La tía Mafalda conoce a Ronnie

A uno le siguen do. A dos, tres. Después de tres llegó el cuatro y cinco, juntos.

La familia Weasley había crecido cada año más. Bastaba que decir que, en las visitas de latía Mafalda durante el verano, Molly siempre se encontraba embarazada o con un nuevo bebé.

Ese año no fue la excepción.

-¡Querida Molly!- exclamó la tía Mafalda mientras entraba con aire suntuoso a la Madriguera- ¿Cómo está Arthur? Abre paso, querida, ¡no puedo entrar!

Mafalda Prewett era una anciana de maneras bruscas y poco elegantes. Chismosa como casi toda la sociedad londinense, y además capaz de presumir y conversar de una manera, que siempre acababas sintiéndote ofendido.

No obstante, Molly siempre fue su sobrina favorita, tal vez porque le encantaban todos esos hijitos pelirrojos que podía consentir. Tal vez porque siempre sintió que su sobrina había quedado sola después de que sus hermanos murieran en la guerra, junto con el único hijo de Mafalda.

-¡Tía Mafalda!- exclamó Molly poniéndose de pie e intentando abrirse paso entre sus hijos, que se amontonaban alrededor de Mafalda estirando los brazos para alcanzar su ostentoso sombrero- ¿Cómo pudiste venir? ¡No me malinterpretes!- aclaró ante la mirada de infinita indignación de su tía- Todo es tan peligroso en estos momentos, ¡no puedes llegar por Red Flu así como si nada!

La tía Mafalda se sentó sin esperar una invitación y empezó a limpiar su viejo y roído bolso de piel. Murmuraba impacientemente sobre las estúpidas medidas de seguridad que tuvo que pasar cuando solicito una chimenea.

-¡Esos mortífagos! - dijo mientras unas grageas añejas se pegaban a sus dedos con muy poca gracia- la pobre de Maggie huyó a Noruega con su sobrino (es un inútil y su esposa una vaga, por cierto), ¡pero yo no pienso irme a ninguna parte!

-Tía Mafalda- exclamó Molly con dulzura mientras recogía algunos de los tantos cachivaches que la mujer sacaba volando de su bolso- ¡Todo es muy distinto ahora! Debes cuidar lo que dices y no caer en provoca…

-¡Distinto! ¡No es nada distinto! Y yo hablaré lo que quiera…- dijo con una mueca que acentuaba la poca elegancia de su mirada y el murmullo desenfadado.

Ante la respuesta de su tía, Molly no hizo más que dirigirse a la cocina y poner los ojos en blanco cuando estuvo segura de que ella no la estaba viendo. Molly también estimaba muchísimo a su tía, pero nunca le gustó su poco tacto ni la forma en que la trataba a ella ni a su esposo.

-¡Molly!- gritó desde la estancia- Creo que uno de sus críos no está del todo bien.

Al regresar con una bandeja de té y galletas, Molly se llevó una grata sorpresa. Fred, de poco más de un año, corría de un lado a otro intentando atrapar a su hermano, Charlie, mientras George, se colgaba del cuello del último, reteniéndolo inocentemente, y esperando a que los refuerzos llegaran.

-¡Georgie! –Exclamó mientras tomaba al bebé entre sus brazos.

-¡No sé cómo lo soportas! - dijo la tía Mafalda directamente, sin rodeos, y con su inconfundible tono de chisme- Y me parece maravilloso que no estés embarazada otra vez, ¡Cinco hijos ya son un batallón!

-Tía Mafalda- pronunció cada palabra con un cierto deje de temor, y tomando un sorbo de té antes para pospones un poco el hecho de que tenía que darle la noticia, esa misma tarde - ¡Si estoy embarazada!

-¡Ah! - respondió la tía exasperada antes de que su sobrina le pudiera dar cualquier explicación- Molly, buscar tener una niña es muy noble ¡Pero después de cinco varones…Es imposible!

-Pero es un presentimiento- objetó Molly- Además, niño o niña, los gemelos necesitan un hermanito- continuó mientras la tía Mafalda se dedicaba a escupir en una esquina con muy poca finura, y sin una pizca de delicadeza.

Después de eso, se despidió con tosquedad, y desapareció con un chasquido.

Después de todo, así era la tía Mafalda. Llegaba, criticaba, insultaba. Si sentía que era apreciada y bien atendida, se quedaba a la cena. Si no, se iba con la misma brusquedad con la llegó.

Después de eso, no se le vio más. Había rumores de que su único hijo, Ronald, había muerto a manos de mortífagos, y que ella era buscada por insultar a uno de los allegados del Señor Tenebroso. Pero nadie sabía con exactitud qué le había pasado a la tía Mafalda.

Pasó un año, y la situación fue cada vez peor. Los hogares eran destruidos y los magos asesinados sin piedad. La tía Mafalda continuaba desaparecida, y todo indicaba que el Ministerio, y la sociedad, sucumbirían ante las fuerzas e Lord Voldemort.

Ese año, más que nunca, Molly anheló la visita de su tía durante el verano. Pasó Junio y no había rastro de ella, Luego, en Julio, había rumores de que se refugiaba en América.

No fue hasta un 31 de Agosto, que la Madriguera se alborotó por completo por una lechuza que, desesperadamente, intentaba entrar a la recámara principal.

Esa noche los Weasley recibieron la noticia de que la Guerra había terminado.

Todos los pelirrojos festejaron sin que importara un comino que los muggles los observaran con recelo.

-¡Molly!- una voz gritó desde algún lugar de las faldas de la colina. Esa voz cansada y testaruda no era de otra persona que tía Mafalda.

-¡Tía!- dijo la pelirroja mientras la abrazaba y verificaba que estuviera tan sana y fuerte como la última vez que la vio - ¿Dónde estuviste? – preguntó

-¡No podía estar en público después de lo ocurrido con Ronald!- dijo frunciendo el ceño, más profundo que nunca. La complexión regordeta y tosca que algún día tuvo, ahora solo se reflejaba en su mirada, tan insoportable como siempre. Se encontraba delgada y flácida, parecía que se fuera a desmayar de un momento a otro, además su pelirroja cabellera se poblaba con fervor de canas platinadas.

-¡Ven a dentro!- le dijo con dulzura mientras la conducía dentro de la madriguera- Debo presentarte a alguien - continuó abriendo la puerta y haciendo un gesto a todos para que se mantuvieran callados y al margen de la situación.

Lentamente caminaron hacía la habitación principal. Aunque era pequeña, en el fondo había una cuna azul y con adornos mágicos en la parte superior. Se encontraba desgastada y roída, lo que atrajo la atención de la tía Mafalda a primera vista, pero después, cayó en cuenta de que un bulto de sábanas se movía en el interior.

-Es el Ronald- dijo Molly mientras despejaba unas pocas cobijas del rostro del bebé, regordete y pecoso.

Los ojos de la tía Mafalda se llenaron de lágrimas al observar la criaturita que llevaba el nombre de su difunto hijo. Era pequeño y de cuerpo largo. Pero lo que la hizo conmoverse fueron los ojos azules enmarcados por pelirrojas pestañas, iguales a los de su hijo.

-¿Puedo tomarlo?- preguntó, y se precipitó a tomarlo entre sus manos sin esperar una respuesta – Este chico será un héroe- continuó mientras dejaba que el bebé jugara con un prendedor de su túnica – Será tan grande que los libros de historia estarán llenos de sus hazañas.

-¡Tía Mafalda!- exclamó Molly mientras reía ante la conmovedora escena - ¡Que cosas dices! ¡Es solo un bebé! Y sabes que no creo en la adivinación…

Aún con la respuesta de su sobrina, tía Mafalda continuó alabando al bebé durante toda la noche, y luego cuando se propuso quedarse en la Madriguera hasta que se encontrara en condiciones de aparecerse, había un dejo de emoción ante la oportunidad de poder pasar todo el tiempo posible con el pequeño Ronnie.

Cada día, tomaba al bebé y lo cargaba hasta que sus brazos ancianos no podían más. Durante tres días, se volvió rutina en hecho de que la tía Mafalda fuera quien se encargaba de cuidar al bebé. Pero al cuarto, una enfermedad azotó a la anciana mujer, dejándola en cama, y venciéndola por completo en el quinto día.

No obstante, no falleció sin hacer prometer a Molly que, cuando Ronald Billius Weasley, lograra confirmar las grandes expectativas que tenía para su futuro, cuando se convirtiera en un héroe, toda la fortuna y viejas pertenencias de la familia, le serían dadas; todo, como un comprobante de que la vieja Mafalda Prewett, sabía reconocer a un héroe, cuando este todavía fuer un pelirrojo bebé en pañales.

Primero que nada… Perdón.

No pude actualizar la semana pasada por algo que se llama Vacaciones sin internet

Una semana Horrible! u.u