Convivencia
Comenzó con el primer punto. Ron.
Esperó a que fuera fin de semana y aprovechó la última excursión a Hogsmeade antes de los exámenes, que les estaban absorbiendo la mayor parte del tiempo, puesto que se pasaban los días estudiando. Hermione estaba al tanto, y Draco no estaba muy convencido, así que dejaron a los dos amigos en Las Tres Escobas, y ellos se fueron a pasear por el pueblo.
-Que raro...-dijo Ron, tamborileando con los dedos sobre la mesa de la taberna, mientras contemplaba la puerta de entrada por donde habían salido la pelicastaña y el rubio- Hermione se trae algo entre manos...
-No-dijo Harry, ligeramente inquieto-en realidad nos dejaron solos porque yo quería hablar contigo-el pelirrojo plantó sus azules orbes en él.
-Si querías hablar conmigo no hacía falta venir aquí Harry, soy tu mejor amigo, puedes contarme lo que sea, donde sea...
-Ya...pero en Hogwarts es menos seguro contar algo que no quiero que sepa nadie...aún.
-Esta bien-añadió complacido y curioso-¿de qué se trata?
-Verás...es sobre aquella novia que tuve, ¿recuerdas?-esto pareció acrecentar el interés de su oyente, que asintió con la cabeza y se inclinó ligeramente hacia adelante-pues...bueno, en realidad no era mi novia...solo nos veíamos a escondidas, pero como no sabía que nombre ponerle a esa relación, te seguí la corriente y te hice creer eso...-en la mente de Ron parecía librarse una batalla entre la compresión y el disgusto por el engaño-la verdad es que es de Slytherin- el pelirrojo abrió mucho los ojos y se retorció ligeramente en el asiento.
-¿Estuviste con una serpiente? oh Harry...- eso sonaba a lástima.
-De hecho...estoy, ahora somos novios, oficialmente-era mejor ir soltándolo ya todo, ni dejó que su amigo replicase-y no te lo he dicho hasta ahora, porque es que tampoco se trata de una chica...-el gesto del muchacho que le observaba era bastante cómico, pero el moreno no se dio el lujo de reírse de él-es un chico, mi novio es un chico.
Harry hubiese jurado que pasó más de media hora durante la cual Ron le miraba estupefacto, pero al final reaccionó-o sea que te van los chicos.
-Si.
-¿Desde cuando?
-Siempre supongo, no sé, no me fijé en ninguno hasta primer curso...
-Espera-interrumpió el de las pecas-eso son ocho años, ¿y no me has dicho nada hasta ahora?.
-Es que no era fácil, entiéndeme.
-Hermione lo sabía ¿verdad?
-Si, lo dedujo.
-No me parece mal que te gusten los chicos Harry, deberías haber confiado en mi, no me importa en absoluto.
-Espero que sigas opinando lo mismo cuando sepas quien es...-murmuró el moreno, lo suficientemente alto, así que el otro hizo un movimiento de brazos, como preguntando '¿quién?', por lo que...- Draco Malfoy es mi novio, Ron, con él es con quien me veía a escondidas, a quien he dado mi primer beso, con quien he tenido mi primera relación sexual...en resumen, a quien amo.
A diferencia de lo esperado, el pelirrojo no parecía impresionado ni molesto- ahm- dijo y se acomodó en su silla- Malfoy...por eso sabías que Hermione y él no se enamorarían ¿verdad?-Harry asintió-por eso él ya se lleva bien con nosotros y no te insulta ¿verdad?-otro asentimiento-¿él te regaló la esfera de Hogwarts?-asentimiento-¿por eso te ayudó para el Torneo de los tres magos?-asentimiento-¿por eso has estado tan mal tiempo atrás y mi novia pasaba el tiempo con él?-asentimiento-no se porque...pero no me sorprende...bueno, sabes que ya Malfoy no me cae tan mal, aunque si lo pienso...Harry, ¡estaba claro!-se llevó una mano a la frente y se golpeó varias veces con la palma-tu obsesión en sexto, que ciego fui...cuando me dejaste por él en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas para ser su pareja o en tu cumpleaños que te regaló la Saeta de Fuego...ahora entiendo porque no me lo dijiste, soy un mal amigo, lo tenía en las narices y no me di cuenta.
-Lo siento Ron, no te lo dije por eso, fue porque pensaba que odiabas a Draco y no quería que te enfadases-se sentía muy aliviado finalmente.
-No pasa nada, olvídalo, ¿ahora entonces sois novios y os queréis y eso?-Harry asintió de nuevo-entonces no me parece mal, mientras él se porte bien claro, me gusta Malfoy, ya es como de la familia, y siendo gay ahora me gusta más-alzó su jarra de cerveza de mantequilla y brindaron. Al cabo de un rato, Hermione y el rubio aparecieron y disfrutaron unidos lo que quedaba del día.
El resto de semanas y meses, los pasaron sumidos en deberes, libros y exámenes, lo que apenas les dejaba tiempo libre, pero todo lo hacían los cuatro juntos. Gracias a la intervención de Harry, que había hecho de celestina, había puesto al tanto a Seamus de los sentimientos de Dean, que por lo visto, fueron correspondidos. Ron y Draco se llevaban mejor que nunca, e incluso fue el único Slytherin invitado a la fiesta fin de exámenes de los Gryffindor en su sala común, por nada más y nada menos que el pelirrojo en persona.
Solo les quedaban ya un par de días en Hogwarts, y un sentimiento de melancolía se apoderó de todos los alumnos de séptimo y los repetidores. Y sentados bajo la sombra del haya, donde Harry y sus amigos solían sentarse en ocasiones, el moreno hizo acopio de valentía y llevó a cabo un planteamiento que le rondaba la cabeza hacía tiempo.
Aprovechó que Ron y Hermione se daban besos acaramelados y más ausentes, para hablar con su novio.
-Draco- el chico, que estaba mirando al lago, rodó la vista hacia él-¿donde irás al salir de aquí?
-Pues iré al Caldero Chorreante unos días hasta que encuentre una casa que me guste y comprarla, y después buscaré algo que me agrade para trabajar.
-Yo había pensado que, si quieres, podrías venirte a vivir conmigo a la casa que me dejó mi padrino...-se rascó la cabeza, algo nervioso-no está mal, en fin, yo voy a vivir solo, con Kreacher, y no me importaría que vinieras, en realidad me gustaría mucho...
-¿Me estás pidiendo que vivamos juntos Harry Potter?-cuestionó alegre el chico de cabellos dorados.
-Si, no quiero pasar otro verano lejos de ti-se sonrojó un poco, Draco era su punto débil.
-Entonces me iré a vivir contigo-añadió complacido y mostró una amplia sonrisa que dejó cautivado a Harry.
Era la primera vez que no le inundaba la profunda tristeza cuando cogía el expreso de Hogwarts rumbo a la estación King's Cross. Le apenaba dejar atrás la escuela, y la disponibilidad de ver a sus amigos las veinticuatro horas, pero no volvía solo a casa, iba con su rubio, y además, no iría con los Dursley, ni con los Weasley. Era un adulto, viviría solo, con su pareja. Una etapa de su vida, que se le antojaba espléndida y quería empezar cuanto antes.
Se habían sacado innumerables fotografías en el compartimento del tren, en el que se habían apretujado todos: Neville, Luna, Seamus, Dean, Ron, Hermione, Draco y Harry. Sin contar a los que pasaban por allí y les daba por entrar y unirse a la reunión. Fue muy emotiva la despedida de todos en el anden nueve y tres cuartos, mientras se juraban y perjuraban escribirse. Algunos entre lágrimas, como Longbottom y otros en sendos abrazos, como Luna, que insistía en seguir usando los galeones mágicos para mandarse mensajes con asiduidad.
Fue algo duro para Harry no ir en el mismo taxi que Ron y Hermione, pero el trayecto a Grimmauld Place, de la mano de Draco, le daba otro color al asunto.
-¿Ves el número doce?-preguntó el moreno al otro chico cuando llegaron. No estaba seguro de si ya el encantamiento Fidelio continuaba.
-Si-no parecía disgustado con la apariencia externa de la casa, bastante sucia.
Subieron los desgastados escalones de piedra y entraron.
La última vez que Harry había pisado ese lugar, una espeluznante figura con apariencia de Dumbledore le había recibido a él y a sus amigos, pero esta vez, nada. Solo un agradable y bien iluminado vestíbulo, ni rastro de telas de araña ni retratos torcidos y polvorientos. Tal y como Kreacher se había propuesto, una impecable vivienda.
Mientras Draco observaba todo con detenimiento, en especial los objetos con forma de serpiente, que eran muchos; el moreno buscaba al elfo doméstico, al que encontró en la cocina, vestido con una pulcra toalla blanca y el guardapelo falso de Regulus colgado al cuello.
-¡Amo Harry!-gritó contento al verlo aparecer y corrió hacia el chico, que lo recibió con un cariñoso abrazo-no le esperaba tan temprano-añadió con su ronca voz-la cena aún no está lista, amo, quería sorprenderlo.
-Yo también te traje una sorpresa Kreacher, y tranquilo, todavía tenemos que instalarnos-sonrió complacido echando un vistazo a su alrededor-alguien va a vivir con nosotros y estoy seguro de que te agradará mucho-salió de la cocina y al momento volvió a aparecer de la mano de Draco, que saludó al elfo con la mano que tenía libre.
-El joven Malfoy...-musitó la pequeña criatura, incrédula-¿va a vivir aquí con nosotros amo Harry?-preguntó a continuación ilusionado.
-Así es, Draco es mi novio ahora y vivirá aquí ¿te parece bien?.
-Muy bien amo Harry, no se me ocurre nadie mejor para usted-hizo una leve reverencia y volvió a la comida que estaba en el fuego.
Un orgulloso Potter, enseñó la casa al rubio, advirtiéndole de no hacer demasiado ruido, para no despertar a lo que había tras las apolilladas cortinas de terciopelo en el vestíbulo. Terminando el tour, en el dormitorio donde se quedarían. El de Sirius. Estaba recogido y limpio. La ancha cama estaba hecha. Las paredes de seda gris plateada, apenas se veían bajo la infinidad de pósters, los estandartes de Gryffindor, las fotografías de motos y de chicas muggles con las que Sirius había jorobado a su familia y la preciada foto en la que salían su padrino, Remus, su padre y Peter Pettigrew. Se la mostró feliz a Draco, que por fin pudo ver la cara de James Potter.
Kreacher les había preparado pastel de carne y riñones, además de tarta de melaza, para recibir a su amo como se merecía.
Durante la cena, sentados uno frente al otro, Harry no dejó de hablar al ojiplata de su padre, su padrino y todo lo que les sucedió en el pasado.
Mientras se servía otro pedazo de tarta se le ocurrió una curiosa pregunta que nunca se había formulado.
-Draco ¿cual es tú comida favorita?
-Las hamburguesas del McDonald's- dijo sin titubear y cortando un trozo de pastel de carne.
El moreno de gafas rió-no sabía que te habían gustado tanto.
-Bueno...-un leve sonrojo apareció en sus mejillas-sí, eso y...fue lo primero que comí contigo.
Lo contempló. Era tan adorable.
-Te amo-dijo Harry de pronto.
-Y yo a ti, pero ¿a qué viene eso ahora?
-Quería decírtelo, no pude evitarlo ¿te molesta?
-Sabes que no, bobo-añadió sonriente, y continuó comiendo.
-Te traeré hamburguesas todos los días.
A pesar de que era bastante tarde ya, y que el día había sido muy largo, Harry tenía muy clara una cosa. No pasaría un solo día más. Tres años sin probar a Draco era demasiado tiempo. Aprovechando que su novio se estaba dando una reconfortante ducha, después de haberlo hecho él, preparó el dormitorio como se merecía. Lo llenó de velas como había visto una vez en una película. Sacó de su baúl la pequeña radio de madera de Ron y sintonizó la emisora con la mejor música que encontró. Tendría que comprar muchas cosas para esa casa. No habían pétalos de flores en ninguna parte y menos algún tipo de incienso que otorgase un agradable aroma a la habitación, tal y como aconsejaban en el libro de 'Sexo para torpes'. Lo único que pudo hacer, fue echar algo de colonia que había encontrado en el armario, sobre la mullida colcha. Algo cutre, pero a falta de pan...
Se desabrochó los primeros botones del pijama, intentando parecer algo provocativo, pero terminó descartándolo y se quitó la camisa, quedándose solo con los pantalones. Y se recostó a esperar sobre la cama, sumido en la canción que sonaba en ese momento.
Comenzó a ponerse nervioso. Era algo que esperaba desde hacía bastante tiempo, y la verdad, es que había otro detalle a tener en cuenta. Tanto Draco como él, habían crecido, cambiado, sus cuerpos estaban más desarrollados que antes. Debía tener mucho cuidado con lo que hacía y con la fuerza empleada. Ser delicado. Esperaba poder mantener la mente fría, aunque parecía complicado, y más cuando el rubio apareció por la puerta, sólo con una toalla cubriéndole la cintura y el cabello mojado, del que algunas gotas de agua resbalaban y caían por la pálida piel visible.
Harry enmudeció. Una magnifica visión. Draco había mejorado mucho y para demasiado bien. Agradeció llevar puestos los holgados pantalones del pijama, porque tuvo una repentina erección, difícil de disimular de otro modo.
Malfoy, divertido, se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados-¿me esperabas?-preguntó, percatándose de las velas, la música, y el cuerpo semi desnudo de su novio.
-Sabes que sí-dijo Harry, que ardía en deseos de saltar sobre el otro, pero se contuvo, cuando vio como éste, con andar seductor se acercó a él, llegó hasta la cama, se subió, y a cuatro patas se deslizó hacia él y atrapó sus labios en un ávido beso.
El moreno no pudo evitarlo, después de tanto tiempo, de nuevo entre sus brazos. Recorría el cuerpo del chico con sus dedos, su cabello, su nuca, su espalda. Ese agradable aroma nuevamente en sus fosas nasales. Le urgía prestar atención a su entrepierna, pero se repetía una y otra vez que sería como la primera vez, como la primera vez, e iba a doler, tenía que ser comedido...
Alto.
Draco apartó sus labios de los suyos y se relamió con sensualidad. Sorprendentemente, obligó a Harry a que se recostara como al principio y se sentó sobre su cadera, con ambas piernas a los lados de su cuerpo. Era un milagro que la toalla siguiera en su sitio y de seguro había notado la cada vez más acuciante erección que presentaba. El rubio volvió a besarle, con pasión, mientras las manos del de gafas lo sujetaban del rostro, para que no se separasen jamás. Pero Malfoy tenía otros planes. Continuó los besos, pero recorriendo un camino desde la boca hasta el ombligo del Gryffindor, que solo podía cerrar los ojos y gemir, sobretodo, cuando las manos del ojigris tocaron su miembro, sobre la tela del pantalón. Segundos después, éste había desaparecido, y los dedos del Slytherin estaban sobre su palpitante piel. Harry estaba que no cabía en sí de lujuria. Ver a su novio, ahora succionando su miembro, era incomparable. Sabía que no duraría mucho. Llevaba demasiado tiempo de abstinencia y aquello era excesivamente maravilloso.
La boca del rubio sabía lo que hacía, lamía como un experto. Inevitablemente, se vino entre roncos gemidos e incontrolados espasmos. Sublime.
Le costaba normalizar la respiración, mientras contemplaba como el otro se limpiaba la comisura de los labios con los dedos y los lamia, limpiando cualquier leve rastro de su simiente.
-Has estado increíble-dijo sonriendo, se sentó para atrapar la boca de Draco, y entre besos añadió-ahora yo...
-No-dijo Malfoy con tono juguetón- déjamelo todo a mi esta noche-lo obligó a recostarse nuevamente y volvió a sentarse sobre su cadera del mismo modo. Harry lo miraba confuso. El rubio cogió la varita de su novio que reposaba sobre la mesita de noche y tras un leve movimiento en el aire, la volvió a dejar en su sitio. Estaba claro que había conjurado algo sin necesidad de hablar, y ese algo apareció. Era un frasquito de poción lubricante. El chico lo cogió y lo abrió-vamos a necesitar esto por aquí-añadió, al tiempo que se echaba un poco en las manos y las dirigía a la entrepierna de Harry, que se retorció levemente debajo suyo y volvía a animarse.
Actuó. Sus manos eliminaron la toalla de la ecuación. Quería ver a su rubio desnudo completamente. Estaba claramente excitado también, y ya que no le dejaban hacer mucho, quiso tocarlo, pero Draco se alzó un poco-déjame a mí-repitió, y se empezó a sentar sobre la erección de Harry, impregnada de poción. Los ojos plateados se cerraron con fuerza, mientras notaba la intromisión que hacía tanto que no sentía, y menos de ese tamaño. Con lentitud se sentó por completo sobre el otro, que apoyó con suavidad las manos en su cadera.
-¿Estás bien?-preguntó Harry preocupado, pero con la cabeza un poco ida, debido a la codiciada estrechez que volvía a sentir después de tantos años.
-No seas tan Hufflepuff Potter- dijo Draco, con sólo un ojo abierto y el otro cerrado fuertemente.
El de ojos verdes entonces, sujetó con delicadeza el miembro de Malfoy y comenzó a masturbarlo. Esto provocó, que el rubio, empezase a moverse, de arriba a abajo cada vez con más rapidez, mientras gemía incesantemente de placer. Draco era el que marcaba el ritmo de las penetraciones, cosa que enloquecía a Harry, pero ver a su novio extasiado, no era algo que desperdiciar.
Como el moreno deseaba besarlo, se sentó, aún con el otro sobre él. Se abrazaron y esta vez fue Harry el que empezó a mover la pelvis y a tomar el control. Por suerte, no hubo reclamaciones, sino jadeos. Ambos sudaban. Malfoy rodeó el cuello del ojiverde con sus brazos y se fundieron en un profundo beso. Las manos del Gryffindor aún seguían masajeando la entrepierna del otro, que le había rodeado las caderas con sus piernas también, hasta que sintió un líquido viscoso en la palma y en su abdomen. Y lo notó. Su miembro era atrapado en el interior de Draco, por lo que no pudo evitar llegar al orgasmo, más intenso incluso que el anterior.
La cabeza del rubio reposaba en su hombro, mientras intentaba normalizar la entrada y salida del aire en sus pulmones.
Al alba, con la claridad de un nuevo día, despertó Harry, que sentía algo ligeramente pesado sobre su brazo izquierdo, y al abrir los ojos, vio, borroso eso si, a su rubio dormido junto a él. Nunca habían dormido juntos. Era estupendo despertarse y verlo a su lado. Se felicitó mentalmente por haberle invitado a vivir con él. Esta era la vida que quería. Se puso las gafas y lo contempló dormir hasta bien entrada la mañana.
