Vergüenza
En el vestíbulo, el único cambio de la escuela se encontraba en el suelo, donde se mostraba una placa dorada con el nombre de los caídos en la última batalla.
Volver a ver el Gran Comedor, le sobrecogió el corazón. Estar en ese lugar de nuevo, era maravilloso. Draco se fue a la mesa de las serpientes y los demás a la de Gryffindor, donde también se reencontraron con Seamus y Dean. Tuvo lugar la selección, con el restaurado sombrero seleccionador y cenaron.
Horace Slughorn seguía siendo el profesor de Pociones, Pomona Sprout la de Herbología, McGonagall la de Transformaciones, Hagrid el de Cuidado de Criaturas Mágicas, Sybill Trelawney y Firenze los de Adivinación, Flitwick el de Encantamientos, y en Defensa Contra las Artes Oscuras, una novedad, Aberforth Dumbledore.
Volvían a compartir el mismo dormitorio, los cinco amigos de siempre. Y como Harry llevaba dos años sin hacer, esperó a que se durmieran, para irse a hurtadillas con la capa de invisibilidad hacia su habitación preferida.
Cuando llegó, el rubio le esperaba con una manta en el suelo y varias velas flotantes alumbrando el cuarto. Igual que en los viejos tiempos. Sin más dilación, dejó caer la capa y se abalanzó a los labios del otro. Dándose los besos más apasionados que se habían dado nunca. Gemían y se tocaban sin cesar. Los botones de ambos pijamas desaparecieron en un instante, dejando a la vista los torsos desnudos y las erizadas pieles.
-Cuanto te eché de menos-dijo Draco, mientras lamía la clavícula del moreno, sacándole varios gemidos roncos.
-Esto no puede repetirse-dijo Harry, mientras obligaba al rubio a volver a sus labios-ahora podemos hacerlo público y no andar a escondidas.
Malfoy lo besó y por un momento se detuvo-no es buena idea-añadió.
Fue a besar al Gryffindor nuevamente, pero éste lo rechazó, dejándole confuso.
-¿Por qué no quieres hacerlo público aún?-preguntó con un ligero enojo.
-No me parece adecuado todavía...
-¡¿Te avergüenzas de mi verdad?-ya Harry estaba enfadado a más no poder y se apartó del Slytherin, ignorando por completo la cara de incredulidad de éste-¡en secreto todo es genial!¡pero dejar que todos sepan que eres pareja de un mestizo y además Gryffindor es impensable!¡ni siquiera sé por qué me sorprendo!¡siempre le has dado mucha importancia a la sangre!
-¿Enserio piensas eso de mí?¿piensas que me da vergüenza estar contigo?-alzó todo lo que pudo la débil voz que le salió.
-¡Por supuesto que lo pienso!-apretó los puños con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos-¡antes lo entendía, porque bueno...tú y yo...nos odiábamos en principio!¡pero ahora se supone que me amas!
-¿Se supone?¿no me crees?-que ganas de llorar.
-¡En absoluto!-no podía dejar de hablar y eso que su cerebro le advertía que parase-¡estoy convencido de que en cuanto encuentres un sangre limpia a quien enredar pasarás de mí por completo!
¡PLAF!
Harry sintió una bofetada en la mejilla izquierda, tan fuerte, que le había volteado la cabeza a un lado. Se llevó la mano estupefacto a la zona, que ya empezaba a arderle. Miró a Draco. Los ojos grises estaban abiertos de par en par, y algunas lágrimas descendían de ellos.
-Eres un imbécil Harry Potter- murmuró y se fue de allí dando un portazo, dejando al moreno plantado en medio de la habitación.
A la mañana siguiente, en la mesa del Gran Comedor, mientras desayunaba, Hermione se sentó frente a él. Harry estaba de pésimo humor, y las ojeras eran más que evidentes detrás de la montura de sus gafas. Draco por su parte, no presentaba mejor aspecto, puesto que tenía los ojos enrojecidos e hinchados. Cosas que no pasaron desapercibidas para la pelicastaña, a pesar de que el novio de su amigo, estaba tres mesas más allá.
-¿Qué ha pasado Harry? Ron me ha dicho que apenas has dormido, que toda la noche te escuchaba dando vueltas en la cama...
-Mejor pregunta qué no ha pasado...
-¿Por qué Draco tiene peor cara que nunca? y te recuerdo que lo vi cuando estaba en San Mungo con heridas-sonaban muy acusadoras esas palabras.
-Será que las verdades ofenden-añadió el moreno, sin siquiera voltearse a mirar al otro chico.
-¿Qué verdades?¿habéis tenido una pelea?¿vuestra primera bronca de novios?
-Pues que se avergüenza de estar conmigo, y ya no somos novios-dijo y con desagrado, se llevó un poco de panceta a la boca.
La chica enmudeció y alternaba la mirada de su mejor amigo, a su amistad más reciente-¿te estás quedando conmigo no?
-¿Tengo cara de eso?
-¿Draco te dijo algo así?-no le cabía en la cabeza una situación como aquella.
-No hizo falta, no soy estúpido...
-Discrepo Harry- añadió Hermione sin titubear-eres estúpido-se levantó y salió del Gran Comedor sin añadir nada más.
Era el peor primer día de clases que había tenido en toda su vida. Se le antojaba imposible seguir el hilo de los profesores en las asignaturas. Su mente divagaba en temas más dolorosos y preocupantes. Además, su mejor amiga estaba muy enfadada con él, y él con ella, ya que se notaba que estaba de parte del rubio y no podía comprender que por una vez, no lo apoyase como acostumbraba. Y claro, Ron, que no sabía de que iba el tema, pasaba el tiempo con su novia como si el resto del mundo no existiera.
Así pasaron semanas. Hermione ni le dirigía la palabra, sumado a que parecía haberle sustituido por Draco como amigo del alma. El rubio ni que decir tiene, no le echaba ni una mirada, como si tuviera la capa invisible puesta las veinticuatro horas. Aunque tampoco es que tuvieran muchas oportunidades de verse, ya que el Slytherin, pasaba la mayor parte del tiempo solo en la biblioteca. Harry en más de una ocasión, muy a su pesar, no se había podido contener y había tenido que echar varios vistazos a su apreciado mapa para averiguar su paradero.
Para colmo, cuantos más días pasaban, más crecía un enorme remordimiento en su interior. ¿Y si se había precipitado?¿y si lo que Draco quería era ver como les iba durante unos meses y después contarlo a los demás?. Se intentaba convencer a sí mismo, de que él tenía la razón, que siempre, Malfoy se había avergonzado de él. Y una intensa punzada, en extremo familiar, se instalaba en su pecho insistentemente. Como si su alma le estuviera advirtiendo de que había cometido el peor error de toda su existencia.
Mediados de octubre. El rubio había descubierto el refugio perfecto para no encontrarse con Harry, la biblioteca. Le agradaba ese lugar porque, además, los alumnos no podían alzar en demasía la voz, y así, le era más fácil ignorar sus comentarios despectivos hacia su persona. No le era cómodo, ni gracioso, que todo el mundo le criticase por ser un Malfoy. No podía culparles, puesto que haber sido un mortífago, era la pesada carga que llevaría durante el resto de su existencia y debía pagar por ello. Sumado que, desde lo ocurrido con el chico de ojos esmeralda, se sentía como un frágil pedazo de cristal, capaz de quebrarse al más leve contacto, por lo que prefería evitar al máximo cualquier tipo de cercanía con el Gryffindor.
Estaba enfadado. Nunca lo había estado tanto. Potter le había hecho lo peor. No confiar en él, en su amor. Debía hacer increíbles esfuerzos para no mirarle o hablarle todos los días, pero no quería perdonarle, ni mantener una conversación reconciliadora con él. No se lo merecía.
Se sumió en el libro de Elaboración de pociones avanzadas. Con el profesor Slughorn le estaba yendo mejor que en sexto curso y, ahora que Harry había perdido su efímero don, él era el preferido del maestro en la asignatura, no así en popularidad.
-Hola-alguien se había sentado a su lado de repente. Era una voz masculina.
Alzó la vista. Se trataba de un chico de Gryffindor que le sonreía y dejaba un pequeño libro sobre la mesa.
-Hola-le resultaba muy familiar, le había visto con Potter en alguna ocasión, pero no caía en como se llamaba.
-Me llamo Seamus Finnigan- añadió el joven.
-Yo soy...
-Draco Malfoy, lo sé-interrumpió-es difícil no saber tu nombre, siendo el chico más guapo de Hogwarts- soltó sin titubeos.
El rubio no pudo evitar sonrojarse, y devolvió la mirada a su libro, perdiendo el hilo de la lectura por completo.
-Siempre te veo solo-continuó Seamus- o con Granger, pero sé que ella está con Weasley así que está claro que entre vosotros no hay nada-se acomodó más en la silla-ya todos en la escuela nos llevamos bien, por eso me decidí a hablar contigo ¿no te importa verdad?
El otro negó con la cabeza. Seguía sin mirarlo.
-No me andaré con rodeos-siguió-me gustas-a Draco casi se le cae el libro, y lo sujetó con más fuerza-pero sé que no nos conocemos, por eso he dado el primer paso, empezaremos siendo amigos ¿vale?-y le tendió una mano al Slytherin.
Éste se la devolvió sonriendo todo lo que podía, dada la incomodidad creciente-vale-añadió, aunque no sabía como tomarse la declaración.
Un par de días después, la noticia comenzaba a extenderse.
En la mesa. A la hora del desayuno en el Gran Comedor, Harry comía junto a su mejor amigo. Hermione ya no se sentaba a su lado, y siempre se la veía en la mesa de las serpientes junto al rubio ojiplata.
-¿Qué te ocurre?-preguntó el moreno a Ron, que no le quitaba el ojo de encima a Finnigan.
-¿Sabías que Seamus es gay?-cuestionó el pelirrojo sin despegar la mirada de su objetivo-yo ni me lo imaginaba...
-Lo cierto es que no-dijo Harry con tranquilidad mientras cogía El Profeta que su compañero ignoraba-¿cómo te enteraste?-no le interesaba mucho, pero era por seguir manteniendo la conversación.
-Me lo dijo Hermione- miró al ojiverde- al parecer anda detrás de Malfoy ¿a que es una pasada?
Potter no pudo evitar miralo esta vez a los ojos, incrédulo-¿qué...?
-Si, Hermione me lo contó, sabes que es amiga de Malfoy- hizo un gesto de disgusto con la boca y continuó-lo que no sé si Malfoy también es gay ¿qué crees?¿se harán novios? quién lo diría, aunque me tranquilizaría que no le vayan las chicas la verdad...
Harry se levantó súbitamente. Echó un vistazo a la mesa de los Slytherin, donde Draco y su antigua mejor amiga hablaban animados y salió a toda prisa del Gran Comedor, maldiciendo una y otra vez a Seamus Finnigan.
