El final de nuestra historia
Como cabía esperar, comenzaron los destrozos, las desapariciones y los asesinatos. Incluso el clima se había vuelto más frío y turbador.
Pero, tras solo dos semanas en casa de sus tíos, Harry había recibido muy contento, un pergamino de Dumbledore, informándole de que lo llevaría a La Madriguera, después de ayudarle con un favor.
Eso era lo mejor que podía haberle pasado, porque a pesar de que tanto Arthur, como Remus, como Moody, habían amenazado a Vernon en la estación, el comportamiento de éste y de su esposa e hijo, no habían cambiado en absoluto hacia su persona. Aunque se lo imaginaba de antemano.
Cuando el director de Hogwarts se presentó en casa de sus tíos, antes de partir, le contó que Sirius en su testamento le había dejado todas sus cosas, incluidas el número doce de Grimmauld Place, el hipogrifo Buckbeak y al detestable elfo Kreacher, que Harry sin dudar envió a las cocinas de la escuela, con los otros elfos domésticos. Al moreno le hubiese gustado que Remus viviera en la casa que había sido de su padrino, pero como no sabía donde estaba, ni podía escribirle, la vivienda estaría vacía.
En lo referente a Draco, después de la primera semana, se mantuvo atento a la ventana por si Elle aparecía de repente, pero al parecer, el rubio no tenía mucho que contarle todavía. Harry se consolaba porque tenía las fotos que había sacado de ellos dos juntos, y la esfera de Hogwarts que guardaba como un tesoro, y observaba ambas cosas a cada rato.
El favor que tuvo que concederle al sabio anciano, fue acompañarlo en la búsqueda de un profesor, Horace Slughorn, que sentía una clara afición por rodearse de alumnos con un probable brillante futuro en cualquier campo, por lo que aceptó volver a la escuela al ver a Harry.
Una vez en La Madriguera, se encontró con la alegre noticia de que Bill y Fleur iban a casarse el verano siguiente. Aunque a Molly y a Ginny no les agradaba mucho la idea y se veía que no tragaban a la chica de acento francés. Otra cosa buena, era que a Arthur, el padre de Ron, le habían ascendido, dirigiendo la Oficina para la Detección y Confiscación de Hechizos Defensivos y Objetos Protectores Falsos. A los gemelos les iba genial con su tienda de Sortilegios Weasley e incluso vivían en el callejón Diagon. Y esto alivió al de ojos verdes, porque al no estar ni Fred ni George, la habitación de ellos la ocuparía él, y tendría más privacidad por si recibía carta de Malfoy. Así como para mirar las fotos tan celosamente protegidas.
A la mañana siguiente, Harry puso al día a Ron y a Hermione, contándoles la profecía que el director le había confesado el curso anterior, pillando por sorpresa al pelirrojo, pero no tanto a la inteligente chica.
Aparecieron unas lechuzas, que les llevaron las notas de sus TIMOS, y fueron mejor de lo que habían esperado, aunque el moreno, por su nota de Pociones, ya esperaba no poder ser auror, igual que Ron.
Durante varias semanas después, ninguno de los tres salió de La Madriguera. Las desapariciones y los accidentes seguían siendo noticia en El Profeta. Y cuantos más días pasaban, la mente de Harry más divagaba hacia Draco. Pensaba constantemente con quién estaría, si con Blaise o con Pansy. Lo que le mantenía tan ocupado como para no escribirle. Se sentía tentado de escribirle él, pero ¿y si metía la pata? Lucius seguía en Azkaban y tal vez el rubio no estaba de humor para cartearse con el 'Elegido', como lo llamaban ahora. Hermione era la que más lo pillaba en sus estados de ensimismamiento e intentaba tranquilizarlo con evidentes teorías, la que más usaba era la de que ahora que Voldemort había vuelto, no era plan de estar enviando lechuzas de aquí para allá, y menos cuando el Señor Tenebroso estaba deseando echarle el guante.
Pero Harry, no sabía por que, tenía un mal presentimiento. Algo en su corazón y en su mente le indicaban que algo no iba bien. Y no tenía que ver con Voldemort, por más que intentaba convencerse de que así era.
Los Weasley celebraron el cumpleaños de Potter, que por primera vez tuvo una fiesta. Molly, Arthur, Bill, Fleur, Ron, Ginny, Hermione, y Remus le acompañaban.
Lupin, para alegría de Harry, a pesar de que siempre que lo veía tenía peor aspecto, no se había querido perder la celebración de su dieciséis cumpleaños, aunque el ambiente se volvió algo truculento cuando las conversaciones solo giraban en torno a las victimas de los últimos sucesos. Lo que hizo que Harry se olvidase de decirle al licántropo que viviera en la casa de Sirius sin problema.
Por la mañana, recibieron las cartas de Hogwarts y esta vez para el niño que vivió, había una insignia, la de capitán del equipo de Gryffindor. Y tocó el tradicional desplazamiento al callejón Diagon. Al llegar allí los acompañó Hagrid.
La primera parada que tuvieron que hacer fue la tienda de túnicas de Madame Malkin y el moreno inconscientemente apresuró el paso para llegar allí, como sí el pasado fuera a repetirse. La única diferencia a lo ocurrido hacía seis años era que esta vez Ron y Hermione acompañaban al semigigante y a él. Pues, nada más abrir la puerta, una voz muy familiar le hizo detenerse.
-...ningún niño, por si no te habías dado cuenta, madre, soy perfectamente capaz de hacer las compras por mi cuenta.
Aceleró el paso y lo vio. Su rubio, de pie, frente al espejo, como aquel día, se estaba probando una túnica de color verde oscuro, y Madame Malkin, le ponía alfileres alrededor del dobladillo. Cuando las orbes grises repararon en el trío que lo observaba, encabezado por el de gafas a través del espejo, se dirigió a su madre, ignorando las presencias a su espalda.
-Madre, creo que no quiero esta túnica-se quitó la prenda por la cabeza y la entregó a la bruja dueña de la tienda.
Ambos Malfoy salieron del establecimiento, dejando a Harry estupefacto, ya que le dio la sensación de que el Slytherin se había ido por haberlo visto a él. Sintió una punzada en el pecho. Tal vez eran imaginaciones suyas, pero...la fría mirada de Draco a través del espejo no le dio buena espina. Reparó en que sus amigos estaban a su lado y eso quizás, sumado a la presencia de su madre, hicieron que no denotase ningún tipo de relación cordial entre ellos. Se tranquilizó, pero Hermione se había fijado también.
Tenían ya todo lo necesario y fueron a la tienda más concurrida del lugar, Sortilegios Weasley. Los gemelos estaban dispuestos a regalar a Harry todo lo que se le antojase, y éste miraba interesado sus productos, cuando, al otro lado del escaparate, vio pasar a Malfoy, solo, e iba calle arriba en actitud sospechosa. Y el mal presentimiento volvió a inundar al moreno, que en la inevitable compañía de Ron y Hermione, bajo la capa invisible, siguió al rubio. Éste se adentró en el callejón Knockturn y finalmente lo vieron en Borgin y Burkes.
Gracias al cristal, y a unas orejas extensibles del pelirrojo, vieron y escucharon la conversación que Draco mantuvo con el señor Borgin. Harry reconoció el armario donde se había escondido en una ocasión, y en ese momento ocultaba un poco al ojigris de sus curiosas miradas. No así al propietario del local.
La charla que mantuvieron en la tienda, había sido de lo más extraña. Malfoy quería que le reparasen alguna cosa, importante al parecer, y en un momento dado había enseñado algo a Borgin, que lo había asustado, pero el trío no pudo ver que había sido. Hermione, cuando el rubio se hubo marchado, intentó averiguar que objeto había pedido el Slytherin que no se vendiera, pero no fue bien recibida. La punzada en el pecho de Harry aumentó su intensidad y empezó a obsesionarse, repasando una y otra vez las palabras escuchadas en la espeluznante tienda. Y sus amigos se habían cansado de oírle repetir lo mismo sin cesar.
Días después, mientras rememoraba de nuevo los hechos, junto a Ron y Hermione, llegó a una alarmante conclusión, que le revolvió las entrañas.
-Es un mortífago...-era tan duro decirlo, como pensarlo-ha relevado a su padre, seguro, ahora que éste está en Azkaban...
El pelirrojo se rió-¿Malfoy?¡si sólo tiene dieciséis años!¿cómo quieres que Quien-tú-sabes le permita unirse a los mortífagos?
Lo de la edad tenía sentido, pero, en su mente, aquellas palabras se habían quedado grabadas con profundidad. Y una punzada mucho más fuerte le apareció en el pecho, al pensar por un momento que Draco podía llevar la Marca Tenebrosa.
-Le enseñó a Borgin algo que nosotros no llegamos a ver...-continuó Harry, más para sí mismo en realidad-algo que lo asustó mucho, era la Marca, estoy seguro-notó el desagradable nudo en la garganta.
-No lo creo Harry- espetó Hermione, tal vez viendo su cara alarmada-no hay mortífagos tan jóvenes, nunca los ha habido-y le pasó una mano por la espalda, para tranquilizarlo.
Pero el ojiverde estaba demasiado seguro de que lo decía. Deseaba con todas sus fuerzas que eso no fuese verdad. Aferrándose al hilo de esperanza que aún conservaba. Si Malfoy fuera un mortífago ¿qué pasaría entonces?¿qué sería de ellos dos?. Recordó su encuentro en la tienda de túnicas y como se había ido nada más verle. ¿No pasaría nada más entre ambos?¿ya no podría lograr que le amase? Draco era su luz en la oscuridad que le acechaba al saber que podía morir, y ahora, estaba en penumbras. La esperanza era lo único que tenía. Esperaba con toda su alma estar equivocado.
Una vez en la estación, listos para coger el expreso rumbo a Hogwarts, Harry se sintió tentado de contarle a Arthur lo ocurrido, pero se lo pensó mejor. Si eran ciertas sus sospechas, podía meter en un apuro a Draco y perderlo antes de saber las razones que podían haberle empujado a hacer algo así. No le cabía en la cabeza, que de haber podido elegir, Malfoy fuese un mortífago por voluntad propia...quizás la Imperius...Cavilaciones.
A diferencia del año anterior, Harry se había vuelto muy interesante, sobretodo para las chicas, que mientras buscaba compartimento, se le quedaban mirando como bobas al pasar. Acabó sentándose con Neville y Luna, y más tarde se les unieron Ron y Hermione, que portaban más inquietantes noticias.
-¿Sabéis qué?-dijo Ron mirando a su mejor amigo- Malfoy no está cumpliendo con sus obligaciones de prefecto-el moreno al escuchar esto, lo observó atento-está sentado en su compartimento con los otros alumnos de Slytherin, lo hemos visto al pasar.
-Eso no es propio de Malfoy- dijo Harry, cada vez estaba más seguro de que sus sospechas eran ciertas-le encanta exhibir su poder y fardar de su cargo de prefecto...¿él os vio?
-No nos vio, estaba hablando con sus amigos, Crabbe, Goyle, Zabini y Pansy, que también es prefecta, pero...-añadió Hermione.
Antes de que pudieran seguir hablando, una alumna de tercero informó a Harry y a Neville de que, el profesor Horace quería comer con ellos, y así lo hicieron, junto a Ginny, Blaise, Cormac McLaggen, que estaba en Gryffindor e iba a séptimo, al igual que Marcus Belby, de Ravenclaw.
La comida fue todo un aburrimiento, y duró hasta casi caer la noche. Cuando pudieron salir, Harry, con su inseparable capa, decidió seguir a Zabini hasta el compartimento de su rubio, para así enterarse de algo. Una vez dentro, se subió en el portaequipajes. No le gustó en absoluto lo que vio, puesto que en cuanto Blaise se sentó, Draco se tumbó ocupando dos asientos con la cabeza sobre las rodillas de Pansy Parkinson, y ésta le empezó a acariciar el lacio y rubio cabello, sonriendo estúpidamente, como siempre. Harry quería matarla, podía hacerlo sin que nadie lo viera, la tenía a tiro. Ese gesto era de ellos. Su serpiente se lo hacía a él, esa arpía no tenía derecho ni a tocarle. Pero asesinarla significaba interrumpir y perder la ocasión de descubrir algo. Aunque la tentación seguía ahí.
-Cuenta Zabini- dijo Malfoy de pronto-¿qué quería Slughorn?
-Solo trataba de ganarse el favor de algunas personas bien relacionadas-contestó éste-aunque no ha encontrado muchas.
-¿A quién más invitó?-preguntó Pansy, siguiendo su tarea.
-A McLaggen, de Gryffindor...a un tal Belby, de Ravenclaw...Longbottom, Potter y esa Weasley.
Malfoy se incorporó de golpe y apartó la mano de Parkinson, cosa que alivió a Harry.
-A Potter lo entiendo...es lógico que quisiera conocerlo...pero ¿a esa Weasley?¿qué tiene de especial?-el tono iba cargado de celos, pero eso solo lo notó Blaise.
-Muchos chicos están colados por ella-añadió la chica, metiendo más el dedo en la llaga sin querer-y eso que es una repugnante traidora a la sangre y nada guapa.
El ojigris estaba muy de acuerdo con esa última apreciación, se calmó y volvió al regazo de la joven, pasando los celos al moreno que observaba invisible.
-Me sorprende que no me invitase-dijo el rubio-mi padre era uno de sus alumnos predilectos.
-Creo que no le interesan los mortífagos Draco- apuntó Zabini, y esto hizo que el corazón de Harry se detuviese, esa palabra...
-No me importa lo que le interese a ese estúpido profesor-bostezó-además, ni siquiera sé si el año que viene iré a Hogwarts, así que no me importa caerle bien o mal...
-¿Qué quieres decir con que no sabes si irás a Hogwarts?-dijo alarmada Pansy, que hizo que por una vez el Gryffindor le estuviera agradecido por la oportuna pregunta.
-Nunca se sabe-dijo Malfoy, y su mirada se tornó ausente-tengo cosas más importantes de las que preocuparme que de la escuela.
A Harry, acurrucado en la rejilla portaequipajes bajo su capa invisible, se le aceleró el corazón. Los amigos del rubio también parecían muy sorprendidos y hasta Crabbe dejó de leer su cómic.
-¿Te refieres...a ''él''?-preguntó la chica, y volvió a acariciarle el pelo.
-Mi madre quiere que acabe mi educación en Hogwarts, pero francamente, tal como están las cosas, no creo que eso tenga tanta importancia, al Señor Tenebroso no le importará eso, sólo la clase de servicio que se le haya prestado o el grado de devoción demostrado...ya se ve Hogwarts- anunció Draco finalmente-será mejor que vayamos poniéndonos las túnicas.
El ojiverde estaba tan concentrado observando a Malfoy, que no se fijó en que Goyle intentaba bajar su baúl de la rejilla, y cuando lo logró, Harry recibió un fuerte golpe en la cabeza, de modo que no pudo reprimir un grito ahogado. El rubio miró hacia la rejilla con cara de extrañeza, pero por fortuna, pareció decidir que se había imaginado el ruido, se puso la túnica como hacían los demás, cerró su baúl y, cuando el tren redujo la velocidad hasta casi detenerse, se abrochó una gruesa capa de viaje nueva. Las voces de los alumnos ya se empezaban a oír y comenzaron a bajarse.
-Ve tú primero-le dijo Malfoy a Pansy, que lo esperaba con un brazo extendido, como si él fuera a cogerla de la mano-necesito comprobar una cosa.
Harry y Draco se quedaron a solas y el rubio echó las cortinas de la puerta. Se agachó y abrió de nuevo su baúl. El de ojos verdes lo observaba desde el borde de la rejilla, con el corazón a punto de salirle del pecho. ¿Qué era eso que Draco no había querido enseñarle a Parkinson?¿estaba a punto de ver el misterioso objeto roto que tan importante era que le repararan?
-¡Petrificus totalus!
Sin previo aviso, Malfoy apuntó con su varita a Harry, que al instante quedó paralizado, perdió el equilibrio y, con un doloroso golpe que hizo temblar el suelo, cayó a los pies del otro. Quedó encima de la capa invisible, con todo el cuerpo expuesto y las piernas encogidas. Aturdido y paralizado, a duras penas logró mirar al rubio, que lo miraba serio.
-Ya me lo imaginaba-dijo éste-he oído el golpe que Goyle te dio con el baúl y cuando Zabini regresó me pareció ver un destello blanco...conozco demasiado la habilidad de esa capa tuya...-se agachó y sacó la mencionada capa de debajo del indefenso cuerpo-no has oído nada que me importe Potter, pero ya que te tengo aquí...-le propinó una fuerte patada en la cara, rompiéndole la nariz, y salpicando sangre por todos lados-esto para que se te quiten las ganas de espiar a nadie-y lo tapó volviéndolo invisible nuevamente-si tengo suerte, no te encontraran hasta que el tren haya regresado a Londres, ya nos veremos...o quizá no.
Y salió.
Afortunadamente para el moreno de gafas redondas, Tonks lo encontró antes de que el tren hubiese avanzado mucho y andaron hacia el colegio.
-¿Quién ha sido?-preguntó la metamorfomaga.
-Draco Malfoy- contestó amargado Harry- gracias por...bueno...
-¿Tú novio te ha hecho eso?-la sorpresa en la voz era lógica-¿os va ese rollo o qué?
-No...y me parece que ya no es mi novio-estaba claro que las cosas habían cambiado para mal, y no hacía falta una patada en la nariz para intuirlo.
-Lo siento mucho Harry, pero todo tiene arreglo, si me dejas empezaré por tu nariz y podrás recuperarle- le guiñó un ojo-con este aspecto dudo que vuelva contigo ¡Episkeyo!-funcionó-¿has hecho algo que le disgustara?
-Yo no he hecho nad...-se quedó en absoluto silencio, e incluso tuvo que dejar de andar. Error. Sí tenía la culpa. Si Draco era un mortífago, y todas las papeletas decían que así era, Harry tenía la responsabilidad plena...
Snape fue el que lo acompañó hasta el interior de la escuela y le hizo entrar en el Gran Comedor cubierto de su propia sangre y asombrando al resto del alumnado. Comió un poco de tarta de melaza , puesto que llegó a tiempo para los postres, pero la desazón que sentía era demasiado grande para cenar en condiciones. Para colmo de males, el nuevo profesor Slughorn, iba a darles Pociones, así que el de cabello graso y nariz ganchuda, les daría Defensa Contra las Artes Oscuras, como tanto ansiaba.
Cuando el discurso de Dumbledore terminó, todos los alumnos marcharon a sus habitaciones, pero Harry no. Hermione y Ron guiaron a los de primer año a la torre. Las verdes orbes solo observaban al rubio, que rezagado también, hablaba distraídamente con Blaise y no podía perder la oportunidad, debía ser ya. Luna se le acercó.
-Harry, te echamos de menos en el carruaje, los thestrals...
Empezó a caminar, y no le dio importancia a que la chica de Ravenclaw lo siguiera.
-¡Malfoy!-gritó, provocando que tanto éste, como su amigo se girasen. Blaise hizo ademán de marcharse, pero el rubio con un gesto lo detuvo. No había ya nadie más que ellos cuatro.
-Veo que te encontraron Potter, lástima-se cruzó de brazos y miró con desprecio a Luna que estaba al lado del moreno, observándole con curiosidad.
-Tenemos que hablar Malfoy- quiso sujetarle por si huía, pero algo se lo impidió.
-Vale, habla-¿no le importaban los testigos? pues a él tampoco.
-¿Eres un mortífago verdad?-los ojos plateados se abrieron durante unos segundos con sorpresa, pero el rubio se echó a reír, con poca credibilidad.
-No digas tonterías Potter, ¿si fuera un mortífago crees que te lo diría?¿piensas que seguimos contándonos las cosas como amiguitos del alma? menos confianzas, Potter, eso se terminó, puedes usar el cuartucho para tirarte a otros-los ojos de Luna se abrieron más de lo que lo hacían habitualmente y en la cara de Blaise se veía reflejada la incomodidad más absoluta.
-¿De verdad crees que eso es lo único que me importa?¿tirarme a alguien?-la punzada nuevamente-¡que estúpido eres! yo me preocupo por ti, yo te consideraba mi...
-¡Callate! no te metas en mi vida Potter, tú no eres nadie, ¿no te quedó claro en el tren? me das completamente igual ¿creíste que eramos amigos?¿qué las cosas serían como los últimos dos años? pues en absoluto, ¡olvidalo todo!, ¡como si nunca hubiera pasado!, volvemos al principio, solo enemigos, ¡se acabó!-se dio la vuelta y se marchó de allí rápidamente, seguido de Zabini.
Harry sentía como las lágrimas se le agolpaban en los ojos, su vista empezaba a ser tan borrosa como cuando no llevaba las gafas puestas.
-Olvidarlo...-murmuró, y sus temblorosas piernas ya no le sujetaron, cayendo de rodillas en el suelo, como en las clases de Oclumancia. Unos enormes deseos de gritar y de golpear algo con todas sus fuerzas se hicieron patentes en su cuerpo. Lo que tanto temía, lo que una y otra vez se repetía que si llegaba a suceder no podría soportar, estaba pasando. Era un dolor tan intenso, que por un momento sintió que se mareaba.
-Harry...-la compungida voz de Luna resonó en sus oídos. La chica estaba en cuclillas, a su lado, mirándole con deje de tristeza.
-¿Como puedo olvidarle?-la miró a los ojos, destrozado-después de haber saboreado sus labios, de haber tocado su piel, probado su cuerpo, respirado su aroma, escuchado su voz...
Las lágrimas cubrían su rostro. Ya era inevitable.
