Temor

Evidentemente, a primera hora de la mañana, Draco envió una lechuza urgente a McGonagall. Horace Slughorn tendría que volver a Hogwarts para sustituirle antes de lo previsto, porque, estaba claro que no podría dejar a Harry solo en esas circunstancias. Había cerrado con llave la habitación de los gemelos, tranquilo de que su marido no recordase el hechizo de abrir puertas y bajó a desayunar.

Olía a beicon y a café. Pero el moreno estaba sentado en la cama con la mirada perdida en algún punto del salón.

-¿No vas a desayunar Harry?-preguntó preocupado.

El otro, en silencio, asintió, se levantó y lo siguió hasta la cocina.

La tensión podía cortarse con un cuchillo mientras comían.

-Anoche busqué fotos, te las enseñaré después-comentó, se veía que el chico no se sentía demasiado bien con lo que estaba pasando y seguro tenía preguntas-¿hay algo que te intrigue demasiado?¿alguna cosa que quieras saber?

-Pues...los chicos que estaban en el hospital conmigo...

-Los Weasley.

-Si, uno de ellos dijo que era mi mejor amigo-no levantaba la vista de sus huevos revueltos y no dejaba de removerlos con el tenedor.

-Ron, sí, es tu mejor amigo.

-¿Y por qué no vivo con él?¿por qué vivo contigo?-el corazón de Draco se le oprimió tanto que pensaba que se le pararía en ese instante.

-Yo también soy tu amigo...¿no te gusta vivir aquí? esta es tu casa, donde te criaste antes de vivir con tus tíos.

-¿Ah si?-echó un vistazo alrededor como si eso sirviera de algo, y siguió con su tarea de no desayuno.

Harry volvió a la cama mientras el rubio subió a toda prisa al dormitorio a por las fotografías. Si el sanador estaba en lo cierto, pronto empezaría a recordar y todo eso no sería más que una desagradable anécdota, aunque era inevitable el sentimiento de desazón.

Por como se habían desarrollado sus vidas en el colegio de magia, no tenían fotos juntos así que debía contarle los hechos, omitiendo los detalles románticos o de índole similar.

Mientras veía las fotos, el moreno permanecía serio y callado. Escuchaba atento todo lo que el ojiplata le contaba. Descubrió que su compañero de casa y él se habían conocido en un lugar llamado el callejón Diagon, y que al principio se llevaban tremendamente mal porque al parecer, habían quedado en casas rivales, entre otras cosas. Ron y Hermione, aquella extraña chica que les había recibido la noche anterior, eran sus mejores amigos. Supo que Alguien-que-no-debe-ser-nombrado mató a sus padres y luego intentó matarlo a el. Todos los contratiempos, pérdidas y sufrimientos que tuvo que pasar hasta llegar a ese momento.

Horas. Muchas horas estuvieron allí. Draco hablando y Harry escuchando y observando. El rubio no apartaba la vista de las orbes verdes por si veía algún brillo que le indicase que su Harry empezaba a aparecer, pero nada. Por más cosas que le contó, por más fotos y objetos que le enseñó, parecía estar nadando contra la corriente. Y lo peor es que se moría por besarle, por contarle lo más importante, que era su familia, que no les había sido fácil estar juntos, pero que lo habían conseguido.

Otro día nulo.

A la mañana siguiente recibieron visita. Ron, Hermione, Fred y Neville se presentaron en la casa para colaborar en la reprogramación de Harry. Éste, más animado que el día anterior, les escuchaba sonriente.

Draco, recostando la cabeza sobre la mesa de la cocina, escuchaba todo esperanzado. Al fin y al cabo, con sus mejores e inseparables amigos había vivido innumerables situaciones.

-Hemos pensado llevarlo mañana a La Madriguera-dijo Fred entrando por la puerta y haciendo que el rubio se incorporase-ha vivido mucho allí con nosotros, tal vez si ve la casa...

-Es una buena idea-dijo Draco- hay que intentarlo todo, quiero a mi Harry- se notaba más sensible anímicamente, probablemente por las simpáticas hormonas, y sentía ganas de llorar constantemente.

Ni La Madriguera. Ni todos los rincones de Hogwarts. Ni el callejón Diagon. Ni el doce de Grimmauld Place. Ni el Ministerio de Magia. Ni el Refugio. Nada ni nadie devolvía la memoria a Harry. Y así pasaron semanas.

-Puede tardar en recuperarse porque teme algo-dijo un sanador al rubio, ante las reclamaciones de éste.

-¿Temer?¿el qué? Harry nunca ha temido nada, eso es absurdo-se empezaba a desesperar, ya su vientre empezaba a abultarse ligeramente y le preocupaba que como las cosas siguieran así, sus hijos iban a tener un padre que nos los reconociera como suyos.

-Quizás tema que no le guste su vida si la recuerda-añadió el sanador sin vacilar. Era la peor de las respuestas.

-¿Por qué iba a odiar su vida? ahora era perfecta...pasó por mucho, pasamos...y ahora todo estaba saliendo bien-las palabras se le atascaban en la garganta y las lágrimas se le acumulaban en los ojos-insinúa que si él no quiere, ¿no va a recuperar la memoria?

-Probablemente, tal vez ha bloqueado su mente por miedo a lo que se pueda encontrar.

-Pero se lo hemos contado todo, sabe todo lo que le pasó, es consciente de que todo está bien ahora.

-A lo mejor no le gusta- Draco tuvo que sentarse. Temblaba de pies a cabeza y las últimas palabras del sanador regresaban una y otra vez a su mente, como si hubiera eco en la habitación. ¿Y si era cierto?¿y si Harry no estaba de acuerdo con lo de vivir con él? prefería al pelirrojo como compañero de casa, eso lo había dejado claro hacía tiempo. Para el moreno solo era un extraño con el que se llevaba mal en principio y con el que acabó viviendo aparentemente porque habían superado sus diferencias y hecho las paces.

-Dígale que es su marido señor Potter- continuó el sanador-creo que ya está más que preparado para saberlo.

-¿Y si no se lo toma bien?-el rubio lloraba derrotado en la silla, tapándose el rostro con las manos.

-Debe saberlo, ya es hora, no lo sabremos hasta que no se lo diga.

Nada más llegar a Godric's Hollow, fue al salón, pero Harry no se encontraba allí. Se temió lo peor.

-¡Kreacher!-gritó mientras corrió a la cocina-¿y Harry?¿salió de la casa solo?

-No amo, está arriba-dijo el elfo y siguió con lo suyo.

-¿Arriba?...

Subió los escalones calmado, seguramente estaba en el cuarto de baño. Pero cuando vio la puerta de su dormitorio entreabierta, el mundo se le cayó a los pies.

Harry estaba sentado sobre la cama, concentrado y mirando el mural del árbol genealógico de los Potter.

-Harry...-un leve hilo de voz le salió, pero el moreno le miró en el acto.

-¿Qué significa esto?-preguntó levantándose, parecía furioso.

-Es...

-¿Por qué tu nombre y el mio están aquí?¿y quienes son James Scorpius y Albus Severus?

Catastrófica. Así podía definir Draco la situación. La voz no le salía, su boca solo articulaba sonidos sin sentido.

-Es un árbol genealógico-dijo por fin.

-Ya lo suponía, pero ¿por qué nuestros nombres están aquí?¡juntos!¿y quién son estas personas?-señalaba enfadado los nombres de los gemelos en la pared.

Había llegado el momento. Que fuera lo que tenía que ser.

-Porque tu y yo estamos casados, y James y Albus son nuestros hijos-al instante la piel del otro se puso pálida y como un autómata se sentó sobre la cama.

-Tu...yo...¿nos casamos?¿me casé con un hombre?-dijo al cabo de unos minutos. El rubio solo asintió quedamente-¿y tenemos hijos?¿dónde están?¿por qué no los he visto?

Draco se acercó a Harry, le cogió una de sus manos y se la puso sobre el vientre- aquí están...

El moreno abrió tanto los ojos que por poco no se le salen de las cuencas y apartó la mano asustado.

-¿No hablas enserio verdad? es una broma, tiene que serlo-se levantó de la cama y anduvo por la habitación.

-Eramos dos personas destinadas a no enamorarse, pero...

-¡No!¡yo no estoy enamorado de ti!-gritó el moreno, dejando al otro inmóvil-¡nunca me casaría contigo!

Aunque le había dolido escuchar eso, hizo de tripas corazón-sé que no recuerdas amarme, lo harás y...

-¡No!¡no voy a amarte nunca!¡no quiero amarte!-y salió de allí apresuradamente. Sus pisadas se escucharon bajando los escalones con fuerza y finalmente lo oyó sollozar en el salón.

La situación había ido tal y como se temió en un comienzo. Draco intentó serenarse, alterarse de ese modo no era bueno para los bebés, pero escuchar aquellas palabras de la persona que más quería en el mundo habían sido demasiado que soportar. Se echó sobre la cama y empezó a llorar descontroladamente.

Un par de horas después, escuchó el leve repiqueteo de alguien llamando a la puerta. Esta se abrió y apareció Harry, abochornado.

Draco le observaba, serio y callado. Estaba tumbado en la cama, boca arriba, asimilando lo que había pasado. Esperaba más palabras hirientes, pero le llegaron otras.

-Lo siento-dijo el moreno sin separarse de la puerta-realmente no me esperaba algo así, aunque ahora muchas cosas tienen sentido.

-¿Como qué?

-Como esa foto-añadió señalando la fotografía de ambos el día de su boda, cortando la tarta, sonrientes-y el que tu y yo vivamos juntos.

-No hace falta que te disculpes, quizás debería habértelo dicho mucho antes.

-Hubiera reaccionado igual, te lo aseguro...es que...siento que vivo una vida que no es mía...es como si alguien me estuviera imponiendo mi existencia.

-Nadie te la impone, te contamos lo que has vivido, no inventamos nada- Draco se sentó y le contemplaba atento.

-Ya lo sé, lo supongo, pero en mi cabeza no ha pasado nada de eso, en mi cabeza yo debería haber empezado un alucinante primer curso en Hogwarts...no estar casado contigo...y...

-A punto de ser padre-interrumpió el rubio.

-No me interpretes mal, quiero ser padre algún día-se defendió el chico de ojos esmeralda.

-Pero no conmigo-concluyó dolido-eso piensas ahora porque no recuerdas lo que sientes por mi, pero cuando lo hagas verás que...

-No creo que sienta eso por ti nunca.

-Ya lo sentiste una vez ¿por qué dices que no?...a este paso no recordaras jamás, aunque supongo que es lo que quieres-no quería ni mirarle, al final el sanador iba a tener razón y el valiente león temía su pasado.

-Pues si, no quiero estar con alguien con el que ni siquiera sé porque estoy, no sé porque se supone que me enamoré de ti según tú.

-Puedo contarte nuestra historia, no me supone ningún problema.

-Tal vez no me apetece oírla-terminó el moreno, provocando una sonrisa de frustración en el otro.

A partir de entonces la convivencia se volvió algo incómoda. Harry prefería pasar el rato con su amigo Ron, pasando el menor tiempo posible en la casa. Y mientras, Draco veía como día tras día, su vientre iba creciendo más y más. Se había hecho a la idea de que su 'marido' no recuperaría nunca la memoria, que siempre estarían viviendo de ese modo, y se centró en su embarazo para disipar la inmensa tristeza que le invadía. Hermione y Molly constantemente le estaban haciendo regalos o llevándole cosas que pudiera necesitar. Lo mimaban más que nadie y les estaba eternamente agradecido.