Disclimer: Naruto es de Kishi, blah blah
¡KYAAAAAAAAAAAAAAAA! ¡¡Muchisimas gracias!! ¡¡Soy feliz!!
Y me tengo que ir v.v" Siento no poder meter más paranoias :P
Cáp.7: Verdad
Ayumu termina de contármelo todo. Han pasado ya cuatro días desde la última tarde que quedamos, pero hemos tenido que preparar la mudanza, etc. Así que, hasta hoy, no he podido hacerle todas mis preguntas, y ella responderlas.
Y ahora me sé toda la serie, toda la historia de los Uchiha y... dios, ¿quién puede crear una historia tan cruel? La historia de los Uchiha... mi historia. Me recorre un escalofrío de pensarlo. No, aún no me creo nada de esto... no del todo.
Sin embargo, he empezado a sacar teorías, hay algo que me hace pensar que no es tan descabellado; el anillo de mi madre. Es igual al de todos los Akatsukis, sólo que en ese ponía "plateado", y ninguno de los personajes tiene esa inscripción, así que no puede ser una réplica, o algo.
-Tengo que irme.- le digo de pronto, levantándome de las escaleras de su portal.
-¿A dónde?- pregunta, girando la cabeza después de un rato.
Meto las manos en los bolsillos laterales de la chaqueta negra que al final me compré.
No respondo a Ayumu, aunque podría contarle lo de mis visiones/visitas de mi gemelo malvado... o lo que fueran, pero no quiero que piense que estoy loco. Debo comprobar que es real antes de contarle nada.
Cruzo la carretera, dejándola a ella a mi espalda observándome preocupada.
"Si algún día te interesa ya nos veremos, o no..."
Genial, pues ahora me interesa, ¿por dónde se supone que debería buscar?
Me siento en la repisa de la ventana de una casa abandonada, esperando. ¿Esperando qué? Una aparición divina, yo que sé.
-Ahora me interesa, Gin'iro...- susurro, anda que el que me vea... Aunque gracias a dios no hay nadie por aquí. –He dicho que estoy preparado para asimilar la información...- levanto un poco más la voz, no sé como pero noto que no hay ninguna presencia extraña cerca, y eso me da un poco de seguridad.
-¿Seguro?- pregunta una voz que ya empieza a serme conocida.
Trago saliva, intentando no hacer ruido, y luego le encaro.
-Sí.- afirmo con decisión.
Asiente conforme.
-Sígueme.- ordena, saltando al tejado del edificio abandonado en cuya ventana estaba yo sentado hace un momento.
-¿Cómo se supone que voy a hacer eso? –estallo con los ojos como platos, mirando al lugar por el que Gin'iro ha desaparecido.
El Uchiha no me contesta, y ya ha anochecido, por lo que divisar la escena es complicado.
-¿Gin'iro?
-Dios, eres un inútil.- escucho quejarse a alguien por encima de mi cabeza, en el tejado, supongo.
-Lo que no soy es un... lo que sea que seas tú.- me defiendo.
-¿Un Ninja? No si eso ya lo sé. –hace una pausa. –No pienso llevarte en brazos ni nada por el estilo. Si no quieres seguirme puedes hacerlo.
-Sabes que sí que quiero. –gruño.
Miro lo poco que distingo de la pared y la ventana, trazando cálculos rápidamente.
Me muerdo el labio.
-Voy a intentar escalar, espera. –anuncio antes de saltar sobre la repisa, con más agilidad de la que esperaba. No me da tiempo a alegrarme, una mano me agarra del brazo y tira de mí hasta subirme al tejado, clavándome los picos de las tejas en la parte baja del estómago.
-¡Auch! –en realidad ha sido algo más que un "auch", pero no tengo intención de quejarme en exceso, mi acompañante no parece muy paciente.
-Vamos. – exige ya en pie, mirándome altivamente.
Me levanto con algo de esfuerzo, ahora es noche cerrada y no veo a mi simpático compañero.
-Espera, ¿dónde vamos? –me acerco a él un poco a tientas, guiándome por ese extraño instinto que aún no entiendo.
-A un lugar dónde se pueda hablar sin riesgo. –no se vuelve para mirarme mientras habla.
-No veo nada. –confieso.
Vuelve los terroríficos ojos rojos hacia mí, que brillan en la noche como los de un gato.
Gruñe, me coge por la muñeca (zona que no soporto que me toquen, aunque llevo una muñequera) y tira de mí el resto del camino.
En el que, por cierto, no me avisa ni una vez de las tejas levantadas y rotas, con las que casi me mato.
-¡Gin'iro, espera! –suplico intentando zafarme de su agarre.
-Cállate, si fueras un poco más ágil podrías moverte por ti sólo, es culpa tuya.
-Joder, pues lo siento. Oye... ¿en serio no podemos quedarnos ha hablar aquí? No hay nadie, son las doce de la noche y estamos en un tejado... Además... debería volver a casa.- alego, y de pronto el Uchiha se para.
-Está bien, te resumiré la situación y trataré de simplificarla para tu corta mente.
Le fulmino con la mirada, mientras me froto mi torturada muñeca, o la muñequera que siempre llevo, lo mismo es.
-No te preocupes por eso. –murmuro entre dientes.
-Cómo sea... Tú y yo somos hermanos gemelos, como es obvio, Madara, mi maestro, nos separó al nacer y...
-No sigas, tengo que asimilar esto. –le corto, haciendo que frunza el ceño molesto. –Déjame adivinar el resto de la historia; gemelos separados al nacer, tú el malo y yo el bueno, y ahora debemos unir nuestras fuerzas y convertirme en un... Ninja para enfrentarnos contra... yo que sé, ¿una serpiente gigante? –alzo una ceja.
-Eso es absurdo. La razón es tan simple como que vengo a buscarte porque Madara... cree que puedes llegar a ser tan fuerte como yo.- escupe las últimas palabras.
Abro la boca para decir algo, pero en lugar de eso, sale una pregunta.
-¿Somos hijos de Uchiha Itachi? –es evidente que sí.
-Es evidente que sí. –guau.
-Los dibujos mangas son reales, ¿no?
-Yo no se nada de manga.
-Genial...
Hacemos el mismo gesto de desesperación, rodando los ojos, para luego fulminarnos con la mirada.
-No vuelvas a hacer eso. –amenazamos a la vez, frustrándonos más.
-No entiendo como un tipo así podría ser hermano mío.- gruño.
-Lo mismo digo. –ruge él.
Quedamos en silencio un rato, hasta que lo rompo.
-Por cierto, ¿cómo se supone que voy a convertirme en… eso?
-¿En Ninja? Entrenando, claro. –responde con total normalidad.
-Por favor, dime que no me entrenarás tú.
-Yo no tengo paciencia –estamos de acuerdo en algo -ni tiempo para un negado como tú.-bueno, en eso no estamos tan de acuerdo…
-¿Cómo sabes que soy un negado? Nunca antes había subido a un tejado de un salto, ni me había desplazado por este a la velocidad de la luz.
Resopla.
-Mira, déjalo, tienes que volver con tu madre, ¿no? Pues ya nos veremos en otra ocasión.
-No es sólo mi madre, es también la tuya. –murmuro, pero él ya se ha ido. Y cuando se ha dado la vuelta he podido ver que mi primera impresión sobre su pelo era errónea; lleva una trenza que le llega a media espalda.
Miro a mí alrededor, bueno, a lo poco que veo de mí alrededor. ¿Cómo mierda bajo yo ahora de aquí? Maldito Uchiha…
-Flashback-
-¡Ya estaba bien! –exclama cabreada Marina.
Trato de sonreír.
-Lo siento, estaba durmiendo.
-Para variar. –rueda los ojos Carlos.
-Dejadme en paz. –me defiendo caminando hacia ellos, que están en el banco debajo del árbol más grande del parque.
-Bueno, vamonos. –suspira Fran, que estaba todo el tiempo callado, como siempre.
Y así los cuatros echamos a andar.
-¿Dónde te has dejado a Leo? –me pregunta con tono malicioso Marina, a la que Leo siempre le ha gustado.
-Soy su novia, no su niñera. –espeto de mala gana.
-Hm, pues yo de ti no lo perdía de vista, no es muy difícil encontrar una tía mejor que tú.
Aprieto los puños.
-Bueno, teniéndote a ti al lado... la decisión era fácil. –sonrío perversa.
-¿Qué os vais a poner esta noche? -interrumpe Fran para que cambiemos de tema. Y funciona.
-¡Tía! Me he comprado unas botas que son DIOS.
-¡¿Si?! ¿Cómo son? ¿Te las pondrás esta noche?
-Bien hecho, Frankie. -veo a algo de distancia como Carlos le felicita con una palmadita en la espalda.
Y Marina parlotea sin parar hablandome de sus botas, lo cual tampoco me importa demasiado... Aunque la verdad es que soy una obsesa de las botas.
Como siempre, me evado y dejo de escuchar a Marina, ahora sólo oigo el sonido del mar cuando ella habla. Es impresionante lo que hace el cerebro por sobrevivir... Creo que se me está llendo la olla.
Levanto la vista al cielo, y cuando vuelvo a bajarla descubro que Frankie me está mirando.
-¿Qué pasa? -le pregunto un tanto pava.
Aparta los ojos, avergonzado.
-Nada, pero... luego tengo que hablar contigo.
Ladeo la cabeza extrañada, él se vuelve, dejando delante de mí su pelo puntiagudo por detrás, aunque por delante lleva flequillo. Seh, el típico peinado emo.
¡Muchísimas gracias! ¡Kyaaa! Pensaba en no publicar más ^^ Me desanimo con facilidad.
Tengo que irme corriendo =S
Que el Dios Cuervo te guíe
