DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen; son propiedad de Naoko Takeuchi. La historia desgraciadamente tampoco es mía es producto de la cabeza de Michelle J. Beckett. Una gran escritora
El Final es el Principio
Decimoctavo Capítulo: A Long kiss midnight.
No te enamores, tírate de un puente, duele menos.
Anónimo.
El gran alboroto de la fiesta iba desapareciendo mientras el coche avanzaba más y más.
"Dijiste que me amabas" Casi le solté por lo emocionada que estaba, había tantas emociones en mi interior, que esta noche, solo quería acabar con lo mejor. Le susurré en el oído acercándome a él. "Lo hiciste Seiya, lo escuché tan claro que aún lo tengo dándome vueltas en la cabeza."
"Te amo, bombón." Susurró sin mucha energía. Como si de pronto le hubiesen dado la peor noticia. "En serio lo hago" Agregó. Me separé un poco de él extrañada por su respuesta fría, hasta podría decirse que forzada. Me volteó a ver, dejando la ventana en paz."Y debo admitir que ese hecho probablemente haya sido mi peor error. Te amo, pero eso sigue sin cambiar la situación. ¿No ves? Solo soy yo, haciéndome la vida aún más complicada de lo que ya es."
"Seiya, puedes decírmelo, veme, ahora soy tu esposa." Casi le rogué intentado que las lágrimas no salieran de mis ojos y me traicionaran.
Esas patéticas palabras salieron de mi boca, cuando me daba cuenta, de que él tenía la razón, no había cambiado nada, el seguía sin tenerme esa confianza por la que yo moría, no tenía ni una gota de confianza en mí para poder sentirse libre de contármelo.
"Y ahora quisiera maldecirlo Serena." dijo seriamente, como si estuviese hablando solo. Como si yo no estuviese en la habitación, aún así se estaba dirigiendo a mí.
El carro avanzó más, me separé de él, aún tenía la emoción de la boda en la garganta, según como entendía lo había planeado todo, fue bueno conmigo y lo fingió para mínimo ser feliz en mi boda. Me había pedido disculpas por el pasado, me había dicho que me amaba. Y, Dios mío, acababa de repetirlo.
Estaba tan apartada de él cuando llegamos al hotel, que estaba casi pegada a la puerta del coche. Intentando hacerme bolita, o mínimo poder hacer un escudo, porque no quería estar aquí esta noche, si no quería el estar conmigo, que me tirara en cualquier lugar, pero sabiendo que se arrepentía, lastimosamente, no quería estar con él.
Me bajé del auto con sigilosamente, intentado hacer el menor ruido posible, ni pude observar bien el maravilloso hotel en el que nos íbamos hospedar. Obviamente, no saldríamos de viaje. El trabajo de Seiya era primero. Hace media hora no me importaba, ahora, lo comprendía todo. ¿Por qué iba a salir conmigo, si se arrepentía de haberse casado conmigo en primer lugar? No tenía sentido.
Lo esperé cerca de lobby, mientras él se acercaba y pedía su recepción. Terminó, y se acercó lentamente hacía mi, para tomarme de la mano y guiarme hacía nuestra habitación. Yo apenas podía caminar, de pronto me sentía tan cansada y fatigada.
"Dijiste que me amabas, Seiya" Repetí por una extraña razón, quizás lo único que me quedaba era escucharlo para no sentirme tan mal. Seiya dejó la pequeña maleta junto a la hermosa cama de la habitación.
"También te dije que eso no cambiaba nada, mi dulce bombón." Se acercó a mí para abrazarme. No pude evitar que las lágrimas salieran de mis ojos. "Discúlpame, esto me está matando, pero, verdaderamente, no puedo hacerte la vida más complicada. La tuya no."
"Esto es lo que me está torturando más, Seiya." Y lo besé. Podía sentir como mis lágrimas en mis mejillas se topaban con la fría piel de él.
Dolió cuando al principio el quiso apartarse, no luchó, pero yo ya lo venía venir. Y no me importaba, si era cierto que me amaba, no podría luchar con ello, ni tampoco resistirse.
Lo besé aún más apasionadamente ver, con furia, como si hubiésemos paliado, inclusive coraje. Me devolvió el beso casi con el mismo sentimiento, mi pecho subía y bajaba con mucha fuerza, mientras la adrenalina ardía en mis venas casi quemándolas.
Me separé de él para poder respirar, casi sentía que me ahogaba, pero ultimadamente, era lo menos que me importaba, quería sentir a Seiya, quería sentirlo en todas las formas posibles, y me importaba muy poco lo que él me haya dicho anteriormente, me amaba, y era lo único que quería saber y me importaba.
Seiya bajó su cabeza para empezar a besarme el cuello, casi mordiéndolo, yo sonreí, era un pequeño logro para mí.
Aproveché tener mis manos desocupadas para tomar su chaqueta y quitársela, no lo notó, sentía por dentro como si fuese a explotar, mi estomago no tenía tanta capacidad, y Seiya seguía acariciándome, con sus manos en mi espalda vacía, y ciertamente, nunca me había sentido tan excitada como en este momento. Así de claro.
Su chaqueta cayó al piso, bien, una cosa menos, llevé mi boca hacía la suya, mirándolo antes primero, si bien no era amor lo que estaba en los ojos de Seiya, decididamente, no era nada. Seguí besándolo, sin importarme nada, el tomó mi cara entre sus manos, acariciándome el cuello. Aproveche la oportunidad y empecé a desabrochar los botones de su camisa.
Casi había terminado, cuando se separó de mí, pensé que era para poder respirar de nuevo, y aunque prefería asfixiarme, no era para eso.
"No, no, no" Empezó a repetir. "Esto no va bien, no está bien."
"No, Seiya." Le respondí más segura de mi misma como nunca lo había estado. "Esto no va mal, va perfecto."
Tomé el zipper de mi vestido, y lo bajé rápidamente. Tomé a Seiya de la mano y lo acosté en la cama, en estas cosas, amaba la poca fuerza de voluntad de él.
Diablos, esto me estaba costando toda la valentía que en mi vida me había guardado. Me bajé el vestido lentamente para quedar solo en mis pantis y en el bra strapless para el vestido.
Siempre me sentí acomplejada por mi cuerpo, en la universidad, las mujeres siempre se vestían atractivas, quizás demasiado. El clima siempre es muy caliente, los veranos eran demasiado adorados por ellas. Pequeñas falditas que dejaban al descubierto sus piernas, o grandes escotes. Pero obviamente, no era así en la forma que yo me vestía, no sentía que tenía un buen cuerpo, no tenía el lujo de lucirlo. Pero esta noche no me importaba.
Mi pálida piel estaba al descubierto de sus ojos, me sentí un poco avergonzada, pero al pensar lo que venía después, ciertamente, eso no era nada.
Me paré en la cama abrí las piernas y me senté en su estómago.
"No me digas que está mal, Seiya; porque bien sabes que no lo está, me dijiste que no te atreverías a pedirme esto, pero ¿sabes qué? no lo estás haciendo. Así que, esta es mi noche de bodas. Y yo soy tu esposa."
Me acerqué sin besarlo, suspirando su aliento, llenándome los pulmones, nuestras bocas no se juntaban, terminé de desabrochar sus botones, y su torso quedó expuesto, no sé qué haría Seiya después del trabajo, pero sin lugar a dudas unas de esas cosas era ejercicio, sus pecho estaba perfectamente formado, me quedé unos segundos contemplándolo. Me acerqué a él una vez hacía el, aún sin besarlo. Hasta que hizo lo que esperaba. Se desesperó.
Me agarró de las caderas y nos volteó. Ahora tenía el perfecto cuerpo de Seiya, sobre mí, y Dios, sentía que moría allí mismo. Abrí mis piernas y me sorprendió sentir la erección de Seiya sobre mí. Ahí lo comprendí. Y simplemente me aceleré.
Mis manos corrieron hacía el zipper de su pantalón. Logrando desabrocharlo, el se bajó los pantalones y yo avergonzada cerré los ojos. Sus besos me estaban matando al mismo tiempo.
Se separó de mí y me miró fijamente en los ojos. Como si me estuviese preguntando con la mirada, no bastó ni una sola palabra para que yo lo lograra entender. Podía sentir como mis mejillas ardían, y me podía imaginar lo rojas que estaban. Asentí lentamente. No era que Seiya fuera un principiante en esto como yo, eso ya lo sabía.
Seiya acomodó su cabeza en el hombro, recostándolo, mientras yo alzaba mi espalda y sus manos desabrochaban mi sujetador. No quise sentirme avergonzada, pero tampoco podía, por que el ardor en mis venas me estaba ganando la partida.
Seiya empezó a tocar mis pechos como si fuesen las cosas más delicadas, yo pensaba que iba a explotar, en un área tan desconocida para mí, era lo menos que esperaba.
Alcé mis espalda hacía arriba otra vez, parecía que en mi estomago estaban explotando fuegos artificiales, necesite sus besos otra vez, eran como un calmante, para después tener que necesitarlos más. Lo besé como si eso fuese lo último que podía hacer en la tierra. Sus manos volaban por mis piernas, acariciándolas, sobándolas, atrayéndoles hacía el calor de la fricción.
Entonces, entré en un punto donde no se me hacía suficiente, quería sentirlo todo, quería tenerlo a él dentro de mí, Seiya rozó su mano sobre mis pantis y yo sentía que era lo último que viviría.
"Hazlo, Seiya." Le rogué.
"No quiero lastimarte" Alcanzó a completar, podía escuchar su respiración anormal, y su pecho pegado al mío, su corazón latiendo a la misma velocidad que el mío.
"No... tu sabes que no lo harás." Le sonreí.
Lo miré y pensé que en ese instante se iba a desmayar. Sus ojos se volvieron hacía tras, y pensé que caería ahí mismo. Y me espanté.
"¿Estás bien?" Le pregunté. El asintió tragando saliva. No pude evitar sonreírle otra vez. Me besó fugazmente y tomó mis pantis y las quitó de mi cuerpo. Yo sentía que mis mejillas ardían de nuevo, tal como la sangre que corría por mis venas.
Sus besos bajaron desde mi boca hacía mi cuello, mis pechos, la carne me estaba carcomiendo la piel, para terminar en un camino vertical hacía mi estómago, que estaba por explotar.
Tomó mis caderas con sus manos y entró de pronto en mí. Y, Diablos, no sabía que dolería tan jodidamente tanto. Cerré los ojos por el fuerte golpe de dolor, e intenté respirar para que se pasara rápido.
"Lo siento." Me dijo en el oído, Seiya estaba totalmente quieto, cosa que le agradecí. El dolor era mucho peor de lo que me hubiera imaginado.
"Está bien" Susurré. "Se está pasando." Espere un momento para asentirle con la cabeza en señal de que podía continuar.
Y, Dios, el dolor inicial valía la pena. Lo valía totalmente.
Seiya empezó a moverse haciendo fricción con nuestros cuerpos, entrando y saliendo de mi, cada vez más fuerte.
Cada vez que lo hacía mi cuerpo tenía una reacción que yo nunca hubiera esperado, susurros salían de mi boca de planearlo. Aun dolía un poco, pero el placer era totalmente inimaginable.
Seiya de acercó a besarme mientras embestía cada vez más fuerte, mis susurros pasaron a gritos. Y de pronto exploté, sentí que mis emociones y placeres inundaban mi cuerpo como un tsunami, mis dedos del pie y de las manos se separaran y abrí tanto los ojos que no podía con ellos, Seiya se vino al mismo tiempo que yo. Alrededor de 10 segundos que no pude ni respirar, pero sin duda habían sido los mejores 10 segundos de mi vida entera.
Sobre el cuerpo de Seiya había una delgada capa de sudor. Cayó sobre de mi cuando terminó. Y Wow.
Respiré normalmente como no había podido la última hora. Y sonreí. Volteé a ver a Seiya, acostado a un lado de mí, con los ojos cerrados, como si estuviese sufriendo. El recuerdo pasado me llegó.
"Seiya, ¿estás bien? ¿En serio?" Le moví el hombro intentado que reaccionara. Y lo hizo. Levantó la cabeza, abriendo los ojos lentamente.
"Eres demasiado buena para lo que soy yo Bombón, pero egoístamente no puedo dejar de amarte." Y me besó delicadamente. "Descansa mi dulce bombón, yo estoy bien. No sabría por qué no debería de estarlo."
Me abrazó, y ahí entre sus brazos, me quedé completamente dormida.
Me estiré tanto como pude sobre la amplía cama, el que me estaba muriendo de hambre, fue el primer pensamiento que tuve en la mañana siguiente. Para después darme cuenta que estaba sola en la habitación.
Las persianas estaban corridas, la sabana que cubría mi cuerpo estaba acomodada sobre mi casi perfectamente, había un desayuno completo en una mesa portable a un lado de la cama sin tocar. Pero por ningún lado estaba Seiya.
Me paré con la sábana enrollada en mi cuerpo intentado encontrarlo. Pero no estaba, y comprendí que no lo iba a encontrar.
Fui al baño, a la pequeña sala que había en la suite, al balcón, hasta me asomé por el pasillo para ver si lo llegaba a alcanzar, pero no estaba.
Tomé mi celular y le marqué, para que no sorpresivamente me mandara al buzón. ¿Qué más podría hacer? Un golpe fuerte de dolor me pegó en el pecho. No me podía abandonar, quizás solo fue a comprar algo y yo lo esperaría aquí, quizás estaba sobre actuando y ya era una exagerada. Pero no podía evitar el hecho de imaginármelo.
No hubiera podido pensar en otra noche tan mas perfecta, nuestra relación nunca fue la más normal, lo sabía desde que inició.
Fui a la cama con la sábana de vestido, y me tiré a la cama boca abajo. Quizás llegaría después.
No comí, el hambre se me quito de pronto. Me quedé ahí acostada por un par de horas, cuando comprendí que no iba a volver. Me levanté, me di un baño y empecé a cambiarme cuando la cerradura de la puerta sonó, y la puerta se abrió.
Pero no era Seiya, por supuesto que no. Amy cabizbaja entró en la habitación.
"Lo siento Serena." Nunca la había visto tan apagada. Era como si sus pilas hubieran agotado. Cosa que nunca creí ver. "Seiya tuvo que salir de viaje a Canadá."
La noticia me pegó de golpe. Y me dolió muchísimo.
"Juro que le insistí para que no se fuera, pero lo único que hizo fue colgarme el teléfono. No puedo entender cómo pudo dejarte en primer día de casados." Me miró avergonzada. Como si todo fuese su culpa.
"A-a-my, no te preocupes, yo lo comprendo. Sé que su trabajo es importante y que era algo fundamental en su vida, lo es ahora, y lo sabía antes de casarme con él."
"Pero no debió de haberte dejado, Serena. Tiene que saber cuáles son sus prioridades ahora que está casado. No puede seguir así."
Quería llorar tanto en ese momento, lo único que tenía en mente era encerrarme en el baño y llorar como nunca lo había hecho. Pero sabía que no podía mostrarme así con su hermana. Debía pretender que todo estaba bien.
Me alzó su mano y me dejó las llaves de mi coche en la mano.
"Yo tomaré un taxi. Lo siento de nuevo Serena."
No se me ocurrió decirle, 'Yo te llevo Amy' porque sabía que las lagrimas se me saldrían en cualquier momento. Y le agradecí, cuando me abrazó y salió de la habitación rápido. Era obvio que no le gustaba dar ese tipo de noticias.
Tomé mis cosas de la habitación, dejé la comida intacta, me subí y a mi coche y conduje al único lugar donde pertenecía.
La casa que había comprado Seiya seguía tan hermosa como la primera vez que la vi con él. Me bajé del carro, abrí y quizás la casa estaba tan vacía como estaba yo en esos momentos. Con sus pisos de madera, sin un solo mueble, me acosté en el suelo lentamente, la espalda de dolía un poco lo de anoche, y pensé en cómo había llegado a todo esto.
Yo lo sé, cuando lo leí, juro que quise matar a Seiya. De veras.
Pero bueno, todo tiene una justificación.
Por lo menos, según Michelle, lo sabrán dentro de dos capis más.
Como decía, por favor, no maten a Seiya antes de tiempo.
Y, pues bueno, digamos que al principio ¿No lo adoraron?
Yo sí.
Creí, de hecho, que él iba a cambiar, pero, bueno, en fin no fue así.
En fin, mil gracias por sus comentarios y sus alertas
Pd. Abrí una encuesta en mi perfil, me gustaría que pasaran por ella y me dejaran su opinión
Reviews?
Besos y hasta el próximo sábado.
Serena Princesita Hale
