Disclimer: Naruto es de Kishi, los gemelos míos y Katsumi... de Katsumi! ^^
-SPOILERS SHIPPUDEN-
KYA! Siento muchisimo el abandono!! D: No me matéis!!!! T_T Volví! ....Mas o menos ^_^ Katsumi escribió este capítulo; un side-story sobre ella. Por si no lo recordáis (espero que sí xD aunque sólo apareció en un capi, con Eliktsu) se trata de una joven akatsuki que, en principio, iba a entrenar a Anna/Ayumu. En cierta escena, Katsumi le preguntaba a Ayumu sobre Sasori, ¿su relación con él? Aquí lo tenéis :D Directamente de su mano:
— ¿Estás bien, Katsumi-chan? – preguntó un poco preocupada Eliktsu.
— Sí… – murmuró despacio la otra. Observó las estanterías en perfecto orden. Así le gustaba que estuvieran a él. Y así las mantenía ella – Si no te molesta, prefiero estar sola. – Eliktsu asintió, dejando a la castaña sola en la habitación.
Desde la muerte de Sasori, nadie se había molestado en entrar en la habitación, a excepción de ella y Eliktsu, aunque la segunda sólo lo hacía por seguirla, intentando que no estuviera tanto tiempo ahí porque sabía que le terminaría haciendo daño.
Aunque más daño que la muerte de su maestro, era imposible.
Se sentó en la cama del Akasuna y tomó la almohada con cuidado, como si fuera de cristal. La abrazó con cuidado, y hundió su rostro en ella, inhalando el aroma que aún se podía sentir. Cerró los ojos, inhaló de nuevo, y era como estar de nuevo con su maestro.
Y es que si sólo hubiera sido su maestro hubiera sido mil veces más fácil.
Cada vez que regresaba al dormitorio de Sasori era imposible olvidar ese día… el primer día.
Estaba en la villa de la arena, en un lugar casi deshabitado, creando remolinos con el aire y la arena. Ya que su elemento era el aire, esa era una buena forma de práctica (y diversión). Creó dos remolinos enormes, y comenzó a manipularlos, haciéndolos recorrer todo el lugar. Se divertía.
De repente, oyó como dos personas se acercaban, sin embargo, no detuvo su práctica. Volteó sólo un poco, curiosa. Esos hombres estaban lejos de ella, por lo cual, no le importó mucho. Fue haciendo crecer el remolino, y a hacerlo pasear de nuevo.
Un poco más lejos, Sasori y Deidara estaban caminando. Inusualmente, Sasori estaba fuera de Hiruko y Deidara sin su ave de arcilla. Esa vez necesitaban pasar desapercibidos.
— No le veo sentido a la orden de Pein. – murmuró el pelirrojo. – Ya tuvimos alumnos una vez, ¿para qué de nuevo?
— Oh vamos, Sasori no danna, no es tan malo. Ellas crecieron simplemente, y es hora de encargarse de otra generación. Akatsuki debe crecer más.
— Las últimas no estuvieron mal, ¿pero si esta vez nos tocan algunos ineptos? – cuestionó el marionetista.
— Por eso Pein quiere que nosotros mismo elijamos. – contestó Deidara. – Y no sé por qué tú te tardas tanto, ya llevas un mes sin alumno, todos los demás ya tenemos uno. – Sasori sólo lo ignoró.
Él quería su tiempo para poder encontrar a alguien que verdaderamente mereciera sus enseñanzas. No era que quería un genio, pero al menos alguien decente… y hoy en día había tanto idiota e inepto suelto… para un genio como él era algo agotador.
— No vas a encontrar alguien que sea absolutamente perfecto para que sea tu alumno, Sasori no danna. Siempre va a tener errores. Y Pein quiere a todos con alumno ya.
— Ya calla, Deidara. – respondió medio enojado Sasori. – Encontraré a alguien.
Alzó la vista, y observó dos remolinos enormes, y una pequeña figura manejándolo. Lo impresionó. Esa chica tenía bastante fuerza, disciplina y talento para manejar el aire de esa forma.
— Ella será mi alumna. – dijo. Deidara lo miró a él y luego a la chica a lo lejos. No era mayor de unos catorce años. Sonrió con satisfacción. Al fin, Sasori había encontrado una alumna, y a simple vista, no era ninguna inepta.
Se fueron acercando a la chica poco a poco, y finalmente Deidara le tocó el hombro. A Katsumi se le crisparon los nervios, y es jutsu se deshizo. Volteó, y miró a Deidara, extrañada.
— ¿Qué quieres? – preguntó.
— Niña, uhn. Vas a formar parte de Akatsuki. – ella frunció el ceño. ¿Por qué la banda de asesinos la reclutaba?
— Uno, no soy niña. ¡Tengo trece! – respondió, un poco molesta. – Dos, ¿para qué me quieren a mí? ¿Por qué no a otra?
— ¿Recién salida de la academia y ya manejas ese tipo de jutsus? – preguntó impresionado Deidara.
Katsumi sólo sonrió jactanciosa. Si, ella era muchas veces muy arrogante, sin embargo, sabía que el mundo estaba lleno de ineptos. Y ella sabía que ella era un genio.
— Y, respecto a lo otro, cada uno elije su alumno, uhm. – dijo, un poco molesto de tener que dar explicaciones.
— ¿Y por qué quieres que yo sea tu alumna? – preguntó extrañada. El rubio rió.
— Yo no quiero, niña. – contestó. – Mi danna quiere, uhm.
— ¡Que no me digas niña! – le replicó molesta Katsumi. – ¡¿Y quién rayos es tu danna?! – preguntó enojada. Deidara sonrió de lado y se hizo a un lado, mostrando a Sasori.
Apretó la almohada contra sí misma de nuevo.
— ¿Sabes, Sasori? Cuando te vi por primera vez, pensé que había muerto e ido al cielo por un instante. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y rapidez, y a sentir una sensación agradable en él. Sentí que flotaba en las nubes… eras sencillamente perfecto. En todo sentido. Nunca he creído en el amor a primera vista… pero tuve la sensación de que tú serías el amor de mi vida. Y me hablaste, y no pude pronunciar palabra. ¡Estaba tan nerviosa! Y sonrojada. Con el tiempo me dijiste que cuando me viste, supiste que era especial. Aunque no es muy detallado, fue una de las cosas más lindas que me dijiste. Me enseñaste a usar las marionetas, realmente, aparte de todo, te admiraba, Sasori. Te admiraba y te respetaba sobretodo, por eso, nunca me atreví a decirte que estaba enamorada de ti. Pero… tú te adelantaste…
— El atardecer está hermoso, ¿verdad, danna? – sonrió Katsumi, sentada en el pie de un árbol, al lado de Sasori. – Realmente me asombra como la naturaleza puede crear cosas tan bellas… – suspiró. – Son los últimos rayos de sol en la atmósfera, y al no incidir directamente, crean las tonalidades rojizas, tan… espectaculares. E incluso románticos. Es decir, ¿qué mejor lug-…?
— Katsumi… – comenzó Sasori, interrumpiéndola. Ella calló, mirándolo, esperando que dijera algo. En vez de eso, se acercó a sus labios y la besó.
Su alumna se quedó quieta, en claro estado de shock, pero, con el pasar de los segundos, correspondió al beso. Los labios de Sasori eran suaves y sabían a fresas. Y ella amaba las fresas. Siguió besándolo, y se estremeció al sentir la lengua del pelirrojo en su labio inferior, pidiéndole permiso para entrar. Separó más sus labios, permitiéndole la entrada, y Sasori profundizó el beso.
La falta de aire se hizo presente y los dos se separaron. Katsumi estaba sonrojada a más no poder, mirando los ojos color miel de su danna, sonriendo levemente. Sasori sólo sonrió de lado y dio un suave beso a sus labios de nuevo.
— Eres preciosa… Una obra de arte… – murmuró, lo cual hizo enrojecer más a Katsumi. Ella sólo se acercó aún más a su maestro, recostando su cabeza en su hombro, sin poder borrar esa sonrisa.
Definitivamente ese fue el mejor día de su vida.
Un fuerte y agudo grito se oyó en toda la base de Akatsuki. Después, la puerta del pelirrojo se abrió con fuerza, y una llorosa e histérica chica entró corriendo.
— ¡Sasori, tienes que ayudarme! – dijo, desesperada, mirándolo a los ojos. El pelirrojo la miró. Había estado llorando y si había algo que lo hiciera sentir realmente enojado era verla llorar. No por el hecho de llorar, sino por saber quién había causado eso.
— ¿Qué pasa? – preguntó. Como respuesta la chica le mostró su antebrazo, en el cual se podía apreciar una mancha violácea oscura, claro producto de picadura de una araña venenosa.
No era gran problema para un marionetista, alguien que trabajaba día y noche con venenos, sin embargo…
— Una araña hija de puta me picó. – le dijo ella, molesta y asustada. – No es venenosa, ¿verdad? No moriré. No. Estaré bien. No, ¿Sasori? Tú trabajas con veneno, tú tienes que tener un antídoto.
— Katsumi… no tengo antídoto para veneno de araña aquí. Habrá, pero las tiendas están muy lejanas y en ese tiempo, el veneno comenzará a carcomer tu piel, y… – fue interrumpido por el llanto de ella. Estaba asustada, y en esos momentos se veía tan… pequeña. No había rezagos de la arrogante alumna/novia que él conocía. Sin embargo, no había nada imposible para un genio como él. – Podemos hacer algo, pero… te dolerá. Mucho. ¿Aguantas?
— ¿Hay otra opción? – preguntó, temerosa.
— Sí, ir por al antídoto y que tu piel sea carcomida por el veneno. — Katsumi tragó saliva, asustada. Tenía miedo, pero… confiaba en Sasori. Que todo iba a salir bien. Claro. Recuerda que lo amas. Confía, Katsumi. Asintió levemente y se sentó en su cama.
El marionetista se puso de pie y comenzó a buscar entre sus frascos. Esto tenía que funcionar. Tenía. Con una pequeña jeringa retiró una mínima parte de un líquido de uno de los frascos, y se acercó a ella.
Katsumi le tenía fobia a las agujas.
Sasori tomó el brazo de ella, y con cuidado, inyectó el líquido.
Lo primero que ella sintió fue un inmenso dolor, expandirse por todo su cuerpo. Sin embargo, resistió un poco, y se mantuvo sentada. Bien, esto dolía. Y mucho, como Sasori le había dicho. Gimió de dolor, y miró a su maestro/novio.
— ¿Qué fue eso? ¿Antídoto? – preguntó, entrecerrando los ojos del dolor.
— No. – respondió el otro. – Eso fue veneno de una de mis marionetas.
Y el mundo de Katsumi se vino abajo.
— ¡¿Qué?! – gritó, asustada. - ¡Ya tengo suficiente con el veneno de la araña, Y ME PONES AÚN MÁS VENENO! ¡¿QUIERES QUE MUERA RÁPIDO, O QUÉ?!
Era oficial: Katsumi estaba histérica.
— Geez, cállate. – murmuró un poco enojado. Odiaba cuando ella gritaba, y esa voz levemente aguda que poseía no ayudaba mucho. Se masajeó las sienes, exasperado.
Mientras que su novia le seguía reclamando, sacó otro pequeño líquido y lo puso en la jeringa. Se acercó a ella para ponerle este nuevo líquido, sin embargo, Katsumi se resistió. Sasori bufó.
— El veneno que te acabo de poner está acabando con el veneno de la araña. – explicó. – Y esto. – señaló al nuevo líquido. – Es antídoto a mi veneno, por lo cual, destruiría todo residuo que haya quedado en tu organismo.
Katsumi lo miró desconfiado, sin embargo, dejó que le pusiera el nuevo antídoto. De todas maneras, de una forma muy retorcida, era un buen plan. Un plan que sólo un genio como Sasori sabría idear. Este volvió a su mesa de trabajo a fabricar sus marionetas.
Mientras el antídoto surgía efecto, el dolor incluso era mayor. Gemía de dolor bajo, no quería que su novio se diera cuenta que en verdad le dolía, y mucho. Tenía orgullo.
— Es mejor que duermas ahora, no sentirás mucho el dolor. – dijo, sin quitar la vista de sus marionetas.
— ¿Puedo quedarme aquí? – preguntó.
— Mientras no hagas ruido… – aceptó el pelirrojo, aún ocupado en la fabricación de su marioneta. Katsumi sonrió levemente, y se echó en la cama del pelirrojo. Inhaló el aroma de su propietario, el cual la tranquilizaba mucho. Apretó una almohada contra ella, quedando dormida en pocos minutos.
Apretó la almohada un poco más fuerte contra sí.
— Pero te fuiste… Hidan me lo dijo. Yo no lo creí al principio. Pensé que me gastaba una broma de muy mal gusto. Pero él también estaba malherido. Finalmente, Pein me lo confirmó. Me quedé… destrozada. Desde que te fuiste, te llevaste contigo una parte de mí. Simplemente no… soporto – apretó la almohada con un poco de fuerza. – que tu cuerpo esté en posesión de algún inepto de la villa de la arena… Quise vengar tu muerte, pero no me dejaron. Dijeron que no, simplemente. Quise huir, abandonar Akatsuki, pero… Pein me dijo que eso no era lo que tú hubieras querido. Entonces, me quedé. Pero si algún día Akatsuki se desintegra, ten por seguro que te vengaré. No sabes cuánto te extraño, Sasori… Cuánto extraño tus besos… Sentirte cerca… Saber que si venía aquí te iba a encontrar, que estarías para mí… que aunque hablara mucho, nunca te quejabas, te gustaba que yo te hablara mucho. Te gustaba que me quedara viendo mientras fabricabas tus marionetas, y yo amaba cuando me ayudabas con las mías. Contigo… contigo podía ser yo misma. – murmuró, triste.
Dejó la almohada, arreglándola perfectamente en su sitio. Se sentó en la cama de nuevo.
— Hoy solía ser uno de los mejores días del año… y ahora, no puedo evitar ponerme triste. Ocho de noviembre, ¿recuerdas? Tu cumpleaños. Para ti sólo era otro día, y no entendías por qué yo le ponía tanto entusiasmo. Que te despertaba temprano con tu regalo, o que te cocinara un pastel y tu comida preferida. Cuánto daría por hacer eso hoy, Sasori… – suspiró.
Se puso de pie, y arregló la cama, dejándola intacta. Caminó hasta la puerta del dormitorio y miró la habitación.
— Eliktsu dice que ya no debería venir, que me hace mal, pero… tú adorabas que te hablara siempre. – sonrió, abandonando la habitación.
— ¿Me darías un beso? – preguntó juguetona, acercándose a los labios de Sasori.
— Mmm… sabes que sí. – respondió este, besándola en los labios.
Notas de Katsumi of Doom: Siento que me quedó cursi xD. La protagonista de este pequeño capítulo tiene 17. Me ha gustado escribir de mi alter-ego, ha sido divertido. Aunque tenía que poner música para deprimirme y realmente poder entrar en los zapatos de Katsumi.
Quiero agradecerle esta oportunidad a Yamako-chan gran escritora/lectora/amiga. Te quiero! (:
*Notas de Yamako: ASKHAHFASKF! No ha sido precioso?! *_* Gracias, Pal-chan!! Mil gracias por este capítulo!! *_*
Nos vemos en el próximo capítulo. Siento decepcionaros pero el siguiente si lo escribiré yo xD y volveremos a la trama del fic, que a veces olvido cual es... ¿cual es? Recuerdo que había unos gemelos... o.O Tengo mucho que hacer!! x_X Hasta la próxima!!
Que el Dios Cuervo te inspire
