Gracias por comentar Temari del desierto y . Me temo que hasta el capitulo 5 no salen más personajes de los mencionados,… pero en seguida publico ;)

CAPÍTULO 3

-Cuando decías que tenía problemas con la puntualidad no creía que llegasen hasta semejante extremo. –Comentó Hikaru, tumbado sobre la hierba.

Nadie hizo ningún comentario. Meiko tarareaba una canción desconocida y Hayate jugaba con uno de sus bichos.

-Qué asco. –No pudo evitar decir Meiko al ver los bichos de Hayate.

-Pues no deberían dártelo, puesto que en el sitio donde te encuentras hay bastantes. –Dijo él, sin ofenderse en absoluto por el desagradable comentario de Meiko.

-No me lo recuerdes. –Dijo ella, poniéndose de pie.

-Por cierto Meiko, ¿Cómo sabías que veníamos a entrenar aquí? –Dijo Hikaru intrigado.

-Papá a veces me cuenta anécdotas de cuando tenía nuestra edad.

-¿Ah, sí? Qué conmovedor. –Dijo Hikaru con ironía.

-Pues son cosas muy interesantes. Deberías escucharlo de vez en cuando. –Opinó Meiko, poniendo los brazos en jarras.

-¿Qué estás insinuando? –Dijo Hikaru, arrugando la nariz.

-¿Está claro, no? Que eres un mal hijo. –Intervino Hayate con malicia.

Hikaru hizo un amago de ir a pegarle, pero se contuvo al ver la expresión de desafío de los ojos de Hayate. No debía caer en trampas estúpidas.

-Mejor que no te metas en esto, o podrías salir malparado, Hayate-kun. –Dijo Meiko.

-Pues si es así, ¿Qué te cuenta? –Dijo Hikaru, calmándose.

-Su profesor era Kakashi-sensei y tenía dos compañeros; una chica y un chico. No me dijo los nombres, pero guardaba un recuerdo muy especial de ellos. –Meiko se mordió el labio inferior.

Hikaru, al darse cuenta de que Meiko le estaba ocultando información, se incorporó sobre la hierba, hasta quedar sentado y le dijo, con algo de intriga:

-Meiko cuéntame lo que sepas. El pasado de papá no suele ser uno de los temas preferidos de la mesa.

-Lo sé. –Meiko miró hacia arriba, como si estuviese pensando en la forma más delicada de decirlo. –Cuando me lo dijo fue… hace tres meses y medio. El día que llegó empapado a casa, ¿Te acuerdas?

-Sí. Estaba muy serio, y muy callado. –Dijo Hikaru.

-Pues me dijo que había ido a visitar a sus mejores amigos. –Ella hizo una breve pausa. –Al cementerio.

-¿Cómo? ¿Qué quieres decir? –Dijo Hikaru algo asustado.

-Sus mejores amigos murieron en la Gran Guerra. –Meiko contuvo las lágrimas. –Debió de sucederles algo terrible, porque cuando me lo dijo, papá estaba a punto de echarse a llorar.

Hikaru no pudo evitar mirar a Hayate y a Meiko. ¿Cuántos de ellos regresarían de sus misiones, dado que la vida del ninja era tan sacrificada y tan arriesgada? Hayate se removió incómodo en su sitio y Meiko se dio la vuelta. Ellos estaban pensando lo mismo.

-¡Buenos días chicos! –Era Kakashi-sensei, que había llegado en el momento oportuno. –Llego un poco tarde, ¿no?

-¡Justo a tiempo! –Dijo Meiko, deseando cambiar de tema.

-Pero qué caras más largas tenéis. ¿Ha pasado algo? –Dijo Kakashi-sensei preocupado.

-Nada que valga la pena mencionar. –Dijo Hikaru, levántandose con Hayate.

-¿Sigues pensando que soy un canguro contratado por tu padre?

-Da igual lo que yo piense. Comencemos con el entrenamiento. –Dijo Hikaru, entornando los ojos y mirando fijamente a Kakashi-sensei.

-Tienes razón. –Dijo él asintiendo. –Para empezar esto no se trata de un entrenamiento, sino de una prueba. La prueba de los cascabeles. –Enseñó dos cascabeles. –Para pasarla tenéis que conseguir los dos cascabeles. Uno de vosotros no pasará la prueba y entonces,… esa persona tendrá que volver a la Academia e intentarlo el próximo año. Y encima, lo ataré a uno de esos troncos mientras ve como los demás comen.

-Es verdad. Tenemos hambre. ¿Nos dijiste que no desayunáramos porque…? –Empezó Hayate.

-Porque ese es el premio de pasar la prueba. Comer. –Kakashi-sensei sonrió, a pesar de que no se podía ver su sonrisa porque tenía tapada la boca. –Lo de que ibais a vomitar sólo era una mentirijilla.

Meiko y Hayate ahogaron un grito, como si lo que había hecho Kakashi-sensei fuera abominable.

-Qué típico. –Dijo Hikaru en voz alta. Había algo en la expresión de Hikaru que inquietaba de sobremanera a Kakashi. Kakashi notó que algo se movía a sus espaldas y se dio la vuelta, con el kunai en alto. Atravesó limpiamente esa figura, generando un humo. Había sido una copia de Hikaru. Para cuando Kakashi se dio la vuelta, Hikaru se acercaba peligrosamente a los cascabeles…

Kakashi, haciendo gala de unos ágiles movimientos, maniobró para que el kunai que llevaba Hikaru apuntara la propia cabeza de éste.

-Acabo de tener un dèja vu. –Comentó Kakashi.

Qué rápido. pensó Hikaru. Este tío no se anda con miramientos. Debería ser más cuidadoso.

-Todavía no he dicho que empecemos. –Dijo Kakashi-sensei.

Hayate y Meiko estaban mirando la escena estupefactos. Era muy rápido, y para lo viejo que era, aquello era increíble.

-Para conseguir los cascabeles no dudéis en ir a matarme. –Continuó Kakashi-sensei.

Meiko y Hikaru asintieron enérgicamente.

-Eeemm, ¿Profesor? Yo tengo un problema con eso… Si le matamos iremos a la cárcel, ¿no? –Dijo Hayate, algo asustado. –Además, no sé si podría soportar el cargo de conciencia…

-¿Pero de verdad eres tan idiota? –Le preguntó Hikaru que todavía seguía en aquella postura.

-No, no. Lo que dice tiene mucho sentido. –Dijo Kakashi-sensei, pensativo. – ¡Ya lo tengo! Intentad mutilarme o hacerme heridas graves, y decid que ha sido un accidente. Además estar unos días en cama no me vendría nada mal. ¿Te parece bien, Hayate-kun?

-¿¡Por dios, podéis dejar de actuar como si fuerais estúpidos y ser verdaderos ninjas! –Vociferó Hikaru a los cuatro vientos.

-Habló el que está apuntándose con un kunai a la cabeza. –Dijo Hayate, a lo que Meiko se rió con ganas. –No hay problema. Además, como usted es viejo cortarle un brazo no debería ser muy doloroso. Mi conciencia ya estaría tranquila.

-¿Qué tiene que ver que sea viejo con el dolor? –Preguntó Hikaru, exasperado. –Meiko, dame la razón.

-A mí no me metas en esto. –Rió Meiko.

-Ya que este asunto está resuelto, ¡Que dé comienzo la prueba! –Dijo Kakashi-sensei.

Todos se fueron a ocultarse, pero Hikaru decidió seguir a Meiko.

-Meiko deberíamos trazar un plan. –Le instó a su hermana.

-¿Qué te hace pensar que voy a colaborar contigo? –Le espetó Meiko.

-Juntos tendríamos más posibilidades de coger los cascabeles y así nos los distribuiríamos y pasaríamos la prueba. –Dijo Hikaru con un tono de persuasión.

-Es una buena idea. Pero, ¿Y Hayate-kun?

-¿Ese panoli? Que se las arregle como pueda. Además, si no es capaz de matar, no le veo mucho futuro como ninja. –Argumentó Hikaru.

-¿Y tú? ¿Serías capaz de matar? –Le preguntó Meiko, inquisitiva.

Sin pestañear, sin dudarlo siquiera, un rotundo sí fue la respuesta de Hikaru, que dejó sin aliento y sin palabras a Meiko. Meiko miró a su hermano como si lo hiciera por primera vez, sin alcanzar a comprender sus propios sentimientos al respecto. ¿Si Hikaru hubiese contestado que no, ella hubiera reaccionado de la misma manera? ¿Se habría asustado de su respuesta? Era evidente que no.

-De todos modos, no me parece bien que le hagamos esto a Hayate-kun. Es muy simpático.

-¿Has perdido el juicio, hermanita? Hayate-kun es un memo que tiene miedo de pisar una hormiga. –Él la miró con severidad. –Además, sólo hay dos cascabeles. De ningún modo podríamos unirnos con él.

-Tienes razón. ¿Algún plan en mente,… hermanito? –Dijo Meiko imitándole.

-Para tu suerte, sí. He pensado en algo que quizás puede funcionar. –Meiko alzó una ceja ante la seguridad que presentaba su hermano. –Bueno, en realidad hay más probabilidades de fallar de que funcione.

-Eso está mejor.

Hayate se escondió tras la maleza, y miró un bicho que revoloteaba a su alrededor. Extendió un brazo y el bicho se apoyó en la palma de su mano. Se acercó el bicho a la cara, y con la mano libre, tocó con la yema de los dedos al insecto. Un torrente de información atravesó su mente. Hayate sonrió. Así que Meiko y Hikaru iban a estar juntos. Otra información apareció en sus pensamientos. Hayate se retiró apresuradamente de aquel lugar, y un kunai dirigido hacia aquella dirección estuvo a punto de darle.

Kakashi-sensei le había encontrado. Y había estado a punto de darle. Lo peor de todo es que ese kunai, ahora clavado en un árbol, iba dirigido con una exactitud perturbadora hacia su corazón. Hayate corrió lo más rápido que pudo. Kakashi-sensei había estado a punto de matarle.

De pronto, el bosque comenzó a oscurecerse y una figura tenue comenzó a acercarse a él. Era Meiko, y tenía el cuerpo atravesado por muchos kunais.

-¡Meiko-san! –Gritó Hayate, iba a ir en su ayuda, pero algo le detuvo. ¿Era o no era una alucinación? Se quedó paralizado, mientras aquella Meiko se iba acercando lentamente. De pronto dejó de arrastrarse, y se quedó inerte sobre el suelo.

-¡Nooo! ¡Meiko-san! –Sus gritos hacían eco en el bosque. De pronto algo le golpeó la cabeza y cayó al suelo, perdiendo el conocimiento.