CAPÍTULO 5
-¡Toma ya! –Exclamó Hikaru, entusiasta. -¡Hemos aprobado!
-En el fondo lo hicimos bastante bien, ¿No? –Argumentó Meiko. –Él sólo ha sido un poco quisquilloso.
-De todos modos, yo creo que estaba impresionado. Debemos de haberle dado muy buenas expectativas. –Dijo Hayate, sonriendo.
Los tres estaban andando por las calles de Konoha, hablando sin cesar.
-¿Te acuerdas de ese intento de patada que le di a Kakashi? Creía que iba a romperme el tobillo. –Dijo Hikaru.
-¿Y de cómo se cambió al tronco? –Rió Meiko. –Por cierto, Hayate-kun, ¿Cuál fue la trampa esa en la que caíste?
Hayate dio un respingo. Las imágenes de Meiko acuchillada, al borde de la muerte lo atormentaron una vez más.
-Fue una estupidez, no tiene importancia.
-Debió de ser muy patético. –Dijo Hikaru con malicia. Meiko le golpeó en el brazo.
-Ya vale, ¿No?
-Hemos llegado. –Interrumpió Hayate, alegre de cambiar de tema. El Ichiraku Ramen seguía siendo un establecimiento de moda, especialmente entre los jóvenes. Se había ampliado bastante, dado que la barra alcanzaba varios metros de longitud y detrás de ella estaban varios camareros haciendo los platos. Hayate se sentó en uno de los sitios, a su lado se sentó Meiko, y Hikaru, ya sentado, pidió a una camarera cercana que les pusiera tres boles de ramen.
-¡Oye! No nos has dejado ni elegir. –Le espetó Meiko.
-Si vienes al Ichiraku Ramen es obligatorio tomar ramen. –Dijo él con convicción.
Meiko refunfuñó. Hayate les dijo, interrumpiendo aquella discusión:
-Mirad quienes están allí. –Eran unos compañeros de su misma clase. -¿Creéis que habrán aprobado?
Meiko frunció los labios. Eran Nara Sayu, Hyuga Akemi y Fujiwara Raiko. El equipo 6, y los tres de ellos parecían muy contentos. Se sentaron cerca de ellos y los saludaron con el dorso de sus manos. Hikaru se acercó al grupo y les preguntó, con curiosidad:
-¿Qué tal la prueba?
-¡Hemos aprobado, por supuesto! –Exclamó Raiko. –Por lo que veo, vosotros también.
-Sí, primo, nosotros hemos aprobado, ¡Y con creces! –Dijo Hikaru dirigiéndose a Raiko. Los padres de Raiko, Sai y Hannabi, cuando recibieran la noticia se pondrían muy contentos.
-¿Quieres dejar de alardear por ahí? –Meiko se había unido al grupo junto con Hayate. –Hola chicos, me alegro de veros.
Sayu y Akemi sonrieron y Raiko la miró intensamente, mirada que sólo percibió Meiko.
-¿Ha sido muy difícil? La nuestra ha sido… en fin, horrible. –Dijo Sayu.
-Pero eso ya no importa. –Dijo Hikaru. –Queda todavía la ceremonia de iniciación. ¿Vosotras ya tenéis vestido?
Sayu negó con la cabeza y Meiko asintió, con firmeza:
-Yo sí tengo. Los chicos iréis con el esmoquin de siempre, ¿No?
-Claro. –Intervino Akemi. –Siempre me ha parecido que esta ceremonia ha estado un poco fuera de lugar.
-¿Qué dices? Pero si es la ocasión perfecta para… -Hikaru sonrió tontamente dejando aquella frase en el aire. Él miró de reojo a Sayu, pero ella no le hizo ni caso. Parecía más interesada en mirarse las uñas.
-Independientemente de eso, digo. –Intentó explicarse Akemi. -¿Qué celebramos exactamente? ¿Qué empezamos los exámenes Chuunin?
-¡Evidentemente! Akemi, esto significa la ruptura con la Academia, que ya nos hacemos mayores. –Dijo Meiko.
Tras estas palabras tan rotundas, la camarera llegó con los platos y todos se pusieron a comer. Meiko observó con fijeza a Raiko y éste correspondió a su mirada. Parecían tener una conversación silenciosa. Hikaru por su parte, se puso al lado de Sayu. Éste miró a Akemi, y Akemi le hizo una señal aprobatoria con los pulgares hacia arriba. Hayate se sintió fuera de lugar. Aquel grupo tan selecto eran amigos de toda la vida y él se sentía un extraño entre ellos, y, antes su sorpresa, Akemi se mostró muy amable con él y en seguida entablaron una conversación.
-El hijo de Shino, ¿Eh? Papá suele hablar muy bien de él. Trabajan juntos muy a menudo. –Dijo Akemi.
-Sí, él siempre me ha dicho que Hyuga Neji ha sido siempre un ninja de élite y muy bueno en lo que hace. –Dijo Hayate. –De algún modo eres pariente de Meiko, ¿No?
-Sí, soy su primo segundo. Pero Raiko-kun es su primo. –Akemi sonrió. –Estamos todos relacionados.
-Ya veo. –Hayate miró a Meiko durante un rato, y como ella charlaba animadamente con Raiko. Hayate bajó la mirada a su plato y siguió comiendo, sin ninguna palabra.
En el otro extremo, sin embargo, se estaba desarrollando una situación bien distinta. Hikaru le sirvió un poco de agua a Sayu.
-¿Qué es de tu vida, Sayu-chan? –Sonrió Hikaru. –Hace mucho que no hablamos.
-Ayer estuvimos hablando. –Dijo ella alzando una ceja.
-Ya bueno,… -Hikaru se tocó nerviosamente el pelo. –No controlo muy bien la noción del tiempo.
-Eso tiene sentido. Por eso eres todo un desastre. –Dijo Sayu fríamente.
-¡Sayu-chan! Eres muy mala conmigo.
Sayu sonrió y Hikaru sintió como se derretía.
-Se me da bien serlo. ¿Tú eres un chico malo, Hikaru-kun? –Le preguntó Sayu con una expresión indescifrable.
-Bueno, y-yo,… n-no sé. –Replicó nervioso. –Supongo que sí.
-¿Ah, sí? A mí siempre me han gustado los chicos buenos, ya sabes, los que llevan gafas y se esconden detrás de una pila de libros.
-¡Pues entonces lo seré! –Soltó Hikaru, y Sayu rió. Hikaru tuvo ganas de darse cabezazos contra la pared.
-Eres muy gracioso, Hikaru-kun.
Él enrojeció hasta la punta de la raíz.
-Meiko-san, es todo un placer hablar contigo. –Dijo Raiko. –Eres la persona que mejor me conoce, ¿Lo sabes?
-Me acuerdo de cuando éramos pequeños y jugábamos al escondite. Tú fingías no verme para que nos tocase juntos escondernos. –Meiko sonrió. –Pero ya no somos niños, Raiko.
-Lo sé. Pero… -Raiko cortó sus palabras y le dio disimuladamente un papel por debajo de la mesa. Meiko aguantó las ganas de mirarlo y lo guardó en su bolsillo.
La comida terminó y los amigos se despidieron.
-Meiko, ¿Nos vamos a casa? –Le preguntó su hermano.
-Yo no. Voy a dar una vuelta y llegaré a casa un poco más tarde.
Hikaru asintió y con las manos en la nuca se alejó de allí, pero Hayate miró a Meiko con una expresión extraña.
-¿No quieres que te acompañe en ese paseo? –Le preguntó Hayate, a lo que Meiko se negó con gentileza. Hayate asintió, aunque no muy convencido.
Una vez los otros se despidieron y se fueron, Meiko aprovechó para mirar el contenido del papel. En él, con una letra irregular y hecha a prisas decía:
"En el parque de cuando éramos pequeños, después de comer"
Meiko rompió el papel en mil pedazos y con una enigmática sonrisa comenzó a andar por las calles, con una seguridad perturbadora. Se dirigía a un parque, destartalado y lleno de pinturas.
Cuando llegó, allí estaba Raiko, sonriente, subido a un columpio.
-Por un momento creí que no vendrías. –Dijo él.
-Sí. Yo también. Pero cambié de opinión. –Meiko se acercó a donde él estaba, y éste se levantó del columpio y cogió el rostro de ella. Se miraron a los ojos, sin decir ni una palabra. El se acercó al rostro de ella y sus labios se encontraron, y se besaron como dos amantes que tienen que mantener en secreto el lazo que los une: apasionadamente.
Lo que no sabían es que estaban siendo observados por otra persona. Esa persona los miraba entristecido desde detrás de un árbol. Al instante se apoyó contra el árbol y miró al cielo, con cierto desaliento. Era Hayate.
