Dos capítulos seguidos el mismo día. Os lo merecíais y en el anterior no pasaba gran cosa jeje.

Os dejo con mis ocurrencias...

El castigo

Como no les quedaba otra alternativa viable, fueron a visitar al padre de Luna, Xenophilius. Pero, puesto que a su hija se la habían llevado los mortífagos, éste quiere entregar a Harry, y después de saber lo que eran las reliquias de la muerte, se desaparecieron de allí. Gracias a la historia de las reliquias, el moreno se da cuenta de que lo que Voldemort quiere es la Varita de Saúco, la más poderosa de todas y sospecha que la Piedra de la Resurrección está dentro de la snitch que le legó Dumbledore y la capa de invisibilidad es la que tiene desde primer curso.

Mientras hablaban distraídamente en la tienda de campaña, Harry, por error, dice el nombre de Voldemort y en décimas de segundo se vieron rodeados de carroñeros, entre ellos el terrible Greyback, el hombre lobo. Hermione fue lo suficientemente rápida como para lanzarle al moreno un hechizo que le deformó la cara y acabaron siendo llevados a la Mansión Malfoy, junto con Dean Thomas, y el enano Griphook.

Cuando llegaron, les abrió Narcisa.

-¿Qué queréis?-preguntó la mujer.

-¡Hemos venido a ver a El-que-no-debe-ser-nombrado!-dijo Greyback-¡hemos capturado a Harry Potter!

-Llevadlos dentro-entraron y la siguieron por el vestíbulo-mi hijo Draco está en casa, él nos confirmará si es Harry Potter.

El pulso del moreno se aceleró. Iba a ver a su rubio, pero en sus manos también estaba el que éste fuera a delatarle o no. La última vez que se vieron, la cosa no acabó bien y se temió lo peor.

Llegaron al amplio salón.

-¿Qué significa esto?-preguntó Lucius Malfoy al verlos aparecer, levantándose de una butaca junto a la chimenea.

-Dicen que han capturado a Potter- le dijo su esposa-ven aquí, Draco.

Aunque no se atrevió a mirar al Malfoy menor directamente a los ojos, Harry vio de refilón como éste se le acercaba, reconoció su pálido rostro, pero solo era un manchón enmarcado por un cabello rubio claro.

El moreno estaba frente a la chimenea. Tenía la cara enorme, rosada y brillante. El embrujo de Hermione le había deformado todas las facciones. El pelo negro le llegaba por los hombros y una barba dispersa le cubría el mentón.

-¿Y bien, Draco?-le preguntó su padre ansioso-¿lo es?¿es Harry Potter?

-No sé...no estoy seguro-mentira por supuesto. Draco lo reconocería de cualquier manera. Habían sido varios años muy juntos...pero delatarle, nunca.

-¡Acercate más!-Lucius lo cogió por la nuca y le pegó más al rostro deforme del otro-escucha Draco, si se lo entregamos al Señor Tenebroso nos perdonará todo lo del pasado.

El aroma del rubio le invadió. Hacía tanto tiempo que no estaban a escasos centímetros. Maldijo las circunstancias. Eran peliagudas para ambos. Harry tenía pensado, al finalizar el curso anterior, que si se lo encontraba, se lo llevaría con él, pero las cosas no eran tan sencillas. Para nada. Estaba convencido de que ese era el final.

-¿Qué le ha pasado en la cara?-preguntó el chico nervioso.

-No hemos sido nosotros-se apresuró a añadir Greyback.

-Yo creo que le han hecho un embrujo punzante-especuló Lucius- sí, aquí tiene algo, podría ser la cicatriz tensada ¡mira bien Draco!¿qué opinas?

La cara del rubio se acercó aún más, y se le notaba el temor que sentía. Draco le tocó la cicatriz, con tal delicadeza que sintió un escalofrío.

-No lo sé-dijo-no lo parece...-y se retiró junto a su madre.

-Será mejor que nos aseguremos Lucius- dijo Narcisa- hemos de estar completamente seguros de que es Potter antes de llamar al Señor Tenebroso, si nos equivocamos y le hacemos venir...

De pronto habló Greyback-¿y la sangre sucia qué?

-¡Sí!¡sí, estaba en la tienda de Madame Malkin con Potter!¡y vi su fotografía en El Profeta!-se apresuró a decir la señora Malfoy-¡mira Draco!¿no es esa tal Granger?

Los ojos grises no la miraban demasiado-pues...no sé...recuerda que la odio madre, no me fijaba en ella...

-¡Ése debe ser el hijo de los Weasley!-gritó Lucius-¡son ellos, los amigos de Potter! míralo Draco.

-¡No sé!-el Slytherin se sentó airado en la butaca junto al fuego.

Bellatrix de repente hizo acto de presencia, y al ver la espada de Gryffindor se puso histérica, envió a los demás al sótano y se quedó torturando a Hermione. Cuando Harry y Ron fueron encerrados, allí estaban también Luna y Ollivander. El moreno no sabía como escaparían sin varita, pero pidió ayuda al trozo de espejo roto de Sirius después de ver un ojo azul intenso reflejado en este. Apareció Dobby, que finalmente acabó rescatándolos a todos, pero fue asesinado por la malvada prima de su padrino.

Harry enterró al elfo doméstico y con la información que le dio Ollivander, supo que la varita de Draco, que le había quitado antes de irse de la Mansión, ahora le pertenecía. Una varita de veinticinco centímetros, espino y pelo de unicornio, bastante elástica. El dolor por la muerte de Dobby le había hecho aprender a cerrar su mente a Voldemort, por lo que aunque la cicatriz le dolía y sabía que éste estaba furioso, bloqueó las visiones.

Tras la fuga de los prisioneros, cuando Voldemort apareció en la Mansión, estaba tan enfadado que les prohibió a todos los que estaban allí que volvieran a salir sin su permiso. Le sacaba de quicio que tocaran la Marca para nada.

Bastante alterado, ordenó a todos que salieran al vestíbulo, y se quedó paseándose incesante por el salón, en compañía de su fiel Nagini. Debía apresurarse y tener en su poder la Varita de Saúco, la mejor. Con la que podría vencer finalmente a Harry Potter. Harry Potter...el ser que más despreciaba en el mundo, y más ahora que Dumbledore había muerto. Harry Potter...

Sonrió-¡Draco!-ya iba siendo hora de llevar a cabo cierta parte de su plan y se sentó paciente frente al fuego de la chimenea.

Tembloroso, el aludido abrió la puerta del salón y entró.

-Acércate Draco- siseó Voldemort- no temas-mientras, la serpiente se enroscaba a su alrededor.

Nervioso, el rubio se acercó, sin apenas dirigirle la mirada, que mantenía sobre el suelo.

-Voy a hacerte una pregunta Draco y quiero que me seas completamente sincero ¿de acuerdo?-los ojos rojos le contemplaban atento.

-Mi señor...-dijo inclinando la cabeza.

-¿Crees que soy estúpido Draco?-su voz sonaba tranquila y acariciaba a la serpiente con parsimonia.

El chico alzó la vista y negó con la cabeza incesante y aterrado.

-Entonces, ¿qué piensas que debería hacer cuando descubro a un traidor entre mis mortífagos?

Silencio.

Voldemort hizo una extraña mueca que derivó en una sonrisa sádica. Se puso en pie y empezó a andar lentamente por la habitación.

-Hace ya casi dos años-dijo mientras caminaba sosteniendo su varita con ambas manos-entré en el cuerpo de Harry Potter- se detuvo un momento y lo miró, pero el otro estaba atento al suelo-y tuve que salir casi de inmediato por los fuertes sentimientos del chico...o como Dumbledore decía-rió sonoramente-amor-se acercó al rubio con lentitud-acababa de morir Sirius Black y estaba tan afectado...-cuando quiso darse cuenta, Malfoy sintió como el Señor Tenebroso estaba hablándole demasiado próximo a su oído-pero vi algo muy curioso, Harry Potter y tú, mi querido Draco, juntos, como amantes, esas incesantes imágenes inundaban sus pensamientos-el chico temblaba cada vez más-tú, el mortífago más joven que he tenido nunca ¿no te has preguntado por qué te convertí en uno de mis siervos?

Apenas podía hablar, del miedo que sentía, pero con un débil hilo de voz, habló-mi padre...

-Tu padre-se alejó del ojigris, dándole la espalda-esa era la mejor excusa, pero después de lo que había visto, Draco, no podía desperdiciar la oportunidad...sentí tanto asco con lo que vi...un sangre limpia...con Harry Potter- soltó un quejido-solo de recordarlo...-se llevó las manos a la despejada coronilla-entonces se me ocurrió...si esos sentimientos podrían cumplir un pequeño deseo que tengo-su voz se tornó alegre-¿tú le quieres Draco?.

Silencio.

-¿Tú le quieres Draco?-repitió.

¿Qué iba a responder? estaba perdido. El Señor Tenebroso lo sabía todo, si mentía sería peor, pero tampoco quería confirmarlo. No le salían las palabras.

De pronto, un intenso dolor le recorrió el cuerpo y cayó retorciéndose al suelo. Quiso gritar. Cesó el ataque.

-¡¿Tú le quieres Draco?¡¿quieres a Harry Potter?-los gritos del mago resonaban por la Mansión. Los que estaban en el vestíbulo, concretamente, Narcisa y Lucius, se alarmaron.

Dolor nuevamente. Voldemort se había inclinado sobre él apuntándole con su varita.

-¡Por eso le dejaste escapar!¡dejaste que se llevara tu varita!¡responde Draco Malfoy!¡¿quieres a Harry Potter?-a pesar de que parecía imposible, él cada vez gritaba más alto.

-S...s...sí-pudo decir a duras penas, sintiendo como en zonas de su cuerpo surgían heridas insufribles y las lágrimas bañaban su pálido rostro.

-¡Bellatrix!-gritó entonces. Dejó de apuntar con la varita al muchacho, inmóvil en el suelo, tembloroso y sollozando.

Ésta apareció rápidamente y ambos hablaron alejados. Cuchicheos.

-Que lo traiga Severus de inmediato- añadió finalmente, antes de que la mujer cerrase la puerta de nuevo.

El dolor empeoró cuando la varita volvió a dirigirse a su cuerpo. Los gritos surgían incontrolados de su garganta. Sentía como la sangre brotaba de todas las heridas.

-¡Eres la zorra de Harry Potter!¡qué honor!-dijo irónico, mientras seguía con su incesante tortura.

Al cabo de unos minutos se escuchó la voz de Bellatrix al otro lado de la puerta.

-¡Mi señor!¡Snape ya está aquí!

Voldemort se marchó de la estancia. Nagini reptaba alrededor de Draco. Éste tiritaba. No entendía porque el mago Tenebroso no lo había matado ya. Deseaba que así fuera. Rápido. Pensó en Harry. En todos los momentos que compartieron juntos y se reprendió por no haberle confesado lo que sentía cuando pudo hacerlo. Era tal el dolor en todo su cuerpo, que había cruzado el límite y ya no notaba absolutamente nada. No podía moverse. Sus músculos no le respondían, pero no creía que intentar huir sirviera de algo. Quizás se merecía lo que le estaba pasando. Vivir en carne propia todo lo que había sufrido su ojiverde. Fue tan cruel el curso anterior. Las cosas que le dijo. Para que lo odiara. Para que no lo buscara. Aquello tan maravilloso que tenían no podía continuar y lo sabía. Lo supo antes de llevar la Marca Tenebrosa grabada en el brazo. Le consolaba pensar, que si Harry moría, se encontrarían pronto. Porque estaba claro que ese era su destino. Morir.

Ni se percató cuando Voldemort entró a la habitación otra vez. Dándose cuenta, al escuchar un ¡Mobilicorpus! y sintiendo como su cuerpo se elevaba, como si tiraran de él con cuerdas invisibles atadas a las muñecas, el cuello y las rodillas. Los pies le colgaban a pocos centímetros del suelo. Inerte. La cabeza inclinada hacia abajo por su propio peso.

-Tómate esto Draco- el Señor Tenebroso llevaba un vaso con un líquido rosa claro en su interior, y lo sujetaba en alto con sus dedos anormalmente largos y delgados.

El rubio apenas y podía ver. Un hilo de sangre le goteaba por la frente, obligándole a cerrar el ojo derecho. Pero en cuanto aquella sustancia rozó sus labios supo de que se trataba. Filtro de Muertos en Vida.

Voldemort tiró el vaso al fuego de la chimenea ya vacío y se acercó más al chico, sujetándole por el mentón. Le inclinó la cabeza hacia ambos lados, como examinándole.

-¿Sabes Draco?-se estaba adormilando, el filtro estaba haciendo efecto- Harry Potter y yo tenemos mucho en común...por lo que no me sorprende, eres muy hermoso...-el rubio sintió su estómago revolverse.

Segundos después, cayó en una especie de inconsciencia. Su corazón palpitaba con mucha lentitud. Su respiración se volvió pesada, como si sus pulmones tuvieran una gran presión encima. ¿Pero por qué no lo mataba?¿por qué le daba esa poción?

Entonces lo supo. En su sopor. Escuchó la voz del mago más temido y malvado de la historia.

-Cuando esto acabe, me divertiré contigo Draco...