Disclimer: Gracias Kishi por estos alimentos que hoy vamos a comer, 'tebayo.
Advertencia: lo mismo tiene spoilers del shippuden... qué sé yo.
¡Volví! ¡Y traigo a ese ser celestial (o del inframundo) al que tanto hemos extrañado!
Muchisimas gracias por los reviews y espero que os guste ^^ Al menos, ya sale él y no sus retoños xD
No lo alargo más que vengo del gimnasio y estoy para el arrastre T_T (Si, la friki de Yamako-chan en un gimnasio... nadie me cree TwT)
Espero disfrutéis de su aparición y el primer derramamiento de sangre en sus manos después de tanto tiempo ^^ (ni yo sé lo que he dicho)
¡Flashback I: NO SOY UNA JODIDA MUÑECA!
No soy una jodida muñeca, ¿por qué le cuesta tanto entender eso?
Y al final, aquí estoy, delante de su puerta vestida como una puta Barbie princesa... ¿Para qué? Bueno, hoy voy a conocer a sus padres. Sí, aunque sólo llevemos dos meses y medio saliendo.
"Nota mental: matar a Leo"
Llamo al timbre tras unos segundos de reflexión. La puerta se abre y veo la maldita mansión que parece sacada de una película. Vale, ahora recuerdo porqué estoy saliendo con él...
¿Qué pasa? Sí, sí, soy una materialista, pero... joder, yo no puedo enamorarme, ¿vale? Así que ya que un tío con un culo que te cagas y un cochazo de la ostia se me declara... Joder, no soy tonta... Al menos no lo suficiente como para negarme a eso...
-El señor Leonardo le está esperando en el salón. –me indica el estirado del mayordomo.
"Señor Leonardo" Puaj.
Entro con cuidado de no estropearme el carísimo vestido dorado y, por un milagro, descubro el salón, en el que mi novio me ayuda a entrar con una sonrisa que parece bajada del cielo.
Todo él es como un ángel... y yo siempre he sido una criatura de la oscuridad, así que no es algo que me entusiasme...
Es rubio, con el pelo por encima de los hombros y un pijo flequillo de lado, tiene los ojos entre verdes y azules y la piel un poco más oscura que yo. Es bastante alto y de cuerpo está como un maldito tren. ¿He mencionado ya que tiene un culo que te cagas?
-Madre y padre llegarán enseguida, siéntate. –ofrece siempre tan educado.
-Hm. –me siento sin tener en cuenta mi pomposo vestido y me quedo... bueno, como suelo sentarme siempre, con las piernas bastante separadas.
-Oye, cariño... ¿Podrías comportarte hoy... un poco más femenina? –sugiere entre dientes.
-Grr... –gruño obedeciendo.
Vuelve a sonreír como un ángel.
-¿Estás nerviosa? –pregunta frotándome un brazo en gesto cariñoso.
-Nah, un poco... ¿Y tú?
-Un poco. –suspira.
Después de esa super conversación filosófica sobre el sentido de la existencia, sólo se oyen los relojes antiquísimos de pared que hay a los lados de la puerta.
Me falta una coronita, en serio... Me siento tan... de plástico.
-Otra cosa, mi vida, ¿puedes sonreír a todo lo que nos digan? –vuelve a pedirme.
Tardo un poco en asentir forzando una sonrisa.
El también sonríe.
-Estás preciosa, Ángela.
Si, vamos, divina de la muerte...
-Me siento subnormal.
Se ríe.
-Vas preciosa. –repite poniendo una mano sobre la mía.
Escucho voces fuera de la sala y mi corazón empieza a latir frenéticamente.
-Recuerda sonreír. –susurra.
Vuelvo a forzar el gesto y la puerta se abre.
-¿Quién demonios...? –se queja Leo al ver al sujeto que entra.
Abro mucho los ojos, ¿por qué me suena su cara? Es cómo si lo hubiera soñado...
El tipo es moreno con el cabello largo recogido en una coleta baja, viste una gabardina negra, y no puedo verle la cara por las sombras que inundan la habitación.
-Sal de aquí. –susurra el desconocido en un idioma que no hablo, y aún así, lo entiendo perfectamente.
-¿Qué...? –murmuro extrañada.
-¡No! –escucho a Leo, abalanzándose sobre mí.
No me da tiempo a reaccionar cuando el desconocido se lanza contra él y le atraviesa con una extraña espada. Ni un grito emerge de mi garganta.
La sangre me salpica y el cuerpo sin vida cae al suelo, dejando otra vez la sala sumida en silencio solo roto por el tic-tac de los relojes.
Entre las sombras, uno de los pocos rayos de luz que entran por las ventanas enfoca los ojos del hombre que tengo delante.
Tiene los ojos rojos.
El miedo me paraliza por completo, y me deja indefensa ante esos brillantes ojos rojos.
-Fuera de aquí, ahora.
No puedo moverme, y creo que voy a echarme a llorar.
-L-le has... matado... –sollozo, sin apartar la vista de su mirada.
Mi llanto se va acentuando conforme voy entendiendo eso.
-¡¡Le has matado!!
Ignorándome por completo, me coge del brazo con brusquedad y hace una cosa rara con las manos. Cuando me doy cuenta, estamos en un lugar totalmente distinto, aunque tampoco estoy segura de eso ya que está todo a oscuras.
Rodea mi cintura con un brazo y me pega de espaldas a él, tapándome la boca con la otra mano.
Escucho pasos de varias personas, pero no puedo pedir ayuda.
De mis ojos siguen surgiendo lágrimas, y lo único que se oye son nuestras respiraciones.
Un rato después de que dejen de oírse las pisadas, me destapa la boca.
-Leo no existe, era una trampa para secuestrarte, Ángela.
Sigue hablando en chino, o algo de eso, y aún así... yo lo sigo entendiendo como si lo dijera en español.
-¿Para qué querían secuestrarme? –pregunto en un siseo, harta de llorar.
-Ellos creen que pueden hacerte recordar... y usar esa información en su beneficio.
Frunzo el ceño.
-¿Recordar el qué? ¿Quiénes son ellos?
Suspira.
-Son ANBU.
-¿Qué?
-El equipo especial de Konoha.
-¿Ko...noha?
-Todo tendrá sentido más tarde, te lo prometo.
Me quedo callada un rato, hasta que me atrevo a preguntar.
-¿Q-quién demonios eres?
-La única persona en la que puedes confiar. –refuerza la sujeción de mi cintura, como si quisiera protegerme de algo.
-¿Quién se supone que soy yo?
-Una Akatsuki... o al menos lo eras.
-Genial, ¿y qué coño es akatsuki?
Resopla.
-Todo llegará, de momento nos vamos a un lugar más seguro.
Noto como hace otra cosa rara con las manos, y vuelvo a ser desplazada, esta vez...
Aparecemos en una habitación no muy grande. Hay una cama, un armario, y demás cosas típicas de un dormitorio.
Es un lugar extraño, de aspecto oriental.
-¿Dónde…? –acierto a peguntar, boquiabierta.
-Siéntate ahí y no te muevas. –ordena, para luego sentarse en un escritorio que tenemos detrás y ponerse a escribir en chino, o lo que sea, sobre un pergamino usando un pincel y tinta negra.
Obedezco y me siento, algo temerosa, en un lateral de la cama, cuyos pies están al lado del escritorio.
-¿Vives aquí? –le pregunto mirando a mi alrededor.
Cuando me doy cuenta, he hablado en su idioma.
Vale, esto es muy raro.
-Hm. –responde secamente sin apartar la vista de los papeles.
Lo tomaré como un sí.
A todo esto… este lugar y esta escena… me resultan tan familiares…
-Oye, ¿Nos conocíamos de antes?
Deja de escribir, al notarlo me giro y compruebo que está con la mirada perdida sobre la mesa.
-Sí. Nos conocíamos… hace tiempo. –casi susurra las últimas dos palabras.
-Eso es raro. Si conociera a un tío así me acordaría… -me quejo extrañada.
Espero un poco, pero no contesta. Arrugo el ceño mosqueada. Qué tío más raro, coño.
Menudo antipático...
Aburrida y sintiéndome realmente incómoda, me pongo a palmear en mis rodillas tarareando alguna canción de Emilie Autumn.
Doy un brinco cuando se levanta de pronto con un pergamino de estos raros que se enrollan sobre sí mismos y lo coloca sobre el marco de la puerta.
Mordiendo el pincel para dejar las manos libres, hace otra cosa de esas moviendo las manos muy rápido (joder, que mal suena eso)
Abro mucho los ojos cuando las letras se iluminan en azul un segundo y vuelven a la normalidad. Coge el pincel otra vez y lo deja sobre la mesa.
Me quedo muy rígida y creo que estoy aguantando la respiración.
-Ángela, ¿recuerdas algo? –pregunta de pronto, haciéndome dar otro brinco.
-¿A-algo de qué? –tartamudeo. –N-ni siquiera me has dicho tu nombre... Y decías que ibas a explicármelo todo pero... –olvido lo que iba a decir cuando poso la mirada sobre sus orbes rasgadas y sus iris rojos, dios, es hechizante...
-Ahora tengo cosas que hacer. –alega rompiendo el contacto visual, para mi fastidio y, posteriormente, sonrojo total al darme cuenta de lo idiota que debo parecer. Pero es que aún no entiendo nada de lo que pasa y tengo la sensación de estar soñando. –No salgas de esta habitación, eso podría costarte la vida...
Estoy que echo humo.
-Oh, ya lo creo que tienes cosas que hacer: ¡EXPLICARME QUE COÑO ESTA PASANDO AQUÍ! –vocifero, dejándolo petrificado.
-Si vuelves a levantarme la voz me encargaré de silenciarte para siempre. –sisea girándose muy, muy cabreado.
Trago salvia y doy un paso atrás.
-L-lo siento… Es que no entiendo nada y… ¡mi novio está muerto! Todo está pasando demasiado rápido. –gimo al borde de las lágrimas (cómo no).
Se relaja un poco.
-Ángela, ¿por qué has confiado en mí? Podría estar mintiéndote, podría ser un psicópata, un secuestrador…
-Pero no lo eres. –le suelto con total seguridad.
-¿Cómo lo sabes? –susurra.
Esa es una muy buena pregunta.
-N-ni idea… Pero confío en ti, aunque no sé ni tu nombre…
-Uchiha Itachi. –se presenta por fin.
Sonrío.
-Me gusta como suena. –aunque signifique "comadreja".
Aparta la mirada.
-Hm.
Su indiferencia me saca de mis casillas.
-Y... ¿no vas a explicarme nada más? –insito cansada.
Suspira.
-Eres la portadora del anillo "Gin'iro", una akatsuki que fue entrenada por mí mismo. Has cometido más atrocidades de las que puedas llegar a imaginar siendo consciente en todo momento y, además, te gustaba. –estoy en shock, pero no dejo de prestarle atención ni le interrumpo. –No necesitas saber más. –termina.
Separo los labios para contestar, pero no sé que decir. Simplemente, vuelvo a sentarme en la cama.
-¿Q-qué es akatsuki? ¿Q-qué... clase de atrocidades hice?
-Akatsuki es la mayor organización criminal del mundo Ninja.
No sé si reírme o llorar.
-¿Ninja? ¿Asesinos? Yo... ¿era uno de ellos?
-Sí, Ángela, eres una de nosotros.
Me llevo las manos a la boca. Todo por lo que he estado llorando estos últimos dos años... ¿era esto? ¿Una vida como asesina?
No quiero creerlo, me niego a creerlo... ¿esto es para todo lo que valgo? ¿Para quitarles su vida a los demás?
-Debería estar muerta. –sollozo, pensando en voz alta, sin querer.
Me cubro más la cara con las manos, deseando hacerme invisible para que Itachi deje de mirarme, aunque no lo veo y no sé si lo está haciendo... supongo que sí.
-No. –me sorprende oírle casi con rabia. Le miro extrañada y el gira la cabeza. –Los ninjas no podemos llorar. –aclara.
Me seco las lágrimas como puedo.
-L-lo siento. –tartamudeo aún entre sollozos.
-Siéntelo por ti, malgastar la vida llorando por problemas a los que no les buscas solución es de estúpidos. –guau, creo que es lo menos frío que me ha dicho.
Dejo de llorar.
-¿Y qué puedo hacer para cambiar ese pasado que no recuerdo?
-Buscar un nuevo futuro.
Levanto la cabeza hacia él, con admiración.
-Intentaré que no tengas que volver a matar, de momento puedes dormir aquí.
Hace el amago de girarse.
-¡Espera!
Se vuelve
-¿Qué...?
-Quédate conmigo. –suelto sin pensar.
Frunce el ceño.
-Tengo miedo, Itachi, no sé que está pasando, este lugar es nuevo, está lleno de asesinos y... tú lo dijiste; eres la única persona en la que puedo confiar, ¿o no?
Lo piensa un segundo y niega con la cabeza.
-En ese pergamino está escrito un Jutsu de protección, ahora este lugar es inaccesible sin una llave con mi chakra.
-¿Chakra? ¿Jutsu?
Suspira exasperado.
-Oyasumi, Ángela. –y sale por la puerta antes de que yo pueda hacer nada.
Sí, es un tío raro, frío, misterioso, siniestro, borde... pero acaba de irse y ya le echo de menos...
¡Ña! Espero no haber decepcionado a nadie con este capítulo y el regreso de mi Ita-monoso *_* Es bastante largo para intentar compensar la ausencia del Dios al que todas adoramos xD
Espero reviews con vuestra opinión, amenazas, sugerencias y todo eso ^^
¡Muchos besos a los que han llegado hasta aquí y hasta la próxima!
Que el Dios Cuervo os guíe
