"Odio2 mi c2o2m2put2ad2ora.

Más o menos así se ven las cosas que escribo cuando no borro los dos extraños que aparecen cuando escribo, aunque a veces es peor, y hasta ahora no he podido encontrar forma alguna para evitarlo. MyobiXHitachiin gracias por dejar review. Nozomi Okido te agradezco me agregaras a tus autores favoritos. Y también gracias a ti 3str3ll4. Supongo que te leíste el capitulo anterior REMULA BLACK así que también te doy las gracias. Ahora las dejo con el segundo capítulo. ¡Disfruten!

Titanic: A Little Love Story

Capitulo dos: Buscándote y Conociéndote

El amanecer comenzaba a despuntar y desde el puente de mando se podía ver a la distancia el puerto de Queenstown en donde embarcarían a los últimos pasajeros y subirían a bordo el correo que debía ser llevado hasta Nueva York. El Capitán Smith mandó a atracar y extendieron el andamio para que subieran a bordo lo pasajeros. Trajeron el correo y lo llevaron a la sala donde se encargaban de organizarlo. En la sala de telégrafos comenzaron a enviarse los mensajes que los pasajeros que tenían familiares en América deseaban enviar a aquellos.

Zarparon de Queenstown y emprendieron por fin el camino hacia Nueva York bajo el cielo teñido de azul celeste.

La cubierta a estaba inundada de los olores del desayuno que llegaba del Café Verandah. Dentro de poco los pasajeros de la primera clase se dirigirían allá.

Alfred no tenía ni la más remota idea de como había terminado en la cubierta a ni como termino desayunando en el Café Verandah pero ya que estaba ahí disfrutaba de la vista: el mar calmo de un azul intenso, el sol en mitad del cielo arrancando destellos a las aguas, el sonido de las olas que generaba el Titanic a su paso. Cogió la taza que tenía en frente y tomó y largo trago de café, nada le parecía mejor que su café de la mañana (si no lo tomaba o estaría de mal humor todo el día o no iba a salir del camarote, y esa no era la idea). Sobre la mesa descansaba Sentido y Sensibilidad, después iría a la sala de lectura y esperaba que no estuvieran otra vez aquellas viejas gordinflonas que dejaban poco a la imaginación con sus escotados vestidos y que no hacían más que contar historia tras historia de alguna pobre joven que no se encontraba presente en aquellos momentos (y luego dicen que no te apuñalan por la espalda, pensó).

Iba a dar otro trago a su café cuando un alboroto al otro lado del café llamó su atención. Giró la cabeza y vio la larga mesa al otro lado de la estancia: dos jóvenes entre castaños y pelirrojos se reían estrepitosamente de alguna travesura realizada mientras un pelirrojo los veía con gesto desaprobatorio y el rubio de la mesa gritaba improperios a los gemelos. Otro chico de cabellos castaños-rubios se acercaba a la mesa con un vaso de jugo anaranjado entre las manos, su cara era tan inexpresiva que Alfred, como buen psicólogo que era, pensó que tal vez tendría algún problema familiar.

Fue después que se dio cuenta de que el rubio que necesitaba lavarse la boca con jabón era el joven con el que se había cruzado el día anterior. Aun no podía olvidar aquellos ojos tan parecidos a las esmeraldas.

El chico de ojos verdes se había cruzado de brazos y negaba con la cabeza con los ojos cerrados. Cuando abrió los parpados se fijó en la distancia en unos ojos azules, tan profundos como el mismo océano que navegaban en aquellos momentos, y no pudo apartar la mirada.

Liam se le tiró encima e hizo que apartara la vista de aquel destello cristalino.

-Eres un amargado -le espetó su hermano que estaba con su rostro peligrosamente cerca del suyo. Cian se echó encima de su gemelo y lo aplastó aun más contra su asiento.

-Y eso que apenas tiene dieciocho, no quiero saber cómo será cuando tenga veintiuno -se burló Cian con su sonrisa sardónica.

-Será insoportable -comentó Liam viendo como el rostro de su hermano se iba tornando rojo de cólera.

Inconscientemente el inglés dirigió sus irises verdes hacia la mesa en la que se encontraba el joven de ojos azules. Sus hermanos, que no parecían querer quitársele de encima, siguieron su mirada y se percataron de la presencia del rubio americano.

-Parece que alguien sigue los pasos de Scott -bromeó Cian mirando al pelirrojo que escupía el té que hasta hace poco estaba tomando. Francamente Scott tenía ganas de ahorcarlo con su propia corbata.

-Motherfucker -siseó entre dientes.

-You too, tenemos la misma madre, idiot -susurró lo último para que sólo su gemelo lo oyera, cosa que hizo que Liam se riera.

Cian y Liam se levantaron, dejando por fin libre a Arthur que volvía a respirar con normalidad.

-A parte, seguir los pasos de Scott no es tan malo -comentó Cian al tiempo que tomaba el rostro de Arthur entre sus manos y lo besaba efusivamente en los labios. Arthur se sonrojó soberanamente.

-¡Cian! -gritaron Nate y Liam a la vez.

-¿Cómo te atreves a hacer eso con tu hermano? -le recriminó Nate furibundo. Liam había separado a su hermano mayor de los labios del rubio.

-No te hagas el santo Nate -Cian esbozó una sonrisa en sus labios antes de apoyarse en la mesa para quedar más cerca del menor de los hermanos que retrocedió en acto reflejo-, bien te hubiese gustado estar en el lugar de Arthur -el rubio seguía en estado de shock. Las mejillas de Nate se tiñeron de carmín.

-No tienen gracia tus palabras -pronunció con la voz quebrada y notablemente avergonzado... Y de repente pasó a un estado de cinismo increíble-. A parte, ya quisieras tú que te besara.

-Probemos a ver -lo retó Cian cuando Liam lo agarró del brazo y se lo llevó de la mesa.

-¡Es un completo idiota! -gritó Nate histéricamente para luego empezar a llorar ocultando su rostro entre los brazos cruzados sobre la mesa- ¿Cómo se le ocurre decirme algo así? -era lo único que se entendía de su amortiguada voz.

Arthur seguía fuera de sí y cuando logró recomponerse se dio cuenta de que se encontraba solo en la mesa. Buscó la cabellera rubia del dueño de los ojos zafíreos, él ya no estaba en la mesa. Lo buscó frenéticamente con la mirada por todo el café hasta que lo vio saliendo por la puerta. Se levantó y comenzó a seguirlo desde lejos.

Llegó hasta la sala de lectura, abrió la puerta y lo primero que oyó fue el chismorreo de las viejas que no le dejaron adelantar en su lectura el día anterior. Cerró la puerta y volvió a la cubierta, donde las sillas de piscina se encontraban vacías y no pasaba nadie en aquellos momentos. Se sentó en una de las sillas y abrió su libro en la página marcada, pero de nada le sirvió ya que no dejaba de pensar en el joven de ojos verdes. Y pensar que hasta el día anterior creía que era heterosexual, tal vez eso explicaba que no quisiera una novia y que no le interesaran tanto como debían las mujeres.

Cerró el libro al entender que no podría concentrarse en su lectura. La cubierta estaba vacía y la brisa marina le resultaba agradable. Respiro profundamente y luego exhaló un suspiro con los párpados cerrados.

-La vista es hermosa, ¿no es así? -Alfred abrió los ojos y se encontró con el rubio de ojos verdes en el que no podía dejar de pensar. Miraba hacia el horizonte, sin prestarle mucha atención.

-Sí, supongo que sí -se levantó de la silla y se acercó a la baranda del barco-. Y más aun cuando anochece -el rubio hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.

Arthur estaba nervioso, sentía que el corazón le latía de manera errática... Y aparte seguía un poco traumatizado por el beso que le había dado Cian. Pero sabía que lo que sentía por aquel rubio de ojos azules era diferente a lo que sentía con otras personas, el estaba claro en su sexualidad, sabía muy bien que le gustaban los hombres (aunque no pudiera admitirlo frente a sus padres) y que aquel cosquilleo en el estómago y el ardor que sentía aumentar en sus mejillas era algo totalmente nuevo para él. Sus ojos se posaron sobre la portada del libro que estaba en la silla.

-Sentido y Sensibilidad -murmuró, llamando la atención del norteamericano-. ¿Ya lo leyó?

-Aun no, lo empecé hace tiempo pero no he podido continuarlo por el trabajo y los preparativos del viaje -le dedicó una sonrisa radiante al británico que termino con las mejillas encendidas.

Comenzaron a hablar de literatura y continuaron toda la tarde (saltándose el almuerzo, cosa rara en Alfred) hasta que se dieron cuenta del avanzado ocaso.

Regresaron al Café Verandah y cenaron pescado mientras continuaban charlando. Cuando salieron era ya más de las ocho.

-Nos veremos mañana supongo -el estadounidense.

-Por supuesto -aceptó él. Alfred se dio la vuelta y empezó a alejarse-. ¡Espera! -el americano se volteó-, se me olvidó preguntar por tu nombre.

El de ojos azules sonrió antes de contestarle.

-Alfred Jones.

-Arthur Kirkland -dijo a su vez estrechándole la mano.

Alfred se alejó y llegó a su camarote, trato de dormir por un buen rato pero no pudo así que empezó a pensar en Arthur. Luego de largo rato el cansancio vino a por él.

Arthur entró al camarote que compartía con sus hermanos y encontró sólo a Scott en la sala de estar.

-Hasta que por fin llegas idiota -le espetó el pelirrojo.

-Déjame en paz Scott. ¿Donde están los otros?

-Nate decidió irse al camarote de nuestros padres porque no quiere estar en la misma habitación que Cian. Y... Bueno... Liam y Cian... -señaló la puerta cerrada que tenia a sus espaldas. Ya habían confirmado que uno de ellos era raro, pero no querían ni imaginarse que estarían haciendo esos dos encerrados en la misma habitación.

Arthur se despidió de su hermano y fue a acostarse. Se durmió pensando en los hermosos ojos azules del joven que ocupaba sus sentimientos.

La noche estaba tranquila y el océano en calma. El cielo estaba despejado y las estrellas se veían hermosas. Era la segunda noche sin contratiempos y la tripulación caminaba por los pasillos cerciorándose de que los pasajeros se encontrasen bien. La luna llena era un deleite aquella noche, mientras iluminaba la senda del buque navegante.

To Be Continue…

Espero que les haya gustado éste segundo capítulo, la semana que viene les traeré el siguiente. Los quiero mucho y recuerden dejar review para poder mejorar mi forma de escribir. ¡Nos leemos pronto!

Hibari-Yuuki01.