PENÚLTIMO CAPÍTULO
SI TRISTE LLORARÉ =¨¨¨¨(
MUCHAS GRACIAS por los reviews y alertas de suscripción SOY muy feliz cada vez que veo un mensaje de fanfiction!
Acabo de terminar de leer 50 SOMBRAS DE GREY
Que les puedo decir
AMÉ EL LIBROOOO! ES INCREIBLE UNA GRAN HISTORIA Y UNA ESCRITORA E.L. JAMES.
Disclaimer: Esta es una adaptación de una gran autora Sarah Morgan y su libro Hijo de la Pasión
Utilizando los personajes de Stephenie Meyer y su saga de Twilight
Capítulo 10
Un mes después, Bella, sentada en el salón de su casa, se preguntaba qué estaba pasando en su vida.
Olía a flores por todas partes, las flores que Ed había enviado esa mañana, y llevaba puesto un collar precioso que le había regalado la noche anterior mientras cenaban en el patio.
Si había pensado que Ed Cullen sería incapaz de portarse como una persona normal, estaba equivocada.
Bella miró su cuaderno de dibujo. Quería dibujar un collar para su nueva colección de bisutería, pero por el momento no había hecho nada. Estaba distraída.
No podía dejar de pensar en Ed.
Era irónico, pensó, mirando por la ventana, que la primera vez que Ed y ella estuvieron vestidos y sin tener cerca una cama hubiera sido en el zoo, con su hijo.
Y lo más ridículo era que parecían una familia de verdad.
Daba igual cuántas veces se recordase a sí misma que él no la quería y que aquel mes romántico no era más que una forma de manipularla para conseguir lo que quería: a Río. La verdad era que se sentía enormemente feliz.
La ansiedad que sintió al recibir la amenazadora carta había desaparecido. En parte porque no había vuelto a saber nada de los chantajistas, en parte porque el equipo de seguridad de Ed era ahora parte de sus vidas.
Pero la auténtica razón de su felicidad era que le encantaba estar con Ed. Y aquel día lo echaba de menos. Esa mañana había tenido que ir a París a una reunión de negocios y ya estaba mirando el reloj, esperando impaciente su regreso.
Pronto había descubierto que, además de ser maravilloso en la cama, Ed era buena compañía cuando quería serlo.
Desde que anunció su intención de casarse, se había concentrado en ella y en Río. Y en nada más. Había llamado a sus abogados, cambiado su testamento, le había dado un montón de papeles para firmar... todo para que Río tuviera acceso a su herencia. Y había pasado horas y horas con el niño, esperando en la puerta del colegio, llevándolo al cine, a comer, de excursión...
Con típica impaciencia, Río siempre estaba haciéndole preguntas y Ed había empezado a relajarse y responder, abriéndose cada día un poco más. Y ese deseo de hablar de su vida privada se extendía a las noches, cuando el niño estaba en la cama. Estaban sufriendo una ola de calor en Londres y solían cenar en el patio, a solas.
Durante esas cenas, Ed le había contado que sus padres murieron cuando tenía trece años y que desde entonces vivió en casa de Carmen, la que ahora era su ayudante personal.
Quizá sí era capaz de comprometerse, pensó Bella, tomando el lápiz para dibujar el collar. Después de todo, tenía un compromiso con Carmen. Y parecía absolutamente comprometido con su hijo.
Tanto como hacer un esfuerzo para relacionarse con ella.
Bella era demasiado realista como para creer que podría amarla algún día, pero...
Ed le había contado al niño quién era y Río mostró tal ilusión... ¿Cómo iba a privarle de un padre ahora que lo había encontrado? ¿Cómo iba a privarle de una familia normal? Sobre todo, cuando Ed parecía decidido a ser un padre modelo.
Además, se llevaban bien. Parecía un milagro, pero no habían discutido desde que llegaron al acuerdo de que pasara un mes en Londres comportándose como una persona normal.
Su relación no era perfecta, desde luego, pero ¿qué relación lo era? Mientras no revelase sus sentimientos por él, todo iría bien.
Bella volvió a mirar el reloj. Tenía que ir a buscar a Río al colegio antes de ir al aeropuerto para darle una sorpresa a Ed. ¿No era eso lo que hacían las familias?
El teléfono sonó en ese momento y, pensando que sería Ed, levantó el auricular con una sonrisa en los labios.
—¿Sí?
—Así que esta vez has pillado al pez gordo.
Esa voz... Bella se puso tan nerviosa que se le cayeron todos los papeles al suelo.
—¿Quién es usted? ¿Qué quiere?
—Si tienes que preguntar eso, es que eres tonta.
—Ya le hemos pagado una fortuna. Y prometió...
—Las circunstancias han cambiado. Esta vez quiero diez millones.
—¡Eso es ridículo!
—¿Por qué? Estás viviendo con un multimillonario.
—No es por el dinero, es que no puedo...
—Tú verás. Adiós.
—¡Espere! No cuelgue, por favor.
—¿Vas a ser razonable?
—Sí, sí.., por favor, no cuelgue. Dígame lo que quiere...
—Veo que estás siendo sensata. Y como soy generoso, te doy veinticuatro horas para conseguir el dinero. Luego volveré a ponerme en contacto contigo. Pero si llamas a la policía o se lo cuentas a Cullen se acabó el trato.
¿Veinticuatro horas?
¿Cómo iba a conseguir diez millones de dólares en veinticuatro horas? No, era imposible conseguir el dinero, pero tenía que ganar tiempo.
—No se lo diré a Ed, pero... —Bella no terminó la frase al comprobar que habían colgado.
—¿Qué es lo que no vas a decirme?
—¡Ed! No te esperaba tan temprano... —estaba tan nerviosa que se le cayó el teléfono de las manos.
—Por lo visto, cancelar reuniones para estar más tiempo con mi familia no ha sido buena idea —dijo él, con el ceño arrugado—. Llevo un mes haciendo todo lo posible para ser el hombre que tú quieres que sea. Me acusas de no ser capaz de comunicarme y, sin embargo, resulta que la persona que oculta un secreto eres tú.
—Yo no tengo ningún secreto...
—Entonces, ¿qué es lo que no puedes decirme?
Bella lo miró, sin saber qué hacer. Querría defenderse, pero ¿cómo podía hacerlo si aquel hombre le había prohibido hablar con él? ¿Y si se lo decía y algo le ocurría a Río?
—No puedo hablar de esto ahora.
Tenía que hablar con Jacob. Tenía que ir al colegio a buscar al niño. Urgentemente.
—¿Por qué no?
—¿Podemos irnos a Brasil esta misma tarde? ¿Los tres?
Ed levantó una ceja, sorprendido.
—¿A Brasil? Aún no han terminado las clases y tú misma has dicho que querías esperar hasta las vacaciones de verano.
—Sé lo que dije, pero he cambiado de opinión. Quiero que nos vayamos ahora. En cuanto sea posible —murmuró ella, intentando recoger los papeles del suelo.
Si sacaba a Río del colegio podría llevarlo a la isla esa misma noche. Allí estaría a salvo. El equipo de seguridad de Ed lo protegería... no dejarían que le pasara nada.
—¿De repente quieres que nos vayamos a Brasil? ¿Por qué?
—¿Por qué tienes que hacer tantas preguntas? —exclamó Bella.
—Quizá porque tú no me das nada que parezca una respuesta. ¿Vas a decirme lo que pasa o no? Deja de recoger papeles y mírame.
—No puedo. No puedo contártelo ahora —murmuró ella, apartando la mirada—. Además, no hay nada que contar. Sencillamente, quiero que nos vayamos a Brasil.
—Muy bien, de acuerdo. Está claro que era yo el loco por pensar que podríamos tener una relación normal. Haz eso que tienes que hacer y de lo que yo no puedo enterarme...
—Ed, escucha...
—Me voy a la oficina —la interrumpió él—. Volveré más tarde para buscar a Río y luego te llamará mi abogado. Por fin estoy de acuerdo contigo, la idea de casarnos era absurda. No puedo casarme con una mujer cuyo comportamiento no logro entender.
Después salió de su casa hecho una furia y Bella se tapó la cara con las manos. Habría querido contárselo todo, pero no se atrevía. Tenía que ir a buscar a su hijo. Antes de que lo hiciera otra persona.
Estaba abriendo la puerta cuando sonó el teléfono de nuevo.
Pero aquella vez era el colegio para decir que Río había desaparecido.
Ed iba hacia el coche intentando controlar un ataque de celos que amenazaba con consumirlo. El sentimiento de culpa que había visto en el rostro de Bella cuando dejó caer el teléfono había encendido en él sentimientos que no había experimentado jamás. Por un momento, había estado tentado de echársela al hombro y cerrar todas las puertas para que no pudiera tener contacto con el mundo exterior.
Ningún contacto con otro hombre.
Porque estaba completamente seguro de que era un hombre la causa de que se mostrara tan misteriosa.
Pero, ¿no llevaba un mes intentando demostrarle que no necesitaba otro hombre en su vida?
¿Era por eso por lo que insistía en no mantener relaciones sexuales, porque las mantenía con otro?
Tenía que ser eso. ¿Por qué había vuelto a casa antes de lo esperado, sin avisarla? ¿Qué esperaba, que Bella se echara en sus brazos para darle la bienvenida? ¿Que le mostrase la misma devoción que le mostraba cuando era una cría de dieciocho años?
Como ella le recordaba tantas veces, ya no era esa niña. Y había otro hombre en su vida, tenía que haberlo.
Pero entonces recordó algo... Cuando entró en su casa, vio un montón de papeles tirados por el suelo. Estaban allí antes de que él entrase... se le habían caído antes.
Ed se detuvo en medio de la acera, sin fijarse en las miradas de la gente o en la de su chófer, que lo esperaba con la puerta abierta. Los papeles estaban en el suelo antes de que él entrase...
Con la misma atención a los detalles que ponía en su trabajo, Ed intentó recordar su conversación con Bella para encontrar una pista.
Cuando entró estaba pálida. Él no había causado esa palidez. Y los papeles estaban en el suelo...
Y luego, como una mujer desesperada, le había rogado que se fueran a Brasil de inmediato, aunque había insistido varias veces en esperar hasta que Río tuviera vacaciones en el colegio...
¿Por qué iba a querer irse a Brasil si tuviera un amante en Londres?
Algo no cuadraba.
En ese momento sonó su móvil y Ed contestó inmediatamente, todos sus sentidos en alerta cuando vio el número de Bella en la pantalla.
—Te necesito, Ed.
¿Dónde estaba Ed? ¿Dónde se había metido? Bella estaba sentada en el suelo, temblando de tal forma que no podía ni hablar.
Su peor pesadilla se había hecho realidad.
—Cálmate y dime qué te han dicho exactamente —insistía Jacob, intentado hacer que tomara un sorbo de coñac.
—No, no...
En ese momento oyó los pasos de Ed en el salón y estuvo a punto de echarse en sus brazos.
—¡Ed!
—Cuéntamelo todo desde el principio —dijo él, levantándola del suelo para llevarla al sofá.
—Tengo que irme...
—¿Dónde?
—Río. Ha desaparecido del colegio.
—¿Qué?
—Me han llamado del colegio... Río no está. Y ese hombre me dijo por teléfono que tenía veinticuatro horas para darle el dinero.
—¿Qué hombre? ¿Qué dinero? ¿De qué estás hablando?
Bella se volvió hacia Jacob, como para pedirle ayuda. ¿Qué debía hacer, contárselo?
—Tienes que contárselo todo, Bells —dijo su amigo—. Puede que él pueda ayudarte. Los dos sabemos que Ed es un tipo sin escrúpulos cuando alguien se cruza en su camino.
—Vaya, gracias —dijo él, sorprendido.
—Lo siento, pero tómatelo como un halago. En este momento eso nos vendría muy bien.
—Me hicieron prometer que no te lo diría. ¿Y si se enteran? —sollozó Bella, angustiada.
Ed tomó su móvil e hizo tres llamadas sucesivas, dando una serie de órdenes en portugués. Después lo guardó en el bolsillo y tomó su cara entre las manos.
—Deberías habérmelo dicho. ¿Crees que yo permitiría que alguien se llevara a mi hijo? ¿Crees que no cuento con ayuda suficiente como para detener a ese canalla?
—No lo sé —murmuró ella, con los ojos llenos de lágrimas—. Yo sólo quiero recuperar a mi hijo...
—¿Cómo puede haber desaparecido del colegio?
—¡Porque alguien se lo ha llevado!
—Cálmate, meu amorzinho. Nadie se lo ha llevado. Es imposible. El guardaespaldas no se separa de su lado.
Su teléfono sonó en ese momento y Ed contestó inmediatamente, con expresión seria. Colgó casi de inmediato.
—No pasa nada, Río está bien.
—¿Qué?
—Era su guardaespaldas. Está bien, así que puedes tranquilizarte.
—¿Lo han encontrado? —exclamó ella, nerviosa.
—Había cruzado la calle para ir a la tienda de caramelos. Por lo visto, quería comprarme algo y dármelo como sorpresa en el aeropuerto.
—Íbamos a ir a buscarte —murmuró Bella—. Pero llegaste antes de tiempo...
—No te preocupes. Le he pedido al escolta que lleve al niño a mi hotel. Allí estará a salvo. Vamos, arréglate un poco. No querrás que te vea con los ojos llorosos, ¿verdad?
—Pero... ¿qué pasa con ese hombre? Sigue ahí y me ha dado veinticuatro horas para reunir el dinero.
—Tranquila. Ha metido la pata llamando aquí. Mi equipo de seguridad ha localizado la llamada y ya está identificado.
Por una vez, a Bella no le importó dejar que él se hiciera cargo de la situación.
Su hijo estaba a salvo. Eso era lo único que importaba.
De modo que entró en el cuarto de baño para lavarse la cara y cuando salió había dos hombres de seguridad esperando para llevarla al hotel.
Ed se había ido.
El Lunes último capítulo de esta hermosa historia
Definitivamente este parcito necesita una paliza haber si dejan de ser tan cabezotas
Saludos
Frans
