Capítulo 6

Acaricio aquel tramo de la cama, donde sentía que alguien le faltaba, nostálgicamente, claro.., su Danna faltaba, su vista se perdió en las blancas sabanas mientras se esforzaba por no recordar nada -como él decía- a medias, aún no podía sobre llevar el echo de que no lo volvería a ver nunca más, porque él sabia, claro que lo sabia; si tan solo lo viera de nuevo, él lo reconocería y el echo de que el no estuviera a su lado -como siempre lo había estado- en ese momento, era porque había muerto, ya nada se podía hacer.., en su mente él no era el que inventaba la historia; según él, era el único que podía terminar de aceptarlo, su Sasori había muerto y ya nunca regresaría, no necesitaba crearse un nuevo Sasori como lo habían echo los demás y aunque doliese horrores tendría que seguir…

Por alguna extraña razón sus pensamientos se volcaron a esa persona y su vista recorrió el resto de las sabanas rápidamente para toparse con una tabla de surf apoyada meticulosamente contra la pared de la habitación; esta brillaba para él con ayuda de la luz de la luna, recorría con su vista aquella hermosa ave blanca ahí estampada, con detalles en tonos amarillentos y azulados alrededor, hacían una hermosa pieza de arte.., por fin lo había logrado, pensó y aunque en el fondo sentía como era carcomido por la culpa, estaba satisfecho, su mente lo estaba -o por lo menos eso quería creer-, al fin se había desecho de él, ese intruso, aquel impostor…, pero ahora mismo algo le quedaba por terminar de comprender ¿Por qué lloraba? Una mueca de indecisión entre la tristeza y el enojo se esparció por su rostro al ver como las traicioneras lagrimas caían en las blancas sabanas, dejando pequeñas marcas grisáceas que le recordaban su presencia, las miraba indiferente viendo como la cantidad aumentaba y antes de que pudiera pensar en algo más tenia una enorme mancha bajo su rostro creada por lagrimas acumuladas, claro que no es Danna, se dijo dejando crecer una sonrisa amarga, él no seria tan estúpido, señaló; él me hubiera seguido molestando, hasta que lo admitiera, que él tenia razón, se sintió victorioso, como si acabara de decir "Jaque mate" en aquel complicado juego de ajedrez, pero pronto se termino por dar cuenta de un pequeño detalle; faltaba una pieza.

Su cabeza había quedado apoyada en aquel tramo de sabana humedecida, la frustración había vuelto en su mente haciendo que volcara todos sus pensamientos a una sola pregunta "¿Por qué?" En algún momento había empezado a gritar confundido mientras se tomaba su cabeza deseando arrancarse cada uno de sus rubios cabellos, ¿Qué era eso que sentía? Como si hubiese perdido algo importante, algo que no sabia que tenia y quisiera recuperarle, pero ¿Qué mas podía perder en esta vida? ¡Danna había muerto! De eso estaba seguro…, pero ¿Por qué sentía como si se lo quitaran por segunda vez? Se maldijo así mismo entre el incesante llanto, una de sus manos se había vuelto a su pecho ¿Por qué le dolía tanto? Arrugo su camiseta en un intento desesperado por arrancarse aquel sentimiento, era inútil.

Se acercaba al comedor para desayunar, casi arrastrando sus pies, por cada paso se recargaba un poco mas en la pared, sintiendo que iba a desplomarse ahí mismo; el cansancio tanto físico como mental no desaparecía, se sentía agobiado. Los murmullos que llegaban a sus oídos eran escasos, la conversación que se llevaba acabo en aquella habitación se veía cortante, casi pudo sentir los rostros afligidos de sus amigos ahí sentados, se detuvo, estaba frente a la puerta, pero no quería abrirla.

- Busque en todos los bares y pregunte a todos sus conocidos, pero nadie lo ha visto.. - Comento con cansancio el Uchiha mayor, se notaba en su tono de voz; lo había buscado toda la noche. - Tampoco estaba en su vieja casa y me pase por los todos museos de arte.., e incluso por los parques donde solía pasear con Dei, pero tampoco lo encontré ahí.. - Suspiro agobiado. - Creo que se fue de la ciudad.

Su corazón se detuvo, y sintió como el faltaba el aire, una fuerte punzada en su estomago lo golpeo y tubo que apretar sus dientes para no dejar escapar un gemido de dolor; era demasiado, ¿Se había marchado de la cuidad? Sintió como un nudo se formo en su garganta y su vista se nublo ¿Por qué? El no era nada, no era nada suyo.., aunque aquel pelirrojo parecía no opinar lo mismo, por él se había ido de la ciudad solo para complacerle, frunció el seño, era estúpido.

El ruido de su puño golpeando la pared resonó en sus oídos y pronto sintió aquel liquido carmesí recorrer sus nudillos destrozados, escucho como algunos de los presentes en la cocina preguntaron que había sido aquel sonido.., respiro hondo e intento calmarse, sacudió su mano manchando de sangre la pared, sonrío; Pain lo mataría.

Sin ni siquiera reconsiderarlo dio media vuelta y camino sobre sus pasos para volver a su cuarto, no quería entrar ahí , ver todos aquellos rostros angustiados.., era su culpa que estuvieran así.

Una gélida brisa se paseo por su espalda haciéndole sufrir un escalofrió, poso su mirada con clara molestia en la única ventana del lugar, esta se encontraba abierta de par en par. Suspiro con cansancio, sintiendo como su cuerpo y alma le pesaban a horrores, se paro percatándose del como sus piernas flaquearon adormiladas, llevaba mucho tiempo ahí sentado, frente aquel trabajo que aún se encontraba inconcluso, internado en su taller, era la única terapia que necesitaba, el chillido de las hojas de la ventana al cerrarse, resonó en sus oídos, llegó a notar unas pronunciadas ojeras bajo sus parpados en el reflejo del vidrio, les resto importancia y se volvió a su escritorio, aquella obra, sin duda seria la mejor y la más importante.

- ¿Puedo entrar? - Preguntó el moreno abriendo una ranura en la puerta, sin siquiera golpear antes.

El rubio no dijo una sola palabra, solo asintió débilmente.

- Te traje un poco de té. - Soltó con pena su compañero.

- ¿No lo encontraron? - Preguntó secamente el ojiazul sin apartar los ojos de su trabajo.

El moreno quedó sorprendido unos segundos y luego negó con la cabeza lentamente.

- No.., seguramente..

- Se ha ido de la ciudad. - Terminó la frase de aquel mirando la venda de su puño que había colocado con cariño la chica del grupo.

- Posiblemente. - Expresó el mayor dejando el té en el escritorio. Llego a notar como el rubio apretó los puños con exasperación, pero pronto se tranquilizo alejando sus manos de su trabajo.

Hizo girar su silla para mirar al otro a los ojos, aquel lo miro algo asombrado y luego hizo un intento por dedicarle una sonrisa.

- Lo sabia. - Mascullo entre dientes al ver aquella mueca y se volvió a su escritorio. - Tu también lo crees.. - El moreno le dedico una mirada preocupada. - También crees que es mi culpa.

El mayor miro a su amigo anonadado, no hubo palabra que se le viniera a la cabeza, abrió su boca, pero ¿Qué le diría? No tenia las palabras correctas.

Llego a notar como el cuerpo del rubio comenzó a temblar débilmente, dando pequeños sobresaltos y una pequeña lagrima se deslizaba dolorosa y silenciosamente por su tostada mejilla.

- Yo no.. - Balbuceo el rubio con un hilo de voz, quebrándose. - Yo.., no quería.. Esto.. - Termino de decir el rubio, sintiendo como aquellas ya incontenibles lagrimas corrían por su rostro, los brazos del mayor lo rodearon abrazándolo hacia su pecho, llego a sorprenderse un poco, pero pronto se encontraba desahogándose nuevamente sobre este, arrugándole su camiseta y mochándola con sus penosas lagrimas.

- Lo sé, Dei.. - Le comprendió el moreno apoyando su mentón sobre la cabeza de este. - Lo sé..

En la habitación solo se llegaban a escuchar los sollozos del menor, junto con el constante "tic tac" del reloj de pared color madera que le había diseñado y regalado el pelirrojo a este.

- Lo siento..

Ponía la mesa, debes en cuando cruzaba palabra con Kisame, pero nada interesante, parecía como si una barrera le evitara hablar con él como antes, como si algo los distanciara.

- ¿Cuánto falta? - Pregunto el albino ansioso tras entrar junto a Kakuzu a la cocina-comedor de su propio departamento.

- No mucho.., - Contesto el peliazul volviéndose a este. - Aún así hay que esperar a los de…

La frase no llego a ser finalizada ya que vio como Pain y Konan entraban a la habitación.

- Deidara-sempai ¿Quiere que Tobi lo ayude con eso? - Le preguntó gentilmente el moreno al ver como el rubio intentaba llegar a un vaso que se había quedado en la parte de atrás del estante donde buscaba.

- No te preocupes, yo puedo h'm. - Dijo el rubio ahora poniéndose en puntas de pie para alcanzar el vaso que le faltaba para llegar a nueve, aunque solo necesitaría ocho, pero él quería poner un lugar de más para que lo supiera, no lo había olvidado, no del todo.

- ¡Deidara, cuidado! - Llego a exclamar el Uchiha mayor al ir entrando al habitación, llegando a ver como la rodilla de este fallaba.

El sonido a vidrios rotos retumbó en sus oídos, sintió correr la sangre y el dolor, en su brazo y mejilla.

- ¡Deidara! - Exclamó la peliazul aterrada, haciendo que todos corrieran en su auxilio.

Quiso levantarse o al menos sentarse y así indicarles a sus amigos que estaba "bien", pero al intentar usar su brazo como apoyo para acomodarse sintió como aquellos vidrios se enterraron un mas en su carne provocándole un horrible dolor, poco a poco todo se había puesto borroso, los gritos de sus amigos hablándole se habían convertido en lejanas voces a las cuales no entendía, todo se quedo en negro.

El enorme estruendo del vidrio estrellándose y rompiéndose en mil pedazos contra la pared retumbo en la inmensidad de la casa, frunció el ceño, estaba harto. Estaba harto de todo ese dolor, la angustia y melancolía, simplemente ¿No podía olvidarlo? Tomo la botella de licor y se la empino, estaba vacía, simplemente la dejo a un lado mientras apoyaba en forma agobiante su cabeza en el brazo del sillón, su vista se paseo por la desordenada y vale decir enmugrecida habitación que llegaba al punto de dar lastima, y se dio lastima así mismo provocando que frunciera más el entrecejo, sus enormes orbes de tonalidad color caramelo se detuvieron en aquella maltratada mesa ratón en enfrente de si, observó su celular aún con el ceño fruncido, estaba apagado hace ya mucho y estaba seguro de que tenia miles y miles de llamadas perdidas, suspiro agobiado y con mera dificultad se sentó en el sillón tomando el celular, lo observó por unos segundos, vacilo, y finalmente lo prendió, el icono de Nokia apareció en la pantalla y pronto comenzó a sonar, tenia trece mensajes y no sé cuantas llamadas perdidas, las ignoro a todas abrió los mensajes uno por uno así para que ya no saltara el molesto icono de tienes un mensaje sin abrir y se quedo fijamente observando la pantalla, torturándose con aquella hermosa foto de él y su rubio.., o que siquiera alguna vez fue suyo.

¡Y SI, MALDICIÓN, TENIA QUE VENIRLE UN RECUERDO!

Se encontraban en aquella misma casa, guardaban cosas en cajas, el sonido de la rama de un árbol pegar contra el ventanal gracias al viento resonaba en la habitación donde ambos permanecían en silencio, cada uno en lo suyo, sumidos en sus pensamientos, algunos pequeños barullos gracias al echo de acomodar las cosas en las cajas llegaban a sus oídos, solo tomaban lo que les gustaba para decorar su nuevo departamento y así hacerlo mas artístico y detallado como a ellos les gustaba.

- Danna.. - Le llamo el rubio que ya se encontraba algo aburrido, claro solo al pelirrojo se le ocurriría llevarlo a conocer su casa de verano en pleno invierno, aunque algo le decía que no le gustaba mucho ese lugar, se sorprendió al él haber encontrado -mientras hurgaba en su viejo armario- toda una caja de fotografías con su familia de pequeño, parecía que no le gustase recordar su pasado "seguramente venia con ellos aquí en los veranos" pensó el rubio, aunque claro, eso era más que obvio ¿Por qué rayos la tendría si no?

- ¿Qué pasa? - Preguntó a voz ronca el mayor.

- ¿Qué harías si me pasara algo?

El pelirrojo no pudo evitar voltear para solo ver la espalda del menor que aún acomodaba sus cosas en una caja.

- ¿A qué te refieres?

- No lo sé, h'm.. ¿Qué harías si muriera o algo nos separara? ¿Podrías vivir sin mi? - El rubio se sonrojo al hacer tal pregunta, le pareció arrogante y necesitada, no quería escuchar un "si" pero tampoco un "no".

El otro rió discreta y despreocupadamente a semejante pregunta.

- Según. - El rubio abrió sus ojos como platos ¿Cómo que "según"? No estaba bromeando como para que le diera ese tipo de respuesta. - Sería muy diferente el echo de que murieras con separarnos.

- ¿A qué te refieres?

- Si murieras.., creo que de alguna forma saldría adelante.. - Hizo una pequeña pausa y sonrío con amargura dado a lo que estaba a punto de decir. - Pero si te separaran de mi, por equis motivo, no tengo idea que haría con migo mismo, no estaría en muy en paz con el echo de que te arrebataran de mis manos.

Hubo una pequeña pausa mientras el rubio meditaba lo que iba a preguntar.

- ¿Y si yo me separara de ti? - Preguntó este ahora volviéndose al mayor, rápidamente recibió una mirada de este que también giró sobre si para hallar su tranquilidad en sus ojos.

- No es como si fuera a darme por vencido tan fácil, mocoso.

- ¿A qué te refieres? ¿Seguirías molestándome?

- Supongo, pero si alguna vez piensas dejarme, te aviso que no te perseguiré para siempre, tengo mi orgullo. - Dijo sonriendo un poco a lo ultimo.

Estaba seguro que el rubio recordaba eso que le había dicho y ahora mismo lo contradecía, algo como que si el fuera Sasori no lo hubiera dejado así como así. Aquella foto comenzó a distorsionarse y llego a percatarse de que una de sus saladas lagrimas había caído en aquella pantalla aún iluminada.., de pronto una pregunta golpeo en su mente, olvidando todo lo anterior. ¿Hace cuanto que no veía la luz del día?

La luz comenzaba a molestarle, entreabrió y cerro sus ojos un par de veces, pronto se percato de unos discretos murmullos a su alrededor, presiono con fuerza sus parpados mientras intentaba dolorosamente sentarse en aquella incomoda cama, sus labios dejaron escapar un quedo gemido de dolor y entonces se volvió a su izquierda. Una silueta no del todo conocida con una cabellera rojiza que le dirigía una sonrisa, volvió a parpadear un par de veces y ahora miro atónito al Uchiha que lo miraba preocupado.

- ¿I.. Itachi? - Preguntó aún algo anonadado el rubio en un hilo de voz.

- El mismo.

- Genial, estoy loco, h'm. - Soltó pesadamente, pero al intento de levantar su mano izquierda para tomarse la sien, como si de un rayo se tratase aquella puntada lo recorrió desde su codo hasta la muñeca lo que provoco una mueca de dolor al mismo tiempo de que sus ojos se vieron clavados en aquellas vendas.

- Ey, ey, ey.., no hagas eso. - Le reprocho el moreno bajando el apenas levantado brazo del menor hasta las blancas sabanas de nuevo. - Tuvieron que hacerte varias puntadas como para que tu lo arruines.

- Oh mierda.. - Rezongó al recordar su divertida caída entre aquellos dolorosos vidrios. Paseo sus celestinos ojos por la habitación para asegurarse de lo que creía había pasado, efectivamente, estaba en el hospital, caras conocidas lo rodeaban y le dirigían una honesta sonrisa, siempre les ocasionaba problemas.

- ¿Cómo te sientes? - Preguntó la amable voz de la peliazul.

- ¿Eh? Bien supongo.., solo me duele un poco el brazo.. Aunque si lo dejo quieto no pasa nada.. - Sonrío débilmente.

- ¡Ey, rubia! ¿No te duele la cara? - Preguntó entre risas el de ojos color lila.

- ¿La cara? - Pregunto extrañado el rubio, entonces poso ahora con precaución, su mano derecha en el cachete izquierdo, donde siquiera sentía un pequeño tirón al hablar. - ¿Eh..? ¿Qué es esto? - Dijo volviéndose al moreno a un lado de si al sentir un parche que cubría una dolorosa -y que seguramente dejaría marca- herida.

El mayor le dirigió una sonrisa nerviosa.

- Uno de los vidrios atravesó tu quijada y tuvieron que hacerte una intervención quirúrgica.. - Explico el moreno casi temiendo a la reacción del otro.

- ¿QUÉ! ¿Dejara marca? ¿Cuántos puntos son? - Preguntó desesperado sintiendo de nuevo aquella molesta puntada la cual había ignorado hasta ahora.

- ¡Si, dejara marca! - Exclamo divertido el albino. - ¡Tu rostro se arruino de una buena vez, Jashin-sama te castigo por presumido!

- ¡Dile a ese "Jashin" que se meta su castigo por el culo! - Exclamo el rubio señalándole con su brazo bueno.

- Ya, ya, dejen de paliar que recién despiertas. - Los freno entre unas discretas risas el de pelos anaranjados.

- ¡Pero él..! - El albino no termino de protestar que se detuvo al ver la mirada que le lanzaba a un lado su pajera. - Mierda.

- Voy a llamar a Tsunade. - Dijo el moreno mientras se levantaba de su silla.

Algo preocupado el rubio vio salir a su amigo, no es que fuese vanidoso pero algo de aquello le dolía, le preocupaba el haberse marcado de ese modo, no pasó mucho cuando la voluptuosa doctora entro a la habitación sacando casi a patadas a los que sobraban, se quedó a solar con el rubio y lo examinó.

Deidara contestaba a las preguntas de la médica sintiendo su tacto sobre las heridas, puntadas, más puntadas, había perdido la cuenta de los accidentes que le habían provocado cicatrices de ese tipo, cerró los ojos volviendo un poco al pasado.

Recordó su infancia, cuando aún sus padres le acompañaban siempre preocupados de su estado de salud, lo habían tachado de loco desde muy pequeño y solo ellos le habían defendido a capa y espada, rememoró las caídas en bicicleta que le regalaron su primera sutura, había sido tan emocionante pedalear a toda velocidad por aquella empinada colina y salir volando del borde con el fin de aterrizar en aquel montón de hojas secas, error de cálculo, no vio el árbol.

Poco después había entrado a la primaria donde vio por primera vez a la mayoría de sus ahora inseparables amigos, segunda cicatriz una fallida construcción, aquellas tardes en la represa abandonada del pequeño pueblo donde vivían, un fuerte con palos y rocas, la corriente subió y un trozo de madera corrió toda pantorrilla abriéndola como cuchillo en mantequilla.

La cuenta siguió y sin notarlo una melancólica sonrisa cruzó sus relajadas facciones, la explosión en el laboratorio de química, suturas en la frente; huida de jauría de perros, puntadas en el pie; competencia de motocicletas, una semana en el hospital y un nuevo adorno hilado en la parte posterior del hombro derecho, una ligera risa se le escapó llamando la atención de la mujer pero Deidara parecía dormido.

Tsunade preocupó y espero cualquier reacción ante el aparente autismo de su paciente.

El rubio levantó sus parpados suavemente pero el azul de sus pupilas carecía de brillo, sus dedos delinearon las puntas en su brazo, la venda había desaparecido y rozaba con insistencia cada saliente hinchada ignorando el escozor que aquello le ocasionaba, la imagen frente a él bailaba como si de un vídeo desenfocado se tratase, levanto la vista y ahí estaba él.

Sasori lo miraba acuclillado con una clara mueca de disgusto, no tendría más de doce o trece años y podía ver el lodo en sus "converse" rojos, sus rodillas y manos también manchadas le dejaban ver lo que había ocurrido.

-Te dije que no te aventaras contra la reja, baka~!

Deidara rió infantilmente sintiendo sus mejillas enrojecer como solía ocurrir al ver aquella reacción sobre protectora en el pelirrojo, permanecía en el suelo y a unos metros una patineta partida por la mitad permanecía clavada contra aquella muralla metálica al borde del canal de la ciudad, su brazo sangraba copiosamente pero el dolor parecía no importarle.

-Wacala, eso se ve muy feo- señaló el mayor frunciendo el pequeño ceño- deberíamos ir con mi abuela ella sabrá que hacer

-No!, nada de eso Danna!, lo adultos siempre me regañan- renegó indignado el rubio inflando los cachetes.

-Bueno, entonces vamos con Itachi, él es casi tan listo como yo

-Nooo~ él es muy responsable y de seguro pide ayuda a sus papás

Sasori bufó dejando caer lo hombros y soplando hacia arriba para alejar un mechón rojizo que le cubría los ojos, se rascó la nuca bruscamente gruñendo y miró a los lados buscando algo que encontró rápidamente, se puso de pie de golpe y salió corriendo junto a su mochila recargada en el árbol tras ellos, volvió con una pequeña cantimplora en sus manos.

-Bien, he visto esto en la tele y tenemos que lavarte, no vayas a llorar quejica!

Deidara soltó una risotada extendiendo su brazo herido, no tenía miedo, el agua corrió por la abertura llevando los hilos de sangre con ella, la frialdad del líquido contrastó con la calidez de la mano que rodeaba su muñeca para mantener la extremidad extendida, suspiró relajado y sintió la humedad llegar a sus piernas dobladas sobre el piso, el agua cubrió sus pies y su cadera y subió acariciando su torso, ya nada lo sujetaba y un constante balanceo bajo él lo hizo levantar de nueva cuenta sus parpados.

Agua, estaba rodeado de agua, sonrió levantando su brazo viéndolo completamente liso y giró al escuchar que clamaban su nombre, aquel día, de nuevo estaba en medio del mar y las olas lo levantaban, Sasori lo llamaba y el sacudió sus manos saludándolo, sabía lo que seguía, el pelirrojo lo miraba con angustia pero él quería sentir el mar, ya no había costa, no veía agua y arena solo una intensa e infinita mancha azul que debía atravesar para llegar a un punto que sabía culminante en su vida, las olas lo tiraron y Sasori murió.

Jaló aire con fuerza como si lo hubiese estado reteniendo por un largo tiempo, alguien golpeaba su mejilla con insistencia y en un movimiento brusco detuvo ese contactó, sus ojos estaban abiertos y miró desorientado su entorno, lo había visto, Sasori, "su" Sasori frente a él, no era el chico pelirrojo que conoció semanas atrás en la misma situación, el en una cama de hospital, tampoco el Sasori con el que vivió su infancia y extrañó poco atrás, solo Sasori, era solo "su" Sasori.

Parpadeó al ver al joven difuminarse mientras le sonreía pero cada que abría los ojos la imagen se perdía, en el último movimiento se vio solo.

-Hey! Deidara!, ¿me escuchas?

El rubio giró bruscamente encontrándose con su doctora a un palmo de distancia, esta suspiró aliviada el ver su mirada azul enfocada, le había dado un buen susto al desconectare minutos atrás, su respiración disminuyó y su pulsó bajó, por un momento pensó que las heridas le habían causado algún shock pero parecía ser algo más.

La mujer tironeó suavemente su brazo y solo entonces Deidara notó que era el quien la sostenía, soltó el agarre casi mecánicamente y como si nada hubiese pasado volvió a vaguear su vista por la habitación.

-¿Sucede algo?-preguntó la doctora revisando las pupilas de su paciente-¿buscas algo?

Deidara negó sonriente y paso sus dedos por el parche que cubría parte de su rostro.

-Las cicatrices son muestra de nuestros errores, y es de humanos errar…el hombre por sí mismo es perfecto Deidara y tú eres tan perfecto con o sin esas cicatrices que en cualquier momento te convertiría en una obra de arte…

La melodiosa risa del marionetista hizo eco en sus recuerdos acompañada de la suave caricia de su mano sobre su mejilla, era lo último, el ultimo recuerdo que tendría pero estaba claro, Sasori se había ido y debía continuar, seguir y ser una obra de arte.


Ahí tienen el capitulo seis owo

Dios~ Me siento realizada con tantas actualizaciones xDD!

Bueno espero les vaya gustando este fic que llevamos Karu-suna y Yo x3

Nos leemos el próximo lunes!

=w=)/