CAPÍTULO 4
-¿Has oído eso? –Dijo Meiko, asustada.
-Mmm, ¿Qué?
-Me ha parecido oír un grito. –Dijo ésta, aferrando un kunai en su mano derecha.
-Igual te estás volviendo loca. –Comentó Hikaru entre dientes.
-¡Q… !- Empezó ella, pero Hikaru le interrumpió chistándole.
Indicó a Meiko que se acercara donde él estaba, y desde allí observaron a Kakashi, que llevaba un bulto en la espalda. Era Hayate.
-El palurdo ha caído, menuda novedad. –Dijo Hikaru.
Kakashi se paró un momento, todavía cargando con Hayate. Los dos hermanos contuvieron el aliento. No podía haberles oído, estaban demasiado lejos. Hikaru le indicó a su hermana para que se movieran sigilosamente de aquel sitio. Pensándolo bien, puede que Kakashi ya supiera donde se encontraban así que trasladarse podía ser una buena idea para salir de ese apuro.
Empezaron a irse de aquel lugar, sin dejar de observar todos los movimientos de Kakashi, que estaba en el claro atando a Hayate al tronco.
-Ya sé de alguien que no va a comer. –Dijo maliciosamente Hikaru, y Meiko le miró alarmada. No podía creer que su hermano fuese tan tonto. No debían hablar porque con toda probabilidad, puede que Kakashi, con su sentido ultrasensorial, localizase su situación. Hikaru le pidió perdón, pero ya era demasiado tarde. Meiko volvió la mirada hacia el claro. Kakashi-sensei no estaba ahí, sólo Hayate, atado al tronco.
-Salgamos al claro, ¡Ya! –Le ordenó Meiko.
-Seremos presa fácil, pero vale. –Dijo Hikaru resentido.
-Lo seremos aún más si nos quedamos aquí. –Y diciendo esto, ambos salieron al claro, encontrándose desprotegidos. Hayate los miró suplicante, y Meiko se apresuró a desatarle. Hayate tenía un gran chichón en la cabeza, una brecha en la ceja, por donde brotaba un hilillo de sangre.
-Gracias, Meiko-san. –Meiko levantó la mirada y se encontró con unos ojos verde brillante. Le cortó las cuerdas con un kunai, y enrojeció levemente cuando bajó la mirada al rasgar las cuerdas.
-No hay de qué, Hayate-kun.
-Oye, ¿os importaría venir aquí un momento? –Dijo Hikaru. –He encontrado algo interesante.
Meiko se acercó a donde él estaba, en cierto modo, alegre por dejar atrás aquel momento bochornoso con Hayate. Éste se acercó también y los dos vieron a lo que se refería Hikaru. Había un cascabel en el suelo, al lado de un árbol.
-No lo cojas. –Le advirtió Hayate.
-No lo iba a coger. –Le respondió Hikaru, arrugando la frente.
-Es una trampa tan clara… me sorprende que Kakashi-sensei recurra a algo así. –Comentó Meiko para sí. –Puede que sea demasiado evidente. Puede que no haya trampa.
-Está claro que nos considera unos idiotas. –Dijo Hikaru. –Aunque visto lo visto, no me extrañaría demasiado. –Esto último lo dijo mirando fijamente a Hayate.
-¡Ya vale! Deberíamos concentrarnos en conseguir los cascabeles. –Dijo Meiko.
-Sólo hay que esperar que venga Kakashi-sensei. Juntos somos más fuertes, así que se lo pensará dos veces al atacar. –Dijo Hayate.
-Kakashi-sensei está aquí. No parece que se lo haya replanteado. –Afirmó Hikaru.
Y era cierto. Kakashi-sensei estaba ahí, detenido, mirándolos. Estaba sonriendo.
-¿Y encima sonríe, con la avería que me ha hecho? –Preguntó Hayate, rencoroso.
-No seas quejica, que tampoco es para tanto. –Le espetó Hikaru. –Además, un ninja debe estar preparado para eso. Basta de charla. Hay que pelear.
-Sí, debemos hacerle frente. –Dijo Meiko. –Estoy harta de esconderme. ¿Qué dices tú, Hayate-kun?
-Estaré contigo, pase lo que pase. –Dijo Hayate.
-Eres repugnante, ¿Lo sabías? –Dijo Hikaru. –Atacaré de frente, Meiko, tú me guardarás las espaldas y Hayate-kun… tu harás algo con tus bichos. Échale imaginación. Pues bien, ¡A la carga!
Hikaru corrió al encuentro de Kakashi, que lo esperaba con el kunai en alto. Intentó golpearle en el costado, pero se lo estaba esperando, y lo esquivó con insultante facilidad. Hikaru tentó a la suerte con su segundo intento, una patada que llevaba mucha fuerza y estaba dirigida al cuello de Kakashi-sensei. Esta vez Kakashi le había agarrado el pie, y con una inusitada fuerza comenzó a apretar su tobillo. Hikaru estaba algo asustado, ¿Acaso le iba a romper el tobillo?
Pero entonces apareció Meiko, rodeada de Chakra en las yemas de sus dedos. Intentó dar a uno de sus puntos del Chakra, porque Kakashi estaba ocupado en parar las embestidas de Hikaru, pero éste pudo apartarse a tiempo. Kakashi-sensei parecía nervioso. Hikaru comenzó a sentirse eufórico, puesto que Kakashi no era invencible, ¡Para nada! Entre su hermana y él conseguían que no atacase en ningún momento. Ese júbilo se fue apoderando de él, y para cuando se dio cuenta, volvía a atacar a Kakashi-sensei, pero esta vez con una mayor seguridad. Hikaru se sorprendió aquella vez porque leía perfectamente los movimientos de Kakashi. Esquivaba con facilidad los ataques y contraatacaba con una fuerza que Hikaru desconocía poseer, y detrás de él estaba Meiko, con los brazos en alto, dispuesta a cortar sus flujos de Chakra.
De pronto una horda de insectos aparecieron en el cielo y fueron directos a donde estaba situado Kakashi-sensei. Hikaru aprovechó el desconcierto de su oponente y hundió el kunai en su pecho, pero para cuando se dio cuenta, sólo se lo había clavado a un tronco de un árbol. Kakashi-sensei había utilizado la técnica de sustitución.
Hikaru fue al encuentro de los otros dos y les dijo:
-Eso ha estado genial, chicos. –Hikaru tenía gran habilidad para el liderazgo. –Ahora, ¡En guardia!
Los tres formaron un triángulo para que pudiesen ver todos los ángulos. Una bruma comenzó a quitarles la visión.
-¡Mierda! –Dijo Hayate. –Esto nos separará. Es una técnica suya.
La niebla se hizo tan espesa que, tal y como vaticinaba Hayate, terminaron separándose. Y Kakashi fue uno por uno, derrotándoles hasta quedar exhaustos. De repente un timbre sonó, parecido a un despertador.
-¿Había un tiempo límite? –Dijo Meiko, tumbada en el suelo, con el cuerpo lleno de magulladuras. Hikaru estaba a su derecha, y su aspecto no era mucho mejor. Hayate, a su izquierda, se curaba las heridas con un ungüento.
Kakashi-sensei se acercó a ellos, y se puso una mano en la nuca.
-Se me olvidó comentároslo, ibais a contrarreloj. –Y se rió secamente. Se acercó a Hayate y lo cogió en sus brazos.
-¡Suéltame! –Dijo éste revolviéndose.
Kakashi lo llevó hasta el tronco y lo envolvió entre cuerdas. Hayate seguía revolviéndose, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Hikaru, con una sonrisa en su rostro, observó el proceso con una siniestra satisfacción. Meiko miraba algo molesta a Kakashi-sensei.
-¿Por qué lo ata?
-Porque es el único que ha caído en una trampa de las que os he puesto. –Suspiró decepcionado y miró a Hikaru. –Esperaba que fueras tú el que estuviera atado al tronco, pero entonces sería demasiada casualidad, ¿No?
-¿Y por qué esperabas eso? –Dijo Hikaru.
-Porque tu padre estuvo atado al tronco.
-¿En serio? –Dijo Meiko sorprendida. –Papá era un paquete total…
Hayate carraspeó.
-Sin ofender. –Se apresuró a añadir Meiko.
-Bueno chicos, tomad las comidas. –Les dijo Kakashi-sensei. –Pero estáis suspendidos.
-¡¿QUÉ? –Dijeron los tres.
-Sí. Os veo inexpertos sobre el campo, y aunque habéis intentado trabajar en equipo, no ha sido suficiente.
-¡Pero qué basura es esa! –Exclamó Hikaru. -¿Usted tiene ojos o qué? ¿No ha visto la paliza que le hemos dado antes?
-¿Qué paliza? Yo no estoy lleno de cardenales, a diferencia de vosotros. –Kakashi se dio la vuelta para irse. –Por cierto, si compartís vuestras comidas con Hayate-kun, me encargaré personalmente de que no volváis a ser ninjas nunca más.
Estupefactos, observaron como Kakashi desaparecía de allí.
-Vaya derrota más amarga. –Dijo Hayate.
-Pues sí. ¿Quieres un poco? –Dijo Hikaru ofreciéndole comida.
-¿Estás loco? –Le preguntó Hayate.
-Un poco, pero te veo ahí, famélico. Seguro que ni se da cuenta, en serio. –Le convenció Hikaru.
Así pues los tres fueron comiendo, Meiko también le ofreció su comida dado que ella se llenaba en seguida. Al final los tres acabaron a gusto con sus estómagos llenos.
-¿Qué habéis hecho? –Una voz atronadora, tras una bruma gris les inquietó profundamente. Kakashi-sensei se había enterado.
Los tres se asustaron y miraron a Kakashi-sensei como si el final de sus vidas se acercara.
-Le… hemos dado un poco de nuestra comida. –Consiguió articular Hikaru. -¿Somos un equipo, no?
-Yo también le he dado, ¡Y lo haría de nuevo si hiciera falta!- Dijo Meiko con aplomo.
Kakashi asintió con la cabeza.
-¡Y yo he comido!
-Eso es evidente. –Dijo Hikaru arrugando la nariz.
