Olfato
Lestrade quería recompensar a Sherlock por resolver sus casos y dejarle todo el merito. Buscó en todas las tiendas de Londres sin encontrar nada que le pareciera satisfactorio, cuando estaba por rendirse, le surgió una idea brillante.
-Holmes ¿Tiene una loción favorita?- preguntó al detective cotidianamente, se quedó pensativo un momento- ¿Usa loción?
-¿Mi loción favorita…? Supongo que el olor de Watson.
-…- El oficial se quedo impávido- ¿Qué le parece si lo invito a cenar como agradecimiento por su trabajo?
-Suena maravilloso.
-En la semana lo visitaré para ajustar detalles- Se disculpó y partió alegando tener un compromiso.
Holmes llegó a casa antes de lo planeado. El periódico del día estaba en la mesa, se sentó a leerlo perdiendo el tiempo. La puerta se abrió algunas horas después, dos brazos lo envolvieron por atrás, tratando de sorprenderlo. Ya era demasiado tarde. El aroma amaderado, cítrico y dulce del doctor lo embriagaba desde que atravesó el vestíbulo.
