Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
5.- Preguntas y sorpresas
POV. Edward
No entendía lo que le sucedía a Bella, su actitud no era normal, cuando Alice y yo habíamos llegado tomados de la mano ella había cambiado totalmente, y su cambio había sido más notorio aun cuando se negó a quedarse con Alice.
Ella nunca le negaba nada, podía negarle cualquier cosa incluso a mí, pero no a ella, y ahora lo había hecho de la manera más fría y distante en la que lo pudo haber hecho.
No me miraba, sólo miraba hacia la nada, se dio cuenta de que no avanzábamos y volteó a verme, le había dicho a Alice que hablaría con ella, además de que yo también estaba desconcertado.
— ¿De qué va todo esto Bella? ¿Qué te sucede? — lo dije directo, no me gustaban los rodeos.
— ¿De qué hablas? —evité bufar, aunque tenía muchas ganas de hacerlo, era típico de ella, cuando quería evitar un tema importante me contestaba con otra pregunta, saliéndose por la tangente, ¿es que no se daba cuenta de que la conocía mejor que eso?
—Vamos, Bella, sin evasivas— sus ojos se agrandaron al notar que sabía lo que hacía— Sabes de qué hablo, ¿por qué esa actitud con Ali? — Hizo una mueca de disgusto que intentó disimular, pero yo la pude ver claramente, ¿qué es lo que le estaba pasando? Esa no era la Bella que yo conocía… Y amaba como idiota.
— ¿¡Qué actitud, Edward?! — rodé los ojos y bufé, genial, no me diría nada, y sería tan cabezota como siempre.
—Bella, no hagas esto más largo, sólo dime qué pasa— me estaba sacando de mis casillas y no quería explotar, no con ella, no sabía de lo que sería capaz de decirle estando molesto.
— ¡No pasa nada, Edward! El que no me quiera quedar con Alice por una noche no significa nada, ni quiere decir que tengo una mala actitud con ella, sólo quiero ir a casa, ¡ahora! — fruncí el ceño, era algo serio, ella nunca se comportaba así ni perdía los estribos, a menos que fueran por causas mayores.
Sus ojos se pusieron cristalinos por las lágrimas contenidas, se estaba haciendo la fuerte y trataba con un gran esfuerzo no derramar ni una sola, mi pobre niña cabezota.
Aun podía recordar la primera vez que la vi con esa mueca de disgusto por las lágrimas contenidas, teníamos unos siete años y se había caído en medio de todo el salón, las risas no se hicieron esperar, yo me levanté para ayudarla, pero ella ya estaba en pie antes de que pudiera acercarme, siguió avanzando hasta llegar al pizarrón y contestar la pregunta correctamente, la única que nadie había podido contestar, excepto ella y yo, un sentimiento de orgullo había estallado en mi pequeño pecho de siete años en ese momento, y supe que siempre amaría a aquella pequeña cabezona de mirada dulce y piernas frágiles. Regresé de mi ensoñación para fijarme en Bella.
Levanté su rostro con suavidad y la miré directo a esos ojos chocolate que tanto adoraba.
—Si no pasa nada… Entonces, ¿por qué lloras Bellys? — Caería en mi trampa, estaba seguro, casi podía sentir la sonrisa de satisfacción en mi rostro, pero la contuve.
— ¡No estoy llorando! — Gritó con voz rota, bingo, había caído, esa chica podía ser tan orgullosa a veces.
—Entonces… ¿Qué es esto? — susurré mientras limpiaba la brillante lágrima que había derramado y se la mostré haciendo que al instante cayeran más.
Limpié todas y cada una de ellas, la acerqué poco a poco a mi pecho para consolarla, me mataba verla llorando.
Recordé cuantas veces nos había pasado algo semejante cuando éramos pequeños, ella siempre hacía eso, se hacía la fuerte y tercamente contenía sus sentimientos, sin embargo, con la más mínima provocación la hacía hablar, haciendo que una traicionera lagrima cayera, yo la atrapaba y al mostrársela, ella se arrojaba en llanto, cuando terminaba estaba lista para hablar, fuera lo que fuera.
Nunca me había gustado verla llorando, sentía una opresión en mi pecho inexplicable, pero con lo obstinada que era, sólo después de eso se atrevía a hablar conmigo.
Se separó de mi pecho mucho antes de lo que esperaba y ella misma se limpió unas cuantas lágrimas más, algo no iba bien.
— ¿Y bien? — La incité a que hablara.
—Es que…— dudó un poco, lo estaba pensando demasiado, justo como…. Justo como cuando mentía.
—Me sentí mal porque Emm y Jake llevaron a Renesmee y a Rose a su casa, y Jasper no pudo llevarme a mí— Dijo con voz débil.
— ¿Era eso? — Pregunté, conteniendo mi propia voz.
—Sí, sólo… Sólo era eso— dijo sin mirarme
—De acuerdo— no quise decir nada más porque era convertirme en un maldito masoquista, ella lloraba por él… Por su novio, por mi amigo, por Jasper, ¡joder!, ahora era yo el que se sentía mal.
Aceleré hasta el fondo para llegar lo más pronto posible a su casa. Llegamos en tiempo record.
— ¿No quieres pasar? — Me ofreció, siempre lo hacía, yo me la vivía en su casa, ni siquiera tenía caso que preguntara, sin embargo… No me sentía ni con las fuerzas, ni con los ánimos suficientes para estar en esa pequeña casa que tantos momentos me vio compartir con el amor de mi vida, por primera vez desde que éramos amigos y me había enamorado hasta los huesos, no quise estar cerca de ella, aunque todo mi ser me clamara por volver a estrecharla entre mis brazos, mi razón y mi corazón me suplicaban que me alejara lo más lejos y más pronto posible de Bella Swan.
—No gracias, estoy bien.
— ¿Seguro? — Ahora se veía un poco más animada, pero yo no— Sabes que a Charlie le encanta cenar contigo, por él no habrá problema— me aseguró.
—No está bien, discúlpame con él— esperaba que mi ansias por salir de ahí no se notaran en mi voz.
—Ya sabes que no es molestia— insistió, con esa sonrisa que me hacía sentir como si fuera su persona favorita en el mundo, pero no era así.
—No, no te preocupes— intenté pensar en una buena forma de deslindarme, sabía que si insistía un poco más, yo me rendiría y sería condenado como el masoquista más despreciable del mundo— Debo regresar a casa de Alice, olvidé algunas cosas y quiero pasar un tiempo a solas con ella— en realidad no había olvidado nada, pero sí que necesitaba hablar con ella, ¿quién mejor que Alice para entenderme en este momento?
—Oh, está bien— no pude ver cuál era su expresión, pero su tono definitivamente sonó más frío de lo que me hubiera gustado, se volteó y salió corriendo hacia su casa, en cuanto la vi entrar pisé el acelerador a fondo rumbo a la casa de Alice, agradecía que mi auto fuera invisible a todos los radares de velocidad, no sabía a dónde más ir, el único lugar que se me ocurría en estos momentos era su casa.
POV. Alice
Ya habían pasado dos semanas desde que yo era novia de Edward, me resultaba muy extraño, en muchas cosas éramos parecidos y por supuesto que lo quería mucho, no por nada éramos amigos desde que teníamos casi pañales, sin embargo… No estaba enamorada de él, cualquier chica podría estarlo, pero mi corazón ya le pertenecía al rubio novio de mi mejor amiga, desde el mismo momento en que me vio con sus ojos azules como el cielo, supe que no podría amar a ninguna otra persona.
Acomodé mis libros en mi casillero mientras recordaba aquella noche en la que anuncié junto con Edward nuestro noviazgo, estaba esperando a que él regresara después de hablar con Bella y haberla dejado en su casa— aun no entendía por qué mi amiga se había comportado así conmigo—pero no esperaba que Edward regresara de aquella manera.
—Flashback—
Tocaron desesperadamente la puerta de mi casa, la abrí lo más rápido que pude y me encontré con un Edward totalmente fuera de sí, con el rostro descompuesto, el cabello todo revuelto y una mirada de tortura que me heló la sangre.
Sin más se soltó a llorar sobre mí, jamás lo había visto así, lo había visto llorando cuando me confesó su amor por Bella y lo mucho que le dolía que estuviera con Jasper, pero no de aquella manera, era un llanto desesperado, de muchísimo dolor.
— ¿Qué ocurrió, Ed? —Pregunté alarmada y acariciando su cabeza en un vano intento de que controlara su llanto.
—Es por él Alice, ella estaba mal por él, lo quiere Alice, de verdad ama a Jasper— Auch, una punzada en el pecho me atravesó, al ver mi rostro se apresuró a abrazarme y fue él quien ahora me consolaba.
—Lo siento, enana, no debí decírtelo— susurró contra mi cabello, él era mucho más alto que yo, en realidad…Todo mundo era mucho más alto que yo.
—Está bien, te agradezco tu sinceridad—le aseguré.
Me levanté de su pecho y limpié su rostro manchado por las lágrimas con suaves besos, era extraño pero quería hacerlo sentir mejor, yo siempre había sido cariñosa con todos mis amigos, aunque claro, este era un tipo diferente de afecto al cual aun no me acostumbraba.
Capturé sus labios en un beso consolador que él respondió de la misma manera, no había pasión, ni amor, pero sí cariño y apoyo, justo lo que ambos necesitábamos.
—Fin Flashback—
Faltaban ya sólo dos días para el baile de primavera, todo estaba casi listo, sólo faltaba buscar en donde nos arreglaríamos y qué autos llevaríamos, los vestidos estaban comprados, al igual que los trajes de los chicos, nuestros peinados ya estaban elegidos, el maquillaje, las zapatillas, todo estaba preparado, por supuesto que yo había puesto mi chispa "mágica" en todo.
—Hola, enana— me saludó Edward con un beso en la mejilla.
—Hola— respondí a su beso con uno en su mejilla— ¿Qué tal las clases? — me interesé, era fácil estar con Edward, era un gran amigo y todo un caballero.
—Tranquilas— se encogió de hombros, restándole importancia, él se traía algo entre manos, lo podía sentir.
—Creí que no te vería hasta la hora de salida— Dije como si nada, aparentando que no intuía sus intenciones.
—Bueno sí— dijo nervioso, definitivamente estaba tramando algo— Pero quise darte una sorpresa antes de que fuéramos a mi casa— una sonrisa cómplice atravesó su rostro— Te he visto un tanto triste y quería alegrarte el día— sonreía con tristeza, así era él, siempre apoyándome en todo, por mucho que él estuviera igual que yo.
Él tenía razón, estaba triste porque hacía una semana que Bella y Jasper celebraban su primer mes juntos y eso aun me afectaba, sin contar que se les veía más felices que nunca.
Me tendió una pequeña caja que acepté con gusto, agradecida de mis pensamientos grises.
— ¡Gracias!, eres encantador— le asenté otro beso en la mejilla, al abrir la caja me encontré con algo que no me esperaba, era un folleto de uno de los mejores salones de belleza de Seattle, era complicado hacer una reservación ahí si no eras una top model o la estrella del momento, lo miré con los ojos bien abiertos de la impresión.
—Pero, ¿cómo…?—Me quedé con la pregunta en la boca, era impresionante lo que había hecho.
—Sabía que estabas un poco preocupada por el lugar en donde se arreglarían, así que le pedí ayuda a Esme y me la brindó muy alegre, las fotos de su maquillaje y peinados ya están ahí, al igual que sus vestidos, todo está arreglado, sólo tienen que llegar nueve en punto al lugar— sonrió muy complacido por mi reacción y la emoción que seguro se me notaba.
— ¡Gracias, gracias, gracias! — Salté a sus brazos y le planté un buen beso, había hecho algo increíble y no sólo para mí, sino para todas, era el mejor chico del mundo, bueno quizás excepto…
—Me alegra que te gustara la sorpresa— me sonrió, acariciando mi cabello.
— ¿Que si me gusta?, ¡me encanta! Gracias, Ed— lo volví a besar llena de emoción, cada día se me hacia menos incómodo besarlo, menos cuando hacía ese tipo de cosas, aun así, seguía sin haber esa chispa entre los dos.
Sonó la campana y tuve que bajar de sus brazos.
—Será mejor que te des prisa— me brindó una de sus mejores sonrisas, la cual correspondí.
—De acuerdo— me despidió con un último beso en la mejilla y corrí a mi siguiente clase, que para mi dicha y desgracia me tocaba con… Jasper.
Listo, ya tenemos hasta el capítulo cinco, ahora a transcribir, transcribir, transcribir y espero poder actualizar lo más pronto posible, nos estamos leyendo.
Besos,
An
