EL LLANTO DE UNA PRINCESA

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de Naoko Takeuchi. Yo solamente cree la historia.


CAPITULO XI

Encuentros

Serena Pov.

Habíamos hecho el recorrido de vuelta del trabajo a mi casa sumidos en el más profundo de los silencios. Por mi parte, yo no me atrevía a pronunciar ninguna palabra por miedo a llorar y el, pues él tampoco había intentado romper el silencio qué flotaba a nuestro alrededor.

Habíamos llegado a casa. Ni siquiera sentí el trayecto, a decir verdad estaba más nerviosa por aquello qué pudiera preguntarme qué por cualquier otra situación. Las palabras sé habían quedado atoradas en mi garganta al igual que mis lagrimas. No quería qué él se diera cuenta qué seguía siendo solo una niña llorona llena de miedos y de inseguridades, porque no era así. Sé suponía qué en estos cuatro largos años de ausencia yo había madurado y había aprendido a no llorar.

Mientras el conducía me preguntaba ¿Por qué había aceptado qué el me llevara a casa?

Quizás, solamente quizás, era por el hecho de qué yo necesitaba sentirme cerca de él. Con eso me conformaba. Era más qué suficiente para mí. Aunque eso prolongara mi agonía y mi sufrimiento.

Tenía tantas preguntas en mi mente. Quería preguntarle ¿Cuándo llegaste? ¿Por qué Harvard? ¿Darién y tu sé cruzaron alguna vez? Si es así, ¿Por qué jamás me dijo qué estabas en la tierra? ¿Por qué jamás intentaste volver a hablar conmigo? ¿Te he hecho falta? ¿Me has extrañado tanto como yo a ti? –aunque esa última pregunta jamás la formularía en voz alta, sería lo equivalente a decirle qué no puedo vivir sin él.

Mis minutos de felicidad y agonía sé volvieron más intensos cuando accidentalmente el rozo su mano con la mía. En ese momento no pude evitar sonrojarme y ver su sonrisa torcida y alegre. Aunque era más bien una mueca qué asemejaba a una marcada indiferencia.

Volví mi rostro hacía el cielo. Intentando disimular ese sonrojo, -aunque estoy segura de qué él lo percibió-, pues me conocía como nadie en el mundo. Las nubes qué cubrían el resplandor de la luna poco a poco alejaban y daban paso a un cielo cubierto de estrellas.

Sonreí internamente. La luna y las estrellas parecían recuperar de a poco su resplandor. Era como si un potente cometa o una estrella fugaz hubiese cruzado el cielo alejando la obscuridad. Era como si este fuese el momento correcto para qué el apareciera de nuevo en mi vida. Pero eso jamás lo admitiría. –Por lo menos no en voz alta.

Cuando llegamos por fin a mi casa solo atine a despedirme de él con una ligera sonrisa y un ligero roce –qué era lo más parecido a un beso qué podría darle- en su mejilla. Su presencia era lo único qué yo necesitaba para ser feliz, y conservaría ese trozo de felicidad el mayor tiempo posible y si para eso debía ocultar "a mis amigas" qué ellos estaban en la ciudad lo haría indefinidamente. Por lo menos hasta qué ellos mismos lo revelaran. Me había vuelto algo egoísta y merecía tener cinco minutos de felicidad.

Pero….

Al despedirnos, él quiso iniciar una conversación para la qué yo aún no estaba preparada. No sabía qué decirle y sinceramente no tenía ni la más remota idea de cómo fingir. Necesitaba asimilar qué él estaría a mi lado –solamente como un amigo y nada más- y necesitaba sobretodo controlar mis impulsos. El no sé merecía sufrir aún más de lo qué ya sufría por mis errores -porque estaba segura de qué el sufría tanto como yo por asistir a esta parodia de boda, como yo por representarla- y yo lo necesitaba cerca, aunque con ello ambos nos partiésemos el alma por algo qué jamás podría ser, después de todo, mi destino ya estaba trazado desde hace mucho tiempo atrás –y aunque tenía el poder de cambiar mi futuro-, era cobarde y no me atrevía a hacerlo. No cuando con ello iba a lastimar a muchas personas qué amaba. Era preferible sufrir en silencio. Yo no tenía derecho a enamorarme y él lo sabía. Lo supo aquel día.

-Bombón yo…

-Por favor Seiya, está noche no. Está noche déjame conservar el grato recuerdo de haberme vuelto a ver reflejada en tu mirada. Déjame creer qué esto es un sueño y qué aún puedo permanecer en él. Por lo menos está noche déjame soñar con lo qué pudo ser y no fue….

Me calle abruptamente. Mientras mi corazón latía acelerada y rítmicamente. Sabía qué apenas hablara cometería varios errores, pero al parecer el estaba tan impactado como yo por lo qué no dijo nada más y se despidió de mi con un beso en la mejilla qué dejo un leve cosquilleo y un extraño calorcillo qué llego hasta mi corazón.

Quería subir corriendo y contarle a mi madre, la Reina Serenity lo qué había sucedido. El feliz acontecimiento qué este día había vivido. Ni siquiera me había planteado cenar o cualquier otra cosa qué no fuera subir a mi habitación y contarle todo a luna y a mi madre. Quería qué ellas supieran todo lo qué este día había sucedido.

Pero no pudo ser así. Mi realidad me golpeo de frente apenas entre en la casa.

Ni siquiera me había percatado qué el coche de Haruka estaba en la entrada de mi casa.

-Buenas noches, gatita. –Me saludaron.

Allí, en la sala de mi hogar estaban Haruka, Michiru, Hotaru y Setsuna.

No quise imaginar lo qué habría sucedido de ellas saber con quién había pasado mi día. No quería ni imaginar el escándalo qué armarían al saber qué mi día sé había alegrado con la presencia de aquel qué tanto había extrañado durante estos cuatro largos años. Más ni siquiera tuve tiempo para responder su saludo.

Mi madre terrestre, Ikuko, entro en la sala en ese instante, al parecer mis inesperadas visitas tenían poco tiempo de haber llegado, pues mi madre traía pastas y un poco de café para ellas, y un té para Hotaru.

En cuanto me vio me saludo.

-Buenas noches, hija. Hoy sé te ha hecho un poco tarde, pero por esa sonrisa qué llevas dibujada en el rostro y la tardanza en llegar a casa apuesto a qué es porque han aprobado un nuevo diseño ¿cierto?

Esa era una enorme mentira. Supuse qué mi madre había visto mi llegada con Seiya y me había salvado, lo cual agradecí internamente, pues supuse qué mi madre recordaba qué a las chicas no les caía muy bien el qué yo estuviese en compañía de Seiya y quiso evitarme un disgusto y una innecesaria pelea. Pues además estaba cada vez más cerca mi inminente matrimonio.

Lo irónico de la situación era qué quienes debían cuestionarme realmente por estar viendo a Seiya o por pensar en el aprobaban mi relación –aunque fuese solo amistad- estaban felices por su cercanía conmigo; mientras qué, quienes solo debían estar a mi lado, protegiéndome –porque ese era realmente su deber- me cuestionaban a cada paso qué daba y me obligaban a cada instante a crear un futuro qué yo no deseaba. Observe brevemente a mí alrededor y suspire internamente, mientras intentaba controlar la inmensa alegría qué inundaba mi ser para responder.

-¡Así es, mamá! –respondí sin poder borrar la sonrisa de mi rostro. Porque buena parte de esa mentira era verdad. Me había quedado trabajando hasta muy tarde junto a Seiya para crear un nuevo diseño. Era un mueble qué debía ser único aunque fuese muy sencillo, pues era una cómoda para la ropita básica del bebe. Aunque no era para la línea qué había mencionado. Estos eran unos diseños muy especiales qué solamente Seiya había visto y me había ayudado a mejorar. Lo cual era realmente extraño, si me detenía a pensarlo, pues no habíamos intercambiado más qué un par de necesarias palabras y parecía qué uno y otro éramos capaces de complementar nuestros diseños. Era como si realmente él tuviera la misma visión de aquella alcoba amarillo paja con cama de princesa -literal.

-Buenas noches, mamá, chicas.

Si, así es mamá. –Retome lo qué les comentaría, después de saludarlas. Hoy acaban de aprobar un nuevo diseño para la línea princesa. Es algo muy especial –comencé a contar, pues este proyecto es especial. Uno de los socios, el qué mayor capital ha invertido desde qué nos embarcamos en esta aventura de creaciones nos ha pedido muebles aún más únicos para su futura hija. Es por ello qué este proyecto es tan importante. No podemos fallar porque es para alguien qué confió en nosotros pese a ser solamente simples estudiantes.

-Vaya, suena muy interesante, gatita.

-Así es Haruka. La línea princesa debe de llevar una creación muy sutil. –Respondí emocionada, no pudiendo evitar ilusionarme con ese proyecto-. Debe ser elegante y novedoso, pero sin ser estrambótico o querer dar un mensaje incorrecto. No debe parecer ostentoso, pero no por ello debe de dejar ser impresionante. Solo lo mejor para una pequeña princesa qué está por llegar a este mundo.

-Entonces tu no debes tener problemas con los diseños, ¿Verdad, Serena? Después de todo, tú eres una princesa. –aseguro Hotaru.

-¡Por supuesto qué si! –dijo con un tono enfadado, en ese momento Sammy, mi pequeño hermano qué bajaba las escaleras. Mi hermana es la princesa de esta casa, ¡lástima de príncipe qué ha escogido! –soltó aún más enfadado; e ignorándolas a todas llego hasta mí para decirme:

-En serio, hermana, aún estas a tiempo de cambiar de opinión. Aún tienes opciones y estoy seguro qué Seiya estaría encantado de volver si tu le dieras una oportunidad. Sé qué no lo has visto en años, pero estoy seguro de qué tú podrías comunicarte con el de alguna manera. No creo qué su amor por ti haya cambiado. Además….

-¡Pero qué impertinente!, ¡tú no sabes…. –dijo Haruka furiosa con los puños crispados. Siendo cortada por mamá, siempre tan oportuna.

-Por favor, Sammy, tu sabes qué no le impondremos a nadie a tu hermana y qué si ella a escogido pasar su vida con ese joven llamado Darién la apoyaremos, estemos o no de acuerdo con su decisión. Nos guste o no a quien ha elegido.

-Pero mamá….

-Nada, nada.

-Está bien, yo solo bajaba por unos bocadillos, pero creo que ya no cenare. Quería compartirlos con mi hermana, la cual ahora está bastante ocupada con los preparativos de su funeral, quiero decir boda –sé corrigió mi hermano. Aunque más bien había algo de burla en su voz. Por cierto, Serena, necesito hablar contigo, pero ahora estas ocupada, ¿podrías subir a mi habitación en cuanto te desocupes?, no importa lo tarde qué sea. Necesito hablar contigo.

-Aja. Pero por favor, deja de ser tan grosero con las chicas.

-No te preocupes, Serena. Es lógico qué tu hermano este celoso, después de todo, ahora te tendrá que compartir con alguien más y ya no será el hombre más importante de tu vida –puntualizo Setsuna con algo de veneno en su voz.

-Pero….

La sala de mi casa se había convertido en una especie de cambo de batalla verbal por saber quién era capaz de proferir el más grande insulto sin palabras ofensivas. Por un momento me volví a sentir la adolescente de 14 años qué no es capaz de controlar a sus Sailor. Eso, y el tenso ambiente qué reinaba te hacía darte una ligera idea de todo lo qué podía ocurrir allí.

Y, ¿Qué tal van los arreglos de la boda chicas? –dije en un intento por evitar la rencilla qué allí comenzaba a tomar forma. Objetivo qué logre inmediatamente, pues para las chicas no había absolutamente nada más importante qué el hecho qué yo preguntara por detalles y aportara ideas para ese supuesto fastuoso día. Para ellas, el qué yo me involucrara en los pequeñas pero significativas cosas les hacía creer qué realmente anhelaba con ansias la llegada de ese utópico futuro, qué para mí no era más qué mi tormentoso final.

Las horas comenzaron a transcurrir lentamente, de lo único qué hablaron fue de cristalería y manteles. A mi me daba lo mismo comer en platos de unicel qué en la más fina vajilla de cristal cortado acompañada por cubiertos de plata. Pero por supuesto, me las ingenie para mantener una sonrisa en el rostro y asentir "ilusionada" de vez en cuando para qué ellas no sospecharan absolutamente nada de lo que realmente sentía, además, ayudaba de sobremanera el hecho de qué cierta estrella fugaz volviera a formar parte de mi vida. Pues en realidad esas sonrisas eran para él.

Seiya P.o.V.

Teníamos cerca de un par de años de haber llegado a la tierra. La princesa Kakkyu había insistido en qué debíamos volver a este lugar, en donde habíamos sido felices durante un tiempo adoptando nuestra verdadera forma, -toda aquella insistencia, claro después de haber reconstruido Kinmoku-. Sin embargo, yo me rehusaba a volver. No quería estar cerca de ella, porque temía qué mi fuerza no fuese suficiente como para evitar qué yo fuera tras ella, ahora qué debía estar feliz con su novio. Sin embargo, la princesa Kakkyu nos convenció de volver y todos terminamos por aceptar. De eso hacía cerca de tres años.

En un principio habíamos decidido llegar a Inglaterra, sin embargo algo cambio nuestros planes y habíamos llegado a los Estados Unidos de Norteamérica, pues quería estar alejado lo más posible de mi querido bombón.

Para desahogar el dolor qué me había causado no ver a bombón me había refugiado en el diseño grafico, la ingeniería civil y la arquitectura. Eran materias qué ella jamás tomaría por sus complicaciones, pero qué sin embargo te permitían realizar las más hermosas creaciones teniendo un toque de inspiración.

Había elegido aquello, para no perder de cierta forma, todo aquello qué había aprendido en Kinmoku, -pues la mayoría de las remodelaciones yo las había supervisado o sugerido- la princesa me había sugerido retomar mis estudios en Harvard, la famosa escuela norteamericana, o quizás en Yale o Darmounth, cualquiera perteneciente a la famosa Ivy Ligue.

Acepte, pues era una manera de desconectarme del mundo y olvidar aquello qué tanto me atormentaba, pero apenas unos meses después descubrí qué no podía sacar a bombón de mi cabeza. De hecho, había vuelto con más fuerza acompañado del angelical rostro de Chibi-Chibi. La cual, no entendía porque sé había colado en mis sueños, aunque suponía qué era porque ella había estado cerca de bombón cuando estuvimos aquí en la tierra la primera vez.

Una noche, mientras dormía su rostro de luna apareció en mis sueños, casi como llamándome, y a su lado estaba bombón, qué sonreía y la cuidaba. Con un aura tan llena de paz, mismo sueño qué por breves instantes quise qué fuese realidad. Ellas se encontraban en una habitación adoselada en tonos amarillo paja con una preciosa cuna oval en el centro, junto a una mecedora y un love-seat para descansos. Ahora qué lo pensaba detenidamente me daba cuenta de mi realidad porque, en realidad aquel fue el sueño qué cambio el rumbo de mis planes. Pues había cambiado la ingeniería civil por la arquitectura, pero no enfocada en construcciones ni mucho menos, sino más bien en creaciones, qué tenían como sentido a esa pequeña de cabellos de fuego y sonrisa dulce.

Había logrado compaginar mi vida con mi sufrimientos, algunas veces el dolor era más llevadero qué otras tantas, sin embargo, el mantener mi cabeza saturada de información me hacía pensar menos en ella y en lo qué pudo ser.

Aún me pregunto ¿Qué me habría respondido bombón si las chicas no hubiesen subido aquella tarde a la azotea cuando le pedí, le suplique qué me dejase ocupar su lugar? ¿Habría sido tan egoísta como para huir con ella, después del concierto si es qué no sé hubiese desatado la guerra aquella noche?

Esos eran mis tormentos y mis cuestionamientos diarios. Aunque eso era algo qué no compartía con mis hermanos ni con absolutamente nadie.

Cada noche, antes de dormir tenía una vieja costumbre, sé había vuelto parte de mi y de lo qué soy. De cierta manera era una especie de tortura y sufrimiento autoimpuesto, pero la aceptaba, pues me hacía sentirme parte de ella.

Cada noche, mientras contemplaba la palidez de la luna colarse por el ventanal tomaba de mi buro una vieja fotografía qué nos habíamos tomado durante aquella tarde, cuando habíamos tenido nuestra cita de verano. Cada noche, antes de acostarme me gustaba delinear su rostro de mi niña-mujer y contarle lo qué había vivido durante ese día. Esa imagen, en la qué mi bombón sonreía sin malicia y sin esperar un "mañana" conocía todos mis secretos y mi fuente de inspiración, era ese trozo de papel fotográfico mi confidente y mi añoranza.

Pero todo sé derrumbo hace apenas unos meses. La noche en la qué la princesa Kakkyu había llegado desde Kinmoku para avisarnos de "La unión de la tierra y de la luna por sus soberanos". Esa noche sentí qué mi última esperanza sé extinguía de a poco, sin nada qué poder hacer para evitarlo, y dolía, dolía porque era el fin del sueño qué tanto había anhelado.

Mi dolor sé prolongo aún más, cuando la princesa nos dio la orden de asistir, pues para colmo no habíamos sido invitados como parte de su escolta, -pues así podríamos evadir acompañarla- sino más bien como los famosos hermanos Kou. Dejando olvidados incluso al famoso grupo Three Lights. Ellas solo querían ver en aquella ceremonia a Seiya, Yaten y Taiki.

En un principio yo me había negado a asistir. Mis hermanos como muestra de solidaridad –y pese a qué morían de ganas de ver a las chicas- también sé habían rehusado a asistir. Sin embargo, la princesa Kakkyu nos explico qué no podíamos permitirnos una ofensa de tan grande magnitud en contra de los futuros soberanos de la galaxia.

Tuve qué tragarme mi orgullo, mi tristeza y mi desesperanza, después de qué comprendí las razones de la princesa, por lo qué termine aceptando lo inevitable. Asistir a esa boda.

Mi depresión creció a tal punto, qué me pase días y noches enteras creando diseños y sueños para aquella personita qué jamás existiría. Me arrepentía, desde lo más profundo de mí ser no haber aprovechado más mi tiempo a su lado. Tenía tantas ansias de verla. Anhelaba escuchar de sus labios un Chibi ¿compas? O palabras sin sentido a preguntas qué solo respondía con su nombre.

Sí, yo deseaba eso qué mis sueños tanto imaginaban. Pero simplemente estaba derrumbándose todo a mi alrededor. Ni Serena Tsukino, mi adorado bombón estaría a mi lado para construir juntos el sueño qué noche a noche me perseguía, ni jamás tendría entre mis brazos a aquella pequeña niña qué irremediablemente sé había vuelto parte de mi ser. Tenía qué aceptar qué ella pertenecía a otro y qué yo simplemente era un pobre mortal qué puso sus ojos en lo más alto y no lo pudo alcanzar.

Para lograr acostumbrarme a ese dolor la princesa Kakkyu nos propuso estar con tiempo de anticipación para la boda de bombón. Según sus palabras, el golpe final, la estocada qué pondría fin a mis sueños y anhelos seria más digerible.

Yo había aceptado, más por necesidad qué por gusto. No quería qué nuestra princesa sufriera el embate de la furia de los soberanos qué sé unirían, ni mucho menos, quería defraudar a aquellas qué alguna vez nos tendieron la mano.

Nunca imagine qué mi nueva y recién descubierta pasión me hicieran volver a encontrarme con ella. Aunque estaba muy cambiada, qué quizás, de no conocerla y de no amarla como lo hago yo, es probable qué no la hubiera reconocido.

Flashback

Mientras estudiaba en Harvard, durante mi primer año había conocido al profesor Shinji Ikuto, un hombre con una gran visión para la arquitectura qué siempre andaba en busca de nuevos talentos, más sin embargo a mi no me interesaba.

Lo había conocido una tarde en la qué había perdido los bocetos qué eran parte de mi vida y de mi inspiración. Aquellos en los qué bombón recostaba a la pequeña niña de cabellos color fuego, mismos qué sé acercaban más a un retrato qué a cualquier otra cosa. Sin embargo ya formaban parte de mí y de todo lo qué yo anhelaba. Sé mostraba un cuadro de una mujer con una pequeña en brazos, con una cunita ovalada e infinidad de muebles y dibujos detallados para hacer su espacio más habitable. Era el sueño de cualquier niña, con varias estanterías,-por lo qué sé notaba, diseñadas especialmente para ella- llenas de juguetes y peluches. Un portarretrato muy especial con una fotografía poco visible y miles de detalles.

Había otras tantas, hojas con bellas imágenes –con fotografías- como me gustaba creer- y lo qué sé suponía era la habitación de esa pequeña conforme iba creciendo. Había un pequeño tocador en el qué descansaba una pequeña caja musical muy especial –a juzgar por la vista, de ébano rojizo tallado y arena y figuras marinas, un cepillo de plata y un dije con forma de oso rosado.

En otra de los bocetos destacaba un tocador de lino blanco con perlas y ópalos, aunque por ello ostentoso. Esas fotografías –o recuerdos, la otra forma como me gustaba llamarles, me hacían soñar con el futuro, qué jamás llegaría.

Pero había sido el profesor Ikuto quien lo había encontrado y me lo había devuelto, asegurándome ver esa pasión qué tenía por el dibujo y qué solo sé complementaba con la de ella. Aunque jamás especifico en todas nuestras conversaciones quien era ella.

Pero qué gran sorpresa –dijo el profesor Ikuto, qué un gran talento como usted vaya a viajar a Japón por unos meses. –Me dijo una tarde mientras estaba en Harvard haciendo su visita mensual.

-Pues, profesor, vera….

Fue una conversación algo larga, y al final me propuso formar parte de un equipo qué ya había conformado en el Japón, donde estaba la chica qué complementaba mis dibujos.

Sentía curiosidad por conocerla, pero aún así, yo no podía hacerlo, no quería conocer a nadie qué no fuera mi bombón. No quería qué nadie fuese en mi vida tan importante como lo había sido ella. Por eso rechace su oferta de integrarme a su equipo en un principio, aunque claro, Yaten y Taiki habían influido para qué al final yo aceptara su oferta, después de todo, necesitaría algo en qué distraerme mientras estuviéramos en Japón para no pensar en ella y cometer una locura como ir a buscarla o secuestrarla, como sé lo había propuesto la última vez. Necesitaba algo qué me alejara de mi dulce bombón.

Fin del flashback

Habíamos llegado a Japón hacía tres noches con sus respectivos días, qué nos habían servido para reacomodarnos a nuestra vida anterior y a adecuarnos al lugar en el qué nuevamente volveríamos a vivir. Habíamos elegido un apartamento cercano, más no el mismo, pues estaba lleno de recuerdos dolorosos para los tres.

Y aquí estaba yo, alistándome para mi primer día de trabajo. Mi personalidad no había cambiado mucho, pues a simple vista seguía siendo el mismo arrogante y banal al qué nada le afectaba.

Esa mañana me desperté más temprano qué de costumbre. Hacía años qué tampoco necesitaba un despertador, pues las primeras noches las había pasado prácticamente en vela pensando en ella y en el futuro qué juntos habríamos podido crear.

No era qué Japón hubiese sufrido grandes cambios a lo largo de estos tres años, en realidad casi cuatro qué no lo veíamos. Por el contrario, parecía ser absolutamente el mismo salvo qué me tomo más tiempo del acostumbrado el llegar pues algunos de esos imperceptibles cambios se daban en la circulación de las calles y pequeñas avenidas cerradas al tráfico vehicular, lo qué me causo llegar tarde, lo cual agradecí.

Hacía más de cuatro años qué ninguna chica, por muy bella qué fuese atraía ni un poco mi atención, más bien era nula la atención qué les podía dar a las señoritas. Sin embargo, apenas había arribado a la entrada del imponente edificio cuando la vi.

Era una jovencita de medianos cabellos obscuros algo ondulados, recogidos en media coleta no podía ver sus ojos pues llevaba unas gafas para sol. Lucia verdaderamente hermosa en un traje sastre color azul pastel con raya de gis a los costados negra y unos zapatos a juego con mediano tacón.

Con gran sorpresa vi qué sé dirigía al mismo edificio qué yo, solo qué al parecer, tal y como yo, llevaba un poco de prisa. Ella prácticamente corría, y logro alcanzar el ascensor vacío, mientras yo le gritaba qué parara, pero al parecer no me había escuchado por lo qué había perdido la oportunidad de conocerla. Desafortunadamente, era tarde y no tenía tiempo para esperar a saber en qué piso bajaría, por lo qué inmediatamente subí por las escaleras de servicio, ya qué calculaba qué el otro elevador tardaría un considerable tiempo en bajar del piso 53 y volver a subir al piso 5, por lo qué había subido prácticamente corriendo.

En cuanto llegue me disculpe. No era característico de mi llegar tarde a ningún lugar, por lo qué me pareció correcto comenzar a contar el porqué de mi retraso. Sabía qué no era ninguna justificación, ni mucho menos, pero necesitaba por lo menos sentirme algo tranquilo y asegurar qué llegaría temprano la próxima vez.

Sin embargo, mi discurso fue cortado cuando me di cuenta de qué ella, la dueña de todos mis pensamientos y mis ilusiones estaba allí. Incluso mi intención de conocer a aquella qué complementaba mis dibujos sé desvaneció en el aire.

-¿Bombón? –solo atine a preguntar, sorprendido porque al final la mujer por la qué mi piel y mi corazón habían comenzado a vibrar era ella. Aunque estaba completamente cambiada y lo único qué permanecía intacto en ella eran sus ojos celestes.

-¿Seiya? –respondió ella en el mismo tono sorprendido.

Sin embargo, ni siquiera tuvimos tiempo para saber porque habíamos coincidido. El profesor Ikuto había roto el repentino silencio cuando comenzó las presentaciones –aunque fue realmente breve.

Al parecer no me equivoque y ya se conocen. Jóvenes, su nuevo compañero en el proyecto es Seiya Kou. Espero que lo traten bien y lo hagan sentirse parte del equipo. Por lo menos el tiempo que se encuentre en nuestro país.

Fue lo último qué escuche. Me dedique a observar a bombón. Si, quizás había muchos cambios visibles, pero sentía qué aún estaba dentro de ella la niña de la qué yo me había enamorado, pero sus palabras fueron como un baño de agua fría para mí. Nunca espere qué sé dirigiera a mí de esa fría manera. Hasta donde recordaba aquella tarde por lo menos habíamos convenido en ser amigos….

-No esperaba verte aquí –dijo ella cortante apenas me senté a su lado en aquella mesa oval qué presedia el profesor Ikuto a manera de sala de juntas.

Sus palabras y tono hiriente ya no me importaron. Además de su sonrojo apenas me acerque a ella. Aunque eso último quizás solo había sido producto de mi imaginación. Estaría cerca de bombón y recuperaría su sonrisa. Hice una nota mental por agradecer a mis hermanos el haber insistido en qué trabajara con el profesor. Y, ahora qué pensaba en ellos, había decidido no contarles nada acerca de mi nuevo descubrimiento laboral. Quería pasar tiempo con bombón y saber qué le había sucedido y porque sé comportaba de esa manera y recuperar un poco de tiempo a su lado, por lo qué instantáneamente decidí qué no les contaría de su presencia en mi vida a mis hermanos.

Aquel día me dedique a observarla y a intentar descubrir el porqué de su cambio. Me sorprendió darme cuenta qué ella se había convertido en una mujer tan fuerte y tan autosuficiente. No era común verla así unos cuantos años atrás. Supuse qué parte de ese drástico cambio sé debía a sus Sailors y a la presión por convertirla en Reina.

Durante toda la tarde no hablamos, más qué unas pocas, realmente pocas palabras y todo verso sobre el trabajo.

Por la mañana ella me dio un recorrido por la planta en donde estaban ubicadas las oficinas y el área de diseño de nuestro trabajo, qué fue interrumpido por una preciosa pelinegra de ojos verdes llamada Anneliesse, quien tomo el lugar de bombón para terminar el recorrido.

Más tarde, me di cuenta de qué mi suerte había mejorado –era algo masoquista- pues su escritorio y el mío estarían contiguos en la misma oficina, de la cual ella prácticamente no salió más qué para sus alimentos y prácticamente me ignoro, lo qué fue un golpe para mi ego.

Cuando salimos a comer, decidí seguirla. Entro en un restaurante de comida rápida. Decidí sentarme a unas cuantas mesas de ella, en donde pudiera analizarla con tranquilidad sin qué ella se diera cuenta.

Me sorprendí más. Si su apetito no había cambiado, lo cierto es que su carácter si lo había hecho. Comía de una manera demasiado elegante al tiempo que sostenía su teléfono.

Otra cosa qué me sorprendió fue el verla sola. ¿Desde cuándo no comía junto a las chicas y solo conversaba por celular? Cada nuevo descubrimiento me hacía sumergirme en un nuevo mar de dudas y desesperación. ¿Qué habían hecho con mi alegre bombón? ¿Quién era esa qué sé escondía bajo aquella máscara y no permitía qué ella sonriera?

Mientras comía me parecía imposible quitarle la vista de encima. De pronto, ella saco una carpeta de piel negra y un lápiz. La vi absorbida en aquello qué pintaba. Lo único qué la interrumpió fue una llamada, al parecer urgente, qué la hizo abandonar aquello qué estaba haciendo y salir prácticamente corriendo del lugar.

No pude evitar mi curiosidad y me acerque a la mesa en la qué ella estaba comiendo. Cuando me acerque más, algo me impacto. Eran dibujos de aquella habitación qué estaba en mis sueños. ¿Era posible qué bombón soñara lo mismo qué yo?

Contuve mi curiosidad y cerré el folder poniendo encima solamente aquel dibujo en el qué ella estaba trabajando.

Cuando volví a la oficina me sorprendió verla así de desesperada. Estaba triste, algo importante debió haberle sucedido.

-¿Qué sucede bombón? –le pregunte y por un instante me pareció volver a ver a aquella niña qué tanto amaba.

He extraviado algo muy importante, y dudo mucho qué pueda recuperarlo –dijo con voz sumamente afligida y algunas lagrimas sobre sus mejillas.

Puede ser posible qué quizás yo lo pueda recuperar por ti –le respondí.

-No lo creo, Seiya. –Respondió. No es algo qué pueda tener un gran valor monetario, pero si contiene un valor sentimental para mi, Seiya. Es algo qué tú me regalaste…. Complemento con un breve susurro.

No me había dado cuenta qué esa carpeta era la misma qué yo le había regalado al despedirme de ella, antes de partir a Kinmoku. La había dejado en casa de sus padres, pues no me había atrevido a entregársela personalmente.

-Entonces –pregunte ¿Recibiste mi regalo?

-Así es, Seiya. En ella guardo cosas valiosas. –respondió

Fue entonces cuando la vio. Era la carpeta qué yo tenía en mis brazos.

-¿Has visto lo qué contiene? –pregunto llena de miedo.

-Sabes qué jamás me atrevería, bombón. Me di cuenta qué la olvidaste en el restaurante mientras comías y decidí recogerla. Lo único que he visto es el dibujo qué sobresalía. Tome la carpeta y la cerré para qué nadie pudiera ver su contenido. –Aquí tienes.

-Gracias, Seiya.

-Ha sido un placer, bombón. Sin embargo, puedo preguntar ¿Es parte del proyecto para el qué trabajaremos?

-No. –Me respondió sin más. Me gusta crear diseños qué he visto en mis sueños, pero por alguna razón estos son especiales y no los entregare a nadie. Solo serán bocetos en los qué he trabajado para mí y nadie más.

Cuando me conto qué había visto esos bocetos en sus sueños, no pude más qué alegrarme y en un ataque de debilidad le propuse:

-¿Por qué no me dejas ayudarte a terminarlos? ¿Qué te parece qué si después de terminar los diseños de la línea princesa para Messie Lacroix terminamos tu boceto?

Ella sonrió, como no lo había hecho aquel día y acepto mi proposición, por lo que pudimos concentrarnos en terminar el trabajo antes de tiempo y ponernos a diseñar en eso qué ambos soñábamos, aunque nunca le diría qué yo había visto en sueños aquello qué ella dibujaba. Seria nuestro secreto.

Sin darnos cuenta, el tiempo transcurrió tan rápidamente qué en breves instantes la cálida tarde paso a una fría noche. Sin darme cuenta y mucho menos, sin darme oportunidad de preguntarle el porqué de su cambio. Los diseños habían absorbido todo aquel valioso tiempo en el qué hubiésemos podido conversar, aunque dudo mucho qué ella hubiese cedido a contarme algo, pues estaba muy hermética.

-Es hora de irnos, bombón. –Ella sé sonrojo y solo atino a asentir.

-¿Iras en tu coche o vendrá alguien a recogerte? –le pregunte mientras bajábamos por el ascensor.

-Iré en autobús –respondió. Nadie sabe qué me quede trabajando hasta tarde.

Me sorprendió su sinceridad y le propuse acercarla a su casa, cosa qué ella acepto después de hacerle ver qué era realmente tarde y qué el último autobús había salido hacía apenas cinco minutos de la estación.

Nuestra vuelta a su casa fue un tenso silencio. Aunque tenía miles de preguntas, no tenía forma de preguntárselas sin qué pareciera desesperado por no haber sabido de ella en este tiempo. Ella por su parte tampoco hablaba nada. Ni media palabra.

Después de pensarlo un poco, decidí qué un coche no era realmente un lugar para hablar de todo aquello qué no habíamos podido decirnos antes de mi partida a Kinmoku, por lo qué decidí, pedirle una cita –aunque fuese solo como amigos o compañeros de trabajo- al llegar a su casa. Si ella aceptaba invitarla a comer a un lugar privado donde pudiéramos decirnos todo aquello qué jamás fue dicho. O quizás, simplemente a tomar un café para retomar aquella amistad qué nos unió hace algún tiempo.

No pude evitar sonreír al recordar su comportamiento en el zoológico, ¿Era posible qué aún sé asustara? Quizás era una buena opción para volverla a ver sonreír. Tan ensimismado iba en mis planes qué sin darme cuenta, accidentalmente roce su mano con la mía al hacer un cambio de velocidades. De hecho, lo qué me hizo darme cuenta de aquel hecho fue la corriente eléctrica qué había recorrido mi cuerpo al sentir su cálido roce sobre el mío. Más bien era como si pudiésemos ser uno mismo. Aunque está vez claramente vi un sonrojo en su rostro, mientras ella dirigía su mirada al cielo. Está vez, estaba seguro de no haberlo imaginado y una ligera esperanza volvió a renacer en mi interior. Tenía claro qué era posible recuperar a mi querido bombón, mi alegre y querido bombón.

El resto del trayecto lo hicimos prácticamente en silencio. Al parecer, cada uno sé había sumergido en sus propios pensamientos. Por un momento quise detener el tiempo o por lo menos hacerlo más lento para poder pasar más tiempo junto a ella. Pero desafortunadamente pronto llegamos a su casa.

Me arme de valor. Podía ocurrir qué ella prácticamente me pidiera jamás volver a hablarle –después de todo, su comportamiento tan bipolar lo sugería- o podía ser qué aceptara lo qué le propondría.

-Bombón…

Sin embargo ella me callo abruptamente dejándome sorprendido con sus palabras:

-Por favor Seiya, está noche no. Está noche déjame conservar el grato recuerdo de haberme vuelto a ver reflejada en tu mirada. Déjame creer qué esto es un sueño y qué aún puedo permanecer en él. Por lo menos está noche déjame soñar con lo qué pudo ser y no fue….

Eso me descoloco. No me había rechazado, pero sin esas exactas palabras me estaba diciendo qué le hubiese gustado vivir su vida a mi lado. Me quede anonadado. Ni siquiera supe qué responderle y cuando ya era tarde para hablar, ella había entrado a su casa.

Estaba a punto de volverme cuando la voz de Sammy me devolvió al presente.

-¿Seiya?

Había crecido bastante durante estos cuatro años. Era el hermano de bombón, el mismo qué tanto la molestaba pero qué la adoraba.

-Hola, Sammy –le salude.

-¡Qué bueno qué has vuelto! Quizás con tu presencia Serena sé olvide de ese circo al qué llama boda. –dijo disgustado.

-¿Estas celoso, Sammy? –pregunte

-No, para nada. Es solo qué el tipo no me gusta para mi hermana. El solo la hace llorar y sufrir, mientras qué hay otro qué hace qué ella vuelva a sonreír.

¿Quién hacía sonreír a bombón? ¿Había llegado tarde a su vida nuevamente? ¿Por qué sé casaba entonces? -Me pregunte

-Ah, menos mal –respondí algo triste.

-Si, menos mal qué quien hace sonreír a mi hermana haya vuelto justo a tiempo para evitar su suicidio.

Comenzamos a conversar. Fue algo corta, pues me di cuenta qué las amigas de bombón estaban dentro. No quería qué supieran qué estaba aquí y me intrigaba lo qué Sammy me estaba contando, por lo qué decidí pedirle qué le pidiera a bombón no decir nada sobre mi presencia en esta ciudad. Con suerte, el espejo de Michiru no reflejaría nada y podría pasar tiempo con ella.

Sammy accedió, pero a cambio me pidió qué le ayudara con sus entrenamientos de soccer, yo accedí gustoso, pues así sabría el porqué de los cambios tan abruptos de bombón.

Me despedí de él, pero antes de hacerlo, me enseño un pequeño truco qué su padre y el habían construido para evitar la puerta principal y a las amigas de bombón.

Sonreí. Al parecer este día qué había comenzado tan mal, era solo el final de la noche para dar paso a la claridad del sol.


¿Les gusto? ¿Lo odiaron? ¿Lloraron?

Si, Los hermanos Kou estuvieron en la tierra durante este tiempo. ¿Qué creen qué pasara con esos dos? Y Sammy, bueno, pues es Sammy y no le gusta nada Darién, así qué es probable qué ayude a ese par a encontrarse.

¿Qué opinan de su reunión en el trabajo? Apuesto a qué no esperaban el detalle del folder. Y, si fueron observadoras, ya saben a quien pertenece el cofre qué describe Seiya ¿Verdad? En fin. Hasta el próximo.

Mil gracias a todos por leer, por sus reviews, por sus alertas y sus favoritos.

Pd. Las invito a pasar por la adaptación que estoy haciendo a la historia de "El final es el principio". Ya saben está en mi profile.

¿Reviews?

Pies para que los quiero, si tengo alas de imaginación y puedo volar

(FRIDA KHALO)