DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen; son propiedad de Naoko Takeuchi. La historia desgraciadamente tampoco es mía es producto de la cabeza de Michelle J. Beckett. Una gran escritora

Recomendación: Unos pañuelos desechables para el capi-


El Final es el Principio

Veintavo Capítulo: Realidad.

Amar es dar a alguien el poder para destruirte, y confiar en que no lo hará.
Anónimo.


Mi acto reflejo fue dar media vuelta.

Di dos pasos hacía enfrente, queriendo llegar hacía la puerta. Queriendo regresar el tiempo para nunca haber entrado por ella. Y nunca haber escuchado el final de esa conversación. No podía asimilar sus palabras, aún no entraban en mi cerebro. Solo tenía una idea de que era algo malo, y todo el concepto entero se resumía a su muerte. No entendía por qué, solo quería tirarme al piso, quizás llorar, por no pensar en lo que acababa de escuchar, no quería si quiera verle, no quería...

"¡Serena!" Se abrió la puerta principal, entrando toda la familia. Llevaban bolsas de la tienda de ropa en sus manos, menos Mina, que ultimadamente no la había visto tan bien, se veía reluciente.

"Hemos estado comprando ropa del bebe de Mina." Ami me enseñó las bolsas. Claramente, no se había fijado que yo apenas podía respirar. Mantenía mi mano en mi pecho, aguantándome cualquier lágrima. No era el momento.

"No sabíamos que vendrías corazón, hubiéramos ido a tu... ¡Oh, Dios mío! ¡Seiya, tu también llegaste!"

Michiru corrió hacía su hijo, que tenía la cara de espanto, con su mirada clavada en mi espalda. Todos voltearon a verlo levantando la cabeza con sorpresa. Ami corrió gritándole más amenazas que un asesino, Haruka y Michiru caminaron lentamente hacía él para abrazarlo, mientras Mina y Yaten los seguían detrás. Taiki estaba a punto de seguir el mismo camino, cuando yo caí de rodillas al suelo. Y después, no supe nada más.

Estaba acostada, en lo que podía jurar que era la cama de Seiya. Me había acostumbrado tanto a ella, a su olor... que no tenía duda. Y lo entendía, seguramente Seiya sabía que había escuchado su conversación, aunque solamente las dos últimas frases eran necesarias.

No quería abrir los ojos. En algún modo, era mi manera de retroceder el momento en el que debía de enfrentar la realidad. No quería enfrentarme a Seiya, no quería que me dijera nada, o mentiras tal vez. Porque sabía que no existía motivo por el que tenía que morir, no ya, no ahora.

"No esperaba que escucharas eso, mi dulce bombón. No tienes idea de cómo lo siento." Se escucho su voz apaga, como si no tuviera ganas de nada.

Seguía sin querer abrir los ojos, aún así sus palabras me pegaron bastante duro, sin quererlo varias lágrimas se me escaparon de los ojos. Así que tuve que forzarme a abrir los ojos, no tenía salida, lamentablemente.

Y lo vi, estaba sentado en la esquina de la cama, con sus piernas abiertas, tenía sus brazos recargados en cada pierna, mientras se sobaba su puente de la nariz con sus dedos. Cabizbajo, se llevó una mano a su cabello para despeinarlo de nuevo.

"Yo tampoco lo esperaba." Le hablé, mi voz fallándome en la última parte de la oración, quebrándose por completo.

Se llevó sus dos manos a su cara y la frotó con cansancio.

"Creo que te mereces la verdad, lo siento por mentirte primeramente... no esperaba que lo descubrieras... yo..."

"¿Tu qué, Seiya?" Me quite la sábana del cuerpo y me senté. El se levantó y se sentó en el sillón a un lado de la cama, a medio metro de mí. "¿Lamentas que lo descubriera? ¿En serio? ¿Cuál era tu plan de que yo lo descubriera? ¿¡Cuándo todo mundo me diera el pésame en tu funeral!" Y mis lágrimas, y más lágrimas traicionándome.

"No, yo..."

"¿sí?"

"Quiero contarte todo lo que sucedió, Serena. Sé que hice una de las peores cosas del mundo. Y estas dos semanas que eh estado fuera me eh dado cuenta de dos cosas, pero antes de decírtelas, quisiera contarte la historia.

"Te escucho."

"Trabajaba en Londres en el verano. Se podría decir que esa ciudad llena de pasado y misterio, es uno de mis placeres. Llevaba seis meses que no veía a mi familia. Bien te han dicho que desde chico fui algo solitario, no me gustaba mucho hacer conexiones con la gente, aparte de mi familia, sabía que tarde o temprano, uno salía herido. Lo había visto tantas veces, y lo había leído millones. No era una persona que se arriesgara, y menos si no tenía algo seguro."

Me siguió mirando directamente, con el mismo dolor en sus ojos. Ahora no podía mostrarse arrogante como el principio, ya de nada le funcionaba su máscara.

"Recordaba que un amigo de padre vivía en Bristol, una pequeña ciudad de Inglaterra, muy tranquila y muy pacífica. Me encantaba. A sí que un día fui a visitarlo, queriendo descansar un poco de Londres. Masato es doctor y desde que yo estaba pequeño, recuerdo que amaba su trabajo, y siempre que lo veíamos el empezaba a hacer consultas aunque estuviésemos perfectos, era como una pequeña tradición, si, lo sé, éramos niños algo extraños. Recuerdo que a Ami le encantaba decir que iba a ser mamá."

"Así que fui a verlo, y para recordar buenos tiempos, me consultó. Yo no había notado, o más bien, no le había puesto mucha atención a mis síntomas. Ese mismo día me dijo que tenía insuficiencia cardiaca. Recuerdo que no me dijo que tan grave era, me mandó a hacer estudios inmediatamente.

Descansé en Bristol dos días más después de ir a ver a Masato. Mi salud era lo último que me preocupaba entonces. Había escuchado que podías vivir años la Insuficiencia cardiaca, no le daba mucha importancia. Me imagine que solo tomaría varias pastillas al día, y eso detendría mis malestares. Tú nunca los notaste, espero, había noches en las que no podía respirar, no puedo correr, la fatiga me quitaba horas de trabajo, tenía muchos mareos, y actualmente los tengo. Pero como te digo, nunca les tomé importancia. Hasta que me dijeron que mi enfermedad no era tratable."

Varios especialistas me dijeron que mi única salida era un trasplante de corazón. No podía tratarlo, podía tomar farmacéuticos para calmarme. Pero mi corazón ya no funcionaba como debía.

Me enojé con el mundo Serena. Prácticamente, enfurecí. Hasta la gente que noto mi cambio, decía que me había vuelto en una persona mucho más fría y solitaria. Masato me anotó en las principales listas para recibir trasplantes, pero yo le dije no me interesaba. Que si ya me había llegado la hora, con gusto me iría, y enojado como estaba, le juré que no había nada que me retenía en este mundo.

Terminando el verano, tenía que regresar a Japón con mi familia, había pensado mucho en ellos en todo ese lapso de negación en el que me enfrentaba en Londres. Ciertamente, había un punto de mí que ya no quería volver, es totalmente cierto que uno nunca olvida a su familia. Y cuando llegue, cada uno de ellos noto mi cambio. Estaban asustados, había estado demasiado ocupado odiando la vida para preocuparme por sus sentimientos. Porque yo ya no quería ningún vínculo con nadie, y si ellos dejaban de quererme, me olvidaban... quizás todo lo haría mucho más fácil. Pero, claramente no fue así.

Tomé la empresa que mi padre acababa de comprar, y en la que el tuyo trabajaba unos días después de llegar a Tokio. Y bueno, el día anterior a conocerte, comprendí de que mi familia no tenía la culpa, que no había por qué hacerlos sentir así, fue cuando se me ocurrió, la en ese entonces excelente idea, de casarme para darles el último gusto.

El día siguiente te conocí y Serena, siento que nunca terminaré de pedirte perdón por cómo te traté, pero ahora te pido que me comprendas un poco, estaba enojado con la vida, y creía que si no podía seguir con ella, el resto iba a vivirla como si nada valiera para mi, y en serio me arrepiento de ello. Juro que nunca fue mi intención involucrarte en esto. Quizás, estabas en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Y si eso envolvía chantajearte con tu papa, lo haría. Porque sabía que para cuando consiguiera una novia, y me casara, seguro ya no me quedaría mucho. Y lo repito, fue un arranque de dolor y enojo.

Pero no me arrepentí cuando les conté la noticia a todos. Juro que Ami dio una docena de vueltas por toda la casa cantando, Michiru lloró y por un momento en mucho tiempo, me di cuenta que yo los había hecho feliz, y quería seguir haciéndolo, en especial porque sabía que ya no me quedaba mucho tiempo con ellos.

Pero no sabía lo que te estaba haciendo a ti, por que en aquel tiempo, solo eras mi instrumento, y lo iba a utilizar bien.

Pero como debía ser, y yo no me había dado cuenta de que así sería, las cosas no salieron como yo pensé. ¿Por qué? Bueno, ciertamente, porque me enamoré de ti. Muchas veces te dije que no me quisieras, que yo no te podía dar lo que necesitaras. Y claramente, yo tampoco me escuché a mí mismo, pasaba noches encontrándole todo lo malo a esto, quizás, todo lo que te haría sufrir a ti... cuando todo pasara. Pero también sabía que no tenía marcha atrás. No podía cancelar la boda, para dejarte de ir, aún así fuera lo más egoísta de mi parte, porque no podía, y porque no quería.

No tenía a nadie para poder decirle, más que a Masato. Y él no paraba de decirme que me operara, que todo tenía solución, que no le podía hacer esto a mis padres que tanto me amaban. Y todavía podía tener una larga vida. Con mi esposa, y con una familia... C-claro que eso no se podría."

Tragó saliva en todo el discurso que dio, ya no tenía tanto dolor en sus ojos, era más vergüenza. Levantó la cabeza y continuó.

"El día de nuestra boda, Serena, podría jurarlo, ha sido el día más feliz de toda mi vida. Tuve unos mareos y fatiga, pero espero que nadie se haya dado cuenta, menos tu. Y la noche de bodas... fue perfecta. Y también te debo una explicación por haberte dejado. No tengo ninguna excusa lo suficientemente buena para compensarte el abandono. Pero después, mi corazón no lo soporto muy bien, y no pude respirar, lo ignore al principio, pero cuando la fatiga se volvió más fuerte. Y me asusté. No quería que el siguiente día te encontraras con un cadáver a tu lado. Eso sería peor que no... Encontrarse con nadie. Así que viaje a Londres para encontrarme con Masato en Bristol y con los cardiólogos.

Me dijeron, como me lo esperaba, que mi corazón se volvía cada vez más débil, más frágil, y que no iba a soportar mucho tiempo más. Como lo escuchaste, si no me opero, me quedan de 3 a 4 meses de vida, aproximadamente.

Masato me dijo que por la urgencia de mi operación y por mi edad, mi nombre estaba en los primeros lugares de las listas para donaciones.

Pero, me pongo a pensar. ¿Es esto lo que quiero para mi familia? ¿Que estén detrás de mí, porque soy un moribundo en espera de una donación? ¿En serio quiero que mis últimos días de vida sean viendo a mi familia preocupada y llorando por mi?

Sal, Serena. Míralos comprándole ropa a mi sobrino. Desbordando felicidad. ¿Quién soy yo para romperles esa alegría en estos momentos tan hermosos?

¿Crees que Yaten y Mina deberían de estarse preocupando por mi vida cuando tienen un bebe en camino? Ellos deben fijarse en nombres de bebes, como lo están haciendo ahora, y no de medicinas.

Puedes juzgarme Serena. Está bien. Sé que me lo merezco, pero en lo que va de mi vida, no había visto a mi familia tan feliz. Y creo que yo no tengo ningún derecho para quitárselo."

"Seiya, no sé qué decir... Yo tenía una idea de que lo que estabas sufriendo, pero no me imagine esto... Seiya, yo..." Simplemente no me salían las palabras de la boca. Se atropellaban mutuamente mientras intentaban salir sonando aun más estúpidas. ¿Qué se decía en este tipo de situaciones?

"No tienes nada de qué decir, y ahora me siento más culpable porque te enteraste, no quieres vivir ello. Y supongo que no pensé en el día en el que esto pasaría. Mi plan no tenía un fin decidido, cosa que lo hace más egoísta, ódiame Serena. Tienes todo el derecho, porque no pensé en ti, pero antes piensa, que todo eso fue antes de conocerte."

"Seiya... ¿entonces no te operarás?" Pregunté con la garganta seca.

"No Serena, no lo haré." Bajó la mirada.

"Pero yo te amo. ¿Qué eso no es una razón suficiente para seguir viviendo? Y Seiya, tú me amas. Dijiste que antes no tenías un motivo para seguir vivo. Bueno, ahora ya lo tienes."

"Lo siento Serena. Pero yo no me puedo permitir que tu vivas por esto, ahora no podría decirles la verdad, cada vez que lo pienso, y cada vez duele mas."

Justo iba a empezar a hablar cuando Ami entró disparada en la habitación.

"¡Por fin despertaste!" Se acercó a mí, gracias a Dios ya se me habían secado las lágrimas del discurso de Seiya, pero venían otras. "Lo siento por entrar, es que escuché voces y me emocioné. Seiya, el tío Masato dice que ya se va y quiere hablar contigo para despedirse antes de tomar el avión, que si por favor lo llevas al aeropuerto."

"Claro, ahora bajo." Asintió con la voz grave.

"Te espero abajo a ti también, Serena. ¡Tienes que ver la ropa que acabamos de comprar para el bebe de Mina!"

"Bajaré con Seiya, Ami. Déjame ponerme los zapatos." Le aseguré.

"Esta conversación no ha terminado Seiya."

"Si, Serena. Ya terminó."

Dio la vuelta para salir de la habitación, mientras ya sentía las lágrimas en mis ojos.

"¡Espera! Me dijiste que en estas dos semanas habías descubierto dos cosas."

"Si, la primera ya te la dije. No solo sabía que te amaba, si no que me había enamorado de ti." Movió su mano hacía la perilla de la puerta.

"¿La segunda?"

"Esa... te la tendré que decir mañana. Son muchas cosas por hoy, ¿no crees?"

"Bastantes." Llegue con él en la puerta. Me abrazó y me empezó a besar.

"No tienes idea de cómo le agradezco a Dios por haberte puesto en mi camino, pero tampoco tienes idea de cómo me maldigo por la situación"

Seiya, no moriría. Claro que no, porque si él tenía planes. ¿Por qué yo no? Sonreí hacía mis adentros cuando salimos de la habitación abrazados.


Bueno chicas, díganme que les pareció.

Igual que en el capitulo anterior estuve llorando, pero igual entiendo a la perfección a Seiya.

¿Ustedes no?

Reviews?

Besos y hasta el proximo

Serena Princesita Hale