Hola a todos! ¿Saben que día es?
*coro de niños* LUNES! XD

Exacto.., asíque ya les traje el capitulo cuatro de este jodido fic que hacemos con Karu-sempai :3

Espero les guste, queremos comentarios eh! Delen al jodido botoncito de reviews, vamos! xDU

Bueno ya los dejo de molestar, espero les guste nwn

ADV. Ooc (un poco), sasodei, kakuhidan, painkonan, insinuaciones leves de itadei e itasaso


You´re not he

Capítulo 4

Algo le molestaba, frunció el ceño como si alguien le hubiera gritado en el oído para que despertase, pero no, era todo lo contrario, el silencio, esa maldita porquería, pensó… según él lo odiaba, pero en el fondo sabía que le tenía miedo…, y era por eso que había encontrado reparo con Sasori, los cortos silencios entre ellos, eran agradables, como si ambos tuvieran sus pensamientos e ideas sincronizados.

La habitación aún estaba completamente oscura, sonrío al ver al pelinegro desparramado en uno de los sillones a su lado, no se preocupó por el crujir de la cama al levantarse, es más; esperaba oír un gruñido de parte de alguno de los dos presentes en la habitación, y que rompiera aquel molesto y frío silencio en el edificio. Aún no amanecía, y sabia cuanto le encantaban a él y a su Danna, hubiera deseado llamarlo para ver nacer el día, aquella hermosa mezcla de colores que nunca era igual, sabía que no podía llamarlo, él no estaba, intentando ser positivo "lo veré por ambos" pensó.., pero al llegar a la azotea todas aquellas ilusiones se fugaron, y gracias a dios que lo hicieron, comenzaba a odiarse por pensar todo el tiempo en él.

El rubio dejo escapar un bufido mientras se recostaba con dificultad en el frío cemento que le provoco escalofríos, miro al cielo y ahora sus ojos se tornaron algo nostálgicos.

- Hasta esto ha cambiado ¿Eh? - Se dijo a sí mismo a tono deprimente mientras miraba aquel conjunto grisáceo de nubes en el cielo, algodones mojados se acumulaban sobre él, y pronto todo lo que sabía parecía estar mal, frunció el ceño, odiaba estar equivocado.

Ahora se suponía que Danna no era Danna, que el cielo no estaba color anaranjado, si no que se teñía de un lila grisáceo -que era realmente deprimente- y que él no era el único despierto.

- ¿Deidara? - La amable voz de Pain provoco que sus labios quisieran curvarse en una sonrisa.

- ¿Ya está el desayuno? - Pregunto el rubio mirando al pelinaranja -en lo que a este respetaba- gran valentía.

- Si ¿Te ayudo? - Se ofreció aquel preguntándose con una sonrisa apenada porque no lloraba…Sabía que quería hacerlo, pero en vez de eso… mostrarle aquella sonrisa… Sin duda seguía siendo el mismo crío terco que había conocido hace años.

El rubio tomo las muletas que había dejado a un lado de sí mismo y con la ayuda de Pain -por más que este "no la necesitara"- logro levantarse y encaminarse hacia su desayuno.

- No deberías haber subido todas estas escaleras. - Le reprocho el otro mientras observaba como el rubio se esforzaba por bajarlas.

- Tsk… Fue pan comido, h'm. - El rubio se volvió a su muñeca, cuando se dio cuenta que su súper reloj digital, resistente al agua salada de mar que había comprado hace poco había desaparecido. - ¿Qué horas es? - El tono desorientado del rubio en esa pregunta hizo que el pelinaranja riera un poco.

- Las nueve y algo, creo..

Un pequeño bostezo se dejó escapar de sus labios, se acomodó entre las sabanas para mirar el aquel reloj que había observado por horas antes de dormirse.

- No sabía que los Akasuna durmieran hasta tan tarde…un nuevo descubrimiento para la humanidad, supongo. - Dijo entre risas el Uchiha que se había bañado y ahora buscaba una muda de ropa en su placard.

- Y yo no sabía que los Uchiha anduvieran con bata rosa para todos lados. - Contraataco el pelirrojo que había comenzado a reír a carcajadas al notar aquel detalle, bueno se dice que sonreír por la mañana es signo de buena salud; tanto mental como física.

- ¡No seas idiota! Sabes que ayer se me callo cerveza en la mía. - Intento defenderse el moreno que le arrojo un almohadón para que se callase.

- Pudiste haber usado la de Kisame..

- Sí, claro, para que tenga una excusa para andar de nudista por ahí. - Las risas comenzaron de nuevo.

Pronto el pelirrojo se había puesto de pie decidido a comer algo y el moreno estaba limpio y vestido.

- Hey... ¿Qué vamos a almorzar hoy? - Pregunto el estómago del pelirrojo.

- Ni idea.., no hay nada, estaba por salir a comprar algo ¿Vienes?

- Ok, espera que voy por algo a mi habitación.

- Se nota que tienes hambre, si no, no mueves un dedo… - Mascullo el moreno mientras seguía al pelirrojo hacia la otra habitación, aquel parecía no haber escuchado el pequeño comentario de su compañero.

Al llegar a su departamento, suspiro con pesadez, Deidara parecía haber ido de visita al de Hidan y Kakuzu, seguramente no quería verle y por eso había escapado a aquel horrible lugar, sí, digamos que el departamento de Hidan y Kakuzu no era el paraíso.

- ¿Listo? - Pregunto el moreno que esperaba apoyado en el marco de la puerta.

El pelirrojo tomo su billetera de aquella enorme cama de dos plazas y media, la observo intentando imaginarse a su rubio durmiendo solo en ella.

- Hey, quiero pasar al baño, gracias. - Rezongó el rubio desde atrás del mayor que estaba en su camino.

- Perdón - El Uchiha se corrió rápidamente de su cómodo lugar. - Pensamos que estabas con Hidan y Kakuzu…

- Luego de estar ahí decidí bañarme rápidamente, quien sabe que estuvo ahí antes. - Comento el rubio ignorando por completo al pelirrojo al pasar a su lado para llegar al baño.

- ¿Vas a almorzar? - Pregunto el pelirrojo intentando ignorar aquel echo.

- Tal vez, h'm.

- ¿Quieres algo en especial?

Le molestaba. ¿Por qué tenía que ser así? No quería, lo único que pedía era ver a su novio, su "verdadero" novio, ese pelirrojo no era nadie para él, lo que más le molestaba era que aquel ignoraba que ellos NO eran una pareja, incluso vivían juntos, ¡El viviría con su Danna! Y con nadie más. Se encogió de hombros restándole importancia al pelirrojo y con sus muletas -dificultosamente- se metió al baño, se bañaría; así calmaría aquellos molestos pensamientos.

Lo extrañaba, el hecho de ver a su Danna, por más que no recordase su rostro, nadie podría remplazarlo, incluso si fuese Sasori, nunca podría. Miro su torso desnudo en el espejo, parches y vendas por doquier, suspiro cansado al pensar que tendría que volver a colocar todos luego de bañarse, sabía que no lo haría, dejo aquellas molestas muletas a un lado quedando parado en una sola pierna mientras hacía equilibrio dificultosamente.

Al abrir la ducha incontables recuerdos lo golpearon, el sonido de aquella hirviente lluvia caer en el mosaico del baño, se maldijo así mismo, aquellos recuerdos borrosos donde no podía distinguir quien era él, ¿Cómo podía olvidarlo! Sin duda, nunca podría perdonárselo, nunca podría perdonarse haber olvidado como era su preciado novio.

- ¿No quieres que te ayudemos con eso, Dei? - No hubo respuesta alguna a aquella pregunta, odiaba sentirse débil, él podía.

Quedo apoyado -aun haciendo equilibrio con su pierna buena- contra el mosaico de la ducha y comenzó a enjabonar su torso dejando ir pequeños gemidos molestos gracias al arder del jabón en sus heridas, pronto le toco a su larga y lacia cabellera rubia, la espuma corría por su torso, dejo de oír el incesante ruido de la lluvia como si del tic-tac de un reloj se tratase, el vapor comenzaba a hacerle sentir aún más cansancio -si es que eso era posible-.

Suspiro apoyando su nuca contra el lugar de apoyo, innumerables recuerdos lo golpeaban junto con un fuerte dolor de cabeza y pecho, azul, la imagen de aquel día se volvió a su cabeza, era oscuro, algo tétrico, pero hermoso, lo reviviría, aquel momento donde dejarse llevar por la hermosura a su alrededor lo llevo a esto, sintió el flexionar de su pierna, sonrío con amargura, aquel gusto salado, el de sus propias lágrimas, se le parecía, pensó, quiso pegar un grito dolido, pero este se ahogó en su garganta al recordar que el pelirrojo y el moreno estaban a unos metros, no, no quería que lo vieran así, por lo menos no el pelirrojo, él no era nadie y no le daría el gusto de mostrarse así frente a él.

Se contuvo, un par de gemidos llegaron a escapar, aquello no podía estar pasándole a él, no a él, era como una película dramática, de esas que solía burlarse junto con su Danna -aunque siempre terminaba llorando al final- ¿Qué se supone que pasaría ahora? ¿Aquel pelirrojo moriría y el terminaría llorándole bajo la lluvia al darse cuenta de que era el amor de su vida? Sin duda le parecía una estupidez.

Tomo aíre en un intento por calmar aquel fuerte dolor, pero simplemente quería quedarse ahí, hasta que todo terminase, y viniera su Danna, él verdadero, y le dijera que todo estaba bien, que todo se había resuelto, pero sabía que eso no pasaría.

- ¿Deidara? ¿Estás bien? - Se escuchó tras la puerta. - Sasori se fue de compras ¿Puedo pasar?

Tampoco hubo respuesta, no quería responderle, se sentía miserable y su aspecto no ayudaba en nada pero quería que lo abrasaran, en el fondo su corazón pedía a gritos ayuda, un guía…, su Danna ya no estaba, su preciado novio y mejor amigo, necesitaba a alguien, alguien que remplazara esa parte del pelirrojo que le daba apoyo, pero eso era inútil, nadie podría remplazarle, se resignaba al solo echo de pensar que alguien podría compararse con él..

- Permiso... - El moreno no podía resistirlo, era su amigo tenía que ayudarle y ya no estaba hablando sobre la ducha.

Deidara no se había molestado en siquiera cerrar la cortina del baño, levanto el rostro y le sonrío amargamente a aquella expresión del Uchiha; era una mezcla de tristeza y compasión.

Sin duda, nadie podría comparársele pero.., necesitaba a uno de sus amigos a su lado, el puente de su vida comenzaba a derrumbarse, necesitaba un pilar, en este caso el moreno al que abrasaba; escondiendo su empapado rostro en su pecho, no había llegado a asimilar cuando este había terminado de pasar al baño o cuando la ducha se había detenido, lo único que sabía es que sin más remedio, dejando su orgullo…, resignado, se había tirado a sus brazos en el momento en el que el moreno le proporcionó una toalla para cubrirlo y protegerle del frío.

- Dei... - El moreno intento calmarle un poco mientras le suministraba una suave -y cuidadosa, sin querer molestar ninguna herida- caricia en su espalda.

- Lo… ex…traño.. - Mascullo el rubio en el pecho del moreno que ahora se encontraba empapado, comenzaba a comprender la tristeza de este, para él era como si su novio hubiese muerto, no, era aún peor, simplemente se había borrado, de sus recuerdos… y de su mundo.

Aferro sus manos al volante con enojo, bueno, más que enojo era aquella sensación de impotencia, sin duda se sentía frustrado, miro a su lado las bolsas del supermercado; le había comprado sus masitas preferidas, apoyo su frente contra el volante ¿A qué estaba jugando? ¡Con masitas no iba a arreglar nada! Era un idiota. Levanto su cansado rostro… por más que durmiera por horas aquellas ojeras no se irían, tomo las compras y se adentró a su hogar.

- ¡Pinocho! - Exclamo el albino con alegría al verlo, mejor dicho; al ver las compras. - ¿Qué trajiste? - Pregunto inquieto.

- Comida. - Dijo el pelirrojo moviendo sus bolsas para esquivar el agarre del otro a ellas.

- Va~mos, tengo hambre~

- Tengo que cocinarla para que puedas comerla, idiota. - Entro a la cocina y dejo las cosas sobre la mesada.

- ¡Pero ahí hay masitas! - Siguió berrinchando el otro que metió su traviesa mano en la bolsa donde estaban estas.

- ¡Hey! - Le pego en la mano. - No son para ti.

- ¡Ya deja de molestar, Hidan! - Lo reto el azabache. - Sasori. - El aludido lo miro. - Itachi te llama, dice que vayas a tu habitación.

- Ahm… Ok, cuida de que este idiota no se coma nada. - Le encargo el pelirrojo mientras se encaminaba hacia la puerta dejando indefenso aquel paquete de galletitas.

- Si, si no te preocupes. - Le dio una palmada en el hombro y se dirigió a entretener al menor.

Todo estaba en la oscuridad, estaba perdido, sintió pasar una fría brisa que removió sus rubios cabellos. ¿Dónde estaba? … Desolado, esa era la palabra que llegaba a describir aquella situación, aquel sentimiento, sus lágrimas tenían una interminable caída hacia el vacío, pero extrañamente él se encontraba de rodillas sobre aquel "piso"; que parecía no estar ahí, pronto las lágrimas se habían convertido en lluvia y se encontraba empapado por ellas…-Deidara- aquella voz... La conocía, pero no era la que quería escuchar llamarle …

¿Cuándo se había echado a correr? Aquella carrera pronto se convirtió en un trote, se había detenido -¿Qué pasa?- aquella voz, esa era la que esperaba, su exclamación se había convertido en un grito sordo, ya que nadie podía oírlo, solo él; una y otra vez resonaba en sus oídos, pronto aquel eco desapareció, silencio; ahí estaba de nuevo, no duro mucho, el sonido de la lluvia pronto se hizo notar en sus oídos, alguien estaba allí, podía sentirlo, lo conocía.

Una nueva carrera hacia él había comenzado, lo estaba alcanzando, casi podía llegar a oler su presencia -Dei- ¡Había llegado, tenía su hombro! -¡No, no, no..!- La desesperación se había apoderado de él -¿Qué? ¿No me reconoces?- Le pregunto aquel muñeco completamente blanco, parecía echo de arcilla.., pero ¡No tenía rostro! -Soy Sasori, tú Danna- Se acercó aquel, el rubio comenzó a retroceder, su voz… Era igual pero…

¿Por qué? Y de dónde provenía ella, solo resonaba en el vacío, sus labios se separaron para decir algo, pero las palabras no salieron ¿Cómo podía decirlo…? ¿Cómo podía afirmar que no era él? ¿Acaso recordaba su apariencia? ¿Siquiera sabía de qué color era su piel? No, no sabía nada. La lluvia, aquello que apenas llegaba a ser una llovizna, se había convertido en una verdadera tormenta, los rayos y relámpagos no se hicieron esperar, se estaba ahogando, Pero ¿Cómo era eso posible? El cielo era el suelo y el suelo, el cielo.., todo parecía un gran espejo, como aquella vez.

Un suspiro cansado se escapó de los labios del Uchiha, a su lado el rubio dormitaba, pero no parecía estar del todo bien, bueno era obvio más que no estaba bien, el pobre estaba sudando frío, en un momento aquel pensó que se habría enfermado, pero no le parecía posible, lo que lo hacía aún más difícil era el hecho de que al rubio cuando se enfermaba rara vez le agarraba fiebre, esa era una de las razones por las que era muy difícil darse cuenta que le sucedía.

- ¿Qué pasa? - Entro despreocupado el pelirrojo.

- Creo que tenemos problemas… - Dijo señalando al rubio que había pasado desapercibido para el pelirrojo entre las sabanas.

La respiración del rubio era más agitada de lo normal y aquella capa de sudor que cubría su rostro, eso no era gracias a un resfriado ni nada parecido, conocía aquel intento del rubio por acomodarse entre las sabanas, esos movimientos que al moreno le parecían desesperantes.

Una mueca apenada se formó en el rostro del pelirrojo que se sentó en la cama a su lado y poso su mano en la sien del menor y luego le hizo formar una dulce caricia en el resto de la cabeza de aquel.

- Solo debe ser un mal sueño… - Le explico para que se calmara a su preocupado amigo, el otro hizo un intento por sonreír.

- ¿Quieres que yo haga la comida?

- ¿Ah?

- No seas idiota, te estoy pidiendo que lo cuides tú, tú eres su novio después de todo. - Dijo el moreno después de levantarse de su asiento.

- Si… su novio. - Musito el pelirrojo que ahora mantenía su vista en el rostro del rubio que parecía comenzar a tranquilizase.

Silencio, todos se habían ido a almorzar menos el rubio, aún permanecía inmóvil mirando aquella imagen, sintió como una de aquellas lagrimas llego a su mano que se aferraba a aquellas blancas sabanas, se estremeció al tener aquella sensación de nuevo, su pupila estaba más dilatada que lo normal y sus ojos abiertos como si de un demente te tratase, algo no estaba bien ahí, pronto se aventó contra aquella mesa de luz para tomar aquel -en lo que a él respectaba- horroroso cuadro para pronto salir corriendo por la puerta de la habitación.

El sonido de un par de cosas destrozándose contra el piso se escuchó detrás de la carrera de aquel cada vez tomando más de aquellas cosas, se volvería loco, si es que ya no lo estaba. Antes de que pudiera darse cuenta se encontraba con una botella de alcohol etílico y un encendedor en sus manos en la azotea.

- Si… Quémate, h'm.. - Sonrío mientras veía como aquella radiante llama crecía volviendo aquellas "porquerías" ceniza.

- ¿Deidara? - Pregunto el pelirrojo a un lado de la puerta del baño al ver que este no se encontraba donde lo había dejado y había muchas cosas revueltas. Al no obtener respuesta alguna abrió la puerta, nadie. - Tsk, acá tampoco está. - Le confirmo al moreno volviéndose a juntar los cachos de la lámpara que se había roto de la mesa de luz, pero pronto quedó paralizado unos segundos al darse cuenta de que aquel cuadro no estaba.

Sus rojizos cabellos y su oreja derecha rozaron con la alfombra de aquella habitación ¡No estaba! Dio vuelta la mesa de luz, la cambio de lugar, pronto había salido a otra habitación para confirmar lo que creía, destrozos, había por todos lados. El paso de aquel se había vuelto apresurado y ya ni siquiera se detenía para levantar las cosas rotas o por lo menos correrlas del camino, solo las esquivaba, el moreno comenzó a seguirlo preocupado y pronto el pelirrojo se había echado en carrera hacia el lado del que venía saliendo del departamento.

Las escaleras parecían no terminar, pero por lo menos sentía que iba en dirección correcta, tenía que llegar, quería asegurarse de que no hacia lo que él pensaba, no… ¡No lo haría!

- ¡Hey! ¡Maldición… Sasori! - Exclamo intentando subir las escaleras a la misma velocidad que aquel el moreno.

No hubo respuesta, aquella puerta fue abierta tan rápida que hizo que al pelirrojo le costara el no caer entre tropezones. Levanto la vista sin siquiera permitirse recuperar el aliento, pero la escena le pareció demasiado dolorosa. Quiso hablar pero igual que sus pies las palabras se enredaron al intentar llegar a aquel rubio.

- ¿Qué… ra…? - Es cierto, el aliento no le alzaba para hablar después de haber seguido al pelirrojo corriendo por todo el edificio, pero aquella escena también lo había dejado anonadado, lo sufriente como para necesitar repasar lo que veía y analizarlo.

- Deidara… - Musito el pelirrojo… fue lo único que llego a decir mientras miraba la espalda del rubio que temblaba entre risas.

Pero lo peor fue al darse vuelta, los presentes no supieron como reaccionar, intentaron asimilar aquel rostro, pero era demasiado, habían visto muecas y expresiones que les causaban aquella sensación de pena con algo de terror, pero ¿Qué harían ante esta? Abundantes lágrimas escapaban de los lagrimales del rubio, pero este no parpadeaba ni una vez, los miraba con ansiedad con una.., si, esa era la palabra, escalofriante.., con una escalofriante sonrisa que dejaba ver aquellos resplandecientes dientes.

- ¿No es… hermoso? - Pregunto a voz alegre pero algo cortante el rubio refiriéndose a como comenzaban a consumirse las llamas dejando todo hecho polvo y cenizas, las llamas terminaron de consumirse, ya todo se había ido, aquellos preciados recuerdos del pelirrojo.

- Dei... - Comenzó a decir el pelirrojo que había recuperado el habla. El rubio se había vuelto a ver las cenizas y ahora volteo de nuevo hacia este, pero con el ceño fruncido.

- ¡No me hables, cállate h'm! - Aquella exclamación del rubio lo dejo anonadado, no dijo nada...

La respiración del rubio se había normalizado y ahora respiraba pausadamente mientras sentía como sus lágrimas resbalaban dolorosamente por sus mejillas.

- No hables… Tú… Esa voz.., ¡No quiero escucharla! - Grito tomándose su cabeza mientras se tapaba las orejas para colocarla en aquel hueco que se formaba entre sus piernas y pecho. - Es…

- ¿Igual a la de Danna? - Termino la frase el pelirrojo que se había puesto de pie y camina en dirección a aquel y ya había sido advertido con una mirada amenazante del rubio que levanto su rostro al escuchar de nuevo su "molesta" voz.

En cuanto al moreno, había sido marginado de la escena, claro estaba. Pero sus parpados se estiraron al ver como el pelirrojo se agacho frente al rubio y le tomo del rostro corriendo sus lágrimas, claro, pronto recibió el precio de aquel atrevimiento y su la mano del rubio -con atraso y algo torpe- golpeo la de él bruscamente sacándosela de encima aunque en el fondo no quería… Era tan… cálida.

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