Grito, grito su nombre una y otra vez y no emerge ningún sonido de mí. Me asfixio, me llevo las manos a la garganta, presa del pánico. Por más que grito, él no se inmuta, no se gira y no me ve, y por eso salta del precipicio hacia la jauría que es el mar rompiendo contra las rocas.

Su coleta castaña revoloteando mientras se precipita al vacío sigue en mi mente, a pesar de que las brumas de la ensoñación se disipan.

Me incorporo de golpe en la cama. He vuelto a soñar lo mismo, la misma impotencia, el saber lo que va a hacer y no poder evitarlo… Es la peor pesadilla que he tenido en mi vida, y encima dos veces, es incluso peor que las que tuve cuando conocí a Gin'iro. Suspiro con la mirada perdida, intentando ver algo en la oscuridad de la habitación, aún no ha amanecido. Me llevo una mano a la cabeza y resoplo. "Karasu… ¿dónde estás?", me pregunto con tristeza, volviendo a tumbarme en la cama, con el corazón aún encogido por la pesadilla. Por Dios, sólo espero que este no sea uno de esos sueños premonitorios… Lo cierto es que no sé dónde está el Uchiha, pero eso no quiere decir que haya muerto, ¿no? ¡¿no?

Me giro en la cama para quedar acostada de lado, en posición fetal. La incertidumbre de saber que le ha pasado a Karasu y el porqué de su desaparición me impiden volver a conciliar el sueño, además de que la pesadilla no dejaba de burlarse de mí desde mi subconsciente. No puedo más y acabo por levantarme. Salgo de la habitación sin encender aún la luz y camino en las tinieblas del pasillo, el baño queda todo recto desde mi puerta, por lo que no tiene pérdida incluso a oscuras. A pesar de esto, voy con las manos por delante para no hacer gala de mi torpeza partiéndome las narices contra la pared, y gracias a esto no me estrello con la puerta del baño, que está cerrada. Giro el pomo y compruebo que no está cerrada con pestillo, lo que encuentro dentro me deja helada.

El largo cabello castaño del que está ocupando el baño se sacude cada vez que éste tose. Está frente al lavabo, de espaldas a mí. Normalmente pediría perdón por la intromisión y me largaría, pero algo no va bien con el chico que no para de toser, pero lo que me acerco por detrás con cuidado y me voy colocando a su lado para verle mejor.

-¿Estás bi…? –la sorpresa corta mi frase al ver su pálido rostro, las perpetuas ojeras, la nariz respingona salpicada de pecas, esos ojos rasgados… Pero más aún me desconcierta el descubrir qué está haciendo ahí. El Uchiha no deja de toser, y cada vez que lo hace, el lavabo se tiñe de carmín. Me llevo una mano a la boca aterrorizada. -¡Dios mío, Karasu! ¿Qué te ha pasado?

Como es obvio, no responde, está demasiado ocupado sujetándose con todas sus fuerzas al lavabo para no desmayarse. Le aparto el pelo de la cara para que no se le manche más y no se ahogue con él, sin saber que más puedo hacer para ayudarle. Me quedo muda de terror y sólo puedo esperar a que se le pase el ataque de tos. Me muerdo el labio con impotencia, tal como en mi sueño. Finalmente, tras unos minutos que me parecen eternos, las toses se calman hasta que acaban y son sustituidas por intentos desesperados de recuperar el aire. Permanece con la cabeza gacha, mirando al lavabo mientras deja que la sangre que aún queda en su boca caiga gota a gota hasta el originalmente blanco del lavabo. Le suelto el pelo y hago el amago de secarle el sudor de su rostro con una caricia con el dorso de la mano. Sin embargo, antes de que pueda rozarle, me coge de la muñeca con fuerza, deteniendo mi gesto.

-No me toques, Jones.


-No me toques, Jones. –gruñe, y por fin me mira, con unos ojos que más parecen de un demonio que de un humano. Con esa sola mirada del color de la sangre, entiendo que no es Karasu, y se me cae el alma a los pies. -¿Qué crees que estás haciendo? –su pregunta me saca de mi ensimismamiento, vuelvo a mirarle a los ojos con cierto temor, veo entonces que es sólo el sharingan, como siempre. -Lárgate, ahora.

Me suelta con desprecio la mano y comienza a caminar hacia la salida del baño. Sacudo la cabeza para quitarme el aturdimiento y reacciono justo para frenar su huida de la escena. El Uchiha diabólico se tambalea ligeramente, y tengo que sujetarle para que no caiga desplomado.

-No estás bien, sólo intentaba ayudar. –susurro, no sin cierto mosqueo, aunque estoy acostumbrada a su mal genio.

-Intentabas ayudar a mi hermano, no a mí. –me espeta, volviendo a recuperar la compostura y valiéndose por su propio pie.

-Me da igual cual de los dos seas, -mentí. –estás herido, ¿verdad? ¿Por qué no dejar que te cure? No soy demasiado buena médico, pero algo podré…

Una risotada cargada de desprecio me interrumpe. Le miro con la rabia brillando en mis ojos castaños.

-A otro con ese cuento. Te conozco, Jones, sólo te interesa Karasu, no harías nada por nadie que no fuerais tú o él. La función ha terminado; olvídame. –y dicho esto me da la espalda para salir por la puerta, dejándome moralmente abatida.

No quiero dejar que se vaya, sé que está herido, o enfermo, o algo… Corro tras él, sin importarme cuantas veces me insulte.

-Eres un capullo que siempre piensa lo peor de todo el mundo, pero no dejaré que nadie que conozca vaya por ahí tosiendo sangre sin, mínimamente, saber qué es lo que le ocurre. –Me crucé de brazos frente a él, cortándole el paso, decidida.

-No-es-asunto-tuyo. –me recalca. –Maldita niñata, déjame en paz y vuélvete a la cama a soñar con princesitas y ponis. –brama, perdiendo la paciencia.

-Gilipollas… -gruño. -¡¿Es que no ves que estoy preocupada por ti? –acabo por estallar. Esto lo deja confuso unos instantes. Acaba por sonreír a medias con cinismo.

-Que te hagas la beata conmigo no va a hacer aparecer a mi hermano. –comenta tranquilamente. –Ni eso ni nada de lo que hagas. Probablemente se ha ido huyendo de ti, sólo eres una mierda de acosadora para él.

Entrecierro los ojos, sabe dar donde duele. Me recompongo como puedo y le sonrío de lado, imitando su gesto burlón.

-Por lo visto estás obsesionado con tu hermano, yo no lo he mencionado ni una vez. –vuelvo a ponerme seria. –No me cambies de tema. ¿Estás enfermo, verdad? –indago, viendo que no parece presentar ninguna herida.

Gin'iro se ríe como si yo hubiera contado el mejor de los chistes.

-Nací enfermo, imbécil. –se acerca a mí peligrosamente, intento echarme hacia atrás para escapar de él, pero me acorrala contra la pared, con su sonrisa macabra muy cerca de mi rostro. –Aunque tú me haces sentir aún más enfermo, pequeña zorrita. –su sonrisa psicótica va desapareciendo en pos de su indiferencia de siempre. –Ahora lárgate y procura no acercarte a mí a menos que yo lo ordene.

Por fin se aparta de mí, pero hago acopio de todo mi valor y no me muevo del sitio.

-No voy a dejarte marchar hasta comprobar que estás bien. –aseguro. He estado entrenándome muy duro como médico ninja, que parece ser lo que mejor se me da, aunque preferiría saber luchar, y quiero poner mis habilidades a prueba.

El Uchiha se gira con hastío.

-Dios, déjame en paz, nunca te ha importado lo más mínimo lo que me pasase. Se supone que me odias, ¿recuerdas? –luego alza una ceja intrigado. -¿Acaso soy el sustituto de mi hermano? No te ofendas, -bromea, de esa forma tan ruin suya- pero yo solo te quiero como parte de mi batallita personal. No te ilusiones.

Pongo los ojos en blanco.

-Esta claro que estás perfectamente, -admito, deseando perderlo de vista. –no sé por qué quería ayudarte. Muerto estarías mejor. –le espeto, furiosa por su ingratitud.

El brillo rojizo de sus ojos me hacen arrepentirme de inmediato por mis últimas palabras.

-Tú también, no lo dudes. Por suerte no durarás ni un minuto en batalla. –sonríe con toda la maldad que guarda su alma. –Estoy deseando verlo. –entrecierra los ojos, como si la idea le ocasionara un inmenso placer. Y con un risa tétrica se pierde en las sombras de su habitación.

Respiro hondo, tragándome el mal sabor de boca que me ha dejado toda esta escena, y me decido a dar un paseo, sabiendo que no podría dormir por mucho que lo intentase. No me importa ir en pijama, pues sé que no me va a ver nadie.

Con paso tranquilo salgo de la guarida hasta el bosque que nos rodea y cobija. La luna parece una sonrisa, lo que no pega para nada con mis sentimientos esta noche. Karasu me ha abandonado. Se marchó a una misión rápida encargada por Madara y no ha vuelto. Eso fue hace una semana, la más larga de mi vida, y llevo tres noches soñando con aquella horrible escena en la que el Uchiha se suicidaba. Me abrazo a mí misma, presa de un escalofrío. Entonces, algo corta mi hilo de pensamientos. Un ruido, un ruido humano.


Hasta aquí un delirio que se me ha ocurrido mientras "estudiaba", siento tener esto tan abandonado :( Soy muy poco constante... Y menos ahora que estoy liadísima con la universidad . ¡Yo también echo de menos mi fic! ¿Alguien sigue ahí? T_T Espero que lo leáis ^^ ¡De nuevo lo siento mucho!

Dudas, quejas, amenazas... ya sabéis, Review y listo xD

Disclimer: Naruto pertenece a Kishimoto, los gemelos así como Ayumu/Anna Jones, a mí.

Que el Dios Cuervo os inspire