De mal en peor

Primer día lectivo de sexto curso. Harry despertó con los ojos hinchados. Le había costado horrores dormir más que unos minutos, y cuando conseguía hacerlo, solo revivía una y otra vez lo ocurrido. Las palabras del rubio. Olvidarlo. Imposible.

Se levantó, y como a cámara lenta empezó a vestirse. Ron se dio cuenta del estado de su amigo, pero por suerte, no le dijo absolutamente nada. Debía verse peor de lo que creía. Los demás tampoco le comentaron nada y era de agradecer. Bajó al Gran Comedor con su amigo pelirrojo y allí estaba Hermione, que impactada, reaccionó.

-Harry...-estaba claro que no iba a seguir comiéndose los huevos revueltos, y miraba al chico que se había sentado enfrente suya.

Ron no es que fuera mal amigo, pero intuía que lo que le pasaba a su compañero era por lo de su padrino. Esperaba que cuando el moreno estuviese preparado para desahogarse con él, le contaría sus preocupaciones, por eso no lo presionaba. Además, no sabía como actuar, ya que nunca había visto a su mejor amigo de ese modo. Hermione si era buena para esas cosas, así que se apartó un poco por si necesitaban más intimidad, y se puso a hablar con Neville.

-Harry...¿qué te pasa?-la chica preocupada le cogía la mano, por encima de la mesa.

De todas las personas del colegio, solo lo sabía Luna Lovegood, y no había tenido que contárselo él de propia boca, sino que lo había vivido directamente. No se sentía capaz de decirlo en voz alta, en pleno comedor, por lo que decidió aplazarlo. Esperando que a medida que avanzase el día, se le fuera pasando el insufrible dolor.

La pelicastaña, pareció comprender, porque no insistió más.

La primera clase que tenían los tres amigos juntos, era Defensa Contra las Artes Oscuras, con Snape. Y el profesor les instó a usar hechizos sin necesidad de hablar. Al salir de la clase, recibió un pergamino de Dumbledore, para empezar unas clases particulares que le daría él personalmente.

Después de comer, tenían hora libre, y en un rincón de la sala común y a solas, Harry aprovechó para hablar con su amiga, ya más relajado. Se sentaron en un par de butacas.

-Harry si no quieres yo...

-Quiero hacerlo Hermione, tu has estado al corriente de todo y tienes derecho a saberlo...-prefirió no mirarla, y se centró en un punto del suelo-ayer, al salir del almuerzo de Slughorn fui al compartimento de Draco y sus amigos...escuché lo que hablaban y...-la chica iba a abrir la boca, pero la ignoró-sé que crees que estoy demasiado obsesionado, pero lo escuché, pondría la mano en el fuego porque es un mortífago- relató todo lo que oyó en el tren, la patada y el rescate de Tonks, dejándola sorprendida-no podía quedarme de brazos cruzados y fui a hablar con él, no estaba enfadado, la patada me daba completamente igual, seguro que me la merecía, pero...-se cubrió la cabeza con las manos, la presión en su pecho le dificultaba respirar-me dijo que lo olvidara todo, Hermione, como si nada de lo que vivimos hubiese pasado jamás...-furtivas lágrimas-creyó que solo lo quería para acostarme con él...quise decirle cuanto lo amaba, que confiara en mi...pero no quiso escucharme...

La pelicastaña estaba muda. Notaba que su mejor amigo estaba temblando. No le veía la cara, pero sabía que lloraba. Sentía tanta lástima por él, pero en cierta forma se esperaba algo como eso.

-Tranquilo Harry, todo saldrá bien-no se le ocurría que más decir.

-No saldrá-hipó el moreno-esto es culpa mía...

-¿De qué estás hablando Harry? ¡tú no tienes culpa de nada!-la chica hasta se levantó molesta.

-Si yo hubiese hecho caso al sombrero seleccionador la noche que llegué aquí...si yo le hubiera dado la mano en el tren cuando se me presentó...sería un Slytherin, sería su amigo...

-No digas más, tu no sabías lo que iba a ocurrir, no digas otra vez que es tu culpa porque...

-¡Pasé dos años a su lado!-esta vez fue el chico el que gritó y se levantó también-¡casi todas las noches estábamos juntos!¡y no lo vi venir!¡si me hubiese dado cuenta no estaríamos hablando de esto!

-Pero aún no estás seguro de que es mortífago ¿verdad?¿vistes la Marca Tenebrosa en su brazo izquierdo?-Hermione bajó el tono de voz, calmando el ambiente, y el moreno solo pudo negar con la cabeza y se volvió a sentar tal y como estaba.

Ron, que se encontraba enfrascado en los deberes de Defensa Contra las Artes Oscuras, en una mesa cercana, se sobresaltó al oír los gritos de su amigo, pero prefirió hacer caso omiso, al igual que algunos alumnos más que estaban en la sala. En su mente solo pensaba una y otra vez en una cosa concreta que había escuchado. Casi todas las noches estábamos juntos. ¿Con quién había estado Harry?¿no confiaba en él lo suficiente como para contarle si salía con alguien?¿estaba así porque habían roto él y quien fuese? siempre quiso a su hermana Ginny para su mejor amigo, pero al parecer a éste le gustaba otra persona. Se molestó un poco, pero decidió no darle importancia. Harry estaba dolido y no era cuestión de acribillarle a acusaciones sin sentido. Mientras no fuera con Hermione...

Las dos horas siguientes, tenían Pociones, con el nuevo profesor y gracias a él, Ron y Harry podían cursar el nivel ÉXTASIS de esa asignatura. Ellos y diez alumnos más. Entre éstos, Draco.

La mazmorra ya estaba llena de vapores y extraños olores cuando entraron, lo cual sorprendió a los estudiantes, puesto que con Snape no pasaba. Cuatro burbujeantes calderos se encontraban cerca de las mesas donde se sentaron. Harry, Ron y Hermione eligieron una mesa que estaba más próxima a un caldero dorado que rezumaba uno de los aromas más seductores que el ojiverde había inhalado jamás: una extraña mezcla de tarta de melaza, palo de escoba y algo dulce, entre vainilla y miel. Lo embargó una gran satisfacción y se quedó embobado mirando a la nada.

Como no tenían pensado estudiar Pociones, ni Potter ni Weasley tenían el libro, y el profesor tuvo que proporcionárselo. A Harry le tocó uno totalmente garabateado, pero por un genio apodado el Príncipe Mestizo.

Slughorn empezó a preguntarles sobre las pociones que habían en los calderos, que Hermione conocía sin excepción. Al parecer, la que estaba en el caldero dorado, era Amortentia, un potente filtro de amor, que cambia de olor según la persona y lo que le atraiga. Harry, automáticamente miró a Malfoy, que estaba sentado entre Blaise y Theodore, como ausente y sintió una fuerte punzada en el pecho al pensar de donde le atraía el aroma a vainilla y miel.

Consiguió distraerse, gracias a que Horace les mandó a hacer Filtro de Muertos en Vida, y al que lo hiciera mejor, le regalaría una botellita de Felix Felicis, suerte líquida. Que, por ayuda del libro que le habían dado, obtuvo Harry, metiéndose más al profesor en el bolsillo y disgustando a Hermione, que acostumbraba a destacar.

Lo bueno que tenía ese misterioso libro, era que ocupaba tanto la mente de Harry, que podía dejar de pensar en sus penas de amor constantemente. Repasaba muchas veces la elaboración del filtro de amor, que le tentaba a menudo. Imaginarse a su rubio loco por él, declarándole abiertamente sus sentimientos correspondidos. Pero, no quería un amor falso y por eso no lo hacía. Así pasó una semana, con además, un montón de deberes. El sábado, tuvo la primera clase particular con Dumbledore, y consistía en ver recuerdos en el pensadero, relacionados con Voldemort, para ayudar a Harry a derrotarlo llegado el momento.

Las asignaturas se habían vuelto más complicadas que en los últimos años. Debían concentrarse el doble y los deberes ni se diga. Lo de los hechizos no verbales al parecer no solo eran una exclusividad de Snape, sino que otros profesores les exigían aprenderlo, como en Encantamientos y Transformaciones. Tanto exceso de trabajo, les había impedido incluso visitar a Hagrid, que parecía enfadado con el trío porque ese curso no daban su asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas. Fueron las pruebas de selección de quidditch, y Ron repitió como guardián, gracias a que Hermione intervino. Y durante las semanas siguientes, a Dumbledore apenas se le veía el pelo.

A mediados de octubre, tuvo lugar la primera excursión a Hogsmeade, y Harry pensaba que le haría bien tomar el aire unas horas, así que fue con sus amigos. Hacía un frío tremendo y acabaron resguardándose en Las Tres Escobas. Pero al salir, de vuelta a la escuela, Katie Bell empezó a levitar y a chillar delante de ellos. Por lo visto, alguien le había dado un extraño collar de ópalos en el baño de la taberna de Rosmerta, y tenía algún embrujo, que podía haber matado a la cazadora de Gryffindor. Por fortuna no fue así, pero la chica acabó en San Mungo. Lo peor, es que Harry sospechaba que el desconocido que pudo haberle dado el collar maldito, podía haber sido Draco, ya que era un objeto que él había visto en Borgin y Burkes.

Contaron a McGonagall lo ocurrido, y el moreno no pudo evitar contar sus sospechas, inspiró hondo y habló.

-Creo que Draco Malfoy le dio ese collar a Katie, profesora-por más que le doliese, la cosa estaba pasando de castaño a oscuro.

-Esa es una acusación muy grave, Potter- la profesora se tensó-¿tienes alguna prueba?

-No, pero...-le contó lo sucedido meses atrás en el callejón Diagon y lo que escucharon en Borgin y Burkes.

-Hoy el señor Malfoy no ha ido a Hogsmeade- respondió McGonagall tajante.

Harry no pudo evitar sorpresa y se desinfló de golpe-¿cómo lo sabe, profesora?

-Porque estaba cumpliendo un castigo conmigo, ya van dos veces seguidas que no entrega sus deberes de Transformaciones, así que le agradecería, Potter, que sin pruebas no vaya acusando a los demás alumnos, por muy mal que le caigan-se levantó contrariada-que tengáis un buen día.

El ojiverde no podía sacarse la idea de la cabeza, Malfoy debía tener un cómplice. Todo era demasiado sospechoso y no quería descartar a Draco como culpable, no podía. Tenía motivos y un ligero resquemor hacia él. Seguía queriéndole, por supuesto, más que a nada en el mundo, pero también estaba dolido, despechado, quería descubrir lo que había provocado su ruptura...o mejor dicho, su regresión a la época del odio e indiferencia.

El lunes por la noche, volvió al despacho de Dumbledore para seguir con las clases particulares. Pero antes de sumergirse en más recuerdos, mantuvieron una charla.

-Has estado muy ocupado durante mi ausencia-dijo el director-tengo entendido que presenciaste el accidente de Katie.

-Sí, señor...¿le ha contado la profesora McGonagall lo que le dije sobre Draco Malfoy después de eso?

-Sí, Harry, me ha hablado de tus sospechas, y para serte sincero, me sorprende que pienses eso del joven Malfoy, siendo que vosotros...

-Eso se acabó profesor-habitual punzada-él lo acabó, por eso me da más motivos para creer que...

-Harry- le cortó el anciano con calma-¿no crees que tu resentimiento te hacer pensar cosas que en realidad...?

-¡No! sí, estoy sufriendo, lo reconozco, no me ha sentado nada bien que lo que teníamos se terminara, pero no me lo invento, jamás me inventaría una cosa así, ¡ojalá no sea cierto!, pero se que sí, él ha cambiado y no sólo conmigo, el Draco Malfoy que conocí nunca hubiese dejado de hacer los deberes, pasamos muchas noches juntos haciéndolos hasta bien entrada la madrugada, ni se hubiera planteado dejar Hogwarts, creame profesor, por favor...-se sentía como en cursos anteriores cuando nadie le creía, ni sus amigos lo hacían ahora.

-Tomaré todas las medidas oportunas para investigar a cualquiera que haya podido estar relacionado con el accidente de Katie, tranquilo.

-Pero no lo estoy acusando, señor, no estoy poniendo a Malfoy en el punto de mira, solo quiero ayudarle, evitar que cometa una locura, algo que no podamos remediar-de imaginarlo se le revolvía el estómago.

Más semanas pasaron. Apenas veía a Draco, salvo en las clases de Pociones, en las que sobra decir, que el rubio ni le miraba. Aún así, el dolor era más llevadero. Ahora que tenía la ayuda del director, confiaba en poder sacar a su Slytherin de aquello en lo que podía estar metido. Y seguía enfrascadísimo en el libro del Príncipe.

Llegó el primer partido del curso, Gryffindor contra Slytherin, y Harry había hecho creer a Ron, que le había puesto Felix Felicis en su zumo de calabaza, subiéndole los ánimos. Pero en el vestuario descubrió algo que le preocupó sobremanera, ya que Ginny les había dicho, que Draco estaba enfermo y no jugaría, y aunque Harry insistente preguntó qué era lo que tenía, nadie supo contestarle. Como era costumbre, el capitán y buscador de los leones, se hizo con la snitch. Ganaron y hubo una celebración en la sala común, donde Harry, al llegar, vio como su mejor amigo se besaba públicamente con Lavender Brown. Lo que provocó que descubriera que Hermione, sentía algo más que amistad por el pelirrojo. A partir de ese momento, el moreno se vio en una encrucijada, porque sus dos mejores amigos no se hablaban entre ellos.

Ron no se separaba de la devoradora de Lavender, y como Harry no la tragaba y se sentía igual de mal que su amiga, pasaban mucho tiempo juntos en la biblioteca. Lugar, donde, un par de días después del partido, se encontró con Draco, que leía concentrado. No pudo evitarlo y se acercó a él.

-¿Estás mejor?-no es que se hubiera creído lo de su enfermedad, pero se preocupaba inevitablemente.

Sin apartar la vista del libro le respondió-nunca estuve enfermo, pero no me apetecía jugar.

-¿Mentiste porque no querías verme?-se le escapó.

Ahora si le miró con una sonrisa algo forzada en los labios-no te des tanta importancia Potter, deberías estarme agradecido, porque ganaste sin problemas...ahora déjame en paz-de nuevo a la lectura.

Harry, enfadado, le quitó el libro, sorprendiéndolo-¡¿por qué te portas así?¡¿qué es lo que te pasa?

El rubio tardó algo en contestar, parecía que no sabia muy bien que decir, hasta que al abrir la boca, la señora Pince les echó por estar hablando tan alto.

En cuanto estuvieron afuera, continuó la conversación, donde lo habían dejado.

-¡Eres insoportable Potter!-le gritó Malfoy airado mientras se recolocaba la túnica-¡te metes en la vida de los demás solo porque te crees especial! yo puedo hacer lo que me plazca ¿y qué si no quería verte?¿y qué si no soporto ni mirarte? las cosas cambian imbécil, ya te lo dejé claro hace tiempo ¿o es que tu cerebro aún no lo ha procesado?

La ira que sintió Harry en su cuerpo. Las palabras tan hirientes que había escuchado. Cuando quiso darse cuenta, había golpeado al rubio en el rostro con su puño derecho, y lo había hecho trastabillar hacía detrás. Draco lo miraba sorprendido. Ni parpadeaba. Se tocaba la mejilla izquierda, de un rojo intenso, contrastando llamativamente sobre su, en demasía, blanca piel. Entonces, furia, una enorme furia apareció en los ojos plateados y le devolvió el golpe, magullándole el labio.

Se enzarzaron en una pelea. Se golpeaban en todas partes. Lugares que en otro tiempo habían sido acariciados, besados y tratados con dulzura. El rubio, demacrado y algo más débil, empezó a perder las fuerzas rápidamente y sus golpes no hacían todo el daño que debieran, frustrándose. El moreno, al darse cuenta de que el otro no podía más, le sujetó las muñecas, se las puso en alto y lo empujó contra la pared, con ímpetu. Le dolía el pecho de la agitada respiración y a la serpiente que tenía a su merced, también parecía costarle trabajo inhalar. Se miraban a los ojos, cargados de tensión. Un gesto que hacía mucho que no compartían. El cerebro de Harry clamaba venganza, seguir lastimando al que tanto sufrimiento le había causado, pero su corazón le decía otra cosa, otra más importante. Lo besó

Lo besó con fuerza, con dureza. Cerró los ojos y mantuvo los labios apretados sobre los del otro, que se tensó en el acto. Era un beso cargado de dolor, de rabia, silenciaba palabras que nunca se dijeron y debieron ser expresadas. Pero la oscuridad se interponía entre ambos y les había hecho daño. Y por primera vez, Harry terminó el beso, miró las plateadas orbes imperturbables y se marchó sin mirar atrás.