EL LLANTO DE UNA PRINCESA
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de Naoko Takeuchi. Yo solamente cree la historia.
CAPITULO VIII
IMPRESIONES Y HUELLAS EN EL TIEMPO II
IKUKO POV
Con el paso de los días mi pequeña Serena sé fue convirtiendo en una personita un poco más retraída. Por supuesto, aún conservaba su sonrisa, pero el cambio vino a los pocos meses de haber seguido en compañía de sus nuevas amistades.
De pronto, Serena comenzó a alejarse de todos aquellos qué realmente le importaban. Comenzó con pequeñas ausencias y para después cambiarlas por largos periodos de tiempo.
Mi corazón sé paralizaba y sentía qué me moriría cada vez qué en el noticiario vespertino anunciaban qué algún extraño "metamorfo" –así lo habían denominado en el canal de noticias-había atacado la ciudad. Pero lo qué más me inquietaba, sin duda alguna, era el hecho de qué mi pequeña siempre se encontraba cerca del lugar qué había sido atacado.
Sin embargo, cada qué esto sucedía, ella me sorprendía regresando siempre a casa sana y salva. Eso aliviaba mi corazón. Ver con vida a mi niña y "feliz"…
Por aquellos días, también hubo algo qué atrajo fuertemente mi atención. Serena había comenzado a comportarse de una manera un tanto distinta, y no me refería al hecho de haber dejado de sonreír sinceramente, como yo prefería llamarlo, sino al hecho qué comenzó a preocuparse más por la gente a su alrededor qué por ella misma. Era equiparable a un hombre qué soporta el peso del mundo en sus manos. Aunque en su momento, eso me pareció una total y completa exageración, ahora es qué sé qué yo no estaba tan errada como creía.
Con su nuevo cambio y sus nuevas amistades también sé volvió una costumbre en ella, el hecho de hablar de un muchacho qué siempre la molestaba por sus malas notas y qué solía llamarla "cabeza de chorlito". Ella siempre sé molestaba y la verdad es qué, aún y con todos mis recuerdos vueltos –o por lo menos en su mayoría, pues aún siento qué tengo una parte en blanco-, no soy capaz de distinguir claramente en qué momento mi hija sé volvió, por llamarlo de alguna manera "una enamorada adolescente sin remedio".
En realidad, creo que si tengo una ligera idea. Su encaprichamiento sé hizo más patente cuando mi pequeñita llego una tarde muy apresurada a casa y con una sonrisa iluminando su rostro. Según nos conto –poco, en realidad- debido a su estado de ánimo tan efervescente, es qué Margaret Sullivan, una pintora qué sé había vuelto muy famosa por retratar a las parejas verdaderas la había elegido como modelo. Por supuesto ella estaba feliz, sin embargo, al volver su molestia era mucha, pues al parecer le había tocado hacer de modelo junto a aquel chico con el qué tanto la molestaba y lo peor era qué al parecer, a una de sus nuevas amigas le agradaba.
El tiempo siguió corriendo y pese a qué el miedo inundaba cada vez más mis sentidos, seguí permitiendo qué mi niña sé siguiera divirtiendo.
Hay otro recuerdo qué me atormenta, estoy segura de qué una noche yo descubrí qué ella era la heroína de la qué tanto hablaban los medios. Ella era Sailor Moon lo descubrí aquella tarde en la qué Sammy sé había empecinado en lograr comprar una mascota y resultaron ser pequeños demonios llamados "chanelas" qué tomaban el control de nuestras mentes, pero ella, o mejor dicho Sailor Moon, al rescatarnos, llamo a su hermano por su nombre, además ¿Qué clase de madre seria si no reconocía ese característico peinado y forma de caminar?. No tenía duda alguna mucho menos debido a qué hubo otro suceso aún más marcado fue aquella noche en el aeropuerto. Y es qué, recordar sus acciones tan nerviosas solo me confirmó lo qué yo me negaba a aceptar.
El tiempo siguió corriendo y volvió con sucesos un poco menos importantes e interesantes. Por lo qué llegare nuevamente al punto más fuerte.
Todo comenzó una noche en el qué uno de los cuatro generales llamo a las Sailor Scouts al aeropuerto de Tokio, esa noche, por supuesto Serena había fingido sentirse mal y subió a dormir muy temprano. Por supuesto, yo me sentí un tanto extraña por esa situación, pero más aún cuando lo hizo sin cenar siquiera. Aquella noche no permití qué el pánico se apoderara de mi cuando descubrí qué mi hija no estaba. Aún más, ni siquiera le hable a su padre de ello, ni mucho menos le reclame el hecho de haberse fugado. Seguí actuando tan normal como siempre.
Ahora qué lo pienso, son tantos los recuerdos, por llamarlos de alguna forma los qué sé a galopan en e mi mente, qué ni siquiera están teniendo un orden.
Pero de esa época, creo qué el recuerdo qué más me duele, es qué mi hija no tuviera la suficiente confianza ya no para contarme qué ella era Sailor Moon, ya qué ahora no necesito qué me confirme ese hecho. Lo que más me duele, es qué ni siquiera haya tenido la confianza de decirme "Estoy enamorada" sé qué quizás suene egoísta y un tanto sobre proteccionista de mi parte, sin embargo, estoy segura de qué yo hubiese ayudado a mi hija con su relación.
Sin qué ella lo notara, o sé diera cuenta siquiera, aquella noche, cuando salimos a la posada en la qué su padre y yo habíamos pasado nuestra luna de miel la seguí y la vi llamar a ese chico. Vi llorar a mi hija por él y la impotencia de no poder tomarla en mis brazos y poder decirle "Todo ira bien…" aún consumen mi interior. Aún siento como tuve qué acompasar mi respiración para poder acercarme a ella y sin palabras mostrarle mi apoyo y decirle solamente: "cuando conozcas a un chicho qué te robe la razón y el corazón, traelo a casa. Tu padre y yo desearíamos conocerlo", ¿Alguien tiene idea de lo qué una madre sufre cuando su hijo no tiene la suficiente confianza en ella como para contarle aquello qué tanto le atormenta? ¿Alguien vislumbra un panorama más desolado? Tiene alguien idea de lo qué es levantarse cada día y llegar a la noche cuestionándose ¿En qué falle? ¿Cuál ha sido mi mayor error? Supongo qué solo una madre puede comprender aquello.
El siguiente suceso qué recuerdo es algo más bien vago, pero creo que ese fue el final de aquel ciclo. Todo comenzó aquella noche cuando Serena desapareció nuevamente, solo qué está vez durante el transcurso de la noche. De aquello solo recuerdo mi desesperación por encontrar a mi hija y extrañamente, después de eso, solo tengo la mente en blanco y de nuevo la sonrisa cálida y sincera de Serena otra vez en compañía de Molly.
Pero todo volvió a cambiar aquella noche en la qué, al parecer un meteorito había impactado en el parque numero 10. Desde aquella noche en la qué Serena salió y volvió nuevamente con aquel semblante triste en sus ojos cielo.
Algunas veces me he cuestionado ¿Por qué no fui más fuerte? ¿Por qué no evite qué Serena saliera y sé quedara en casa? Pero eso simplemente son pequeños errores y grandes decisiones de esas qué marcan algún cambio en la vida.
Mi hija volvió a obsesionarse con aquel chico y ahora, tenía la certeza de qué algo había sucedido entre ellos y qué sin explicación lógica aparente, el había sufrido amnesia y qué ella, por todos los medios intentaba devolverle sus "recuerdos". No sé qué sucedió pero sé qué lo logro. Lo único qué recuerdo es qué de un tiempo acá ese grupo tan homogéneo y extraño qué habían formado volvió a unirse y qué recupero a ese chico cuando un inmenso árbol absorbió grandes cantidades de energía de la ciudad. Por supuesto con el un nuevo extraño atrajo la atención de Serena y su obsesión sé volvió nuevamente una constante.
Poco después, a nuestra vida llego una pequeñita de ojos rubí y cabellos rosados idéntica a mi hija. Si, cualquiera diría qué no era más qué una fantasía de una mujer qué sueña con ver a sus nietos o cosas similares, pero no fue así.
Yo había visto descender a esa pequeñita del cielo, sinceramente, con tantos cambios realmente ya no había nada qué me sorprendiera, pero vamos, a primera vista, siempre es un shock terrible encontrarte con alguien del futuro.
Les contare como comenzó todo. Fue una tarde en la qué me dirigía como siempre al supermercado. Ese día tenía muchas ganas de sorprender a Serena. Quería hacerle una comida muy especial, quería pasar tiempo de madre e hija, pero vamos, nunca nada sale conforme a nuestros planes.
En realidad ya había hecho mis compras, planeaba sorprender a Serena con unos deliciosos tallarines y unos riquísimos onigiris y como postre unas crepas dulces.
Venia del supermercado, cerca del parque numero 10. Solo esperaba qué Serena tardara un poco más en llegar y qué me diera tiempo de cocinar, cuando a lo lejos vi una luz qué inundaba un lugar especifico. Estaba lejos, por supuesto, sin embargo decidi investigar, por lo qué me dirigi al lugar. Era como si algo me llamara.
Cuando llegue al lugar, no vi más qué a una pequeñita de cabellos rosas y ojos grandes como dos rubíes. La pequeña lloraba desconsoladamente. Sin embargo me acerque poco a poco, sus ojos reflejaban una profunda tristeza y un miedo atroz. De hecho, por un segundo me pregunte ¿Por qué soy capaz de leer las emociones de esa pequeña a simple vista? Supongo qué cualquiera al ver sus lagrimas sé daría cuenta de su tristeza, pero de eso a saber exactamente qué le sucedía era algo muy distinto, era casi como si yo conociera a esa pequeñita.
Cuando logre estar completamente cerca de ella, la tome entre mis brazos y sentí una cálida energía rodearme, por un instante, incluso mientras la acunaba, sentí como sus miedos desaparecían, sin embargo eso no era todo, porque la pequeñita sé había quedado dormida pacíficamente entre mis brazos. Olvidándome incluso de mis compras, volvi a acunar a la pequeña y me sente con ella en una banca cercana. Afortunadamente, un amable joven sé ofreció a cargar mis bolsas y pude sostener con mayor confianza a la pequeña.
Entre sueños, o más bien, pesadillas la pequeña llamaba desesperadamente a su madre y hablaba de qué ella había tenido la culpa, como cualquier madre lo hubiera hecho en mi lugar, comencé a susurrarle palabras dulces para aminorar su carga y de hecho lo logre. En realidad, no sé si fueron horas, minutos o segundos los qué pase con ella, lo único qué recuerdo, es qué al despertar y dijo llamarse Serena y ser la Pequeña Dama de Tokio de Cristal me sorprendi muchísimo. En realidad omitiré los detalles, solo diré qué aquella niña confió lo suficiente en mi para poder desahogar todo su dolor y grande fue mi sorpresa cuando me dijo el nombre de sus padres y el motivo por el qué había vuelto en el tiempo. Después de tomar un helado y al ver lo madura qué era la niña le pregunte:
¿Qué harás, Pequeña Dama? Por supuesto yo ya le había hablado de Serena, más no así de mis sospechas, entonces la pequeña hizo algo qué me sorprendió. Me dijo:
-¿Sabes, mamá Ikuko? Yo necesito un lugar en donde dormir y donde vivir mientras este en el pasado, yo te quiero pedir qué me dejes quedarme en tu casa, pues eres muy linda y me recuerdas a mi abuela, sé llamaba igual qué tu. Pero quiero qué tu estés de acuerdo. Te prometo qué jamás olvidare está maravillosa tarde, pero para estar a tu lado y al de tu familia necesito hacer algo, ¿Me permitirías modificar sus recuerdos?
Por supuesto, después de todo lo qué había tenido qué pasar la pequeña no pude negarme por lo qué había sido yo misma quien había reunido a Sammy y a Kenji en la sala, más no así a Serena, ella debía siempre saber la verdad.
Por supuesto, los diversos ataques volvieron, solamente qué está vez, el mal siempre perseguía a la pequeñita. Siempre lo supe, porque aunque la nenita modifico mis recuerdos, aún quedo, en algún lugar recóndito en mi memoria esa sensación de ser algo más para esa pequeña.
Cuando todo paso, después de aquella lucha, recuerdo haber escuchado a Serena llorar por su hija, pero como siempre nunca tuve el valor de decir "Quizás solo sean suposiciones mias, hija, pero cuentas conmigo y claro qué recuperaras a tu pequeña"
El tiempo volvió a pasar, y cuando la pequeña desapareció yo recupere todos los recuerdos de aquella tarde. Ahora es qué me doy cuenta qué yo pude haber evitado todo el sufrimiento por el qué ahora está pasando mi hija, ¡Yo pude haber evitado qué algo externo atara su corazón a un futuro no deseado! ¡Yo pude haberle dado la opción de elegir! Pero me equivoque al ver la tristeza en los ojos de esa pequeña y me deje llevar por una utopía qué pocos deseaban y qué condenaba a mi hija a la infelicidad eterna. Aunque sé qué en aquel momento nunca lo vi así.
Unos pocos meses después de esos recuerdos, llegaron a el grupo ya homogéneo y apartado de por si a la vida de mi hija. Sé trataba de una bella y reconocida violinista Michiru Kahio y una mujer muy particular, con un gusto y tendencia a vestir como caballero Haruka Tenoh, el o debería decir la campeona del F1 en Japón.
Ellas llegaron a proteger a mi hija y aunque en un principio estuve muy agradecida por ello, ahora lo lamento. Lamento no haber sido más fuerte y obligarlas a alejarse de su vida y no estar permitiendo qué ellas la acosaran y la vigilaran constantemente. Aunque sé qué eso hubiese sido inútil, Serena siempre tiende a confiar demasiado en las personas y por supuesto, a creer solo lo mejor de ellas. Aquella época solo era el preámbulo de la tormenta, y por supuesto jamás de das cuenta de ello hasta qué es demasiado tarde.
Con la aparición de esos nuevos y extraños monstruos también llego otra pequeña. La niña no debía tener más de 9 o 10 años. Era una pequeña enfermiza, por supuesto, antes de su aparición la Pequeña Dama o Rini, como la llamábamos todos, volvió a hacer acto de presencia y sé hizo la mejor amiga de aquella pequeña.
Una noche, después de una aparente calma, unas extrañas carpas y tinieblas aparecieron en la ciudad. Por supuesto mis recuerdos aún los siento incompletos, pero no tengo más remedio qué contar solo la parte qué vi a simple vista.
Mi primer recuerdo es un tanto doloroso, pues solo recuerdo a un invasor en mis sueños y no comprendo como es qué alguien puede lograr algo similar. Después, recuerdo a unas pequeñas qué tenían unas frases muy escalofriantes: "A veces, los sueños sé convierten en pesadillas y lo qué menos quiere un niño es convertirse en adulto". Esa no es la frase de un pequeño feliz, ni mucho menos lo qué sueñan unas pequeñas. Las niñas siempre sueñan con ser princesas y heroínas.
Esas extrañas carpas, de alguna forma habían secuestrado a esa dulce pequeña, por lo qué todas estaban muy preocupadas, Serena no me lo decía, pero las pocas veces qué sé reunieron en casa logre escuchar, sin querer un poco lo mucho qué les iba a hacer falta y de su secuestro.
Poco tiempo después, la nena volvió en brazos de Serena, olvidaba mencionar qué a estas alturas, ya habían pasado un par de años y eran los suficientes, desde mi punto de vista, como para qué ese joven sé animara a venir a nuestra casa y nos pidiera salir formalmente con Serena. Era lo lógico, lo normal, después de todo, ya habían estado tanto tiempo juntos qué supuse qué ese era el paso a seguir, pero por supuesto la vida de mi hija comenzó a dar un giro inesperado nuevamente.
Una tarde Serena había vuelto muy triste a casa, por supuesto cuando le cuestione su tristeza me dijo qué no era nada. No le crei, pero supuse qué después me enteraría, ya qué mi hija tenía una rara tendencia a asimilar primero y después contarnos.
Vaya sorpresa qué me lleve cuando me dijo que su novio sé iría a estudiar al extranjero. No sé ni como pude contenerme. ¿Es qué acaso no veía el dolor qué le causaba su partida? ¿No había buenas universidades aquí en Japón? ¿Por qué debía irse?
Todas esas eran preguntas sin respuesta, por supuesto y sinceramente lo único qué medianamente alivio mi tensión y mi miedo de qué mi hija cayera en una terrible depresión por su partida fue el hecho de haber visto en su anular izquierdo un anillo de compromiso. Por supuesto, aunque Serena ahora era mayor y soñaba como cualquier chica con su boda, aún conservaba ese rastro de inocencia, o por lo menos el suficiente como para no saber el significado de la acción qué según me conto, había hecho el en el aeropuerto.
Pero es aquí cuando su vida vuelve a girar pero está vez no es un simple giro de 180°, sino más bien algo qué revoluciono su mundo y el mío por completo.
Si, mi querida reina, es aquí cuando yo la recordé y usted me visito en sueños avisándome qué la época del cambio sé aproximaba.
El mismo día qué el sé marcho a los Estados Unidos, ella conoció a otro muchacho, uno muy particular, según su descripción con un ego tan grande como el cielo y tan infinito como la vía láctea.
Mi querida reina, yo no sé si he educado bien a nuestra hija. Solo le he dado mi amor de madre y he procurado estar allí para ella cuando me ha necesitado. Comprendo qué el terrible y pesado secreto no ha podido revelármelo, no por falta de confianza sino por temor a no poner a nuestra familia en un peligro aún mayor.
Creo qué no es necesario narrarle siquiera el dolor qué me causo el ver a ese muchacho, porque los primeros días, mientras el otro la había abandonado, su tristeza no disminuía y de alguna manera "su estrella" como Serena solía llamarlo, llego como un meteorito a aluzar todo su mundo.
Me sorprendió todo lo qué Serena fue capaz de hacer por el. En otras circunstancias, ella jamás habría aceptado un reto como aquel de ganar un partido o no hubiese salido con el.
Es ahora, mi querida reina, qué también vuelvo a sentir esa culpa, pues si yo hubiese sido lo suficientemente valiente, habría alejado a esa niña de su lado y le hubiese permitido elegir con libertad. Pero no pude hacerlo y es ahora, cuando solo recuerdos de alegrías pasadas me sostienen.
El ver el rostro de Serena curvado con una sonrisa sincera y esa chispeante alegría en sus ojos cuando el chico de ojos zafiros ha logrado cautivarla llevándola a una feria, y aceptando a nuestra hija tal y como es y no intentando cambiarla.
Pero sobre todo, quiero, de alguna manera, recuperar a esa niña de ojos azules y cabellos de fuego qué lograron sacar a flote el verdadero instinto maternal de Serena.
Le contare algo, mi querida reina, Serena fue capaz de cuidar por ella sola durante varias noches a la pequeña qué estuvo enferma, y por alguna razón ella solo sé sentía bien entre sus brazos. Es como si ese fuese el verdadero lazo madre-hija, y sé qué usted me entiende porque al igual qué yo, conoce cada gesto y cada sentimiento de nuestra querida Princesa Serena.
Es por eso, mi querida reina, qué estoy dispuesta a cualquier sacrificio, ha hacer lo qué usted me diga qué es lo correcto para lograr qué mi hija vuelva a confiar en mi y me cuente toda la verdad qué atormenta su corazón.
No puedo negarle qué me alegra ver a esa Serena autosuficiente y segura de si misma, pero sé qué aún allí en el fondo está nuestra dulce y temerosa niña.
Por favor Reina de la luna, comunicate conmigo como aquella vez y ayudame a entender como puedo ayudarla ahora qué el ha vuelto y mi hija, perdón, nuestra hija a recuperado su sonrisa.
Hola chicas, por fin he vuelto por aquí, lamento no haber republicado antes este capítulo, quería hacerlo hasta qué hubiese tenido por lo menos la mitad del próximo, el cual ya casi está terminado. Lo subiré el próximo sábado. Ustedes saben por qué lo había borrado.
GRACIAS, GRACIAS POR TODOS SUS REVIEWS. Me hacen el día cada vez que los leo. Al igual que sus alertas.
¿Saben?, Este es el capítulo en el qué más comentarios suyos he recibido, por lo menos de está historia. De verdad gracias.
Mil gracias a todos por leer, por sus reviews, por sus alertas y sus favoritos. Pero también a quienes solamente leen los invito a dejar su comentario. Un hola yo te leo es genial para la moral de esta pseudo escritora, que se divierte imaginando a sus personajes favoritos en esas situaciones.
¿Reviews?
Pies para que los quiero, si tengo alas de imaginación y puedo volar
(FRIDA KHALO)
