Disclimer: yo soy la diosa suprema, yo poseo todo Naruto e incluso al mismo Kishimoto!

Tatatachán! Ya me habéis olvidado todos, y no os culpo xD Tengo una buena excusa, lo prometo, otra cosa es que quiera o no decirla :P En fin, que no me sale nada para continuar los flashbacks, así que empiezo la segunda temporada y que sea lo que Dios (yo) quiera xD

Vengo con un chute de optimismo xD Aunque esto empiece deprimentemente xDD El próximo capítulo está mucho mejor, en serio xD Y si no, podéis matadme ^^

Si alguien lee esto, dejadme constancia de ello ^^ Nos vemos al final del capi xD


Prólogo: otro comienzo

"In shadows we're seeking, lost and believing

In shadows we hide (our pride)

No! There's nothing to find! Our heavens are lies...

No! Open your eyes and fly away, where nobody knows your face

And you are finally... free."

Mi voz se apaga con el final de la canción y la última nota se ahoga. Me quedo en silencio aún con el micrófono entre mis manos y mirando al suelo, cuando de pronto el sonido del público aplaudiendo y silbando ensordece mis oídos. Mis compañeros dejan sus instrumentos y me abrazan, cuando los cuatro quedan dos a cada uno de mis lados, cogidos por la cintura, hacemos una reverencia ante la muchedumbre de gente. Y yo, como en cada concierto que damos, mantengo la vista en el suelo de madera del escenario.

Toshiro me da un toque en el hombro para que mueva el culo y nos vayamos. Suspiro, dejo el micro, y bajo.

-Increíble como siempre, Ayumu-chan. -me felicita Ruka, mi... sí, supongo que es mi mejor amiga, abrazándome con un brazo por mis hombros en gesto de camaradería.

Le sonrío como puedo.

-Gracias, Ruk, vosotros también habéis estado genial.

Ellos ríen y empiezan a hablar atropelladamente y a hacer comentarios sobre los que han acudido, etc. De fondo se oye la acogida de los espectadores al nuevo grupo que sube al escenario. El vocalista saluda a todo el mundo con su voz grave y acojonante de punkarra, sacudiendo su cresta roja y negra. Empiezan a tocar, pero a pesar de eso, escucho perfectamente cuando un coche pita; y sé que se trata de mi chófer, Sebastian.

Me despido de los muchachos y acudo corriendo a mi limusina negra.

Seh, al final he acabado como música, al igual que mis padres. Claro que yo soy una novatilla aún, pero joder, sólo tengo dieciséis años... Aún me queda mucho camino por delante.

Voy hacia la puerta trasera del coche, pero me abre la del copiloto. Es extraño, pero bah. Tomo asiento y giro la cabeza para saludar a Sebastian.

Oh.

-¡¡Mamá!! – me tiro a abrazarla. -¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Cuándo habéis vuelto?!

Sin embargo, ella está muy seria. Cierra mi puerta y arranca el coche.

-Ha pasado algo, Anna… No sé como explicártelo, pero bueno, ya lo verás cuando lleguemos a casa.

Vale, estoy cagada. Toda mi felicidad se esfuma de golpe.

-¿Qué ha pasado? –pregunto en voz más baja y preocupada. -¿Está papá bien?

-Si, no es eso, no te preocupes, ahora lo verás. –afirma rápidamente, conduciendo ya por una gran avenida de camino a mi casa.

Me quedo tiesa como una piedra durante todo el viaje, hasta que el coche se para en mi cochera, las dos bajamos y entramos en la casa.

De momento, no noto nada raro, salvo que estoy muerta de miedo. Cruzamos el pasillo y llegamos hasta las escaleras para bajar al sótano. Joder, que mal rollo.

Oigo un grito nada más entrar. Es un grito de dolor de una voz masculina.

Antes de que pasemos por la esquina que lleva al lugar de donde procede, mi madre me detiene.

-No sé si debería dejarte pasar… -murmura. Luego sacude la cabeza. –Bueno, sí. Pero debes recordar que lo que vas a ver no es nada cruel, y que bajo ninguna circunstancia te acercarás a él ni te separarás de mi lado o dirás nada que no te ordene yo, ¿entendido?

Al verla tan seria y estricta, me echo a temblar. ¿Esta es mi madre?

Finalmente, asiento, temerosa de lo que voy a encontrar.

Me coge del brazo y me lleva hasta el lugar más ancho y vació del sótano, dónde solo hay una lámpara cutre en el techo y una silla en el centro de la sala. Hay un total de dos personas sin contarnos a nosotras, y son mi chófer y…

-A-anna… -gime el que está en la silla. Y su voz resuena en mi cabeza, haciendo que vuelva a oír todas las palabras que esa misma voz me dijo en el pasado, hasta la más estúpida.

Es más grave que la de mis recuerdos, pero la misma.

Me llevo las manos a la boca y reprimo un grito.

Un nuevo gesto de Sebastian hace que apriete puños y dientes y baje la cabeza.

Todo su cuerpo está cubierto de sudor y los cabellos caoba se le pegan al rostro. Dura unos diez segundos así, contendiéndose, hasta que levanta la vista y nuestros ojos se encuentran.

Pero los suyos ya no son marrón verdoso oscuro; son rojos.

Cuando me doy cuenta, estoy caminando hacia él.

-¡Anna! ¡Te he dicho que no…!

Una fuerza invisible me rodea de pronto, y me siento transportada a un lugar rojo y negro, de muerte y tinieblas.

Ahora me encuentro de pie sobre un suelo negro en medio de una atmosfera roja.

-Tienes que sacarme de aquí, Ayumu. –me pide esa voz que tan bien conozco.

-¿Qué está pasando, Karasu? ¿Por qué desapareciste? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué te tortura mi chófer? ¿Por qué te odian y temen? –pregunto de sopetón, completamente alterada y mirando a todas partes para ver de donde proviene la voz.

-Te lo explicare todo, te lo prometo, pero tienes que sacarme de aquí.

No sé que hacer.

-Ellos… si ellos te tienen así, es por algo.

Y sólo responde mi propio eco.

-Karasu… -le llamo con voz de súplica.

-Ayumu, te necesito. Es lo único que voy a pedirte nunca… -insiste él, casi con dulzura.

Trago saliva. No, no puedo hacerlo.

-¿Por qué debería confiar en ti en lugar de hacerlo en mi propia madre? Eres un asesino, la policía lleva años buscándote por la masacre que hiciste en la comisaría cuando murió tu madre. –"o cuando la asesinaste", me hubiera gustado decir.

Joder, duele no poder confiar en él. Karasu tarda un poco en responder.

-No lo sé… -confiesa al fin. Y se materializa delante de mí, a bastante distancia.

Su rostro no expresa nada, pero su voz ha sonado afligida.

-Tal vez porque eres la única en la yo confiaba.

Se me forma un nudo en la garganta.

-Yo… quiero confiar en ti, Karasu… Pero eso que dices fue hace tanto tiempo… y todo ha cambiado tanto… -gimo.

Su gesto se torna lúgubre.

-¿Vas a dejarme morir, Ayumu? –pregunta con tono grave.

Se me empañan los ojos en lágrimas.

-¡Tú no vas a morir! –estallo.

Cuando me doy cuenta, lo tengo mucho más cerca, tanto que podría tocarlo si levantase la mano.

Muestra una sonrisa irónica, más parecida a la de su hermano que a la suya propia.

-No, claro que no. Pero tú sí si demuestras no ser de utilidad. –la sonrisa se le esfuma del rostro para dejar paso a una actitud agresiva e incluso amenazante.

Me deja de piedra. Joder, como ha cambiado.

-¿Perdón? –pregunto fingiendo no haberle entendido, con un claro gesto de molestia.

Suspira.

-No quiero hacer esto por las malas, pero resulta que no tienes otra opción más que hacer lo que te ordene, Ayumu-chan. ¿Crees que no he matado a nadie antes? Llevo más de tres años haciéndolo.

Vale, genial. Lo que me faltaba, que el mocoso se haya vuelto un creído.

-¿Estás de coña? ¡No pienso ayudarte! –acabo por gritarle.

Entorna los ojos.

-Muy bien, ya tuviste tu oportunidad.

Desaparece de pronto, y descubro que el suelo e incluso yo misma he desaparecido.


Chán chan chán! ¿Qué habrá pasado? Karasu atrapa a Ayumu en un genjutsu y ambos desaparecen! xD

A todo esto, tengo que dar una noticia que sólo me importa a mí, pero la voy a poner igualmente ^^ Yamako-chan tiene a alguien que la quiere! =D chiii! El 26 de junio empezó esta ola de optimismo que aún no queda reflejada en el fic, pero pronto lo hará xD Pues eso, ¡dadme la enhorabuena! xDDD

Hasta la próxima ;)

Que el Dios Cuervo os inspire