Prefecto
Dos noches después, nueve personas se presentaron en la casa de los Dursley para sacar a Harry de allí. Al principio, el moreno se había asustado, hasta que reconoció a dos de ellos.
Remus Lupin, Alastor Moody, Nymphadora Tonks, Kingsley Shacklebolt, Elphias Doge, Dedalus Diggle, Emmeline Vance, Sturgis Podmore y Hestia Jones. Todos serían su guardia y volando lo llevarían a otro lugar.
Harry al que más se alegró de ver fue a su antiguo profesor licántropo, al que abrazó emocionado. Y después de recoger sus cosas con ayuda de Tonks, salieron a la calle y montaron en sus escobas. Llegando al cuartel general de la Orden del Fénix, en el número doce de Grimmauld Place.
Allí, el ojiverde se puso de peor humor que nunca, ya que se encontró con Ron y Hermione, a los que echó en cara su falta de noticias, que ellos justificaron como orden directa de Dumbledore. Al parecer, algunos de los que creían que Voldemort había vuelto, se habían unido en su contra, bajo las órdenes del director de Hogwarts y este grupo se hacía llamar la Orden del Fénix. Y la casa en donde se encontraban, pertenecía a su padrino, Sirius. Además descubrió, que Hedwig estaba en ese lugar y no la habían dejado salir.
Por la noche, tras la cena, mantuvo una conversación con Sirius, Remus y Arthur, que le explicaron que Voldemort aún no estaba haciendo nada malo, porque primero quiere tener en su poder algo que no tenía la última vez, y que evidentemente, está reconstruyendo su ejército. Después de esta charla, Harry se sintió un poco más tranquilo y menos furioso, por tener más información por fin.
A la mañana siguiente, Harry, Hermione y los Weasley debían hacer limpieza en el salón de la casa, ya que al parecer las cortinas estaban plagadas de doxys. Y mientras llevaban a cabo esa tarea, con ayuda de doxycidas, Hermione aprovechó para hablar con Harry.
-Bonita lechuza trajiste Harry- dijo la chica hablando a través del pañuelo que le cubría la nariz y la boca-¿de dónde la sacaste?.
El moreno con todo lo que había pasado la noche anterior, no recordaba que Elle se había ido con él a la casa de Sirius- es de Malfoy...
-¿Qué? ¿por qué la tienes tú?
-Draco y yo nos hemos escrito este verano-la chica bajó la mirada con tristeza, culpable.
-¿El siente lo mismo por ti?
-No...pero creo que somos...amigos...bueno, conocidos...no sé-el ojiverde suspiró-tengo las cartas guardadas, te las enseñaré luego, de echo, debo responder a la última.
-No es buena idea Harry, nadie debe conocer la ubicación de la Orden-se apresuró a decir la pelicastaña.
-Ya la lechuza está aquí ¿no? sabe donde estamos, no voy a poner la dirección en la carta que le envíe a Draco, solo quiero que Elle sepa donde debe venir si Malfoy me responde-no iba a permitir que su amiga le cortara la comunicación con su rubio.
-Hay que tener mucho cuidado Harry, aunque esa lechuza pasa más desapercibida que Hedwig o Pig- por fin parecía comprender-por cierto ¿sabes que el profesor Lupin vive aquí con Sirius?
-Me lo imaginaba- Remus probablemente no tenía ningún otro sitio a donde ir.
-Yo creo que son algo más que amigos-las verdes orbes se giraron hacia ella interrogantes y la chica sonrió.
Pero cuando el moreno iba a preguntarle como es que pensaba eso su amiga, el mencionado Sirius apareció para ayudarles con la tarea de limpieza.
Más tarde, en el salón, cuando ya casi todo estaba impoluto, Harry descubrió, gracias al tapiz del árbol genealógico, que su padrino era primo de Narcisa Black, la madre de Draco, por lo que estaban emparentados.
Por la noche, mientras todos cenaban, Harry pasó disimuladamente las cartas del rubio a Hermione para que las leyera. Y antes de irse a la cama y junto con su amiga, respondió a la última misiva que el ojigris le había mandado.
Hola Malfoy:
Siento haber tardado en responder, pero las
noticias que tengo son más favorables. Estoy
con los Weasley, por fin. Y todos estamos
esperando el día de la vista en el ministerio.
Yo también tengo ganas de que discutamos
de nuevo Malfoy, sin eso, no sería Hogwarts.
La tarta de melaza estaba deliciosa, le
dije a los Weasley que la había comprado
y nos la comimos en la cena. Así que más
personas confirmaron que estaba muy rica.
Elle ha hecho buenas migas con Hedwig
y con Pig, la lechuza de Ron. Te pido
disculpas por habérmela quedado más de lo
necesario.
No te preocupes, no saldré. Tienes razón,
siempre me meto el líos.
H.P.
Durante varios días más, siguieron poniendo al día la casa de Sirius. Siempre había algo que hacer en el cuartel general de la Orden. Pero la preocupación, por el juicio de Harry, enturbiaba un poco los ánimos.
Hasta que llegó el doce de agosto y Arthur Weasley le acompañaría a la vista.
Desayunó él solo, lo poco que podía pasarle por la garganta. Pero Sirius, Remus, Tonks y Arthur le acompañaban en la mesa.
-Harry- le habló cariñosamente Lupin- hace un rato llegó la lechuza negra con un pergamino para ti.
El moreno se giró y ululando sobre un reloj de pared estaba Elle, como cohibida a acercarsele. Harry alzó el brazo y se le posó.
El pergamino era de Draco.
Potter:
Me alegro que por fin estés con los Weasley.
No te preocupes por lo de Elle, es bueno que
haya hecho...¿amigos?
Lo de la tarta. Ya sabía que estaba buena
Potter, no seas pelota.
Como no vuelvas a Hogwarts iré a buscarte
a tu casa y te patearé.
Mucha suerte hoy.
D.M.
El brillo en los ojos verdes se hizo más intenso y el hombre lobo se dio cuenta.
-¿Buenas noticias Harry?
-Si-mucha gente contaba con que iba a salir todo bien, debía ser así-¿nos vamos?
Arthur y Harry habían llegado al Ministerio de Magia por la entrada de visitas, una cabina telefónica muggle; y después de un malentendido, se llevó a cabo el juicio, que gracias a la intervención de Dumbledore y la señora Figg, fue favorable para el moreno de redondas gafas y se desestimaron todos los cargos en su contra.
La alegría volvió al cuerpo de Harry, del mismo modo que invadió a los demás.
Escribió a Malfoy para contarle lo ocurrido, por lo que el moreno esperaba de un momento a otro, que Elle apareciera y le trajese alguna felicitación de Draco, pero cuanto más pasaban los días, menos creía que eso fuera a ocurrir.
El último día de las vacaciones, lo que si recibieron, fueron las cartas de la escuela, y Harry se sorprendió al descubrir que sus mejores amigos habían sido nombrados prefectos de Gryffindor, lo que, aunque no quería, le provocó cierto malestar y envidia. Puesto que si alguien debías ser prefecto, ese era en su opinión, él.
Para colmo, cuando subieron en el expreso rumbo a Hogwarts, Ron y Hermione se separaron de su lado, ya que debían ir en el vagón de los prefectos y a Harry no le quedó más que buscar algún compartimento normal con Ginny y Neville. Acabando los tres en el mismo que una chica bastante extraña llamada Luna Lovegood, hija del director de la singular revista El Quisquilloso.
Y cuando ya el niño que vivió se creía que no tenía nada más de lo que preocuparse, porque le parecía imposible, sus amigos aparecieron en su compartimento con noticias, una hora después.
-Hay dos nuevos prefectos de quinto en cada casa-les explicó Hermione- un chico y una chica.
-Y a ver si sabéis quién es uno de los prefectos de Slytherin- preguntó Ron mientras se comía una rana de chocolate.
No era posible, ¿pero y si...?-Malfoy- contestó Harry.
-Por supuesto-afirmó Ron.
-Y la pava de Pansy Parkinson Harry- añadió la pelicastaña mirando a su amigo, al que la noticia le sentó como un insulto de Snape.
-Debes ir con cuidado Harry- agregó Neville- seguro que se aprovecha y te castiga por cualquier cosa.
El pelirrojo lo miró extrañado. Por alguna razón no había caído él en eso.¿Acaso ya no veía capaz a Malfoy de eso y más?
-No lo creo-se oyó de pronto, y todas las miradas se dirigieron a Luna-no castigará a Harry ¿verdad que no?
-¿Por qué lo dices?- el ojiverde se asustó, esa pregunta lo descolocó, y parecía que a Hermione también.
La rubia observó a todos detenidamente y solo dijo-entiendo-y devolvió la vista a su revista del revés.
Al parecer, Granger no era la única capaz de atar cabos. Y aparte del terror que sintió por ser descubierto por una desconocida...demasiado rara, a Harry le habían asaltado otros pensamientos. ¿Malfoy no le había escrito por alguna razón?¿no se alegraba de que no lo hubieran echado de la escuela?¿por qué no lo había ido a ver al compartimento como hacía siempre?. Maldijo a Pansy todo lo que pudo. Ahora esa tonta y su rubio tendrían que pasar más tiempo juntos. La odiaba.
En Hogsmeade, los carruajes les esperaban, como siempre, para llevarlos a Hogwarts, pero esta vez, el moreno se sorprendió al ver a las criaturas que tiraban de el, una especie de caballos alados con cabeza de dragón, que por lo visto solo veían él y Luna.
Y hasta que no llegaron al Gran Comedor, no pudo ver a Draco, en la mesa de Slytherin, a lo lejos. Tan bello como siempre, rodeado de sus amigos y la insoportable de Pansy, que no quitaba nunca esa boba sonrisita al mirar al rubio. Fue la selección de los nuevos alumnos de primer año. También resultó ser que Hagrid no había vuelto al colegio, y le sustituiría la profesora Grubbly-Plank. Y la nueva maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras ese curso, sería Dolores Umbridge, que trabajaba para el Ministerio de Magia y daba la impresión de ser muy irritante.
