¡Hola! Otra vez yo por aquí, como prometí. Les traigo hoy el primer capítulo de Titanic, espero que les guste y la verdad me siento muy agradecida con las personas que ya se han leído el prefacio. Agradezco esta vez a: REMULA BLACK por agregar ésta historia a sus favoritas; MyobiXHitachiin por dejar review; Lay. Kirkland por agregarla a sus favoritas y dejar review; y NatyEscribe por agregarla a sus favoritas. Espero que disfruten del siguiente capítulo, se los dedico.

Titanic: A Little Love Story

Capitulo uno: Embarcando rumbo al destino final

Era la mañana del 10 de Abril de 1912 y el buque había llegado hacia pocas horas al puerto de Southampton, Inglaterra.

Aquel día había amanecido con buen tiempo, lo cual le presagiaba al Capitán Edward John Smith que este sería un viaje magnifico. Puede que se encontrase un poco melancólico ya que después de aquel viaje iba a jubilarse, puede que llegase a extrañar los vastos océanos, pero nada deseaba más que pasar tiempo con su familia ya que su oficio muchas veces no le permitía estar presente.

Los primeros pasajeros empezaron a embarcar alrededor de las nueve de la mañana y fueron recibidos por el Capitán Smith al abordar.

La familia Kirkland abordó cerca de las diez y media encabezada por los cabezas de familia, luego Scott, un pelirrojo con un genio de los mil demonios; Liam y Cian, unos gemelos de cabellos marrones rojizos que les gustaba gastar bromas pero que cuando les daba gana podían ser medianamente serios; Nate, de hebras rubias-castañas que, por lo visto, tenía un problema de bipolaridad; y al final iba Arthur con la pequeña Alice en brazos.

Una gran muchedumbre se apiñaba en el puerto y entre todo aquel barullo se encontraban los abuelos de Arthur y su hermanos viendo como sus adorados nietos se embarcaban en un viaje que los dejaría a miles de millas de allí.

Los ojos verdes de Arthur (lo único que indicaba en sí que los Kirkland eran una familia) buscaron entre la multitud hasta hallar los rostros apergaminados de su ascendientes surcador de lágrimas al pensar en que tal vez nunca volverían a verlos. Acomodó a la niña de siete años en un brazo mientras despedía de ellos con la otra y su hermanita lo imitaba. Se dio la vuelta y siguió a sus hermanos.

Sus padres habían tomado las dos Parlor Suites del barco, los más lujosos camarotes del navío. Cada uno contaba con dos dormitorios y vestidores, un baño y una cubierta de paseo privada. En uno de los camarotes se quedarían los señores Kirkland con Alice y en el otro quedarían los chicos (si, su vida estaba encaprichada en ponerse cada vez más insoportable, pensaba Arthur).

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Alfred se había despertado tarde aquella mañana para lo que era su costumbre. Miró el reloj que tenia sobre la mesita de noche, eran casi las once.

Se levantó, se dio una ducha, se vistió con la ropa que había dejado la noche anterior en la silla de la esquina, tomo su maleta y salió del apartamento dando un portazo.

Bajó las escaleras apresuradamente hasta que llegó al primer piso. Se dirigió hacia una puerta que tenía un uno de latón en la chapa de la puerta. Tocó y le abrió una mujer de cabello entrecano, robusta, con las mejillas redondas y sonrosadas y rasgos dulces. Llevaba un delantal blanco sobre un sencillo vestido amarillo suave. Alfred se acercó a la mujer y le dio un abrazo que luego ella correspondió.

-Vengo a despedirme señora Andrews -pronunció mientras se separaban. Ella le dio unos suaves golpecitos en la mejilla mientras le sonreía.

-Espero que llegues con bien -los ojos del norteamericano empezaron a empañarse, ya recordaba por qué no le gustaban las despedidas.

-La voy a extrañar mucho señora Andrews -se le iban a escapar las lágrimas en cualquier momento-, me hizo sentir como parte de la familia desde que llegué aquí. Ah sí, antes de que se me olvide -rebusco en el bolsillo de su pantalón y sacó una lleve que le entregó a la mujer-, espero que le vaya bien.

-Recuerda que siempre serás como un hijo para mí -lo abrazó otra vez-. Mándale mis saludos a tu hermano.

-Lo haré.

-Ahora vamos, vete. Si sigues aquí perderás el barco.

Alfred le dio un beso en la mejilla a la señora Andrews y se alejó corriendo hacia el puerto de Southampton.

Estaban a punto de recoger el andamio cuando un joven rubio de ojos azules salió de entre la multitud que se apiñaba en el puerto y le mostraba su boleto al oficial, lo dejaron subir y fue recibido por el Capitán Smith al que devolvió el saludo.

Recogieron el andamio y soltaron las amarras. El joven de ojos azules se apoyó en la barandilla para ver por última vez el puerto. Los pasajeros del RMS Titanic se asomaron a la cubierta para despedirse de sus seres queridos que en el puerto agitaban sus pañuelos en señal de adiós a aquellos que se dirigían al otro lado del mar.

La nave empezó a moverse guiada por un remolcador. Las olas que provocaba la estela dejada por el Titanic mecía el agua. Un barco que se hallaba atracado en las proximidades, en cuya popa rezaban unas letras New York, se agitó y acercó peligrosamente al RMS Titanic, casi colisionando con éste cuando sus amarras se rompieron.

Se tenía planeado que la nave zarpase a las doce y cuarto del medio día, pero con el contratiempo que se produjo con el New York y el tiempo que tardaron varios remolcadores en quitarlo del camino del insumergible éste se retrasó una hora.

El RMS Titanic emprendió su viaje hacia Francia, a través del Canal de la Mancha, para atracar en el puerto de Cherburgo y que embarcasen más pasajeros.

Cuando echaron amarras en el puerto francés el estadounidense se dirigió hasta la cubierta b, donde se encontraba su camarote, por suerte le había tocado estar solo durante el viaje.

Salió de la habitación y se dirigió a la cubierta a donde estaba la sala de lectura. Estaba caminando por el pasillo que llegaba a la sala cuando su mirada zafírea se topó con unos irises verdes esmeraldas. El de ojos verdes no se fijó en su mirada, pero cuando pasó por su lado el norteamericano se giró sobre sí y vio como el británico se alejaba hasta llegar a la baranda de la cubierta del barco en donde se apoyó mientras el viento mecía sus cabellos dorados.

El de ojos azules siguió su camino, pero no pudo sacarse aquellos ojos esmeraldas de la cabeza en toda la tarde.

Estaba anocheciendo cuando el navío zarpó del puerto de Cherburgo. El RMS Titanic haría su próxima escala en el puerto de Queenstown, en Irlanda, a donde llegarían a la mañana siguiente.

To Be Continue…

Gracias por dedicarle cinco minutos a éste intento mío por escribir y hacerlo bien, las quiero muchísimos mis lectoras y espero poder encontrarlas en muchos otros de mis fics. Que la vida les sonría a todas.

Hibari-Yuuki01.