espejo de Oesed a todos nosotros?

Harry no quería contestar, si decía que el futuro...sabiendo que se reflejaba Malfoy cuando el miraba...negó con la cabeza.

-Dejame explicarte, el hombre más feliz de la tierra puede utilizar el espejo, se mirará y se verá exactamente como es ¿eso te ayuda?

Harry titubeó, pero decidió responder esperando que la contestación del director fuese negativa-nos muestra lo que queremos...lo que sea que queremos...-su propia resolución le conmocionó ya qué no lo había escuchado en voz alta nunca.

-Sí y no-dijo Albus- nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón, para ti, que nunca conociste a tu familia, los ves rodeándote, sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad, hay hombres que se han consumido delante de el o enloquecido al no saber si es real o posible lo que ven-continuó-el espejo será llevado a una nueva casa mañana y te pido que no lo busques otra vez Harry, no es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo, ahora...¿por qué no te pones de nuevo la capa y te vas a la cama? parece que incluso el señor Malfoy tiene sueño...

Harry se puso del color del pelo de los Weasley y se levantó como si tirasen de el, de reojo vio al tierno Malfoy del espejo restregándose los ojos con una mano tal y como había dicho el director, con sueño-señor...-se atrevió a decir-¿puedo preguntarle que es lo que ve usted?

-Un par de gruesos calcetines de lana- Harry no pudo evitar mirarlo y parecía que hablaba en serio aunque evidentemente no lo era, se trataba de una pregunta muy personal así que no lo tubo en cuenta-uno nunca tiene suficientes calcetines, y para colmo en Navidad no me regalaron ningunos, solo libros...en fin.

Harry salió de allí agradecido con el director, ya que en lo referente al tema Malfoy del espejo no volvió a decir nada más, pero no pudo evitar, estando recostado ya en su cama, recordar lo que Dumbledore le había dicho 'nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón'. Definitivamente algo le estaba pasando con la serpiente rubia, no le era tan indiferente como creía, sino, no habría salido en el espejo...con estos pensamientos rondándole, se quedó dormido.