-¿Una niña?- dijeron Fred y George a coro con idénticas caras de escepticismo. Aunque los pequeños apenas tenían 3 años, ya habían desarrollado esa insoportable habilidad de coordinarse para hablar al mismo tiempo. Al principio fue tierno, pero la ternura no duró más de una semana. No era tan divertido cuando los gemelos usaban sus chillonas voces a coro para molestar a todos en la Madriguera. Sin embargo, ahora no coreaban bromas, ni versos bizarros que cabrearían a su hermano Percy. En ese momento, cuando su padre sonreía de oreja a oreja y besaba a sus hijos con esmero, todo lo que podían pensar era ¿Qué es una niña?

-¿Podemos verla?- preguntó Charlie con la misma sonrisa esperanzada y boba que sostenía su padre.

-Ahora no- contestó Arthur con una delicada y suave voz, como si no quisiera perturbar la existencia de su hija- Mamá y su hermanita están dormidas, mañana temprano la conocerán.- Charlie hizo ademán de protestar, pero se contuvo al ver la mirada de advertencia de su hermano mayor, William. Así, tomó al bebé Ronnie en brazos y subió las escaleras con los labios apretados.

En todo ese tiempo, Fred y George se habían mantenido estáticos, sin moverse un centímetro, ni cambiar sus confusas miradas. Sólo cuando su padre los tomó de las manos para llevar los a su habitación, reaccionaron.

-Papá ¿qué es una niña?- preguntó George soltándose de la mano de su padre, para cruzarse de brazos, y volver a su mirada interrogatoria.

Arthur casi sonríe ante la escena. En otras circunstancias hubiera mandado a los gemelos directamente a la cama, y argumentado que ya era muy tarde para esas conversaciones. Luego le hubiera dado toda la bronca a Molly, su esposa y, finalmente, hubiera esperado que ella les explicase que no todos en el mundo eran chicos y el bla bla bla que le sigue. Sin embargo, en ese momento se encontraba tan feliz y lleno de dicha, que poco le importó su escaso tacto para esos temas.

Sonrió de lado para sí mismo y se dirigió al sofá grande de la sala, haciendo señas a sus hijos para que lo siguiesen. Ambos no quitaron le quitaron los ojos de encima a su padre mientras tomaban asiento en el pequeño sillón frente a él. Los gemelos, una vez sentados y cruzados de brazos, lo volvieron a ver incitándole a hablar, alzando tanto sus cejas, que se confundieron entre los mechones pelirrojos que cursaban sus frentes.

-Su hermanita, es una niña- comenzó Arthur mientras internamente ordenaba sus ideas- Una niña, de esas que usan bonitos vestidos y juegan con muñecas.

-¿Por qué nunca hemos visto una niña?- preguntó Fred frunciendo el ceño.

-¡Claro que han visto a muchas niñas!- Contestó Arthur riendo – Mamá es una niña, o al menos lo fue; también han visto a… ¡Lucy! ¿La recuerdan? La hija de Edgecome, el hombre que vino a cenas hace unos días.

-¿Lucy? - Preguntó George recordando a esa rubia de la edad de Charlie que no paraba de molestarlos, e intentar que dijeran cosas estúpidas como cada vez que preguntaba ¿Quién es el bebé más lindo?, además no paraba de sacudir sus trenzas y dar vueltas con su insoportablemente esponjoso vestido.

-No quiero que mi hermana sea una niña como Lucy- continuó Fred leyendo los pensamientos de su hermano.

-Bueno, de cierta manera no será como Lucy, pero sí será una niña- intervino Arthur antes de que sus hijos se hicieran una mala idea de que todas las niñas eran tan insoportables como la pequeña Lucy.

-¿Y jugará con nosotros?- preguntaron a coro, aliviados de saber que su hermana no sería un esponjoso panquecito de dulzura.

-Lo hará- contestó asintiendo- Pero aún no, su hermanita ahora es muy, muy pequeñita, y no puede caminar ni jugar con ustedes.

-Entonces ¿es una bebé como Ron?- preguntó Georgie arrugando la nariz.

-Sí, pero es aún más pequeña que Ron – dijo con un suspiro, al recordar la primera visión que tuvo de su hija. De por sí un nuevo miembro para la familia era un motivo de fiesta, el saber que era la primera Weasley en generaciones, lo puso a brincar y carcajearse de felicidad.

-Entonces- comenzó Fred uniendo los puntos- no podrá caminar por mucho tiempo.

-¡Ni tampoco podrá hablar!- continuó George en un grito quedo de angustia.

-Ni siquiera podrá comer por su sola- remató Fred con tono acusador.

-Si no hará nada ¡Porque tenemos que conservarla!- dijo George entre confuso y recriminatorio. Por un momento Arthur volvió a considerar la posibilidad de posponer esa conversación hasta que Molly, presente y recuperada, tuviera la paciencia de explicarles a los gemelos, porque desechar a la bebé, no era una opción.

-¡Calma!- exclamó para bajar un poco el tono- Su nueva hermanita ahora no podrá hacer muchas cosas, pero cuando crezca, tendrán mucho tiempo para jugar con ella. Además, tienen que tratarla igual que a sus hermanos. Y como es muy, muy pequeña, será deber de todos ustedes cuidarla y defenderla de todos los demás.

Los gemelos parecían más tranquilos con la explicación de su padre. Cuidarla, porque era muy, muy pequeña, parecía razonable, y si eso hacía que creciera y jugara con ellos, no habría más que pedir por mucho tiempo. Poco a poco, por miradas y gestos, Fred y George llegaron al acuerdo que, hasta que su hermanita fuera capaz de hacer todo por ella misma, ellos la protegerían; además, le explicarían al bebé Ronnie, que también era su debes cuidar a la nueva bebé de la familia.

De repente, una idea fugaz pasó por la mente de los gemelos ¿Por qué no habían visto a la bebé? Un llanto más parecido a un gemido que a los estruendosos gritos que soltaba Ron, interrumpió la charla mental. Las tres pelirrojas cabezas voltearon como reflejo a la habitación matrimonial, donde Molly y su hermanita descansaban, o al menos eso hacían hace dos segundos.

Arthur se puso de pie y caminó con pasos largos y rápidos hacia la puerta, seguido por los dos pequeños gemelos, que lo seguían con trote torpe pero constante, ya casi pisándole los talones. Se detuvieron abruptamente cuando vieron que su padre abría la puerta con lentitud y delicadeza.

Al entrar, lo primero que observaron fue a su madre en la cama, con las mejillas sonrosadas y en parte cansada, pero tan sana y fuerte como siempre lo había sido. De repente, el bultito de mantas entre sus brazos, se sacudió, y una manita, tan pequeña como un galeón, salió entre sus pliegues. Su padre se acercó y se inclinó para ver mejor a aquel pequeño ser que ahora soltaba gemidos espasmódicos.

Nadie parecía haberse percatado de que los gemelos se habían quedado parados en el marco de la puerta, como si esperaran una invitación para entrar a la recámara de sus propios padres. Molly levantó la vista y les indicó con una sonrisa que podían acercarse. Ambos caminaron con un paso muy cuidadoso, sin levantar los pies de la alfombra para, finalmente, olvidar todos los modales y subir de un salto al borde de la cama.

-¡Cuidado, chicos!- exclamó Arthur en un intento de reprenderlos, pero sin una gota de aprensión en su voz. Ambos gemelos ya se habían inclinado sobre su madre para ver mejor a su nueva hermanita que, tal y como había dicho su padre, era muy, muy pequeña.

-Hola, pequeña- dijeron a coro en un susurro, acercándose tanto, que sus cabezas se tocaban por encima de la bebé.

-Nosotros somos tus hermanos- dijo George dirigiéndose al bultito, sin encontrar aun la carita de su hermana.

-Y se cuidaremos mucho- siguió Fred intentando captar la mirada de la bebe.

Molly sonrió tiernamente y se incorporó para que los niños finalmente vieran el rostro de su hermanita. Lo que observaron los dejó con la boca abierta y los ojos tan atentos que parecía que no los hubieran cerrado en horas.

La pequeña Weasley, tenía un rostro del color de la leche, con mejillas ligeramente sonrosadas. Las pecas ya se distribuían de un lado a otro de sus pómulos, y se concentraban en su nariz. Sin embargo, lo que más les sorprendió, fueron los dos enormes ojos castaños con los que los observaba atenta.

-Mami, ¡Es igual a ti!- exclamó George, sin obtener más respuesta que la risa de su madre.

-¿Cómo le llamaremos a la bebé?- preguntó Fred, acompañado por el curioso asentimiento de su gemelo.

Seguramente había muchas cosas que ni Arthur ni Molly Weasley conocía, y había muchas más de las que no estaban seguros. Pero el nombre de su hija menor, no era una de ellas, ya que había sido escogido desde el momento en que fueron padres por primera vez, tal vez incluso antes.

-Ginevra- contestó Molly en un susurró imperceptible, para luego ver a sus hijos con ternura, y anunciar en voz alta- Su hermana será Ginevra Molly Weasley.